¡Todos a cantar!

La música es una forma de expresión que atrae a todo el mundo. Todos cantamos, absolutamente todos, aunque sea solamente cuando estamos solos debajo de la ducha. Por eso creo que la música es una herramienta excelente. Sirve para muchas cosas: para relajarnos, para activarnos, para concentrarnos, para divertirnos… y también puede servir para aprender un idioma.

El primer contacto para aprender un idioma nuevo es el auditivo. ¡Pues qué mejor manera que aprender cantando! Escuchando una canción puedes mejorar mucho tu pronunciación, aprender nuevas palabras en inglés o en cualquier otro idioma. Por supuesto, como digo siempre, la incorporación del nuevo idioma será mucho más fácil si somos niños. Por eso te animo a incorporar las canciones como parte importante del aprendizaje del inglés de tus hijos. Además, si cantáis juntos pasarás un rato divertido y entretenido con tus peques.

Seguro que te habrá pasado alguna vez que una canción se te mete en la cabeza y no hay manera de dejar de cantarla. Pues imagina lo que supondrá que una canción en inglés se le meta en la cabeza de tu hijo y la esté cantando y cantando sin parar. ¡Y verás lo contento que se pone cuando la entienda toda!

Aprovechando que, como yo, muchos empezaréis las vacaciones en breve (quizás algunos ya estaréis disfrutando de ellas), he pensado que seguramente tendréis ocasión de pasar más tiempo con vuestros hijos. Podéis dedicar una parte de ese “tiempo libre” a cantar y bailar con ellos. ¡Les encanta! También podéis grabar un CD para ponerlo en el coche mientras viajáis. Así evitaréis bastante el “¿Cuánto faltaaaa?”.

He hecho una recopilación de las diez canciones para niños que más me gustan y que creo que son útiles y sencillas para que tus peques empiecen a cantar en inglés. Te dejo el vídeo de youtube de cada una de ellas por si lo quieres ver con tus hijos. Si quieres grabarte un CD para llevártelo de vacaciones, te recomiendo www.listentoyoutube.com, una web en la que sólo copiando el enlace de youtube de la canción que quieras, te la convierte en un archivo de audio y así la puedes grabar fácilmente.

Aquí las tienes:

 

Habrás visto que las letras, en general, son muy sencillas y repetitivas, para que a los niños “se les enganche” la canción y la vayan cantando cada vez más. Lo que me parece más guay de la música y las canciones es que las podemos llevar con nosotros donde sea. Están disponibles en cualquier momento y en cualquier lugar: en la calle mientras paseamos, en el coche mientras viajamos, en casa… Es un juego que puede llegar a ser incluso una dinámica familiar. De hecho, en mi casa, lo era. Recuerdo que sólo subirnos al coche, mi hermana, mi madre y yo ya nos poníamos a cantar (mi padre escuchaba pacientemente mientras conducía). ¡Nos encantaba subir al coche e ir eligiendo, cada una cuando era su turno, la canción que queríamos cantar!.

¿Te animas a cantar con tus hijos? Ya verás, les enCANTARá y su pronunciación en inglés mejorará muchísimo.

Hablarlo… eso ya son palabras mayores

Hay una situación que me parece increíble cada vez que la vivo: a mis treinta años, tengo muchos amigos y conocidos de mi edad (o mayores) buscando trabajo o con intención de cambiar de trabajo para encontrar algo mejor. El gran desafío al que se enfrenta la mayoría de ellos son las entrevistas. ¿Por qué? Porque, muchas veces, son en inglés.

¡Qué miedo!, ¡Qué vergüenza! o ¡No me va a salir ni una palabra! son afirmaciones que me han dicho muchas veces compartiendo su nerviosismo el día antes de una entrevista. Y si es por Skype o por teléfono, todavía peor. No se sienten seguros al hablar este idioma en público. En general, las personas de mi generación nos sentimos capaces de escribirlo y entenderlo, pero hablarlo… eso ya son palabras mayores.

Reflexionando y documentándome sobre este tema, encontré un estudio que publicó Cambridge University Press el pasado mes de enero, que señala que el 44% de los españoles reconoce que su nivel de inglés es “bajo” o “muy bajo”. Somos uno de los países peor situados en el gráfico de toda la Unión Europea. Pero, ¿sabes lo que más me impactó cuando leí el estudio? Julio Redondas, director de comunicación de Cambridge University Press, explicaba que uno de los mayores obstáculos de los españoles es la vergüenza que tenemos a la hora de  hablar en inglés aunque, paradójicamente, el estudio asegura que “es el país que mejor sabe reírse de sí mismo. El hecho de que España se valore negativamente “no está relacionado directamente con la autoestima de los ciudadanos”. Según Redondas, el problema es que “sabemos más inglés del que creemos pero no confiamos en nuestra capacidad para hablarlo o escribirlo”.

A raíz de esto, me puse a pensar en los Parents Day, las actuaciones que hacemos para las familias al final de cada trimestre. ¡Qué buena oportunidad para exponerse a la situación de hablar en inglés en público! Afrontar esta situación desde pequeños, perder la vergüenza, superar esa inseguridad inicial… y aprender a hablar sin traducir desde el castellano o desde el catalán. La magia de aprender un idioma desde niño es justamente que, como sus redes neuronales se están desarrollando, aprendemos de forma natural y no traduciendo, como hacemos los adultos.

Me gustaría comparar la exposición de un adulto a hablar otra lengua en público (en una entrevista, reunión de trabajo, etc.) con la exposición de un niño. Por mi experiencia os puedo asegurar que he sido testigo de la gran diferencia que existe entre ambas. Un adulto puede haber hecho quince entrevistas en inglés y, cuando hace la número dieciséis, todavía sigue nervioso e inseguro. En cambio, un niño, cuando se expone a hablar en público en inglés desde pequeño, a la segunda o tercera vez, generalmente ya ha superado el “pánico escénico” y es capaz de hablar tranquilamente y seguro de sí mismo.

Además, cuando un niño aprende un idioma desde pequeño (con “pequeño” me refiero de 0 a 6 años), aprende a aprender un idioma. Valga la redundancia. Sí, la única manera de aprender es aprendiendo. Cuando se aprende inglés y francés, luego resulta más fácil aprender otra lengua porque la disciplina es la misma y el cerebro se acostumbra. Empezar de pequeño es el primer paso para ser un buen políglota.

Desde hace unos treinta años, el interés de muchos padres por que sus hijos vayan a la universidad y por que aprendan inglés está al mismo nivel. Entonces, mi pregunta es: ¿cómo es posible que muchos lo aprendan desde que tienen 3 años y luego no sean capaces de defenderse en una reunión de trabajo? Pues, en mi opinión, en gran parte es por culpa de la gran tendencia que hay (espero que cada vez menos) en España de aprender haciendo ejercicios en libros de texto y con profesores no bilingües.

Esta idea la explica muy bien y esquemáticamente Claudia Carter, una mamá inglesa que vive aquí desde hace años y que ha creado un método de enseñanza de inglés a bebés. Carter afirma que “El proceso a través del cual aprendemos nuestro idioma nativo sería, de manera esquemática, el siguiente: escuchar varias veces la misma palabra, reproducirla y perfeccionar la pronunciación; aprender a leer la palabra y aprender a escribir la palabra”. Sin embargo, señala que “en España los idiomas se enseñan al revés de cómo aprendemos nuestro primer idioma. Primero se aprende a escribir, luego a leer, luego a hablar y luego a escuchar. Cuando lo más importante de aprender un idioma es hacerse entender en él, nuestro sistema busca solamente poder entenderlo”.

Me encantaría que dejáramos de lado ya nuestra obsesión por los títulos oficiales y realmente aprendiéramos las lenguas extranjeras bien: haciendo actividades que nos gusten en estos idiomas e integrándolos en la vida diaria.

 

Ellos son los que componen la melodía

Hace unos días, una amiga me envió un enlace de Youtube de un cortometraje llamado A cloudy lesson.

Son apenas dos minutos y, antes de leer este post, te recomiendo que lo veas, porque haré muchas referencias a él.

Cuando lo hayas visto, quizás pensarás: ¿y esto qué tiene que ver con aprender inglés? Pues creo que tiene mucho que ver. Sigue leyendo…

A mí, la moraleja principal que me transmitió esta pequeña historia es que enseñar es sinónimo de enriquecer, no de limitar. Enseñar algo a un niño siempre es algo positivo y bonito  (o debería serlo), porque le ayudará a abrir sus horizontes, a ir forjando su manera de pensar, a crecer. Lo mismo pasa (o tendría que pasar) con los idiomas. Aprender inglés, francés, alemán, chino o el que más te apetezca, enriquece.

Imagínate el cerebro como un mueble lleno de cajones con madejas de lana de colores dentro de cada cajón. Aprender un nuevo idioma permite que, en el cerebro de la persona que lo está aprendiendo, se abran cajones que hasta entonces estaban cerrados. Estos cajoncitos son: nueva fonética, nueva pronunciación, nuevas estructuras gramaticales, etc.

El gran lingüista Noam Chomsky, entre muchos otros, estudió a fondo este tema, el del aprendizaje de lenguas extranjeras. Y demostró que, estos cajones, si se empiezan a abrir cuando somos pequeños (de hecho, lo ideal es que sea antes de los 6 años), funcionan mucho mejor. Las juntas de metal están nuevas y no chirrían, la madera brilla y se desliza bien, las madejas de lana que hay dentro de cada cajón todavía están  enteras, no están deshilachadas o desteñidas… Cuando aprendemos un idioma de mayores, ya es diferente. Recuerdo cuando, en primero de carrera, estudié Lingüística, y nos enseñaron todas las variables que intervienen en el cerebro de una persona que aprende un idioma extranjero nuevo con más de 8 años: hay prejuicios, malos hábitos ya adquiridos en nuestro idioma materno que solemos aplicar a los nuevos idiomas que aprendemos, dificultad a la hora de pronunciar bien… y un larguísimo etcétera que no voy a escribir ahora, porque entonces este post se convertiría en algo demasiado técnico.

Así pues, creo que estarás de acuerdo en que, cuanto antes se aprenda un idioma, mejor.

Entonces, volviendo a la historia de A cloudy lesson, otra de las enseñanzas que extraje de ella es la importancia de transmitirles a los niños que aprender inglés o cualquier otro idioma puede ser divertido. Tu actitud es muy importante en el proceso de aprendizaje de tu hijo, en éste y en todos los aprendizajes de su vida, porque él se fija en ti y, generalmente, copia tu manera de actuar y de ver las cosas. Así pues, deberías transmitirle en todo momento positivismo, para que el niño vea que aprender un nuevo idioma es algo guay, interesante, y que se sienta privilegiado de poder hacerlo. Además, no olvidemos que a los niños les gusta aprender jugando, sin darse cuenta, mientras que las actividades aburridas se les dificultan y hacen que pierdan rápidamente el interés. Por lo que, tanto padres como profesores, deberíamos buscar métodos divertidos para motivar el aprendizaje del idioma, sin obligarles a memorizar ni a traducir, simplemente motivándoles y no cortándoles las ganas.

Para terminar, me gustaría compartir contigo las tres conclusiones que saqué del cortometraje:

  1. No existe una única forma de hacer las cosas ni una única manera correcta, cada uno tiene que experimentar por sí mismo y encontrar la estrategia con la que se sienta más cómodo y que respete mejor su personalidad. El papel de los padres, madres, educadores y profesores es ayudar y guiar a los niños y niñas para que lleguen a ser capaces de saber qué les funciona mejor según su manera de ser y de aprender.
  2. De los errores pueden nacer grandes cosas. Los errores son parte del proceso de aprendizaje, por lo que no debemos temerlos ni transmitirles a los niños una idea negativa sobre ellos. En vez de evitar y castigar los errores, debemos animar a los niños a que aprendan de ellos e intenten descubrir su lado positivo. ¡Qué difícil es esto, eh?! En mi opinión, el gran cambio en la educación que haremos en este siglo (¡ojalá!) va en esta dirección. De este tema escribiremos un artículo más adelante, porque es muy muy muy interesante.
  3. El apoyo es esencial. Si el abuelo del cortometraje hubiera reñido a su nieto y no le hubiera animado a hacer nuevas nubes, el niño habría vivido esa experiencia como un fracaso que probablemente le habría marcado para siempre, generándole un gran sentimiento de culpa. Sin embargo, el apoyo, la confianza y el amor lo cambian todo. ¡No lo olvides nunca! No son las experiencias, sino nuestra reacción ante ellas, lo que determina si nos estancamos o crecemos.

Estos tres puntos los podemos aplicar también a la forma de enseñar un idioma: respetar la forma y el ritmo de aprender de cada niño, permitir que se equivoque y darle nuestra confianza siempre.

Como conclusión, me gustaría regalarte una frase que me ha inspirado muchísimo: A los niños podemos enseñarles las notas musicales, pero debemos dejar que sean ellos quienes compongan la melodía. Creo que me la voy a escribir en grande, de colorines y bien bonita y me la colgaré en mi despacho. Es un gran consejo.

Todo aprendizaje requiere su tiempo

Durante estos casi cuatro años de vida de WonderFUN hemos conocido a muchos niños con niveles de inglés muy diversos: desde el niño que con tres años ya lo entendía todo y se atrevía a hablar en inglés, con algunas palabras inventadas, hasta el niño de ocho que le tenía manía al idioma porque decía que no lo entendía. Por curiosidad, me he ido fijando en el tipo de exposición que tenía cada uno de ellos a esta lengua desde pequeños y ver qué es lo que funciona para que adquieran bien el idioma y lo aprendan con ilusión.

Lo que está claro es que cuanto antes empiecen a oír y escuchar el inglés (o cualquier otra lengua extranjera), mejor. Es ideal que sea antes de aprender a leer, porque así se fijan únicamente en la pronunciación, la fonética y asimilan las palabras de forma mucho más natural que si las ven escritas. Pero, ¿cuáles son las primeras palabras que aprenden? Las que les sirven para expresar lo que necesitan o lo que quieren. Por ejemplo, “quiero ir al lavabo” o “quiero agua”. Después ya vendrán los colores, los animales o las partes del cuerpo.

Una apuesta segura para que nuestros hijos puedan exponerse al idioma son las actividades en las que haya inmersión total, en las que no se hable español, para que se acostumbren a escuchar otra lengua, a su fonética y expresiones, para que asocien que las teachers hablan siempre en ese idioma y copien su acento y musicalidad nativos.

Aunque a algunos padres quizás les gustaría que sus hijos aprendieran el idioma en seguida, no hay que dar importancia si, al principio, los niños se resisten a hablar en inglés. Es totalmente normal que prefieran hablar en su propio idioma, porque se sienten más cómodos. Poco a poco irán atreviéndose porque, en las clases “por inmersión”, necesitarán el idioma para participar en las actividades.

Lo que no aconsejaría a los papás y a las mamás es que presionen a los niños a que hablen en inglés desde el primer día. Muchas veces, a la salida de clase, oímos el típico “dime algo en inglés” o “¿cómo se dice esto en inglés?”. Esta frase puede tener repercusiones muy negativas en el niño porque, si se siente presionado, acabará cogiéndole manía al idioma, ya que lo verá como una obligación y no lo disfrutará. Si no lo disfruta, difícilmente aprenderá.

Es importante que los padres comprendamos que aprender un idioma requiere su tiempo. Hay niños que tienen más facilidad que otros, hay niños que tienen más oído y cogen un buen acento enseguida, hay otros más tímidos a los que les cuesta más “arrancar”… No pasa nada, todos terminan aprendiendo. Siempre hay lo que se llama “el período de silencio”, que es el tiempo que el niño necesita para habituarse a este nuevo idioma. Todavía no podrá hablarlo, pero su cerebro estará trabajando y ordenando las palabras y estructuras nuevas que aprenda para que, de repente, un día empiece a construir frases correctamente.

Muchas veces hay mamás o papás que nos preguntan qué pueden hacer para reforzar lo que van aprendiendo en clase y para ayudar a que sus hijos se familiaricen y disfruten con el inglés. Para terminar, me gustaría daros tres ideas que creo que funcionan súper bien:

  • Ver siempre la tele en inglés. Siempre. Ahora, con el TDT, es muy fácil, sólo tenemos que cambiar las opciones de audio. Que los niños se crean que la tele es en inglés: los dibujos, las pelis, los documentales…, TODO. Sólo con esto, tenemos mucho ganado.
  • Buscar actividades divertidas y sencillas para inculcarles que aprender otro idioma es guay: por ejemplo, si están aprendiendo los colores, podemos buscar en casa cosas que sean blue, yellow o red o, si están aprendiendo a usar el futuro, hacer una lista de las actividades que haremos el próximo fin de semana. De esta forma, verán que aprender el idioma también es algo práctico y útil.
  • Que el papá o la mamá (o el hermano, o la tía, o la canguro) busque cada día 10 minutitos para jugar en inglés. Si se hace cada día, con 10 minutos ya es suficiente, no hace falta más. Es un ratito que les encanta porque es un juego y un reto muy motivador: jugar a tiendas en inglés, a muñecas, hacer construcciones, a algún juego de mesa… etc.

El primer paso, y el más importante, es que como padres nos sintamos bien y motivados por apuntarles a actividades en inglés después del cole, porque les estamos haciendo un favor. De pequeños es una actividad divertida y motivante para ellos y, cuanto más mayores se hagan, se convertirá en algo mucho más académico que verán como una obligación. Si les contagiamos el interés por aprender idiomas y les transmitimos lo útil y divertido que es, viajarán y entenderán a niños de otros países, aprenderán sobre otras culturas y lo más importante: lo harán con mucha ilusión, palabra clave para que el aprendizaje se quede no sólo en la mente sino también en el corazón.