Hábitos saludables del siglo XX para niños del siglo XXI

Hoy el post va de aquellos hábitos que no debemos olvidar. Esos hábitos con los que, nosotros los adultos, crecimos. Hábitos que hoy nos ayudan a ser personas creativas, seguras, sin trastornos de atención y, sobre todo, felices y resilientes.

Vamos por partes, ¿sabéis qué es la resiliencia? Es un término que descubrí hace unos años y se define como la capacidad de las personas para superar o adaptarse a situaciones difíciles o traumáticas. Estoy segura que todos queremos que nuestros niños y niñas estén preparados para enfrentarse y superar situaciones difíciles que se presenten a lo largo de sus vidas, ¿o no?

Cosas tan sencillas como trepar un árbol, saltar a la cuerda, pasar horas y horas en el parque ideando juegos de piratas y tesoros sin que te estén diciendo cada cinco minutos: “no te subas, cuidado que te caerás, no saltes, etc…” fomenta las habilidades sociales y la creatividad en los niños. También crecen más felices. Aquí podéis leer el estudio que me inspiró a escribir hoy sobre esto. La investigación demuestra que el juego libre, arriesgado y sin tantos algodones crea adultos fuertes y felices.

Los niños que saltan, trepan y exploran sin supervisión, muestran una mejor salud física y mental. Un niño que es capaz de explorar su entorno y arriesgarse, aprenderá a reconocer sus propios límites. Jugar al aire libre alrededor de árboles y otros elementos naturales, es saludable y promueve un estilo de vida activo.  Necesitamos que los niños de hoy en día se muevan más. Se muevan de manera independiente. Esto no quiere decir que lo dejemos sobre un árbol y nos desentendamos. Los niños deben saber que ahí estaremos para cogerlos, pero ellos han de encontrar la manera de subir y de bajar. Han de concentrarse, conocer cómo funciona su cuerpo y sus límites. Han de probar, equivocarse y volverlo a intentar. Estas habilidades que están desarrollando, mientras juegan, serán un elemento clave para su formación y su vida como adultos. Serán personas que no se asustarán si se caen y tampoco tendrán ningún problema en levantarse y volverlo a intentar.

Estoy segura que no es la primera vez que escucháis esto.  Ya os digo yo que a  mí, que me encanta hablar con los abuelos, he escuchado mucho: los parques ya no son como antes, los niños no salen a jugar, nosotros de pequeños nos divertíamos con cualquier cosa y la imaginación que teníamos para inventarse juegos e historias era infinita… y ahora los niños se quedan en casa con la tele o el móvil. El móvil. Se me pone la piel de gallina sólo de pensar en lo que la tecnología está haciendo con nuestros más pequeños. Pero no olvidemos que los responsables de la cantidad de inputs tecnológicos que reciben nuestros pequeños, somos nosotros.

Está claro que hoy en día todo está cambiando.  Soy consciente de que la tecnología se apodera de nuestra manera de comunicarnos y es muy importante preparar a los más peques para todo esto. Pero… ¿cómo de peques? Yo, personalmente, no le daría un móvil ni una tablet a un niño antes de los seis años.

Cuando hago afirmaciones como ésta alrededor de amigas mías que ya tienen hijos, casi siempre escucho el mismo comentario: “cómo se nota que no eres mamá”. No sé que pasará cuando lo sea, quizás me lo coma con patatas y termine dándole el móvil antes de tener un ataque de nervios, no sé. Sólo quiero que sepáis que todo lo que escribo lo hago siempre pensando en el bienestar de las futuras generaciones. Hay que trabajar en desarrollar nuestra paciencia como adultos para poder transmitirla a nuestros hijos.

Y, volviendo la tema, creo que darle el móvil o la tablet a los seis años aún me parece muy pronto. ¿Por qué? Primero porque soy fiel creyente de que jueguen, exploren, toquen, se ensucien, etc. y luego, porque encontré este artículo de Álvaro Bilbao, neuropsicólogo y autor del libro El cerebro del niño explicado a los padres que me dejó muy sorprendida y que comienza con la siguiente frase:

“La atención es la ventana a través de la cual el cerebro se asoma al mundo que le rodea.” 

Es verdad. Todas las mamás que conozco me comentan lo impresionante que es cuando su bebé comienza a fijar su atención en algo, a reconocer sonidos y pequeños objetos. El increíble sentimiento que tienen cuando las empieza a seguir con la mirada. Esos momentos en los que comienza la fascinación por descubrir el mundo poco a poco a través de pequeños estímulos.

Aquí es cuando el bebé tiene la oportunidad de desarrollar algo que es fundamental para su crecimiento: el dominio de la atención.

Y ahora, una pregunta: ¿cuántos de vosotros tuvisteis amigos en el cole con algún trastorno por déficit de atención? Yo, no tuve ninguno. Tengo una hermana disléxica que lo pasó fatal porque el sistema educativo no supo detectar su problema pero, hasta donde yo sé, fue una niña bastante feliz y normal.

Hoy en día, escucho cada vez a más gente hablar del TDAH entre los niños. Es muy alarmante y, el estudio que os mencioné antes, relaciona el uso de las tecnologías y estilo de vida acelerado de los adultos con este trastorno. Me he encontrado con vídeos y estudios que dicen que la cantidad de estímulos que recibe un niño a través del móvil es muy nociva para el desarrollo de habilidades como la atención, concentración y paciencia.

Utilizar el móvil para que el niño termine de comer o para que no llore en el bus o en el médico le quita la oportunidad de pasar por un momento de frustración, que puede ser ocasionado por el cansancio o el aburrimiento, y aprender a superarlo. Darle el móvil para que esté calmado y no moleste a los demás le indica que puede estar tranquilo sin esfuerzo ni paciencia. Os recomiendo mucho que leáis todo el estudio del este neuropsicólogo infantil. Me pareció súper interesante.

Vamos a ver si comienza la primavera de una vez para aprovechar el buen tiempo. Para dejar los móviles y trepar árboles. Estoy segura de que todos seremos más felices.

Si tienen sed, que beban agua

Todos los que somos responsables de la educación de los más pequeñitos sabemos el impacto que pueden tener nuestras acciones y palabras sobre ellos. Finalmente seguirán el ejemplo que nosotros les demos. Me gusta mucho terminar mis clases y sentir que he dejado una pequeña huella en mis alumnos para que, el día de mañana, vivan más felices, siendo respetuosos con el mundo en el que vivimos y, sobre todo, con ellos mismos.

El trimestre pasado hice con ellos un experimento muy interesante. Mientras aprendíamos la diferencia entre el how much and how many, también aprendíamos cuánto azúcar tienen las bebidas que nos gustan y que le gustan a nuestros papás. Y ¿cuál fue nuestra sorpresa? Que la cantidad de azúcar que hay en el zumito de frutas o en el batido de chocolate que nos da energía por la mañana no es tan diferente a la cantidad que tiene la bebida gaseosa que le gusta tanto a mamá. No me sorprendió entonces entender por qué estas bebidas los llenan de energía.

Cuando estuve viviendo en Estados Unidos me quedé realmente sorprendida de la variedad de bebidas azucaradas y productos industriales que hay en todos lados (cafeterías, restaurantes, supermercados…¡incluso farmacias y hospitales!) ¿Momento confesión? En seis meses engordé 18 kilos. Sí, sí, dieciocho. Estuve viviendo con unos amigos de mi padre que tenían unos hábitos alimenticios muy malos. Si a eso le sumamos que a mí me habían enseñado a comerme todo lo que me ponían en el plato, entonces tenemos como resultado estos dieciocho kilos de más. Y, a ver, tampoco os quiero engañar, me encanta comer chucherías (como a muchos) y realmente hago un trabajo constante y me esfuerzo por comer bien, sano y equilibrado cada día. Ya sabéis que soy muy pro alimentación saludable y también sabéis que lo que más me importa es aprender a transmitir esto a los más pequeñitos de la mejor manera posible.

Vamos a hablar de cosas serias. El consumo regular de bebidas azucaradas y alimentos procesados pueden generar enfermedades muy graves para nuestros niños como: obesidad, caries, diabetes y daño renal, cardiopatías e incluso cáncer. Una amiga mexicana, que recientemente ha sido mamá, compartió el otro día este vídeo:

Cuida su corazón

De juguito en juguito estás dañando el corazón de tus hijos, cuídate y cuida a tu familia, no consuman bebidas azucaradas. Éstas pueden provocar a futuro enfermedades cardiovasculares, además de sobrepeso, obesidad y diabetes tipo 2.

Publiée par El Poder del Consumidor sur mardi 3 avril 2018

En México, el tema de la obesidad infantil y sus consecuencias es muy serio. Cada vez hay más campañas e información para concienciar a los padres de familia de lo importante que es eliminar las bebidas azucaradas y los productos procesados de la dieta infantil. La cercanía con Estados Unidos no nos ayuda para nada. Por experiencia propia os puedo decir que los hábitos que tienen los americanos son terribles. También os digo que, en España, nos veo cada vez más expuestos a estas influencias y no me gusta nada.

Es bien sabido que el consumo de bebidas azucaradas y alimentos procesados (harinas refinadas, productos empaquetados y con alto contenido de azúcar y grasas) están directamente relacionados con el desarrollo de obesidad y diabetes. También, según estudios de la organización World Cancer Research Fund International, las personas que sufren de obesidad tienen un riesgo mayor de desarrollar hasta once tipos de cáncer. La obesidad genera cambios en las hormonas que promueven el crecimiento de las células cancerígenas.

Las enfermedades cardiovasculares también son ocasionadas, entre muchos otros, por malos hábitos alimenticios. Esto es porque nuestro hígado transforma la fructuosa de estas bebidas en grasas que impiden una correcta irrigación de sangre al cerebro y corazón.

Un estudio realizado con niños de tres y cuatro años mostró que el consumo de productos procesados en edades tempranas aumenta el riesgo de tener un aumento de colesterol en la sangre cuando tienen seis y siete años. Esto nos demuestra que, en tan sólo dos años, los niños pueden desarrollar diversas enfermedades causadas por el consumo de bebidas azucaradas y “comida basura”.

En esta página podéis encontrar diferentes estudios que relacionan el consumo de bebidas azucaradas y productos procesados con la probabilidad de desarrollar estas enfermedades. Es una página en la que encontraréis detalles que quizá no os interesen, porque son muy de México, pero si vais al apartado de enfermedades, podréis encontrar mucha información bien documentada que considero muy importante tener en cuenta.

Nosotros, los adultos, somos perfectamente capaces de diferenciar cuándo es un buen momento para un caprichito. Constantemente estamos aprendiendo, por lo menos yo, a encontrar el equilibrio de las cosas y a conocer qué nos va bien y qué no. Lo que intento decir con esto es que no pretendo incitaros a que vuestros hijos nunca más tomen una bebida azucarada. No. Simplemente creo que es muy importante saber identificar el cuándo y dónde: una fiesta de cumple o una ocasión especial. Enseñarle a nuestros niños y niñas que hay momentos para todo. Debe predominar el consumo de productos buenos para la salud y las acciones que son buenas para nuestro cuerpo. Esto nos ayudará a tenerlo fuerte y preparado para esos caprichitos. Y, si tienen sed, que beban agua.

 

¿Estrés infantil?…Act crazy!

Estrés, estrés, estrés. Estoy estresada / me duele la cabeza porque estoy estresado / ¡uf! qué estrés / he tenido un día muy estresante, etc. No sé tú, pero yo cada vez me encuentro con más personas estresadas por la vida. Así que te reto a que leas este artículo sin estresarte. ¿Lo conseguirás? La pobre María no lo logró.

Los adultos somos capaces de reconocer que nos encontramos bajo mucho estrés e intentamos entender por qué nos sentimos de una u otra manera. También creo que cada vez somos más conscientes y trabajamos en ello. Vamos a yoga, regulamos nuestra alimentación, practicamos meditación, corremos por la mañana, planeamos escapadas, etc.

Sin embargo, ¿qué pasa con nuestros niños? El estrés ha dejado de ser un problema sólo de los adultos. Me parece tristemente lógico. La histeria adulta también se contagia. Este post nace a raíz de un estudio que leí hace poco que demostraba que el estrés es uno de los principales problemas de salud infantil hoy en día. Lo preocupante del asunto es que, a diferencia de los adultos, los niños no tienen experiencia en comunicar y expresar cómo se sienten. Tampoco son capaces por ellos mismos de organizar una excursión por la montaña para escapar de los días estresantes.

El hecho de que no lo puedan comunicar, no quiere decir que no lo sientan y que no sufran las mismas consecuencias que nosotros: cambios de humor, dolores de cabeza, irritabilidad, enfermedades, etc. Por eso, como responsables de nuestros pequeños, hemos de observar muy bien sus actitudes para identificar si se encuentran bajo una situación estresante y actuar para cuidar su salud.

¿Y por qué se estresan? Por las mismas razones que nosotros. Básicamente, el estrés infantil se manifiesta de tres maneras diferentes: estrés en la escuela, en la familia y por exceso de información. Varias fuentes coinciden en que el estrés es inevitable y, hasta cierto punto, necesario para que los niños aprendan a gestionar situaciones difíciles. Y aquí es donde entramos nosotros, los adultos. Ellos tienen que saber que aquí estamos para ayudarles a entender lo que les pasa y lograr que desarrollen habilidades que les serán útiles cuando se hagan mayores.

El estrés en la escuela es uno de los más inevitables, porque los niños están llenos de deberes, obligaciones y actividades. Yo recuerdo que, desde pequeña, siempre tenía muchas cosas que hacer de la escuela, tenía que comer y hacer deberes porque luego estaba toda la tarde entrenando. En el instituto, el nivel de exigencia era altísimo. La nota mínima para aprobar era un 7. Y, la universidad, ni te cuento. Pero no recuerdo tener un trauma a causa de esto. Al contrario. Creo que mis padres me ayudaron bastante a entender que éstas eran mis responsabilidades y que era muy importante saber gestionarlas bien. Y realmente creo que, si hoy en día sé trabajar bajo presión y hacer bien las cosas, es gracias a eso.

Hay muchos factores familiares que pueden ocasionar estrés a los pequeños. Básicamente los mismos nervios de los padres ocasionados por: problemas con la pareja, problemas en el trabajo, problemas financieros y un largo etcétera. Yo sólo puedo hablar desde mi punto de vista como profesora y lo que recuerdo como hija, que no es mucho. Así que como teacher os digo que cuando estoy estresada por algo, mis niños lo notan enseguida. Se irritan, tienen cambios de humor y la clase se convierte en algo muy difícil de llevar. Hemos de tener mucho cuidado con lo que transmitimos. Tengan la edad que tengan, los niños lo perciben todo.

Por último, es el estrés ocasionado por el exceso de información y la tecnología. Los niños están expuestos a una cantidad de estímulos impresionantes. Hoy en día no tienen tiempo para aburrirse. Tienen que estar siempre haciendo cosas y me da mucho miedo pensar que, en su mayoría, están relacionadas con la tecnología. Por otro lado, si vemos las noticias en casa, nuestros niños que son un pelín más mayores, ya se enteran de lo que está pasando a su alrededor. Y, seamos realistas, la mayoría de las noticias con las que nos encontramos hoy en día son terribles. Imagínate el estrés que puede provocar una noticia a un niño que ya entiende mas ó menos cómo funcionan las cosas (sin toda la información y aguante que podemos tener los adultos). Bueno, yo no. Yo, cada vez que se me ocurre ver la tele, acabo llorando.

Todo esto me llevó a investigar qué hacer para combatir de la mejor manera posible este malestar infantil. Aquí os dejo mis consejos.

  1. Aprende a reconocer los síntomas del estrés en niños. Como pasa con los adultos, éstos pueden ser físicos y/o de comportamiento.
  2. Alienta a los niños a expresar sus sentimientos. No importa la edad que tengan, lo más importante es que sepan identificar las emociones (miedo, tristeza, ansiedad, aprensión). Los niños tienen que sentirse seguros de expresar cómo se sienten. Tienen que saber que están en un ambiente en el que se sientan aceptados y valorados.
  3. Concéntrate en las causas del estrés y no en las consecuencias. Es más importante pensar en las razones y en la raíz del problema que corregir sus nuevas actitudes.
  4. Ten las reglas y límites claramente definidos y sobre todo síguelos. Los niños funcionan muy bien con rutinas bien establecidas.
  5. Básico. Si a nosotros nos ayuda, imagínate a ellos. Crea rutinas de ejercicio para ellos y también en familia. Predica con el ejemplo. Recuerda que si desconectas tú, te desestresas tú, te relajas tú, para ellos será todo más fácil.
  6. Utiliza libros e historias infantiles para tratar con ellos temas difíciles (una separación o una pérdida, por ejemplo). Hay muchos libros infantiles que te pueden ayudar a tratar temas delicados con tu hijo de una manera más cercana a ellos.
  7. Lo más importante de todo: dedica tiempo a divertirte con ellos. Expresad vuestros sentimientos de maneras divertidas, reíros sin sentido, haced caras frente al espejo, haceros cosquillas, chillad y gritad en el parque, simplemente…act crazy! Yo lo hago con mis alumnos y es lo más divertido y anti-estrés que hay.

Me encantaría poder pensar que vivimos en un mundo en el que palabras como ESTRÉS no existen, pero no es así. Lo único que sé es que sólo nosotros somos capaces de decidir cómo queremos vivir nuestra vida y cuánta importancia le damos a según qué cosas. Y, lo más importante de todo, sólo nosotros somos responsables de lo que vamos a transmitir a las futuras generaciones.

Mindfulness hasta en la sopa

¡Hola, 2018! Hace diez días que empezó el año y cada día he escuchado mínimo a dos o tres personas decir: ya no puedo comer más, este año iré al gimnasio, comienza la operación bikini, me he pasado mucho estas vacaciones, etc. La lista de propósitos relacionados con el deporte y la comida ya la conocéis. Aviso que este post no va de consejos para cumplir estos propósitos ni de cómo lograr depurar los excesos de las navidades a través de mágicos batidos. Este post va de algo con lo que topé hace algunos días que quizá os ayude a cumplir vuestros propósitos. A mí me hizo pensar.

El 27 de diciembre la nutricionista Natalia Moragues escribió un artículo en El País en el que explicaba que en estas fechas es muy fácil olvidarnos de nuestras buenas costumbres o dejarlas de lado justificándonos por las fechas, las visitas familiares, etc. Tenemos la excusa perfecta para comer todo lo que queramos. Y no debería ser así.

Y a ver, seamos honestos, yo subí un par de kilos estas Navidades y, entre turrón y chocolate, dije más de una vez: total, si en enero empiezo dieta y gym, vamos a darle alegría al cuerpo, Macarena. Después, me encontré con este artículo que me hizo reflexionar sobre el daño que le podemos hacer al cuerpo con estos cambios de alimentación.

No es necesario olvidarnos de todos nuestros buenos hábitos sólo porque sean fechas especiales. Lo mismo pasa en verano con las vacaciones. Creo que mi propósito este año es tener claro qué hábitos saludables me gustaría seguir de verdad e intentar cumplirlos todo el año. Está claro que habrá maravillosas excepciones, pero en el artículo leí algo que me pareció muy acertado: diciembre tiene treinta y un días y el número de días festivos en los que están más que permitidos los caprichos son tres. Yo me pasé veinte celebrando que era Navidad. Aquí os dejo el artículo por si queréis leerlo, la verdad es que la manera de escribir me gustó mucho y, a su vez, me llevó a pensar en mi propósito personal del 2018: practicar el Mindful eating.

¿Cómooooo? Cuando leí el término en el periódico me llamó mucho la atención. Y, últimamente, leo mindfulness por todas partes. Es una práctica que se está poniendo muy de moda y yo, he de confesar, que incluso hasta me gusta. ¿Por qué? Porque significa que cada vez más gente es consciente de lo importante que es parar un momento y ser reflexivos con lo que hacemos.

En uno de los primeros artículos que escribí para este blog, os conté cómo había cambiado mi vida desde que comencé a dedicarle tiempo a mis mañanas, mi despertar, mi desayuno, deporte y demás rituales matutinos. Pues bien, este año pienso aprender a comer con conciencia y tranquilidad. Este mundo va tan rápido que cada vez nos es más fácil olvidarnos de los pequeños grandes placeres de la vida como es comer. Le dedicamos muy poco tiempo a cocinarnos, a mimarnos, a escoger los productos que más nos gusten, que nos vayan mejor para el cuerpo y ¿por qué? La mayoría de la gente me responde: porque no tengo tiempo. Es ahí cuando pienso que si sumáramos todos los minutos que estamos metidos en el móvil tendríamos tiempo para cocinar hasta para veinte personas. Lo sé, estoy exagerando, pero ya me entendéis.

Y entonces, ¿qué es el mindful eating? La atención plena y consciente en lo que comemos incluyendo todos sus procesos: los ingredientes, la preparación y el momento adecuado para comer, cuándo comemos porque tenemos hambre y no por estrés, ansiedad o aburrimiento, etc. Es dedicar tiempo a comer, saborear, masticar y reflexionar sobre lo que estoy comiendo y cómo va a responder mi cuerpo ante eso. Yo, que soy fan de las patatas de churrería, ya os contaré qué me pasa la próxima vez que las coma y haga esta reflexión. Quizá sea momento de hacerle caso a mi amiga vegetariana y comenzar a comer chips de boniato y otras verduras que dice que están muy ricas.

Como siempre, creo que todo es cuestión de encontrar el equilibrio. De lo que sí estoy convencida es de lo importante que es dedicarle el tiempo necesario a algo que es esencial para nuestro cuerpo: la comida.

No olvidemos también que nosotros somos el ejemplo de las futuras generaciones. Nuestros niños tienen que ser capaces de entender y disfrutar de la comida. Hacerlo a su ritmo y sin prisas. Este fin de semana estuve conviviendo con una niña de dos años y, a la hora de la merienda, estuvimos hablando de su manzana, el color, lo jugosa que era, lo rica que estaba, nos imaginamos la manzana bajar por la barriga…¡fue muy divertido! A ver, no estoy diciendo que esto se haga cada vez que le damos de comer a los niños porque nos podemos volver locos. Pero sí que es verdad que, si les damos más tiempo para que exploren y experimenten, ellos irán descubriendo a través de la comida diferentes maneras de nutrir su cuerpo y su mente. Sabrán que, finalmente, somos lo que comemos.

¿Empezamos a correr?

Cuando comenzamos con el blog, decidí inaugurar esta sección con una experiencia muy personal en la que escribí sobre cómo implementar nuevos y buenos hábitos en nuestra vida. En ese post, entre otras cosas, os conté mi experiencia de comenzar a hacer ejercicio muy tempranito por la mañana. Aquí os dejo el enlace para los que no lo habéis leído.

¿Momento confesión? Desde que comenzamos regularmente con nuestras actividades después del verano, me ha costado muchísimo volver a la rutina. Las excusas, sí, esas que se disfrazan de razones válidas para no levantarse, eran bastante buenas.

En fin, hace dos semanas por fin sentí cómo el hábito se iba apoderando de mí.  Estaba tan pero tan contenta porque sé muy bien lo mucho que cuesta pero también sé que una vez comienzas… ¡ya no lo quieres dejar!

Cuando comencé a hacer ejercicio hace un año, me aficioné a correr. Yo, la primera sorprendida. Fui nadadora federada durante muchos años y siempre decía: Nadar, sí. Correr, no. Lo encontraba aburrido y monótono. Pues, gracias a que mi gimnasio no tiene piscina, un día me subí a la cinta y me encantó. ¿Por qué? Porque lo encontré un ejercicio en el que has de estar muy concentrada en la respiración y en tus movimientos. Si te distraes, se te acaba el aire o la rodilla duele. Era maravilloso estar media hora sin poder pensar en otra cosa más que en mí y en mis movimientos. Eso es lo que más me gustó. Era el enajenamiento perfecto. Comencé poco a poco y, como ya llevaba meses haciendo ejercicio, me fue bastante bien. No como ahora. Hoy estoy lesionada, ligeramente de mal humor y en reposo obligatorio hasta nuevo aviso. He querido regresar a mi rutina que tenía antes del verano y es evidente que mi cuerpo no estaba preparado.

Así que, después de esta pequeñita introducción, os cuento de qué va el post de hoy.

El viernes pasado, que estaba tumbada en cama, con hielo y antiinflamatorios, pensé que ya tenía tema para esta semana. Abrí el ordenador y escribí en el buscador “Cómo empezar a…” y, sin dejarme terminar de escribir, se completó la frase “Cómo empezar a correr” Me hizo gracia. Esto puede significar dos cosas: o Google me tiene muy controlada o hay muchas personas que, como yo, últimamente se han aficionado a correr.

Así que si, como yo, quieres retomar una rutina y comenzar a correr, aquí una serie de consejos para mantenerte motivada, en buen estado y no cometer errores que entorpezcan el proceso.

Obviamente, encontré mucha información así que haré un mix de los consejos que más me gustan y con los que más me identifico.

Todos coinciden, yo la primera, en que hemos de comenzar muy poco a poco. Si llevas mucho tiempo sin hacer ejercicio o es la primera vez que corres, es muy importante hacerlo con cuidado para que no te lesiones ni te desmotives.

Lo primero que recomiendo es fijar un objetivo real de días de la semana. Entre dos y tres días es lo ideal. El programa que a continuación os muestro es, de los que leí, el que más me gustó. Lo considero bastante sencillo de hacer y va incrementando muy poco a poco su intensidad. Es un programa en el que, corriendo tres veces por semana, en dos meses, te encontrarás en forma para salir a correr cinco kilómetros tranquilamente sin pasarlo mal. En este enlace, podréis encontrar la aplicación móvil que os va marcando los tiempos según la semana en la que estéis. Allá vamos.

Semana 1 –  5 minutos de calentamiento caminando, después 60 segundos corriendo por 90 segundos caminando, durante 20 minutos.

Semana 2– 5 minutos de calentamiento caminando, después 90 segundos corriendo por 2 minutos caminando, durante 20 minutos.

Semana 3– 5 minutos de calentamiento caminando seguido por 2 repeticiones de 90 segundos corriendo, 90 segundos caminando, 3 minutos corriendo y 3 minutos caminando.

Semana 4 – 5 minutos de calentamiento caminando seguido por 3 minutos corriendo, 90 segundos caminando, 5 minutos corriendo, 2 minutos y medio caminando, 3 minutos corriendo, 90 segundos caminando y  5 minutos corriendo.

Semana 5 – 5 minutos de calentamiento caminando seguido por 8 minutos corriendo, 5 minutos caminando y 8 minutos corriendo.

Semana 6– 5 minutos de calentamiento caminando seguido por 10 minutos corriendo, 3 minutos caminando y 10 minutos corriendo.

Semana 7– 5 minutos de calentamiento caminando seguido por 25 minutos corriendo.

A partir de esta semana, tu cuerpo debería estar acostumbrado ya a correr bloques de más de 20 minutos sin caminar.

Semana 8 – 5 minutos de calentamiento caminando seguido por 28 minutos corriendo.

A partir de ahora deberás sentirte cómoda/o corriendo durante más tiempo, pero si no es el caso, es muy importante que el objetivo de esta semana sea cumplir los 28 minutos sin sentir la necesidad de caminar.

Semana 9 – 5 minutos de calentamiento seguido por 30 minutos corriendo.

¿Qué os parece? A mí, bastante cumplible. No veo nada difícil dedicar menos de 1 hora al día durante tres días a la semana y cumplirlo. Yo, sin duda alguna, cuando me recupere, seguiré este programa. Debo confesar que me resulta un poco difícil, ya que soy muy impaciente, pero la lesión que estoy viviendo hoy es prueba suficiente de que el cuerpo se toma su tiempo para adaptarse. Si podéis dedicar más tiempo a hacer ejercicios de fuerza y resistencia, mejor. Vuestro cuerpo se sentirá más seguro a la hora de correr.

Ahora un par de consejos más y termino. Es muy importante un buen calzado, un reloj o vuestro móvil para marcar tiempos y los estiramientos. Esto último es fundamental para evitar lesiones y las tan temidas agujetas. No olvidemos, también, que una alimentación saludable es esencial. Este tema lo abordaremos en otro post en el que invitaré a un colaborador a explicarnos por qué es tan importante la comida como el ejercicio. Uno sin el otro, no funcionan.

Así que nada familias, ya os contaré cómo me va una vez me recupere. Si alguno de vosotros decide hacer el programa, me alegraré mucho de escuchar vuestras historias. Recordad que lo más importante es mantener el cuerpo en movimiento. Have a nice day!

Otoño, ¡por fin!

Hace unos meses, cuando escribí sobre la primavera, os comenté que el otoño es mi estación favorita del año. Recuerdo perfectamente la cara de María cuando lo leyó y me preguntó ¿Otoño?… ¡pero si a mí me encanta el verano! Cada estación marca un cambio y, para mí, el otoño es como mi año nuevo personal. Es la época en la que dejo atrás las cosas que no me gustan, me propongo nuevos retos y objetivos y tengo la necesidad de volver a mis hábitos pre-veraniegos y de crear nuevas rutinas.

No es nada fácil. El otoño representa el final de los días largos y soleados trayendo consigo días más cortos y grises. En Barcelona, se ha marchado el verano de golpe. Desde el día uno, septiembre se ha llenado de lluvias, días fríos y nublados y nos ha dejado sin la oportunidad de disfrutar los últimos tintes de verano. Ésta es una época en la que me siento especialmente nostálgica, no me sorprende. Siempre he sido una persona muy sensible a los cambios de temperatura y los días nublados tienden a cambiarme los ánimos. Desde pequeña, cuando llovía, los ánimos se me alteraban y no había quien me aguantase. Hablando con otras personas me pude dar cuenta de que no soy la única que pasa por esto y, después, investigando, me encontré con el término TAE (Trastorno afectivo estacional) un trastorno afectivo-emocional ocasionado por los cambios estacionales.

Una de las razones por las cuales tenemos cambios de ánimo es por la falta de luz solar. El sol nos proporciona, aparte de un bronceado bonito en verano, un aumento en los niveles de serotonina. La serotonina son neurotransmisores que se encuentran en el sistema nervioso central y que están directamente relacionados con el estado de ánimo y el bienestar de las personas. Estos neurotransmisores se encargan de regular sobre todo el apetito y el sueño. Me parece que todos sabemos de sobra lo mucho que se puede ver afectado nuestro carácter si comemos y dormimos mal. Leyendo sobre esto, también encontré que los hombres producen un 50% más de serotonina que las mujeres. Mmm…ahora entiendo muchas cosas.

Está claro que el cambio afecta  o, mejor descrito, altera. Durante todo el año, el cuerpo se encuentra en constante adaptación a los cambios y estaciones y, como no podría ser de otra manera, este post lo dedico a ofrecer consejos que se basan sobre todo en la alimentación y los buenos hábitos para poder superar este cambio estacional de la mejor manera posible. No olvidemos que los niños también sufren alteraciones en su estado de ánimo a causa de este cambio así que estos consejos también van para ellos.

Una de las cosas que considero más importantes es el cuidado de la alimentación, finalmente somos lo que comemos y estoy segura que nuestro sabio planeta nos proporciona alimentos de temporada para combatir cualquier tipo de trastorno estacional. Vamos a ver.

Por ejemplo, durante esta época del año encontramos espinacas (no, no las de bolsa o congeladas que hay en el súper todo el año) sino manojos de espinacas que, salteadas con un buen aliño, están muy buenas. Al igual que las acelgas, estas dos plantas tan monas ayudan a la producción de serotonina en nuestro cuerpo.

Los alimentos que contienen carbohidratos y almidón también ayudan. La calabaza, protagonista del otoño, es un alimento que tiene un contenido considerable de carbohidratos y almidones. A mí me encanta en un buen sofrito o al horno. Yo no sabía  que el cabello de ángel, que a mí no me gusta nada, se hace con calabaza. Así que para los amantes de este relleno, ya sabéis qué pedir en la pastelería.

Las manzanas son alimentos ricos en hidratos de carbono y éstos a su vez ayudan a la producción de serotonina. Yo no soy muy fan de las manzanas pero sí de los hidratos de carbono, ¡y quién no!

Más de una vez he escuchado a la gente decir: come carbohidratos que estarás más feliz. Sí, es verdad, pero hay que tener mucho cuidado con el tipo de carbohidrato que comemos. Es evidente que un plato de pasta con una salsa exquisita y mucho queso hace feliz a cualquiera pero estos alimentos producen un subidón de energía exclusivamente momentáneo.

Dicen por ahí que: “Después del verano, la uva llega al mercado”. Puede que las semillitas sean un poco incómodas pero… ¡qué ricas están! Hay que recordar que la fruta, si se come entera, mejor. La fibra de las pepitas y la piel ayudan a contrarrestar el alto contenido de azúcar que tiene la uva, proporcionándonos todos los nutrientes. Aparte que son antioxidantes, depurativas y nos dan mucha energía.

Si preguntáis a mis alumnos cuál es mi fruta favorita, los que me prestan un poco de atención, os responderán: la mandarina. Esta fruta llega al final del otoño y tiene todos los nutrientes para prepararnos para el invierno. Me encanta.

Una vez, alguien me contó que leyó un estudio en el que durante equis tiempo los taxistas de Nueva York tenían que comer sólo pescado. ¿Por qué? Pues porque el pescado contiene altos niveles de Omega 3 que ayuda a reducir el estrés. Después de unas semanas de sólo comer pescado, los taxistas se encontraban de mucho mejor humor, su estado de ánimo había cambiado y el estrés de una gran ciudad no les afectaba tanto como antes. No encontré el estudio pero sí que encontré que el consumo de Omega 3 ayuda a incrementar la serotonina. Yo tengo una ligerita pelea personal con el pescado ya que, según de dónde venga, tiene altos niveles de mercurio por lo que yo me decanto por otros alimentos ricos en Omega 3 como lo son los frutos secos y sus aceites: el lino, por ejemplo, tanto en aceite como en semilla es excelente. La chía, las nueces, el cáñamo y el sésamo, también. Es importante saber que estos aceites no deben utilizarse para freír, en crudito mejor.

Por último, mi recomendación favorita, es comer chocolate. No sólo aumenta los niveles de serotonina sino también de endorfinas. Mucho cuidado con el chocolate que elegís, el componente que nos produce esta felicidad es el cacao, así que cuanto más oscuro, mejor.

Aparte de la alimentación, practicar buenos hábitos nos ayudará a combatir estos cambios estacionales. Hacer ejercicio de manera regular siempre ha sido bueno para el cuerpo. Si hoy hemos aprendido que la serotonina es producida por la luz, es muy importante intentar pasar el mayor tiempo posible al aire libre. Si caminamos 30 minutos y disfrutamos de la luz del día, mataremos dos pájaros de un tiro. Aunque esté nublado, nuestro cuerpo lo agradecerá. El estrés, sí, ese sentimiento que a veces nos invade y no nos damos ni cuenta, interfiere en la producción de serotonina, por lo que es recomendable también realizar prácticas como yoga, meditación y ejercicios de respiración.

Y ahora, mi consejo muy personal… ¡Disfrutad del otoño! Los colores de sus parques, las hojas y los cielos son las razones por las cuales ésta es mi estación favorita.

Queda inaugurado el verano, ¡prohibido no disfrutarlo!

Hace una semana que comenzó el verano aunque, si hablásemos por temperaturas podríamos decir que se nos adelantó un poco, ¿no? Hemos pasado unas semanas de mucho calor y yo no puedo evitar pensar, como siempre, en los cambios climáticos tan evidentes que estamos viviendo.  En fin, hoy no toca escribir sobre ecología sino sobre hábitos saludables y en esta ocasión son consejos para disfrutar esta época tan divertida y calurosa de la mejor manera posible.

Comencemos, como no, por la alimentación. Las fruterías se llenan de colorines y yo no puedo ser más feliz. La naturaleza, con lo sabía que es, nos proporciona una cantidad de frutas y verduras jugosas que llenan de agua nuestro cuerpo. Yo, personalmente me olvido de beber agua durante el día pero de comer sandía y melón, no. ¡Me encantan! Escucho a gente decir: uf, qué pereza cortar y pelar. A ver, dedicar veinte minutos de tu tiempo en pelar y cortar una sandía o un melón (si es más grande mejor, el tiempo será prácticamente el mismo) no es mucho pedir. Creo que si sumamos los minutos que pasamos en las redes sociales, cortaríamos cinco sandías y cinco melones. No hay nada mejor que levantarse un día de mucho calor, abrir la nevera y ¡ñam! O meter el tupper veinte minutos al congelador antes de irte a la playa. Créeme, después de un baño, es lo mejor que te puede pasar. Eso, o tener una bañera así:

¡Me encanta! Bueno, volvamos al tema. También hay frutas exquisitas que no requieren de ningún tipo de esfuerzo para comérselas. Los melocotones, nectarinas y paraguayas son también protagonistas de las fruterías esta temporada. De donde yo vengo, la fruta no se pela. Cuando llegué a vivir aquí realmente me asombré de ver como aquí, pelan todo. Pues yo no, así que para mí son las frutas fáciles y deliciosas del verano.

Pasemos a mi hortaliza favorita y más consumida de todo el verano: el tomate. Claro, he de decir que aquí hay muchos tomates que: huelen a tomate y parecen tomate, pero no saben…a nada. Un buen tomate, ese que sólo necesita sal y un poquito de aceite, es muy difícil de encontrar. En verano, suelo irme al pueblo de un gran amigo a descansar unos días. Ahí, como en muchos pueblos, son todos muy amables y conocen mi debilidad por el tomate. Las ensaladas que me preparan son increíbles y ahora mismo, sólo de pensarlo, se me hace la boca agua. Por cierto, dato cultural, en el país de mi madre lo llaman jitomate. El tomate es parecido al de aquí pero es verde, pequeñito, ácido y se usa para hacer salsas.

Formando un trío perfecto con el tomate, encontramos también en verano el pimiento y el pepino. Estos tres ingredientes nos derivan a una de las bebidas más ricas del verano: el gazpacho. Si no los quieres triturar, en ensalada con un poco de cebolla también están buenísimos.

Pero me voy a concentrar en el pepino, que también me gusta mucho. Esta fruta es 96% agua y sus nutrientes son ideales para el verano. El agua de pepino con limón, por ejemplo, es muy fácil de hacer y aporta numerosos beneficios a nuestro cuerpo: es alcalina, rica en vitaminas, antioxidante, combate la horrorosa retención de líquidos que sufrimos durante esta temporada y nos ayuda a depurar los excesos veraniegos. Total, es perfecta y muy fácil. Otro dato importante, éste es por parte de mi madre, las semillas de pepino son las que nos provocan esa indigestión rara que nos hace recordar que comimos pepino durante horas. Yo se las quito y siempre funciona.

Otra cosa buenísima del pepino es su capacidad de relajar los ojos cansados. Tener siempre rodajas de pepino en el congelador, es una muy buena idea. Sobre todo para esos días en los que te levantas con la cara un pelín hinchada por el calor. La cosmética natural utiliza el pepino en infinidad de mascarillas. Incluso leí, mientras investigaba para este post, que la bella Cleopatra utilizaba una mascarilla de pepino para combatir las arrugas.

Podría seguir hablando de comida y recetas con pepino, tomate, sandía y melón. Me encanta comer y me encanta disfrutar de estos regalos de la naturaleza pero quiero tocar otro punto que me parece muy importante durante esta época del año: el sol.

Me parece, por lo que he escuchado, que subestimamos el poder del sol en nuestro planeta y lo mucho que nos puede llegar a afectar a largo plazo en la piel. Familias, hay que ponerse crema solar todos los días del año y hay que cuidar a los más pequeños de la exposición directa. Las mujeres que me leen, estarán de acuerdo conmigo en que las manchas en la cara ocasionadas por el sol y las arrugas prematuras (y no prematuras) son horrorosas. Una vez, un dermatólogo me dijo: si te pones crema solar y te cuidas la piel desde los dieciséis años, a los cuarenta lo notarás.

Una cosa que no sabía y que hoy aprendí escribiendo sobre esto es cómo decidir el factor FPS de la crema solar que utilizamos. Pues ahora toca compartir mi nuevo conocimiento: hemos de observar cuánto tiempo tarda nuestra piel en quemarse al sol sin protección. Las pieles muy claras tardan entre tres y cinco minutos y, las menos sensibles, diez.

Si multiplicamos ese tiempo por el FPS del producto tendremos la cantidad de minutos que estaremos protegidos. Por ejemplo, si tardas cinco minutos y la crema es factor treinta, estarás dos horas y media protegido. Información interesante y necesaria, yo no tenía ni idea.

Es muy importante que, si es algo que nos ponemos todos los días en la piel, sea bueno y lo más natural posible. En las herboristerías y tiendas naturales podemos encontrar protectores solares para mayores y pequeños muy buenos, sin parabenos ni ingredientes innecesarios y tóxicos para nuestra piel. Aquí os propongo una herboristería que a mí personalmente me gusta mucho, es de esas que tienen encanto.

Pensando en maneras naturales de proteger nuestro cuerpo del sol he encontrado una lista de alimentos que ayudan a aumentar la melanina, un pigmento que se encuentra en nuestra piel y que es la responsable de absorber los rayos del sol y protegernos de sus efectos. Aquí va la lista: kiwi, naranja, pomelo, limones, fresas, frambuesas, zanahoria, tomate, sandía, melón, espinaca, acelga, brócoli,  yema de huevo, lácteos y pescados.

Pues nada queridas familias, aquí terminan mis consejos de verano. Espero que disfrutéis muchísimo estos días, compartáis experiencias que os hagan reír y lo hagáis de manera responsable, siempre cuidándoos.

¡Hasta pronto!

 

 

 

 

Quien es feliz, hará felices a los demás

Estamos a finales de mayo ya, ¡qué rápido pasa el tiempo! Esta vez me ha costado mucho decidir qué escribir. Un post debe ser personal y yo, personalmente, llevo unos días medio loca con tantas cosas. He de decir que hace un par de días, recordé algo que me sucedió hace justo un año y pensé: ¿un año ya?, creo que es la vez que más rápido he sentido que pasa el tiempo. A todas las personas que se lo comentaba, me decían: es la edad. Hmmm.

Pues yo no creo que sea sólo la edad. Este año he aprendido muchísimas cosas, hemos trabajado mucho para hacer este espacio cada vez mejor para nuestras familias. Los que nos conocéis, sabéis que nos encanta comenzar nuevos proyectos y, aunque eso implique el doble de trabajo, ¡estamos muy emocionadas! Un día hablando con María en el parque, mientras comíamos, llegamos a la conclusión de que somos muy felices, que nos encanta lo que hacemos y lo afortunadas que somos de sentirnos así. Sin embargo, esto no quita que en mayo nos estemos volviendo locas. Hay que cerrar el año escolar sin dejar de pensar en el próximo, actuaciones para los padres, casales, evaluaciones y… ¡mil cosas más! Por otro lado, los niños están especialmente cansados, han de preparar sus presentaciones de final de curso, exámenes y trabajos finales. Sus padres, seguramente, también estén cansados y ocupados decidiendo qué harán los niños durante el verano, organizando las vacaciones, etc.

Así que he decidido escribir sobre: ¿qué hacer para combatir este estrés pre-veraniego? Hábitos y consejos que a mí me funcionan y que intento seguir para ser feliz y no dejar que este estrés me afecte más de la cuenta. Para mí, lo más importante es que mis niños sean felices y tengo clarísimo que, si yo lo soy, ellos también. Por eso considero de vital importancia seguir estos consejos todos los días y no olvidar que quien es feliz, hará feliz a los demás.

... Happy Will Make Others Happy Too - Anne Frank #quote #happiness #happy

 

Una de las grandes enseñanzas de mi padre es que nuestras vidas son, sin duda alguna, nuestras decisiones. Así que decide ser feliz. Tengo una lista de choices que una vez saqué de un artículo que me gustó mucho y, que cuando estoy así así, la leo. Aquí, algunas de estas decisiones:

Decide desconectar. Aunque sea 10 minutos. Ayer me dejé el móvil aquí y por un momento pensé en volver a buscarlo, pero por pereza, no lo hice. Hoy me dan ganas de olvidármelo otra vez. ¡Estuve tan tranquila sin estar pendiente de notificaciones! Y, aunque es mi decisión estarlo mirando cada media hora, el hecho de saber que no lo tenía me dio una sensación de libertad extraña, cené tranquila, seguí con mi libro que tenía un poco abandonado y volví a reafirmar que las nuevas tecnologías nos quitan mucho tiempo que podemos dedicar a nosotros mismos.

Decide dormir. Ayer, también, dormí mejor. Con los años me doy cuenta de lo importante que es dormir. Te despiertas de mejor humor y con buena energía. Dormirse temprano a algunos cuesta, y mucho. Finalmente es nuestra decisión acostarnos a según qué hora…¿no?

Decide salir fuera y moverte. No hay nada que me haga más feliz que el clima estos días en Barcelona. Si pudiese firmar para tener este clima todo el año, lo haría. Estudios demuestran que tu estado de ánimo cambia positivamente después de estar 5 minutos haciendo ejercicio y…¡si es al aire libre, mejor! El otro día, una mamá me contaba que salió muy agobiada del trabajo, llegó a casa de mal humor y entonces decidió irse al parque con su marido y su hijo. Se subió a los columpios, disfrutó como una enana y su estado de ánimo, al poco tiempo, era otro. Normal.

Decide ser agradecido. Últimamente me encuentro mucho con esta palabra. Ya os comenté que en mi clase de yoga me repiten todos los días que seamos agradecidos con lo que tenemos. Realmente funciona darte cuenta y ser consciente de todas las cosas maravillosas que tienes a tu alrededor. La sonrisa de mis enanos, por ejemplo.

Decide tus batallas. Otra vez, pienso en mi padre. Él me enseñó que querer tener la razón siempre es una gran pérdida de tiempo y energía. “Si ella lo ve rojo y tú azul, qué más da” Esto no quiere decir que no defiendas tus ideales y tus valores, pero hay muchos disgustos que se pueden evitar no entrando en discusiones. Gran aprendizaje, me cuesta mucho pero lo intento.

Decide organizarte. A nosotras esto de organizarnos, ¡nos va muy bien! Pues en tu vida personal, es igual. Si te organizas y decides tus prioridades, te das cuenta de que tienes tiempo de hacer muchas más cosas que generalmente no haces y que son importantes para ti: hobbies, deporte, ocio, etc.

Decide terminar bien lo que empezaste. Básico. ¡Yo sé que este año lo terminaré muy bien!

Estoy muy contenta de haber aprendido tantas cosas y, a pesar de que a veces hay días malos y agobiantes, siempre recuerdo que es mi decisión hacer cosas buenas que me hagan sentir bien. Es una cadena que si empieza bien, seguro que terminará igual. No hay que olvidar que los hábitos comienzan con una simple decisión que se va repitiendo cada día.

Así que aquí termino mi post, espero que lo hayáis disfrutado mucho y que os sirva para combatir esos momentos de agobio que se presentan en esta vida, que a veces va muy de prisa.

 

 

 

La primavera… ¡la sangre altera!

Después del otoño, la primavera es mi estación favorita. Hoy recordé, porque seguro me lo enseñaron en la escuela hace años,  que el término prima viene de primer y vera de verdor.  Me encanta porque, ahora que voy tranquila por la vida, veo como en Barcelona todos los árboles comienzan a florecer, el parquecito donde comemos cambia de color, los días son más largos, también nos confiamos y salimos con esa chaqueta ligerita que tanto nos queremos poner y entonces nos resfriamos,  las alergias están a la orden del día, nos sentimos más cansados, nos irritamos. Por eso el otoño es mi estación favorita.

El cuerpo, como todo, necesita un proceso de adaptación al cambio y la sabia naturaleza nos proporciona las herramientas para hacer de este proceso algo más llevadero. Leyendo sobre cómo llevar mejor la astenia primaveral encontré consejos como: esperar a ponerte ese modelito primaveral ansioso y salir bien abrigado, hacer ejercicio, aprovechar que los días son más largos pero no olvidarte de tu descanso y el que es para mí el consejo más sabio de todos: la alimentación.

Cestas de fruta de temporada | Más info: Cesta de fruta y ve ...

La naturaleza nos ofrece una serie de frutas y verduras que ayudan al cuerpo a adaptarse y a vivir la primavera como se debe: feliz, con energías y sin resfriados. Perdón, pongo mucho énfasis en el resfriado pero es que llevo todo el invierno sin ponerme enferma y hoy no paro de toser, tengo los ojos llorosos y me siento un poco cansada.

En fin, una de las lessons que más disfruté fue cuando les enseñé a mis niños y niñas lo importante que es consumir productos de temporada y lo mucho que ayudamos al planeta no comprando un melón en enero o cerezas en octubre. Estamos muy acostumbrados a ver de todo en las fruterías durante todos los meses del año, por lo que es muy fácil olvidarnos de que existen alimentos de temporada. Me preocupa que nuestros niños en un futuro no reconozcan ni el término. Pero este es un post de salud y bienestar así que ya os compartiré la lesson en otro momento, es sólo para recordaros que si las frutas y verduras son de temporada es por algo.

Una de las razones por las cuales me gusta tanto la primavera es por sus…fresas, ¡sí, me encantan!  A mordidas, en pasteles, con zumo de naranja, en smoothies, ñam. Las fresas son una fuente de vitamina C, antioxidantes, depurativas, buenísimas para el hígado, antiinflamatorias, diuréticas…vamos, ¡una maravilla! Pero claro, hay que saber elegirlas. Hay que evitar esas cajas que tienen la primera capa maravillosa de fruta sin saber lo que hay debajo, observar su color y textura, olerlas (aunque esto no asegura nada) y, sobre todo, comprarlas en una frutería de barrio que te asegura que sus productos son de proximidad. Mi consejo: comprarlas camino a casa muy maduras, lavarlas y congelarlas. El batido de plátano que me hago cada día durante esta temporada es de color rosa, es más dulce y más fresquito.

Se puede hacer lo mismo con las cerezas sólo que hay que quitarles el hueso antes de congelarlas y esto representa tiempo y trabajo. Las cerezas, otra fruta de temporada, son la mejor opción para depurar el organismo y liberar tu cuerpo de toxinas. Sus propiedades antioxidantes son increíbles ayudando a combatir enfermedades degenerativas, cardiovasculares y a conservar nuestra vista.  Las cerezas son excelentes cuidadoras de nuestra piel y de nuestros huesos. Importante comprarlas muy maduras en la frutería ya que los expertos dicen que es una fruta que no madura bien en casa.

La primavera es la estación en la que se disfruta mejor de los espárragos blancos o trigueros. Importante que, cuando vayamos a comprar, nos fijemos bien de dónde vienen los productos. No queremos alimentos que hayan viajado desde Perú o China para estar en nuestra mesa. Mi abuela siempre decía que el espárrago es el alimento para mantenerse joven, esto debe ser por su alta cantidad de ácido fólico que ayuda a la creación de células nuevas. Yo es que recuerdo a mi abuela siempre joven así que haré caso y comeré espárragos, ¡con lo ricos que están!

Los guisantes, no esos que vienen en bolsas de plástico congeladas, sino los ricos naturales que sólo hay que pelar y saltear con cebolla y jamón, también encuentran su mejor época del año en la primavera. Estas bolitas verdes tan ricas ayudan mucho al sistema circulatorio y cuidan nuestro corazón.

Yo no sabía qué eran los nísperos hasta que llegué a vivir a Barcelona. Vivía en un piso con un jardín y un árbol en medio muy grande y muy bonito que daba nísperos, muchos. En cuestión de semanas aparecían, maduraban y luego había que comérselos enseguida, regalarlos o hacer mermelada. El níspero es una fruta expectorante , sus hojas ayudan mucho cuando estás enfermo de la gripe y cuando tienes tos. Por cierto, hoy no me vendría nada mal un té de níspero.

Los albaricoques marcan el final de la primavera y a mí me recuerdan mucho a cuando iba a Mallorca de pequeña. Tengo familia ahí y recuerdo que, cuando iba de vacaciones, mi abuela me preparaba una tarta de ¿albari…qué? Me costó mucho aprenderme el nombre pero me encantaba y con tan sólo montarme en el avión ya estaba pensando en ella. Buscando información sobre las propiedades de los alimentos que acabo de compartir con vosotros encontré que el albaricoque es la base de la alimentación de la comunidad de Hunza. Me sonaba de algo este nombre y me puse a investigar. Es un pueblo que está al norte de Paquistán y que su dieta es exclusivamente vegetariana y se centra en el consumo del albaricoque. Una de las teorías es que viven más de 100 años gracias a su alimentación y otra, que tienen un sistema de calendarización diferente. Yo os invito a que investiguéis por vuestra cuenta, pero lo que está claro es que el albaricoque está muy bueno (en tarta, mejor) y es rico en minerales, vitaminas y sobre todo en potasio.

Quiero recomendar y agradecer a Botanical Online, una página que me ayudó mucho para escribir este post, me enseñó las propiedades de algunas frutas y verduras y  me sugirió recetas de comida, mascarillas, zumos, etc., que me parecen muy interesantes y que seguro pondré en práctica, ya os contaré.

Así que nada, familia, espero que disfrutéis de la primavera, del sol y el buen tiempo. Vamos a aprovechar que estas frutas y verduras tan buenas para el cuerpo son de esta temporada y a cuidarnos, ¡que nos lo merecemos!

Happy Spring you all!

¿Nuevos hábitos? Sí, gracias

Hace casi un año que decidí comenzar un estilo de vida diferente. ¿Por qué? Pues porque me dolía el pie. Sí, el pie. A mis escasos 30 años tenía un problema que me impedía caminar normalmente, tuve que ir al médico y él, con una sonrisa muy amable en la cara, me dijo: has de ir más tranquila por la vida, camina despacio y relájate. ¿Caminar despacio? ¿Qué es eso? En ese momento con el dolor que tenía era mi única opción. A veces pienso que la vida te da señales y que es tu decisión hacerles caso o no. En mi caso comencé a toparme, sin querer, con información relacionada a la slow life. Un amigo me envió este artículo (a modo de burla porque me conoce y sabe lo difícil que soy por las mañanas) y, aparte de gustarme mucho cómo está escrito, me hizo pensar en un nuevo reto: levantarme una o dos horas más temprano cada día. ¿Para qué? Pues para hacer justo lo que me dijo el médico: ir más tranquila por la vida. Al principio no fue ni cada día, ni dos horas antes. Me costó muchísimo trabajo. Hasta ese momento tenía todo perfectamente programado para destinar el menor tiempo posible en: café, desayunar, ducharme y arreglarme y el mayor en…dormir. No soy (era) una morning person, me cuesta mucho despertarme, generalmente no lo hago de buen humor y siempre quiero dormir más.

El siguiente paso fue hacer ejercicio, glup. Fue lo que más me costó. Levantarme a las 6 de la mañana para ir al gimnasio nunca fue una opción para mí. Pues ahora lo es. Aprendí a proponerme objetivos que fueran cumplibles porque si no me frustraba. Comencé por ir 2 días a la semana lloviese o tronase. Me lo impuse de manera muy estricta y madre mía, ¡qué complicado fue!  Claro, había que dormirse muy temprano la noche anterior y eso era muy difícil ya que era la típica persona que decía: yo por la noche funciono mejor y tengo más energía. Pues, queridos,  todo cuestión de acostumbrarse y generar hábitos que te hagan sentir bien. En el 2014, El País publicó un artículo en su sección Buena Vida sobre cómo transformar y crear nuevos hábitos que me ayudó mucho en mi proceso y me enseñó a entender que puedes modificar y reconfigurar tu mapa cerebral con nuevos hábitos. Comencé a sentirme y verme mejor,  me aficioné a dormirme temprano y caminar despacio me hizo descubrir cosas nuevas por la calle y, en efecto, a estar más tranquila.

Pero a ver, todo esto cuesta muchísimo y aquí una confesión: hasta ayer llevaba dos semanas sin levantarme temprano ni pisar el gimnasio. Tenía mil excusas completamente válidas a las 6 de la mañana: estoy exhausta, me estoy poniendo enferma, mi compi de gym no se despierta pues yo tampoco, dormí mal, tengo sueño, ya iré mañana, etc. Ayer por la noche me fui a dormir pensando que como siguiera así iba a perder el hábito y todo lo que había logrado hasta ahora. Para mí, y creo que para muchos, es muy fácil perder los hábitos (buenos) porque generalmente son los que más cuestan, los que requieren disciplina.  Me fui a dormir convencida a las 10 de la noche y, la última vez que vi el reloj, era la 1 de la mañana.  Hoy, cuando sonó el despertador, me quería morir, pero fui. En la clase me quedaba dormida en los descansos (de 5 segundos) y hoy me espera un día difícil lleno de bostezos y mañana, agujetas. ¡Qué bien!

Meri Viñas, psicóloga y coach, menciona en el artículo algo que para mí es la clave de seguir adelante con esto: “debemos cultivar la paciencia y saber con certeza que estás conectado con algo bueno para ti, que estás conectado con tus objetivos y valores. Gracias a los valores tomamos decisiones, son la raíz por la que nos movemos y actuamos. Cuando vas a tomar una decisión, la pregunta que deberías hacerte es: ¿esta acción honra alguno de mis valores o los traiciona? Si el nuevo hábito está ligado a un valor importante para ti, no va a costarte realizarlo”.

Esta sección del blog está destinada a lo que para mí son hábitos saludables y por eso pensé que la mejor manera de empezar era a través de una historia personal que ha funcionado.  Sé que la mayoría de las personas que nos leen son papás y mamás que quizá estarán pensando: “Sí claro, con hijos y locura de vida yo me voy a levantar 2 horas antes”. Buscando una imagen para esta entrada me encontré con una frase de Aristóteles que me encantó.

Adquirir desde jóvenes tales o cuales hábitos no tiene poca importancia: tiene una importancia absoluta.

Si  comenzamos inculcando  buenos hábitos en familia estoy segura de que la recompensa será aún mejor. Los pequeños aprenderán valores como la constancia y la disciplina y se darán cuenta, a su manera, de que determinadas acciones les harán sentir mejor.

El objetivo de todo este rollo, que espero que os hayáis leído, es motivaros a elegir un habit to be (acción que queramos que se convierta en hábito) y hacerlo durante un tiempo de manera constante. Algo que no sea muy difícil pero que cueste un poquito, que no altere mucho la rutina y, lo más importante de todo, que mientras lo hagas te sientas bien, ¡muy bien! Es la única manera de lograrlo.