Lo que es normal para ti, es mágico para ellos

Me siento a escribir este post sobre Embarazo y crianza y, según mi agenda, veo que me toca la parte de Crianza, porque la última vez escribí sobre mi embarazo. Entonces, me pongo a pensar… En seguida me viene a la cabeza lo que hablábamos con mi marido el otro día: la paciencia que hemos desarrollado desde que somos padres. ¡Y eso que no nos podemos quejar, porque Bruno es un niño muy fácil y duerme muy bien por las noches! Sin embargo, igualmente, hay muchos momentos en los que tenemos que respirar, contar hasta diez, y… Ooooommmm. Ni me quiero imaginar a los papás y mamás que no duermen, que tienen que hacer malabares para que sus peques coman o que los tienen con fiebre cada dos por tres.

Este post es muy realista, pero le daré un toque de ironía porque, al fin y al cabo, describe situaciones reales que vale la pena que nos tomemos con humor.

Primer episodio: el otro día volvíamos en coche de pasar el fin de semana fuera. Veníamos del Empordà. Una hora y media larga de coche y Bruno había hecho la siesta justo antes de subir al coche (¡gran error!), así que no se durmió en todo el viaje. Primero íbamos cantando, mirando los coches y motos que pasaban por la autopista… pero estas distracciones duraron quince minutos, veinte como máximo. Después, empezó el ¡Mami, milaaaaa! (su versión de ¡Mami, mira!). Cada cosa que veía o hacía, me decía ¡Mami, milaaaa! Se estaba aburriendo, y me iba explicando, a su manera, todo lo que veía o todo lo que le venía a la cabeza. Iba llamando mi atención para que estuviera pendiente de él. ¡Me giré tantas veces a mirarle! Creo que más de cien, en serio. Y terminé con tortícolis en el cuello.

Segundo episodio: mi hermana ha estado casi un mes fuera de viaje. Bruno la adora (y ella a él, claro) y casi cada día me preguntaba ¿Y Paula? Yo le respondía Se ha ido de viaje en avión. Y ya decía Paula, avión. El día que volvía le fuimos a dar una sorpresa a su casa cuando llegó. Le expliqué a Bruno que iríamos a casa de Paula porque ya había vuelto “del avión”. Pues se pasó toooodo el día (pero todo, de verdad) preguntándome ¿Casa Paula? (su manera de decir ¿Vamos a casa de Paula?). Cada diez minutos o así, me lo iba preguntando. Había algún rato que se le olvidaba, pero luego se volvía a acordar y otra vez lo mismo. Desde las diez de la mañana, hasta las seis de la tarde, cuando por fin fuimos a casa de mi hermana.

Tercer episodio: nueve de la mañana, justo antes de salir hacia el parvulario. Recién vestido y peinado, pañal limpio, mochilita preparada… Me voy un momento a la cocina a buscar el tupper que me llevaré para comer y oigo un ruido enorme de repente! Voy a su habitación y había tirado toooodos los Legos que tiene. Los había sacado de su caja y todos por el suelo. Pensé que en ese momento no daba tiempo de recogerlos, teníamos que salir de casa porque si no llegaríamos tarde y empezaríamos mal el día. Podría haberme puesto histérica, gritarle, decirle que el día antes me había pasado toda la tarde ordenando su habitación. Pero no, no lo hice. Pensé que no pasaba nada, que por la tarde ya lo recogeríamos. ¿Qué más da? Flexibilidad y paciencia son dos palabras clave que me encantan desde que soy madre.

Estos tres episodios son un pequeño ejemplo para contarte que el día a día con un niño, con un bebé, o con un toddler (palabra inglesa que me gusta mucho y que hace referencia a los peques de uno a tres años) muchas veces es cansado, incluso agotador, pero nos hace desarrollar muchísimo nuestra paciencia. Además, como ya sabrás si eres mamá, aunque casi no tengamos tiempo para nosotras y estemos agotadas después de la “doble jornada laboral” (la de trabajo y la de estar con nuestros hijos), nos compensa muchísimo ver que ellos crecen felices y que nuestro tiempo es oro para ellos.

Cuando estaba terminando de escribir este post, me acordé de un vídeo de estos que veo por Facebook y me guardo porque me gustan mucho y sé que los usaré para algo en un futuro.

Éste me llegó al alma porque es súper real y por la frase del final, que me hizo saltar las lágrimas. Lo único que no me gustó es que muestra que la madre está todo el día con sus hijas, lo hace todo, y el padre sólo llega a casa para darles las buenas noches y preguntarles cómo les ha ido el día. Aparte de esto, que encuentro bastante machista, el vídeo es genial.

Lo normal para ti… es mágico para ellos. Muchas veces lo pienso. Cuando estamos todos manchados porque ha comido macarrones con tomate y tengo que poner a lavar el babero, el pijama, la funda de la trona y fregar el suelo de debajo de donde ha comido, tendría dos opciones: o desesperarme, quejarme y decirle “el próximo día te daré yo los macarrones para que no te manches, porque esto es un desastre” o sonreír, pensar en lo que ha disfrutado saboreando sus macarrones, en lo mayor que se ha sentido comiendo solo con su tenedor pequeñito y haber disfrutado de este momento de risas que hemos pasado los dos. Porque, como resume el vídeo al final, lo que es normal para nosotros, para ellos es mágico.

Pues eso, que ojalá todos los problemas fueran estos y no olvidemos que todos los momentos divertidos, de amor y de alegría que pasemos con nuestros hijos, quedarán grabados en su mente y en su alma para siempre.

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