Once upon a time… (segunda parte)

¿Os acordáis que hace unos meses escribí un post sobre la importancia de explicar cuentos en inglés a nuestros hijos? Se titulaba Once upon a time… Pues hoy os escribo la segunda parte de este post y os explico mi experiencia con Bruno.

Cuando escribí el artículo, hace unos cuatro meses, empecé la dinámica de Once upon a time con él, fue mi “conejillo de indias”. Para empezar, elegí un cuento que teníamos en su estantería y que casi no le había explicado antes, para que, a partir de ese momento, lo relacionara siempre con el inglés. El cuento elegido fue Teo va al colegio. El primer día que hicimos la dinámica, le expliqué que le contaría el cuento en inglés y que empezaríamos siempre gritando Story timeeee! Pues se le quedó grabado. El primer día, me escuchó un par de minutos (si llegó), mirándome raro, con cara de pensar: qué le ha dado ahora a ésta para explicarme el cuento en inglés, que no entiendo nada. Cuando ya vi que perdía la atención y que ya no le interesaba lo que le estaba contando, paré y jugamos a otra cosa. Al cabo de un par de días, ya sin explicarle nada previamente, me senté en el sofá con el cuento y grité Story timeeee! y vino corriendo enseguida. Se sentó a mi lado y empezó a escucharme. Aguantó más rato escuchándome con atención y empezó a señalar cuando yo le preguntaba dónde estaban ciertas cosas. por ejemplo: Where is the car? (y me señalaba el coche) o Where is Teo? (y me señalaba a Teo). Cada vez que me señalaba algo correctamente, yo le decía: very good, Bruno! y le chocaba la mano. ¡Se ponía más contento!

Al cabo de un par o tres de días más, volví a hacer lo mismo, grité Story timeee! Y vino corriendo. Seguí con la misma dinámica de irle explicando el cuento en inglés y preguntándole dónde estaban ciertas cosas y, si alguna vez me olvidaba, él mismo se decía very good, Bruno! Yo me partía de risa.

Y sí sí, en unos pocos meses, el Story time se ha convertido en una actividad que le encanta que hagamos juntos. Además, el cuento de Teo va al colegio ya lo relaciona con el inglés y siempre tengo que contárselo en este idioma. El otro día hice la prueba y se lo empecé a contar en castellano y me dijo: no mami, que este es en inglés! Story timeeee!

Ahora ya se sabe muchas palabras nuevas en inglés de los objetos que van apareciendo en cada página, responde a preguntas simples como Is Teo happy here or sad? Y, muchas veces, sin que yo le pregunte nada, ya dice frases en inglés que yo le digo cuando llegamos a la página correspondiente. Además, ha empezado a aplicar frases en inglés que ha aprendido a través del cuento a su vida cotidiana. ¿Sabéis lo que hizo el otro día? En una de las páginas, aparece un policía que hace parar a un autobús en la calle. Cuando estamos en esa página, yo le digo: and the policeman said: Stop, stop, don’t pass, don’t pass! Pues el otro día íbamos por la calle, se paró en un semáforo, y le dijo a una moto: Stop, stop, don’t pass, don’t pass! Me quedé alucinando. En ese momento me di cuenta de cuánto estaba funcionando la dinámica de Story time. Había leído muchas veces que los niños aprenden mucho de los cuentos y que luego lo aplican a su vida diaria, pero realmente al probarlo con mi hijo me di cuenta de lo cierto que es.

Parece mentira como una historia que los primeros días no entendía en absoluto (porque, además, nunca le había explicado el cuento en castellano), poco a poco la fue comprendiendo, hasta entenderlo prácticamente todo. Cada vez que se lo explico añado palabras nuevas, frases un poco más difíciles, preguntas en las que tenga que pensar… Los primeros días en los que introduzco algo nuevo me mira raro, pero después, me acaba entendiendo y respondiendo. ¡Es genial ver cuánto inglés va aprendiendo!

La semana pasada, su profe de inglés del cole, Miss Anna, me preguntó si le hablábamos en inglés en casa, porque tenía mucho vocabulario (para los dos años y pico que tiene, evidentemente). Le contesté que no, que yo le explicaba un cuento en inglés (siempre el mismo) y que algún día jugamos algún ratito en inglés cuando hacemos un puzzle, cuando jugamos con los camiones, etc. Pero vamos, que la única persona que le habla siempre en inglés desde que nació es Nathalie. Ya que hablo de ella, aprovecho para decir que es la que le dio la oportunidad de entrar en contacto con este idioma desde que nació. Gracias a ella, estaba familiarizado con la fonética inglesa, las estructuras más sencillas, etc. Porque hay muchas palabras y expresiones, como I’m gonna eat your belly! (¡voy a comerme tu tripita!) o Tickles ticklesss! (¡Cosquillitasssss!) que le dice casi cada semana y que las identifica totalmente con ella.

Otro ejemplo de estos que te hacen alucinar y ser consciente de cuánto aprenden los niños y de cómo relacionan las cosas es lo que nos pasó el otro día. Estábamos cantando la mítica canción de Head, shoulders, knees and toes y, al terminar, empezamos a señalarnos diferentes partes del cuerpo y a decirlas en inglés. Dijimos: head, hands, eyes, ears… y, de repente, dice: belly, como Nathalie! (señalándose la barriguita). ¡Me lo quería comer!

Nada más, os pido perdón si este post ha sido demasiado de “mamá enamorada que se le cae la baba con su hijo”. Es cierto que estoy en este estado, estoy totalmente enamorada de él, pero simplemente os quería demostrar que las pequeñas acciones que hagamos con nuestros hijos (o sobrinos, o nietos, o alumnos) para introducirles idiomas extranjeros funcionan muy pero que muy bien. A corto, medio o largo plazo, pero acaban funcionando.

Esta semana vamos a introducir un nuevo cuento al Story time! ¡porque el de Teo va al colegio ya se lo sabe de memoria, y en inglés!

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