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Queda inaugurada la temporada de pelis

Hace unos días cayó en mis manos un libro cuya historia tenía olvidada. Un libro de Michael Ende en el que se inspiraron para realizar una de las películas que más vi cuando era niña. Una película que mezcla fantasía y realidad y que me encanta: La historia interminable. ¿La habéis visto? Yo sí, cientos de veces. Era la típica película que ponían en la tele un domingo por la mañana y, como en ese entonces la programación televisiva no era muy amplia, la vi muchos domingos durante muchos años. Conforme iba creciendo, entendía cada vez más cosas, lo que la transformó no sólo en una de las pelis que más vi sino en una de mis favoritas.

Estuve recordando lo mucho que me gustaba la peli y pensé, como típica abuela, que ya no hacían películas como las de antes. Es verdad, ya no las hacen. Aquellos que la habéis visto recordaréis el miedo que sentíamos de que Bastian no pudiese salvar a la Emperatriz. Nunca olvidaré a Falcor, el perro volador y su mejor amigo, al muñeco comepiedras, a la vieja y sabia tortuga que hablaba lentísimo y la tristeza que sentí cuando Atreyu perdió su caballo. Es una historia cargada de valores y simbolismos a través de personajes mágicos y muy divertidos.

El otro día, mientras comíamos en el parque, no sé por qué, salió a la conversación la emperatriz Sissi y yo pensé en la emperatriz de La historia interminable (los que habéis visto la peli sabréis que es un personaje muy importante). Se lo comenté a María y se me quedó mirando con cara de no saber de qué estaba hablando. Me quedé muy sorprendida de que no hubiese visto la peli o leído el libro. Le dije que tenía que verla con Bruno cuando fuera un pelín más mayor. Gracias a su personaje principal, aprendí lo increíble que es leer un libro, meterte en su historia, imaginar lugares, situaciones y personajes y no querer dejar de leer ni para comer. Me gustaría mucho que a Bruno le pasara lo mismo.

Pensando y recordando lo mucho que me gustaba de niña ver esta película, recordé un estudio que leí hace un tiempo que explica por qué a los niños les encanta ver una misma película una, y otra, y otra y otra vez. También pensé que, si hoy en día ya no hacen películas como antes, quizá nuestros niños y niñas están expuestos a contenidos cuyo argumento no tiene tanto valor.

Según este estudio, a los niños les encanta ver la misma película muchas veces porque, cuantas más veces la ven, más la entienden. Para ellos, por muy sencilla que sea la trama, es muy complicado seguir el argumento cuando ven por primera vez una película. Esto también pasa con los cuentos y los libros. La repetición no les aburre, al contrario, les ayuda a desarrollar habilidades  y mejora su nivel de comprensión. Además, la repetición les permite anticipar el futuro, saber qué pasará a continuación y dominar una historia. Esto les hace sentir especialmente seguros.

Todas las personas adultas que conozco tienen una peli que han visto cientos de veces. Yo tengo muchas, pero la que más vi de pequeña fue Peter Pan. Si los niños siguen viendo las películas una y otra vez, es muy importante que cuidemos mucho los valores que estas pelis representan y lo hablemos con ellos. Igual pasa con los dibujos animados en la tele, la música que escuchan y los libros que leen. Estoy segura de que, gracias a una película como La historia interminable, me aficioné a la lectura y que Peter Pan me dio la facilidad de comportarme como una niña más cuando estoy con mis alumnos, entre otras cosas.

Es por todo esto que hoy os propongo que no os olvidéis de las pelis e historias que hacían en los viejos tiempos y las veáis con vuestros hijos.  Encontré esta web que propone treinta clásicos familiares que no está nada mal. Hay algunos que yo no vería con los míos, pero todo es cuestión de gustos. Así que vamos a disfrutar que ya llegó el frío viendo una película en familia con mantita y palomitas. Es uno de mis planes favoritos.

Y tú, ¿cómo aprendes? Nosotros, jugando.

Quería que el post de hoy resolviera un tipo de dudas que algunas mamás nos preguntan de vez en cuando. ¿Cómo puede ser que mi hijo mayor se aprendiera las tablas de multiplicar de memoria y con el pequeño no hay manera? O ¿Por qué a ella no se le da bien hacer trabajos en grupo?

Para resolver estas dudas con un poco de fundamento me he tenido que documentar bastante. He estado varios días leyendo artículos de psicología, pedagogía y didáctica sobre cómo aprendemos, qué aspectos influyen en el aprendizaje, etc.

Así que, primero, te voy a hacer una introducción un poco teórica de los diferentes tipos de aprendizaje que existen y después pasaremos a la parte más práctica.

Pues bien, hay trece tipos de aprendizaje: aprendizaje implícito, aprendizaje explícito, aprendizaje asociativo, aprendizaje no asociativo, aprendizaje significativo, aprendizaje cooperativo, aprendizaje colaborativo, aprendizaje emocional, aprendizaje observacional, aprendizaje experiencial, aprendizaje por descubrimiento, aprendizaje memorístico, y aprendizaje receptivo.

No los voy a explicar todos, porque entonces el post sería larguísimo y demasiado técnico, pero sí que me gustaría dejarte la fuente que he utilizado para informarme (lo explica de forma bastante sencilla y clara). Es la web de psicología https://psicologiaymente.net/desarrollo/tipos-de-aprendizaje.

Voy a destacar tres tipos de aprendizaje que considero importantísimos y que me gustaría que los profesores tuvieran muy en cuenta a la hora de enseñar un idioma (o, en realidad, cualquier otra cosa): el aprendizaje implícito (el que no es intencionado, porque la persona que aprende no es consciente sobre qué aprende, lo hace sin darse cuenta); el aprendizaje emocional (la persona aprende porque está motivada, porque le hace ilusión, porque le interesa lo que le están explicando); aprendizaje observacional (la persona que aprende lo hace observando e imitando al que le enseña, que generalmente es el profesor). Para mí, un buen aprendizaje debería combinar estos tres.

Ahora, pasemos a la parte más práctica. Si un niño o una niña aprende inglés sin darse cuenta, porque le encanta e imitando el acento y entonación de su profesora, es un éxito. Es un éxito porque, para el resto de su vida, el inglés será siempre algo divertido, motivante e interesante. Sabemos que, si lo aprende así, en seguida lo hablará fluidamente o no le costará demasiado recordar las palabras nuevas que vaya aprendiendo. Para nosotras es un orgullo ver a los alumnos cómo se motivan por aprender inglés. Recuerdo que, cuando este proyecto comenzó, nos encontramos con niños mayores (7-8 años) que, a causa de haber tenido una experiencia negativa con el inglés de pequeños, le tenían manía, era muy complicado motivarlos y, por tanto, muy difícil que aprendiesen. Fue un reto para nosotras darle la vuelta a la situación, pero quedó comprobadísimo que, si les ayudábamos a aprender a través de sus propios intereses, era más fácil cambiar su visión acerca del inglés.

Ay, que me voy por las ramas… Si intento responder a las dudas con las que empezaba este post, diría a las mamás que, efectivamente, cada niño tiene una manera de aprender. El niño al que le cuesta aprenderse las tablas de multiplicar, quizás no tiene tanta facilidad para el aprendizaje memorístico y la niña que tiene dificultades para hacer trabajos en grupo, seguramente no ha desarrollado el aprendizaje cooperativo. No pasa nada, tendrán otras formas de aprender exactamente igual de aceptables. Siempre se ha dicho que Cada maestrillo tiene su librillo, pero es que cada alumno también tiene su propio estilo de aprendizaje.

Un niño (y un adulto) puede combinar diferentes estilos de aprendizaje. Lo importante es que, como madre, padre o como profesor, te des cuenta de cuál es el estilo de aprendizaje de cada niño para, de esta manera, ser capaz de ayudarle a aprender y que no pierda la motivación.

Motivación. Gran palabra clave. En mi opinión, es el fundamento de cualquier aprendizaje, también del aprendizaje del inglés.

Para terminar, me gustaría compartir contigo una reflexión. Seguro que recordarás al típico profesor que “pegaba el rollo” sin tener en cuenta si a los alumnos nos interesaba lo que estaba explicando o cómo lo estaba explicando. Y también recordarás al profesor ese tan genial y adorado que nos hacía enamorarnos de algún tema o de alguna asignatura. Qué maneras tan diferentes de enseñar, ¿verdad?

Y quizás ahora te estarás preguntando: ¿y esto qué tiene que ver con aprender un idioma? Pues tiene mucho que ver, porque, por suerte, en las clases de inglés (francés o alemán) cada vez estamos más lejos de las clases magistrales, los alumnos escuchando durante una hora o más al profesor, repitiendo su entonación y apuntando en la agenda los deberes que tienen que hacer en casa para la semana siguiente. Cada vez más, las clases son participativas, activas, divertidas… motivadoras para los niños (y para los no tan niños).

¡Qué pasada que un niño aprenda las frutas y verduras jugando a saltar encima de ellas! Es un juego que hemos empezado a hacer en Nature y que está funcionando súper bien. En ningún momento les hemos hecho repetir el nombre de las cuatro frutas y de las cuatro verduras que tienen que aprender este trimestre, ¡lo han hecho ellos solos porque querían jugar! Con un papel de embalar en el suelo lleno de frutas dibujadas, cada niño tiene que decir el nombre de una fruta o verdura para poder saltar encima de ella y llegar hasta el final del camino. ¿No te parece genial? Pues éste es un simple ejemplo de muchos otros que podríamos citar para referirnos a diferentes formas de aprender.

Todo aprendizaje requiere su tiempo

Durante estos casi cuatro años de vida de WonderFUN hemos conocido a muchos niños con niveles de inglés muy diversos: desde el niño que con tres años ya lo entendía todo y se atrevía a hablar en inglés, con algunas palabras inventadas, hasta el niño de ocho que le tenía manía al idioma porque decía que no lo entendía. Por curiosidad, me he ido fijando en el tipo de exposición que tenía cada uno de ellos a esta lengua desde pequeños y ver qué es lo que funciona para que adquieran bien el idioma y lo aprendan con ilusión.

Lo que está claro es que cuanto antes empiecen a oír y escuchar el inglés (o cualquier otra lengua extranjera), mejor. Es ideal que sea antes de aprender a leer, porque así se fijan únicamente en la pronunciación, la fonética y asimilan las palabras de forma mucho más natural que si las ven escritas. Pero, ¿cuáles son las primeras palabras que aprenden? Las que les sirven para expresar lo que necesitan o lo que quieren. Por ejemplo, “quiero ir al lavabo” o “quiero agua”. Después ya vendrán los colores, los animales o las partes del cuerpo.

Una apuesta segura para que nuestros hijos puedan exponerse al idioma son las actividades en las que haya inmersión total, en las que no se hable español, para que se acostumbren a escuchar otra lengua, a su fonética y expresiones, para que asocien que las teachers hablan siempre en ese idioma y copien su acento y musicalidad nativos.

Aunque a algunos padres quizás les gustaría que sus hijos aprendieran el idioma en seguida, no hay que dar importancia si, al principio, los niños se resisten a hablar en inglés. Es totalmente normal que prefieran hablar en su propio idioma, porque se sienten más cómodos. Poco a poco irán atreviéndose porque, en las clases “por inmersión”, necesitarán el idioma para participar en las actividades.

Lo que no aconsejaría a los papás y a las mamás es que presionen a los niños a que hablen en inglés desde el primer día. Muchas veces, a la salida de clase, oímos el típico “dime algo en inglés” o “¿cómo se dice esto en inglés?”. Esta frase puede tener repercusiones muy negativas en el niño porque, si se siente presionado, acabará cogiéndole manía al idioma, ya que lo verá como una obligación y no lo disfrutará. Si no lo disfruta, difícilmente aprenderá.

Es importante que los padres comprendamos que aprender un idioma requiere su tiempo. Hay niños que tienen más facilidad que otros, hay niños que tienen más oído y cogen un buen acento enseguida, hay otros más tímidos a los que les cuesta más “arrancar”… No pasa nada, todos terminan aprendiendo. Siempre hay lo que se llama “el período de silencio”, que es el tiempo que el niño necesita para habituarse a este nuevo idioma. Todavía no podrá hablarlo, pero su cerebro estará trabajando y ordenando las palabras y estructuras nuevas que aprenda para que, de repente, un día empiece a construir frases correctamente.

Muchas veces hay mamás o papás que nos preguntan qué pueden hacer para reforzar lo que van aprendiendo en clase y para ayudar a que sus hijos se familiaricen y disfruten con el inglés. Para terminar, me gustaría daros tres ideas que creo que funcionan súper bien:

  • Ver siempre la tele en inglés. Siempre. Ahora, con el TDT, es muy fácil, sólo tenemos que cambiar las opciones de audio. Que los niños se crean que la tele es en inglés: los dibujos, las pelis, los documentales…, TODO. Sólo con esto, tenemos mucho ganado.
  • Buscar actividades divertidas y sencillas para inculcarles que aprender otro idioma es guay: por ejemplo, si están aprendiendo los colores, podemos buscar en casa cosas que sean blue, yellow o red o, si están aprendiendo a usar el futuro, hacer una lista de las actividades que haremos el próximo fin de semana. De esta forma, verán que aprender el idioma también es algo práctico y útil.
  • Que el papá o la mamá (o el hermano, o la tía, o la canguro) busque cada día 10 minutitos para jugar en inglés. Si se hace cada día, con 10 minutos ya es suficiente, no hace falta más. Es un ratito que les encanta porque es un juego y un reto muy motivador: jugar a tiendas en inglés, a muñecas, hacer construcciones, a algún juego de mesa… etc.

El primer paso, y el más importante, es que como padres nos sintamos bien y motivados por apuntarles a actividades en inglés después del cole, porque les estamos haciendo un favor. De pequeños es una actividad divertida y motivante para ellos y, cuanto más mayores se hagan, se convertirá en algo mucho más académico que verán como una obligación. Si les contagiamos el interés por aprender idiomas y les transmitimos lo útil y divertido que es, viajarán y entenderán a niños de otros países, aprenderán sobre otras culturas y lo más importante: lo harán con mucha ilusión, palabra clave para que el aprendizaje se quede no sólo en la mente sino también en el corazón.