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¿Motivamos o limitamos?

Autonomía y seguridad en uno mismo. Qué conceptos tan importantes y tan difíciles de conseguir…

Si lees nuestro WonderBlog desde hace un tiempo, ya habrás visto que me encantan tres cosas: las listas, hacer referencia a mis gurús e inspirarme en vídeos. Pues este artículo nace de mi inspiración de este vídeo, que te invito a ver para que entiendas mi reflexión de después.

En primer lugar, quiero compartir contigo una de las frases que más me hizo pensar después de ver el vídeo por primera vez. En esta casa las cosas se hacen como yo diga. Cuidado. Estoy totalmente de acuerdo en que es fundamental marcarles unos límites para que nuestros hijos sepan por dónde tienen que ir o cómo deben actuar. Sin embargo, si siempre les obligamos a actuar como nosotros digamos, podemos crear un Enrique del Castillo como el del vídeo que, antes de tomar cualquier decisión, necesita la aprobación de su jefe.

¿No sería mejor dejar que nuestros hijos vayan viendo cómo tienen que actuar según cada situación? Que vayan experimentando qué es lo que les hace sentir mejor, qué les hace más felices, qué no les gusta o qué es lo que les pone tristes.

Lo que ocurre, generalmente, es que muchos padres solemos anticiparnos a las acciones de los niños y, muchas veces sin darnos cuenta, no les dejamos actuar o hacer algunas otras cosas que podrían hacer solos. Seguramente actuamos así porque creemos que nuestros hijos aún no tienen capacidad de realizar cosas solitos, por evitar que se hagan daño, por comodidad para conseguir resultados más rápidos, o porque no confiamos en su capacidad de reacción.

Es una tarea difícil pero, créeme, como ya sabemos, todo se aprende y, por tanto, todo se enseña.

Todos los expertos coinciden en que promover la autonomía en los niños consiste en inculcarles hábitos que les ayuden a ser más independientes. En concreto, estos hábitos se refieren a tareas que los pequeños pueden hacer por sí mismos, relacionadas con ámbitos cotidianos como la higiene, el vestido y la alimentación. Pero las acciones, para llegar a ser hábitos, tienen que mantenerse en el tiempo. ¡Seamos perseverantes! Sólo así conseguiremos que nuestros hijos sean cada vez más autónomos y, en consecuencia, tendrán más autoestima porque se darán cuenta de que son capaces de conseguir lo que se propongan.

En segundo lugar, la frase que más me impactó cuando vi el vídeo por primera vez es: En esta casa no queremos mediocridades. ¿Qué les queremos transmitir a nuestros hijos que es ser mediocre?

¿Ser mediocre es no ser el mejor de la clase? ¿Ser mediocre es no ser el más rápido en cálculo mental o es no tener la mejor pronunciación en inglés? Me atrevería a afirmar que NO. Un “no” rotundo.

Cada niño viene al mundo con unas cualidades, con un potencial, con unas inquietudes. Si no las aprovecha, si no las utiliza, si no hace crecer ese potencial, es muy probable que el niño se convierta en un adulto infeliz, o quizás en uno incompleto, poco contento con su vida, un adulto de los que dicen aquello de “si pudiera volver a vivir, lo haría de otra manera”.

Siempre que trato el tema de la mediocridad pienso en mi hermana. Al acabar el cole, con diecisiete años, con súper buenas notas de Bachillerato y habiendo acabado la Selectividad, nos sentó una noche a mis padres y a mí y nos dijo “quiero estudiar teatro”. Todavía me acuerdo de ese momento y eso que fue hace diez años.

Qué bien lo hicieron mis padres al respetar su decisión. Seguro que les costó porque, los más “normal” o lo más “aceptado por la sociedad” es que tu hija, buena estudiante e inteligente, vaya a la universidad. Pero ella no. Ella era (y es, y siempre lo será) diferente. Y ellos aceptaron que lo que le gustaba era desarrollar el maravilloso arte de meterse en el papel de un personaje y provocar sentimientos en el público. Y no sólo lo aceptaron, sino que la animaron a hacerlo y la apoyaron en todo momento.

Hoy en día mi hermana es una artistaza (a ella no le gusta esta palabra, pero yo la llamo así). Es actriz de teatro, de doblaje e incluso dramaturga, porque escribe sus propias obras (impresionantes). Estoy escribiendo esto y se me pone la piel de gallina, porque sé que, si la hubieran obligado a hacer una carrera, como tantos otros padres han hecho, nunca habría conseguido ser tan feliz como lo es ahora. Todos estamos muy orgullosos de ella porque, con sólo diecisiete años, fue capaz de elegir lo que quería, lo que sentía y lo que la motivaba. Podría haber sido una abogada mediocre, una profesora mediocre o una veterinaria mediocre. En cambio, es una fantástica actriz.

Muchas veces soy testigo de cómo algunos padres toman el control de la vida de sus hijos desde que nacen hasta que ya son casi adultos: “Esto sí, esto no, esto hazlo así, esto hazlo asá, hazme caso, es por tu bien, diles que no, diles que sí, no vayas con este amigo, no me gusta tu novia, si vas con ése esta noche no sales, etc.” ¿Cómo va a crecer un niño, cómo va a madurar, si vive la vida que nosotros queremos que viva? ¿Cómo va a aprender lo que está bien y lo que está mal si nunca puede equivocarse decidiendo?

¿Cómo va a llegar a la excelencia, cómo va a lograr su máximo potencial, si en vez de hacer lo que más le motiva hace lo que más nos motiva a los padres?

Ahí lo dejo.

¿Responsabilidades para nuestros hijos? Sin prisa, pero sin pausa

Desde que nace, un bebé depende completamente de sus padres al cien por cien. Es de los pocos mamíferos que, sin su mamá y su papá, no podría sobrevivir. Tras haber sido mamá he ido viendo que, poco a poco, van aprendiendo a valerse por sí mismos y a ser autónomos. Los padres les ayudamos en ese proceso al enseñarles a hablar, a andar, a comer, pero además de ayudarles a desarrollarse, me he dado cuenta de que tenemos que ir dejando que asuman pequeñas responsabilidades. Es decir, dejar poco a poco de ser imprescindibles y animar a nuestros hijos a que tomen sus propias decisiones.

Evidentemente, no es de un día para otro y no podemos pretender que con dos años se hagan la cama o que con cuatro años saquen a pasear al perro, pero se trata de empezar por pequeñas cosas. Aquí tenéis una pequeña tabla publicada por guiainfantil.com que me ha gustado.

 

 

El otro día fui a casa de una amiga y aluciné cuando su hijo, de dos años y medio, puso el plato y los cubiertos en el lavavajillas al acabar de cenar. Me quedé impresionada y le pregunté: ¿cómo lo has hecho? Me respondió: se lo enseñé y… paciencia. Creo que ahí está la clave. Muchas veces, los padres preferimos hacer las tareas del hogar nosotros porque las hacemos más rápido y mejor. Considero que es un error. Deberíamos intentar ofrecerles a nuestros hijos espacio, tiempo y confianza para que las hagan ellos.

Es difícil, lo sé. Nosotros estamos empezando ahora con la rutina de que Bruno nos ayude a recoger sus juguetes y hay muchos días en los que acabo recogiéndolos yo, porque no tengo la paciencia de esperar a que lo haga él solito. Cuando terminamos de jugar y toca irse a la bañera, le digo: “¡Vamos a recogeeeer!” y entonces se me queda mirando fijamente (en plan “te estoy entendiendo”) y pone dos juguetes en la caja de madera donde sabe que se guardan y sigue jugando con los otros. Algunos días espero, con paciencia, a que lo vaya haciendo, poco a poco. Pero reconozco que muchos lo acabo haciendo yo, porque no quiero que se haga tarde y que se nos retrase la hora del bañito y la cena. Así que, señoras y señores, el problema es nuestro por vivir a un ritmo tan frenético en el que no somos capaces de esperar a que lo hagan solos. Porque ahora, con 15 meses, es recoger los juguetes, pero con cuatro años será ducharse solo y, con siete, prepararse la mochila del cole.

Yo recuerdo que, cuando era pequeña y mi madre me pedía ayuda para hacer algo, me sentía importantísima y súper mayor. Me encantaba ir a comprar el pan cogida de la mano de mi hermana en el pueblo donde pasábamos el verano (la panadería estaba a una calle de casa), o ayudar a poner la mesa, o a emparejar calcetines. El hecho de sentirse útiles sube mucho la autoestima de los niños y le aporta autonomía e independencia, dos cualidades que les servirán mucho en el futuro.

Siguiendo con nuestro papel como padres, daría tres consejos:

  • Ser constantes: si queremos enseñar a nuestro hijo a que se vista solo o a que ponga la mesa, lo debemos mantener cada día. No le tenemos que decir un día que se tiene que vestir solo y, al siguiente, vestirle nosotros porque tenemos prisa.
  • Explicarle cómo se hace: es nuestro deber, como padres, enseñarles a hacer lo que les pedimos. No les podemos pedir que se bañen solos si no saben cómo se lava el pelo o cómo se abre la botella del gel de baño.
  • Valorar sus logros: ¡felicitemos a nuestros hijos! Les animará mucho ver que son capaces de hacer las cosas por ellos mismos y que nosotros, sus papás, estamos contentísimos con lo que han conseguido.

Para terminar, compartiré con vosotros algo que me encantaba de pequeña: las tareas con puntos. Mi padre, en su trabajo, imprimía en color (¡en aquella época era algo muy especial!) una tabla con el nombre de mi hermana y mío y las diferentes tareas que teníamos que hacer en casa: poner y sacar la mesa, hacer la cama, ducharse sola, poner la ropa en la cesta de la ropa sucia, recoger los juguetes, vestirse sola, etc. Cuando hacíamos bien algo, nos ponía una pegatina en el recuadro de esa tarea. A final de semana, dependiendo de cómo lo habíamos hecho, ¡había premio! Y recuerdo que podía ser ir el domingo al quiosco a comprar un chicle Bubaloo o un sobre de cromos ¡y éramos la mar de felices!

Leyendo sobre este tema, he visto que a esto que hace veintipico años ya hacía mi padre, se le llama “Tabla de logros”. Os invito a que la hagáis en casa, es una pasada. ¡Yo ya tengo ganas de que Bruno sea más mayor para hacerla! Aquí tenéis algunos ejemplos de las que más me han gustado de las que he encontrado. Sugerencia: si queréis poner premio, que no sea algo material, sino cosas como: que papá y mamá me preparen mi plato preferido para comer el domingo, que vayamos al parque una tarde en la que no solemos ir, que me hagan cosquillas en la cama, que me dejen disfrazarme con su ropa…

¡Espero que disfrutéis mucho preparando la “Tabla de logros” de vuestra familia con vuestros hijos!

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Eventos

24 de noviembre…¡ExperimentART!

Actividad 100% FamilyFUN! Taller estimulación sensorial: ExperimentART!

Experimentaremos con diferentes materiales y texturas y jugaremos con nuestros sentidos.

¿Cuándo? 
Viernes 24 de noviembre

¿A qué hora?
De 17:30 a 19h

¿Edad?
De 1 a 3 años

¿Precio?
1 adulto + 1 niño = 15 euros
1 adulto + 2 niños = 20 euros

¿Idioma?
Castellano / Catalán

¡Es muy importante que reserves tu plaza antes del miércoles 22 de noviembre, te esperamos!