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Tampoco tan terribles

Es mío, yo solo, tú no o no quiero. ¿Te suenan? Entonces es que tienes algún hijo o hija de más de dos años y que estáis (o ya habéis estado) inmersos en la primera adolescencia.

Yo no tenía ni idea de que existía esta fase hasta que la he vivido con Bruno. De hecho, la estoy viviendo. Es una etapa que tiene muchos nombres: terrible twos, la primera adolescencia o la edad del “yo”. En ella los peques pasan de bebés a niños, se dan cuenta de que tienen su propia identidad y de que pueden elegir y hacer cosas solos, sin la ayuda de un adulto. Es el inicio de la independencia infantil, están constantemente aprendiendo, experimentando y descubriendo cosas nuevas. Por eso es una edad difícil, pero mágica. Suele durar desde los dieciocho meses o dos años (depende del niño) hasta los tres o tres y pico.

Te darás cuenta de que tu hijo ha entrado en esta etapa cuando su respuesta al noventa por ciento de las preguntas sea un “no” enfadado o desafiante, cuando las rabietas estén a la orden del día, cuando lo veas rebelde y caprichoso. Estos son algunos de los comportamientos. No tienen que tenerlos todos, algunos niños, como Bruno, no hacen tantas pataletas pero sí pasan una época de mandones y gritones. Todo depende de cómo sea el niño o la niña. Lo que sí se cumple en la gran mayoría de los casos es que recurren a diferentes estrategias para intentar llamar la atención de los padres.

Te estarás preguntando: ¿y qué puedo hacer para ayudar a mi hijo a sobrellevar esta etapa lo mejor posible? Pues aquí tienes unos cuantos consejos:

  • Crear rutinas diarias y respetarlas, para que tenga una vida ordenada y pueda anticiparse a lo que tocará después.
  • Darle mucho cariño, aunque a veces te saque de quicio. Cuando tengas ganas de pegarle un grito, abrázale. ¡Ya verás cómo cambia su estado de ánimo! Cuando Bruno hace alguna gamberrada y, en vez de gritarle, le abrazo y le digo “Va, Bruno, no hagas esto, que mami se pone triste”, ¡reacciona mucho mejor y me hace más caso!
  • Empieza a marcarle límites y normas. Es mejor empezar por pocos y fáciles, para que los tenga muy claros. Nosotros, por ejemplo, si Bruno pega a un niño en el parque (ha pasado una temporada un poco complicada con el tema de pegar), ya sabe que le tiene que pedir perdón y darle un abrazo. Si no lo hace, nos vamos del parque. Un par de veces lo hemos tenido que hacer, porque le podía más salirse con la suya que pedir perdón.
  • Cumple con lo que digas y deja que asuma las consecuencias. Tanto si es bueno, como si es malo. Si le prometes que cuando vayáis a dar un paseo le comprarás unos palitos de pan, hazlo. Y si le dices que si pega os iréis del parque, cúmplelo también. Aunque te cueste. Será la única manera de que confíe en ti y te crea.
  • Háblale con calma y paciencia y no seas demasiado autoritario. Con buenas palabras y con cariño, todo se recibe mejor. Tanto si somos niños, como si somos adultos.

Estos son algunos pequeños consejos, pero tampoco es que haya ninguna receta mágica. Los terribles dos son una etapa más de la infancia, con su principio y su final. Como me decía el otro día una amiga, cuando son bebés en realidad es fácil: comen, duermen, están un ratito despiertos… ¡pero luego la cosa se complica! Pasar de bebé a niño no debe ser fácil, por eso es importante que estés al lado de tu peque durante esta etapa y la lleves lo mejor posible.

Siempre me gusta ver el lado positivo de las cosas. Y un aspecto muy positivo de esta época, que he estado observando en Bruno, es que no se rinde. Cuando quiere algo, tanto si es coger un cuento de la estantería que está un poco alta como si es pedirme mil veces que bailemos juntos, no se rinde. Lo intenta una y otra vez, hasta que lo consigue. Y si no puede, pide ayuda, pero rendirse no es una opción. Creo que es una cualidad de la que los adultos tendríamos que tomar ejemplo porque, generalmente, cuando vamos creciendo nos volvemos más conformistas y, en mi opinión, no debería ser así.

Como conclusión, me gustaría recordarte que tu peque te está desafiando constantemente para saber hasta dónde puede llegar y debes tener en cuenta que todavía no sabe gestionar sus emociones, sólo las siente y a veces se desborda ante ellas. Como intento transmitir en todos mis posts, todo depende de cómo se mire. Si intentas ver la parte positiva de cada situación y afrontas esta etapa con paciencia y mucho cariño, los terribles dos no serán tan terribles.

La comida también emociona

Estoy súper emocionada porque este trimestre tengo a los alumnos “mayores”. Bichitos de seis y siete años que ahora son más conscientes de lo que sucede a su alrededor. Esto me da la oportunidad de enseñarles algo más real, algo que realmente puedan aplicar en su vida diaria.

Durante estos meses aprenderemos por qué es tan importante consumir productos de proximidad. Yo lo haré a través de juegos y actividades divertidas, pero aquí os expondré las razones en “versión adulta”. Tranquilos, que intentaré que sea divertido también. Ya me conocéis y siempre os recuerdo lo importante que es concienciar a nuestros niños de lo fundamental que es cuidar nuestro mundo. Y no sólo cuidarlo, también respetarlo, quererlo y aprender que pequeñas acciones marcan la gran diferencia. Finalmente, yo sólo tengo a mis peques una hora al día y, aunque siento que con esto aporto mi pequeño granito de arena, sé que si no hay una continuidad en casa, de poco servirá.

Hace unos meses una muy buena amiga me recomendó una serie. El primer capítulo que vi comienza con unos paisajes coreanos maravillosos, una fotografía extraordinaria y una primera frase que me encantó: Con la comida, podemos compartir y comunicar nuestras emociones. Frase de Jeong Kwan, una mujer que se presenta a ella misma como monja budista y no como chef.  Me pareció realmente fascinante la manera en que este capítulo muestra lo que realmente significa consumir y cocinar con productos que crecen cerca de nosotros. Jeong Kwan, practicante del budismo desde los 17 años, cocina la “comida del templo” utilizando ingredientes que le da la tierra dependiendo de la estación del año. Productos que crecen “a su aire” y sin ningún tipo de prisa. Su huerto es un increíble desastre en el que todo crece como quiere crecer. Como tiene que crecer. No quiero contaros más por si os animáis a verlo, os lo recomiendo mucho. Es divertido e interesante a la vez. El nombre de la serie es Chef’s table y en sus capítulos expone la vida de artistas que utilizan los productos de su tierra para realizar grandes creaciones. También te enseña la cultura de diferentes países a través de su gastronomía. Mi recomendación: no lo veáis con hambre.

Gracias a este programa me dio por investigar más sobre la “comida del templo”. Me entró mucha curiosidad sobre la gastronomía y alimentación que lleva a los monjes a un estado de meditación y paz absoluta. ¿Por qué? Pues porque yo lo intento y no lo consigo. En este capítulo hacen especial referencia a la relación que hay en el estado mental y físico de los monjes con su alimentación. Me hizo recordar una frase que me dijeron una vez y que seguro muchos de vosotros habéis escuchado: somos lo que comemos. Este tipo de comida está considerado como uno de los más saludables de todo el mundo. Es una comida cuyo principal objetivo no es cumplir con los gustos de quien la come, sino de aprovechar los ingredientes al máximo, sus colores y formas. De respetar las estaciones del año. De creer que existe una conexión absoluta entre lo que nuestro cuerpo necesita y lo que la naturaleza nos proporciona. Es una cocina que lleva tiempo y dedicación y no tiene prisa. Es un tipo de comida que te ayuda a estar en paz contigo mismo, sano y feliz.

¿Y quién no quiere esto? Yo, sin duda alguna, sí. Está claro que mi aprendizaje fue ser más consciente de los recursos que tengo a mi alrededor y aprovecharlos al máximo.

Consumir productos locales tiene grandes ventajas para todos. En primer lugar, es más sostenible. No olvidemos que existe una relación directa con el cuidado del medio ambiente. ¿Por qué? Porque estos productos no han viajado miles de kilómetros en coche, tren o barco para llegar a nuestra mesa. No han gastado litros de gasolina para transportarlos ni electricidad para conservarlos en buen estado.

El fomento al desarrollo de la economía local es otra ventaja. Si consumimos productos de aquí, estaremos ayudando a productores y granjeros locales a seguir adelante con sus plantaciones, a tener recursos para cuidar mejor nuestro suelo. Estaremos ayudando a la conservación de especies de nuestra región.

Aceptar que los productos son de temporada es muy importante. Hay alimentos que, de manera natural y biológica, están en su momento óptimo de consumo sólo durante un tiempo.  Yo comería mandarinas todo el año porque me encantan, pero, en estos casos, intento recordar a los budistas cuando nos dicen que la comida no está sólo para satisfacer gustos sino necesidades. Y todo a través del respeto por la naturaleza.

Nuestra economía también se verá beneficiada si consumimos productos locales y de temporada.  Y sí, hay que reconocer que hay semanas en la que la fruta o verdura más barata, es siempre la misma y aburre. Para eso hay plataformas como Pinterest que te dan ideas sobre cómo cocinar algunas verduras de mil maneras diferentes. Masa de coliflor para pizza, ceviche de coliflor,  salsa cremosa de coliflor para pasta. Por poner un ejemplo.

Otro punto positivo es confiar en lo que comemos y, para confiar, hay que conocer de dónde vienen los productos, quién los ha cuidado, etc. Podemos desde ir al huerto y escoger nuestros productos hasta ir a la frutería local y hablar de lo que compramos con la persona encargada. También están las opciones de comprar las cajas ecológicas de algún productor local. Incluso algún día podéis hacer una excursión y conocer quién os envía los productos.

Recordad que lo más importante es ser agradecidos. Hay que ser constantes y pensar cada día en lo que tenemos y en lo que nos hace sentir bien. Hoy toca pensar, cuidar y respetar nuestro cuerpo y agradecer a la naturaleza todo lo que nos aporta. Y mañana, también.

Ellos son los que componen la melodía

Hace unos días, una amiga me envió un enlace de Youtube de un cortometraje llamado A cloudy lesson.

Son apenas dos minutos y, antes de leer este post, te recomiendo que lo veas, porque haré muchas referencias a él.

Cuando lo hayas visto, quizás pensarás: ¿y esto qué tiene que ver con aprender inglés? Pues creo que tiene mucho que ver. Sigue leyendo…

A mí, la moraleja principal que me transmitió esta pequeña historia es que enseñar es sinónimo de enriquecer, no de limitar. Enseñar algo a un niño siempre es algo positivo y bonito  (o debería serlo), porque le ayudará a abrir sus horizontes, a ir forjando su manera de pensar, a crecer. Lo mismo pasa (o tendría que pasar) con los idiomas. Aprender inglés, francés, alemán, chino o el que más te apetezca, enriquece.

Imagínate el cerebro como un mueble lleno de cajones con madejas de lana de colores dentro de cada cajón. Aprender un nuevo idioma permite que, en el cerebro de la persona que lo está aprendiendo, se abran cajones que hasta entonces estaban cerrados. Estos cajoncitos son: nueva fonética, nueva pronunciación, nuevas estructuras gramaticales, etc.

El gran lingüista Noam Chomsky, entre muchos otros, estudió a fondo este tema, el del aprendizaje de lenguas extranjeras. Y demostró que, estos cajones, si se empiezan a abrir cuando somos pequeños (de hecho, lo ideal es que sea antes de los 6 años), funcionan mucho mejor. Las juntas de metal están nuevas y no chirrían, la madera brilla y se desliza bien, las madejas de lana que hay dentro de cada cajón todavía están  enteras, no están deshilachadas o desteñidas… Cuando aprendemos un idioma de mayores, ya es diferente. Recuerdo cuando, en primero de carrera, estudié Lingüística, y nos enseñaron todas las variables que intervienen en el cerebro de una persona que aprende un idioma extranjero nuevo con más de 8 años: hay prejuicios, malos hábitos ya adquiridos en nuestro idioma materno que solemos aplicar a los nuevos idiomas que aprendemos, dificultad a la hora de pronunciar bien… y un larguísimo etcétera que no voy a escribir ahora, porque entonces este post se convertiría en algo demasiado técnico.

Así pues, creo que estarás de acuerdo en que, cuanto antes se aprenda un idioma, mejor.

Entonces, volviendo a la historia de A cloudy lesson, otra de las enseñanzas que extraje de ella es la importancia de transmitirles a los niños que aprender inglés o cualquier otro idioma puede ser divertido. Tu actitud es muy importante en el proceso de aprendizaje de tu hijo, en éste y en todos los aprendizajes de su vida, porque él se fija en ti y, generalmente, copia tu manera de actuar y de ver las cosas. Así pues, deberías transmitirle en todo momento positivismo, para que el niño vea que aprender un nuevo idioma es algo guay, interesante, y que se sienta privilegiado de poder hacerlo. Además, no olvidemos que a los niños les gusta aprender jugando, sin darse cuenta, mientras que las actividades aburridas se les dificultan y hacen que pierdan rápidamente el interés. Por lo que, tanto padres como profesores, deberíamos buscar métodos divertidos para motivar el aprendizaje del idioma, sin obligarles a memorizar ni a traducir, simplemente motivándoles y no cortándoles las ganas.

Para terminar, me gustaría compartir contigo las tres conclusiones que saqué del cortometraje:

  1. No existe una única forma de hacer las cosas ni una única manera correcta, cada uno tiene que experimentar por sí mismo y encontrar la estrategia con la que se sienta más cómodo y que respete mejor su personalidad. El papel de los padres, madres, educadores y profesores es ayudar y guiar a los niños y niñas para que lleguen a ser capaces de saber qué les funciona mejor según su manera de ser y de aprender.
  2. De los errores pueden nacer grandes cosas. Los errores son parte del proceso de aprendizaje, por lo que no debemos temerlos ni transmitirles a los niños una idea negativa sobre ellos. En vez de evitar y castigar los errores, debemos animar a los niños a que aprendan de ellos e intenten descubrir su lado positivo. ¡Qué difícil es esto, eh?! En mi opinión, el gran cambio en la educación que haremos en este siglo (¡ojalá!) va en esta dirección. De este tema escribiremos un artículo más adelante, porque es muy muy muy interesante.
  3. El apoyo es esencial. Si el abuelo del cortometraje hubiera reñido a su nieto y no le hubiera animado a hacer nuevas nubes, el niño habría vivido esa experiencia como un fracaso que probablemente le habría marcado para siempre, generándole un gran sentimiento de culpa. Sin embargo, el apoyo, la confianza y el amor lo cambian todo. ¡No lo olvides nunca! No son las experiencias, sino nuestra reacción ante ellas, lo que determina si nos estancamos o crecemos.

Estos tres puntos los podemos aplicar también a la forma de enseñar un idioma: respetar la forma y el ritmo de aprender de cada niño, permitir que se equivoque y darle nuestra confianza siempre.

Como conclusión, me gustaría regalarte una frase que me ha inspirado muchísimo: A los niños podemos enseñarles las notas musicales, pero debemos dejar que sean ellos quienes compongan la melodía. Creo que me la voy a escribir en grande, de colorines y bien bonita y me la colgaré en mi despacho. Es un gran consejo.

Yoga moment!

Recuerdo un día, hace más de un año ya, en que mis alumnos estaban más inquietos de lo normal. Era un día lluvioso y seguramente no habían salido al patio, estaban completamente revolucionados. Entre juegos fallidos y manualidades desastrosas mi paciencia comenzó a verse afectada y en un acto impulsivo alcé la voz y dije: Yoga moment! Honestamente no sé de dónde me salió pero automáticamente me miraron todos con cara de: ¿y ésta qué dice? y, aprovechando su atención, me senté en postura de loto, cerré los ojos y empecé a cantar Ommmmm… abrí los ojos y les pedí a todos que se sentaran e hicieran lo mismo. Les pareció divertido y se sentaron, cantamos un momento y después hicimos unos ejercicios de equilibrio (la postura del árbol). Esto ayudó a que mis pequeños se concentraran en otra cosa y vieran el hecho de mantener el equilibrio como un reto. Les repetí que si nos concentrábamos y respirábamos podríamos aguantar más tiempo,  de repente tenía niños sorprendentemente calmados y concentrados.

Yoga para niños y niñas, EL YOGA EN LA ESCUELA VOl. 1

Realmente me quedé muy sorprendida. Soy practicante (no muy habitual, pero lo intento) de yoga desde hace unos años y debo decir que es algo que me ha ayudado mucho, sobre todo en momentos difíciles. Escuchaba a mis profesores repetir en cada sesión lo afortunados que somos en la vida y lo importante que es valorar lo que tenemos. Me consideraba una persona un pelín torpe y al principio las posturas me costaban mucho, pero con el tiempo si practicaba y me concentraba, ¡la cosa iba mejorando! Esto hizo que mi autoestima mejorara, salía de clase súper contenta y con ganas de volver y seguir aprendiendo.

Pues estaba yo en mi proceso de descubrir lo bien que me iba practicar yoga cuando me encontré con ese día lluvioso con el que comencé este post. A raíz de la respuesta de mis alumnos comencé a investigar sobre el yoga y los niños y por una coincidencia de la vida conocí a Cristina, profesora de yoga para niños y adolescentes.  Tuve la oportunidad de hablar con ella, de que me explicara lo que hace en su centro y los resultados que genera esta práctica en los más pequeños. Me acuerdo que me quedé muy asombrada cuando me contó sobre un proyecto que hizo con niños, hijos de padres que estaban en la cárcel. Me contó cómo ella vio a los niños incrementar su autoestima, estar más contentos y seguros, concentrarse en ellos mismos, entre mil cosas más. De repente vi clarísimo lo importante que era hacer yoga con los niños.

Fue así como comenzamos a practicar yoga cada día con nuestros alumnos en todas las clases de WonderFUN. El proyecto comenzó el verano pasado, buscamos posturas divertidas e hicimos un póster para cada una de las clases. Cada día, antes de comenzar con las actividades, los alumnos escogían las posturas que querían hacer y se dedicaban unos cinco o diez minutos de la clase a practicar, respirar, relajarse y concentrarse.  Los niños iban mejorando con el tiempo e iban incrementando el nivel de dificultad de sus posturas, ¡fue una pasada!

Vivimos en un mundo muy acelerado en el que hay que levantarse muy temprano, vivir las prisas de los adultos, ir muchas horas al cole, hacer deberes, actividades extraescolares, etc. Esto, en algunos casos, conlleva problemas físicos y emocionales, dificultad en el aprendizaje, estrés y depresión. Se han realizado varios estudios que comprueban cómo la práctica de yoga en niños puede reducir estos problemas. Aquí algunos beneficios:

Flexibilidad: Al utilizar todos los músculos de tu cuerpo, esta práctica ayuda al fortalecimiento físico del niño y no sólo eso, también les ayuda a crear conciencia de su cuerpo y movimientos.

Equilibrio y coordinación: El equilibrio es la base del yoga. De hecho es el ejercicio que más utilizo con mis alumnos y el que mejor funciona. Estas posturas están diseñadas para incrementar una estabilidad tanto física como mental. Los niños aprenden que, si están tranquilos, obtendrán mejores resultados y podrán aguantar más tiempo la postura. Es increíble ver cómo el niño, una vez que comienza a dominar las posturas, se siente motivado por sus propios logros.

Concentración: Los niños se dan cuenta que si están concentrados en su esfuerzo obtendrán mejores resultados no sólo en la práctica sino también fuera de ella. Hay estudios que demuestran que aquellos que practican yoga tienen un mejor rendimiento en la escuela.

Autoestima y confianza: El yoga, al igual que a nosotros los adultos, nos enseña a ser perseverantes, pacientes y trabajar en nuestros retos. El profesor sirve como guía pero en realidad es el niño quien tiene que trabajar para cumplir sus objetivos. Es por esto que cuando un niño después de intentarlo varias veces domina una postura, su confianza y autoestima se eleva y le da las herramientas para seguir practicando y plantearse nuevos retos.

Conexión cuerpo-mente: Esta práctica ayuda a los niños a desarrollar una mente sana en un cuerpo sano. Les da la oportunidad de encontrar un espacio para conectar con ellos mismos y alejarse de las presiones que puedan tener (sociales, familiares y personales) ocasionadas por lo rápido que se mueve el mundo en el que vivimos.

Os invito a establecer un Yoga moment! con vuestros peques y compartir momentos en familia divertidos al mismo tiempo que se desarrollan diferentes habilidades. Os recomiendo este canal que tiene muchos vídeos y que a mí me ha dado ideas divertidas para practicar con mis alumnos. Tiene muchísimos vídeos con diferentes temáticas y es en inglés.

¡Qué lo disfrutéis y feliz día lluvioso! Hoy seguro que tocará hacer un Yoga moment más largo e intenso.