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¿Estrés infantil?…Act crazy!

Estrés, estrés, estrés. Estoy estresada / me duele la cabeza porque estoy estresado / ¡uf! qué estrés / he tenido un día muy estresante, etc. No sé tú, pero yo cada vez me encuentro con más personas estresadas por la vida. Así que te reto a que leas este artículo sin estresarte. ¿Lo conseguirás? La pobre María no lo logró.

Los adultos somos capaces de reconocer que nos encontramos bajo mucho estrés e intentamos entender por qué nos sentimos de una u otra manera. También creo que cada vez somos más conscientes y trabajamos en ello. Vamos a yoga, regulamos nuestra alimentación, practicamos meditación, corremos por la mañana, planeamos escapadas, etc.

Sin embargo, ¿qué pasa con nuestros niños? El estrés ha dejado de ser un problema sólo de los adultos. Me parece tristemente lógico. La histeria adulta también se contagia. Este post nace a raíz de un estudio que leí hace poco que demostraba que el estrés es uno de los principales problemas de salud infantil hoy en día. Lo preocupante del asunto es que, a diferencia de los adultos, los niños no tienen experiencia en comunicar y expresar cómo se sienten. Tampoco son capaces por ellos mismos de organizar una excursión por la montaña para escapar de los días estresantes.

El hecho de que no lo puedan comunicar, no quiere decir que no lo sientan y que no sufran las mismas consecuencias que nosotros: cambios de humor, dolores de cabeza, irritabilidad, enfermedades, etc. Por eso, como responsables de nuestros pequeños, hemos de observar muy bien sus actitudes para identificar si se encuentran bajo una situación estresante y actuar para cuidar su salud.

¿Y por qué se estresan? Por las mismas razones que nosotros. Básicamente, el estrés infantil se manifiesta de tres maneras diferentes: estrés en la escuela, en la familia y por exceso de información. Varias fuentes coinciden en que el estrés es inevitable y, hasta cierto punto, necesario para que los niños aprendan a gestionar situaciones difíciles. Y aquí es donde entramos nosotros, los adultos. Ellos tienen que saber que aquí estamos para ayudarles a entender lo que les pasa y lograr que desarrollen habilidades que les serán útiles cuando se hagan mayores.

El estrés en la escuela es uno de los más inevitables, porque los niños están llenos de deberes, obligaciones y actividades. Yo recuerdo que, desde pequeña, siempre tenía muchas cosas que hacer de la escuela, tenía que comer y hacer deberes porque luego estaba toda la tarde entrenando. En el instituto, el nivel de exigencia era altísimo. La nota mínima para aprobar era un 7. Y, la universidad, ni te cuento. Pero no recuerdo tener un trauma a causa de esto. Al contrario. Creo que mis padres me ayudaron bastante a entender que éstas eran mis responsabilidades y que era muy importante saber gestionarlas bien. Y realmente creo que, si hoy en día sé trabajar bajo presión y hacer bien las cosas, es gracias a eso.

Hay muchos factores familiares que pueden ocasionar estrés a los pequeños. Básicamente los mismos nervios de los padres ocasionados por: problemas con la pareja, problemas en el trabajo, problemas financieros y un largo etcétera. Yo sólo puedo hablar desde mi punto de vista como profesora y lo que recuerdo como hija, que no es mucho. Así que como teacher os digo que cuando estoy estresada por algo, mis niños lo notan enseguida. Se irritan, tienen cambios de humor y la clase se convierte en algo muy difícil de llevar. Hemos de tener mucho cuidado con lo que transmitimos. Tengan la edad que tengan, los niños lo perciben todo.

Por último, es el estrés ocasionado por el exceso de información y la tecnología. Los niños están expuestos a una cantidad de estímulos impresionantes. Hoy en día no tienen tiempo para aburrirse. Tienen que estar siempre haciendo cosas y me da mucho miedo pensar que, en su mayoría, están relacionadas con la tecnología. Por otro lado, si vemos las noticias en casa, nuestros niños que son un pelín más mayores, ya se enteran de lo que está pasando a su alrededor. Y, seamos realistas, la mayoría de las noticias con las que nos encontramos hoy en día son terribles. Imagínate el estrés que puede provocar una noticia a un niño que ya entiende mas ó menos cómo funcionan las cosas (sin toda la información y aguante que podemos tener los adultos). Bueno, yo no. Yo, cada vez que se me ocurre ver la tele, acabo llorando.

Todo esto me llevó a investigar qué hacer para combatir de la mejor manera posible este malestar infantil. Aquí os dejo mis consejos.

  1. Aprende a reconocer los síntomas del estrés en niños. Como pasa con los adultos, éstos pueden ser físicos y/o de comportamiento.
  2. Alienta a los niños a expresar sus sentimientos. No importa la edad que tengan, lo más importante es que sepan identificar las emociones (miedo, tristeza, ansiedad, aprensión). Los niños tienen que sentirse seguros de expresar cómo se sienten. Tienen que saber que están en un ambiente en el que se sientan aceptados y valorados.
  3. Concéntrate en las causas del estrés y no en las consecuencias. Es más importante pensar en las razones y en la raíz del problema que corregir sus nuevas actitudes.
  4. Ten las reglas y límites claramente definidos y sobre todo síguelos. Los niños funcionan muy bien con rutinas bien establecidas.
  5. Básico. Si a nosotros nos ayuda, imagínate a ellos. Crea rutinas de ejercicio para ellos y también en familia. Predica con el ejemplo. Recuerda que si desconectas tú, te desestresas tú, te relajas tú, para ellos será todo más fácil.
  6. Utiliza libros e historias infantiles para tratar con ellos temas difíciles (una separación o una pérdida, por ejemplo). Hay muchos libros infantiles que te pueden ayudar a tratar temas delicados con tu hijo de una manera más cercana a ellos.
  7. Lo más importante de todo: dedica tiempo a divertirte con ellos. Expresad vuestros sentimientos de maneras divertidas, reíros sin sentido, haced caras frente al espejo, haceros cosquillas, chillad y gritad en el parque, simplemente…act crazy! Yo lo hago con mis alumnos y es lo más divertido y anti-estrés que hay.

Me encantaría poder pensar que vivimos en un mundo en el que palabras como ESTRÉS no existen, pero no es así. Lo único que sé es que sólo nosotros somos capaces de decidir cómo queremos vivir nuestra vida y cuánta importancia le damos a según qué cosas. Y, lo más importante de todo, sólo nosotros somos responsables de lo que vamos a transmitir a las futuras generaciones.

Tampoco tan terribles

Es mío, yo solo, tú no o no quiero. ¿Te suenan? Entonces es que tienes algún hijo o hija de más de dos años y que estáis (o ya habéis estado) inmersos en la primera adolescencia.

Yo no tenía ni idea de que existía esta fase hasta que la he vivido con Bruno. De hecho, la estoy viviendo. Es una etapa que tiene muchos nombres: terrible twos, la primera adolescencia o la edad del “yo”. En ella los peques pasan de bebés a niños, se dan cuenta de que tienen su propia identidad y de que pueden elegir y hacer cosas solos, sin la ayuda de un adulto. Es el inicio de la independencia infantil, están constantemente aprendiendo, experimentando y descubriendo cosas nuevas. Por eso es una edad difícil, pero mágica. Suele durar desde los dieciocho meses o dos años (depende del niño) hasta los tres o tres y pico.

Te darás cuenta de que tu hijo ha entrado en esta etapa cuando su respuesta al noventa por ciento de las preguntas sea un “no” enfadado o desafiante, cuando las rabietas estén a la orden del día, cuando lo veas rebelde y caprichoso. Estos son algunos de los comportamientos. No tienen que tenerlos todos, algunos niños, como Bruno, no hacen tantas pataletas pero sí pasan una época de mandones y gritones. Todo depende de cómo sea el niño o la niña. Lo que sí se cumple en la gran mayoría de los casos es que recurren a diferentes estrategias para intentar llamar la atención de los padres.

Te estarás preguntando: ¿y qué puedo hacer para ayudar a mi hijo a sobrellevar esta etapa lo mejor posible? Pues aquí tienes unos cuantos consejos:

  • Crear rutinas diarias y respetarlas, para que tenga una vida ordenada y pueda anticiparse a lo que tocará después.
  • Darle mucho cariño, aunque a veces te saque de quicio. Cuando tengas ganas de pegarle un grito, abrázale. ¡Ya verás cómo cambia su estado de ánimo! Cuando Bruno hace alguna gamberrada y, en vez de gritarle, le abrazo y le digo “Va, Bruno, no hagas esto, que mami se pone triste”, ¡reacciona mucho mejor y me hace más caso!
  • Empieza a marcarle límites y normas. Es mejor empezar por pocos y fáciles, para que los tenga muy claros. Nosotros, por ejemplo, si Bruno pega a un niño en el parque (ha pasado una temporada un poco complicada con el tema de pegar), ya sabe que le tiene que pedir perdón y darle un abrazo. Si no lo hace, nos vamos del parque. Un par de veces lo hemos tenido que hacer, porque le podía más salirse con la suya que pedir perdón.
  • Cumple con lo que digas y deja que asuma las consecuencias. Tanto si es bueno, como si es malo. Si le prometes que cuando vayáis a dar un paseo le comprarás unos palitos de pan, hazlo. Y si le dices que si pega os iréis del parque, cúmplelo también. Aunque te cueste. Será la única manera de que confíe en ti y te crea.
  • Háblale con calma y paciencia y no seas demasiado autoritario. Con buenas palabras y con cariño, todo se recibe mejor. Tanto si somos niños, como si somos adultos.

Estos son algunos pequeños consejos, pero tampoco es que haya ninguna receta mágica. Los terribles dos son una etapa más de la infancia, con su principio y su final. Como me decía el otro día una amiga, cuando son bebés en realidad es fácil: comen, duermen, están un ratito despiertos… ¡pero luego la cosa se complica! Pasar de bebé a niño no debe ser fácil, por eso es importante que estés al lado de tu peque durante esta etapa y la lleves lo mejor posible.

Siempre me gusta ver el lado positivo de las cosas. Y un aspecto muy positivo de esta época, que he estado observando en Bruno, es que no se rinde. Cuando quiere algo, tanto si es coger un cuento de la estantería que está un poco alta como si es pedirme mil veces que bailemos juntos, no se rinde. Lo intenta una y otra vez, hasta que lo consigue. Y si no puede, pide ayuda, pero rendirse no es una opción. Creo que es una cualidad de la que los adultos tendríamos que tomar ejemplo porque, generalmente, cuando vamos creciendo nos volvemos más conformistas y, en mi opinión, no debería ser así.

Como conclusión, me gustaría recordarte que tu peque te está desafiando constantemente para saber hasta dónde puede llegar y debes tener en cuenta que todavía no sabe gestionar sus emociones, sólo las siente y a veces se desborda ante ellas. Como intento transmitir en todos mis posts, todo depende de cómo se mire. Si intentas ver la parte positiva de cada situación y afrontas esta etapa con paciencia y mucho cariño, los terribles dos no serán tan terribles.

¿Empezamos a correr?

Cuando comenzamos con el blog, decidí inaugurar esta sección con una experiencia muy personal en la que escribí sobre cómo implementar nuevos y buenos hábitos en nuestra vida. En ese post, entre otras cosas, os conté mi experiencia de comenzar a hacer ejercicio muy tempranito por la mañana. Aquí os dejo el enlace para los que no lo habéis leído.

¿Momento confesión? Desde que comenzamos regularmente con nuestras actividades después del verano, me ha costado muchísimo volver a la rutina. Las excusas, sí, esas que se disfrazan de razones válidas para no levantarse, eran bastante buenas.

En fin, hace dos semanas por fin sentí cómo el hábito se iba apoderando de mí.  Estaba tan pero tan contenta porque sé muy bien lo mucho que cuesta pero también sé que una vez comienzas… ¡ya no lo quieres dejar!

Cuando comencé a hacer ejercicio hace un año, me aficioné a correr. Yo, la primera sorprendida. Fui nadadora federada durante muchos años y siempre decía: Nadar, sí. Correr, no. Lo encontraba aburrido y monótono. Pues, gracias a que mi gimnasio no tiene piscina, un día me subí a la cinta y me encantó. ¿Por qué? Porque lo encontré un ejercicio en el que has de estar muy concentrada en la respiración y en tus movimientos. Si te distraes, se te acaba el aire o la rodilla duele. Era maravilloso estar media hora sin poder pensar en otra cosa más que en mí y en mis movimientos. Eso es lo que más me gustó. Era el enajenamiento perfecto. Comencé poco a poco y, como ya llevaba meses haciendo ejercicio, me fue bastante bien. No como ahora. Hoy estoy lesionada, ligeramente de mal humor y en reposo obligatorio hasta nuevo aviso. He querido regresar a mi rutina que tenía antes del verano y es evidente que mi cuerpo no estaba preparado.

Así que, después de esta pequeñita introducción, os cuento de qué va el post de hoy.

El viernes pasado, que estaba tumbada en cama, con hielo y antiinflamatorios, pensé que ya tenía tema para esta semana. Abrí el ordenador y escribí en el buscador “Cómo empezar a…” y, sin dejarme terminar de escribir, se completó la frase “Cómo empezar a correr” Me hizo gracia. Esto puede significar dos cosas: o Google me tiene muy controlada o hay muchas personas que, como yo, últimamente se han aficionado a correr.

Así que si, como yo, quieres retomar una rutina y comenzar a correr, aquí una serie de consejos para mantenerte motivada, en buen estado y no cometer errores que entorpezcan el proceso.

Obviamente, encontré mucha información así que haré un mix de los consejos que más me gustan y con los que más me identifico.

Todos coinciden, yo la primera, en que hemos de comenzar muy poco a poco. Si llevas mucho tiempo sin hacer ejercicio o es la primera vez que corres, es muy importante hacerlo con cuidado para que no te lesiones ni te desmotives.

Lo primero que recomiendo es fijar un objetivo real de días de la semana. Entre dos y tres días es lo ideal. El programa que a continuación os muestro es, de los que leí, el que más me gustó. Lo considero bastante sencillo de hacer y va incrementando muy poco a poco su intensidad. Es un programa en el que, corriendo tres veces por semana, en dos meses, te encontrarás en forma para salir a correr cinco kilómetros tranquilamente sin pasarlo mal. En este enlace, podréis encontrar la aplicación móvil que os va marcando los tiempos según la semana en la que estéis. Allá vamos.

Semana 1 –  5 minutos de calentamiento caminando, después 60 segundos corriendo por 90 segundos caminando, durante 20 minutos.

Semana 2– 5 minutos de calentamiento caminando, después 90 segundos corriendo por 2 minutos caminando, durante 20 minutos.

Semana 3– 5 minutos de calentamiento caminando seguido por 2 repeticiones de 90 segundos corriendo, 90 segundos caminando, 3 minutos corriendo y 3 minutos caminando.

Semana 4 – 5 minutos de calentamiento caminando seguido por 3 minutos corriendo, 90 segundos caminando, 5 minutos corriendo, 2 minutos y medio caminando, 3 minutos corriendo, 90 segundos caminando y  5 minutos corriendo.

Semana 5 – 5 minutos de calentamiento caminando seguido por 8 minutos corriendo, 5 minutos caminando y 8 minutos corriendo.

Semana 6– 5 minutos de calentamiento caminando seguido por 10 minutos corriendo, 3 minutos caminando y 10 minutos corriendo.

Semana 7– 5 minutos de calentamiento caminando seguido por 25 minutos corriendo.

A partir de esta semana, tu cuerpo debería estar acostumbrado ya a correr bloques de más de 20 minutos sin caminar.

Semana 8 – 5 minutos de calentamiento caminando seguido por 28 minutos corriendo.

A partir de ahora deberás sentirte cómoda/o corriendo durante más tiempo, pero si no es el caso, es muy importante que el objetivo de esta semana sea cumplir los 28 minutos sin sentir la necesidad de caminar.

Semana 9 – 5 minutos de calentamiento seguido por 30 minutos corriendo.

¿Qué os parece? A mí, bastante cumplible. No veo nada difícil dedicar menos de 1 hora al día durante tres días a la semana y cumplirlo. Yo, sin duda alguna, cuando me recupere, seguiré este programa. Debo confesar que me resulta un poco difícil, ya que soy muy impaciente, pero la lesión que estoy viviendo hoy es prueba suficiente de que el cuerpo se toma su tiempo para adaptarse. Si podéis dedicar más tiempo a hacer ejercicios de fuerza y resistencia, mejor. Vuestro cuerpo se sentirá más seguro a la hora de correr.

Ahora un par de consejos más y termino. Es muy importante un buen calzado, un reloj o vuestro móvil para marcar tiempos y los estiramientos. Esto último es fundamental para evitar lesiones y las tan temidas agujetas. No olvidemos, también, que una alimentación saludable es esencial. Este tema lo abordaremos en otro post en el que invitaré a un colaborador a explicarnos por qué es tan importante la comida como el ejercicio. Uno sin el otro, no funcionan.

Así que nada familias, ya os contaré cómo me va una vez me recupere. Si alguno de vosotros decide hacer el programa, me alegraré mucho de escuchar vuestras historias. Recordad que lo más importante es mantener el cuerpo en movimiento. Have a nice day!

Otoño, ¡por fin!

Hace unos meses, cuando escribí sobre la primavera, os comenté que el otoño es mi estación favorita del año. Recuerdo perfectamente la cara de María cuando lo leyó y me preguntó ¿Otoño?… ¡pero si a mí me encanta el verano! Cada estación marca un cambio y, para mí, el otoño es como mi año nuevo personal. Es la época en la que dejo atrás las cosas que no me gustan, me propongo nuevos retos y objetivos y tengo la necesidad de volver a mis hábitos pre-veraniegos y de crear nuevas rutinas.

No es nada fácil. El otoño representa el final de los días largos y soleados trayendo consigo días más cortos y grises. En Barcelona, se ha marchado el verano de golpe. Desde el día uno, septiembre se ha llenado de lluvias, días fríos y nublados y nos ha dejado sin la oportunidad de disfrutar los últimos tintes de verano. Ésta es una época en la que me siento especialmente nostálgica, no me sorprende. Siempre he sido una persona muy sensible a los cambios de temperatura y los días nublados tienden a cambiarme los ánimos. Desde pequeña, cuando llovía, los ánimos se me alteraban y no había quien me aguantase. Hablando con otras personas me pude dar cuenta de que no soy la única que pasa por esto y, después, investigando, me encontré con el término TAE (Trastorno afectivo estacional) un trastorno afectivo-emocional ocasionado por los cambios estacionales.

Una de las razones por las cuales tenemos cambios de ánimo es por la falta de luz solar. El sol nos proporciona, aparte de un bronceado bonito en verano, un aumento en los niveles de serotonina. La serotonina son neurotransmisores que se encuentran en el sistema nervioso central y que están directamente relacionados con el estado de ánimo y el bienestar de las personas. Estos neurotransmisores se encargan de regular sobre todo el apetito y el sueño. Me parece que todos sabemos de sobra lo mucho que se puede ver afectado nuestro carácter si comemos y dormimos mal. Leyendo sobre esto, también encontré que los hombres producen un 50% más de serotonina que las mujeres. Mmm…ahora entiendo muchas cosas.

Está claro que el cambio afecta  o, mejor descrito, altera. Durante todo el año, el cuerpo se encuentra en constante adaptación a los cambios y estaciones y, como no podría ser de otra manera, este post lo dedico a ofrecer consejos que se basan sobre todo en la alimentación y los buenos hábitos para poder superar este cambio estacional de la mejor manera posible. No olvidemos que los niños también sufren alteraciones en su estado de ánimo a causa de este cambio así que estos consejos también van para ellos.

Una de las cosas que considero más importantes es el cuidado de la alimentación, finalmente somos lo que comemos y estoy segura que nuestro sabio planeta nos proporciona alimentos de temporada para combatir cualquier tipo de trastorno estacional. Vamos a ver.

Por ejemplo, durante esta época del año encontramos espinacas (no, no las de bolsa o congeladas que hay en el súper todo el año) sino manojos de espinacas que, salteadas con un buen aliño, están muy buenas. Al igual que las acelgas, estas dos plantas tan monas ayudan a la producción de serotonina en nuestro cuerpo.

Los alimentos que contienen carbohidratos y almidón también ayudan. La calabaza, protagonista del otoño, es un alimento que tiene un contenido considerable de carbohidratos y almidones. A mí me encanta en un buen sofrito o al horno. Yo no sabía  que el cabello de ángel, que a mí no me gusta nada, se hace con calabaza. Así que para los amantes de este relleno, ya sabéis qué pedir en la pastelería.

Las manzanas son alimentos ricos en hidratos de carbono y éstos a su vez ayudan a la producción de serotonina. Yo no soy muy fan de las manzanas pero sí de los hidratos de carbono, ¡y quién no!

Más de una vez he escuchado a la gente decir: come carbohidratos que estarás más feliz. Sí, es verdad, pero hay que tener mucho cuidado con el tipo de carbohidrato que comemos. Es evidente que un plato de pasta con una salsa exquisita y mucho queso hace feliz a cualquiera pero estos alimentos producen un subidón de energía exclusivamente momentáneo.

Dicen por ahí que: “Después del verano, la uva llega al mercado”. Puede que las semillitas sean un poco incómodas pero… ¡qué ricas están! Hay que recordar que la fruta, si se come entera, mejor. La fibra de las pepitas y la piel ayudan a contrarrestar el alto contenido de azúcar que tiene la uva, proporcionándonos todos los nutrientes. Aparte que son antioxidantes, depurativas y nos dan mucha energía.

Si preguntáis a mis alumnos cuál es mi fruta favorita, los que me prestan un poco de atención, os responderán: la mandarina. Esta fruta llega al final del otoño y tiene todos los nutrientes para prepararnos para el invierno. Me encanta.

Una vez, alguien me contó que leyó un estudio en el que durante equis tiempo los taxistas de Nueva York tenían que comer sólo pescado. ¿Por qué? Pues porque el pescado contiene altos niveles de Omega 3 que ayuda a reducir el estrés. Después de unas semanas de sólo comer pescado, los taxistas se encontraban de mucho mejor humor, su estado de ánimo había cambiado y el estrés de una gran ciudad no les afectaba tanto como antes. No encontré el estudio pero sí que encontré que el consumo de Omega 3 ayuda a incrementar la serotonina. Yo tengo una ligerita pelea personal con el pescado ya que, según de dónde venga, tiene altos niveles de mercurio por lo que yo me decanto por otros alimentos ricos en Omega 3 como lo son los frutos secos y sus aceites: el lino, por ejemplo, tanto en aceite como en semilla es excelente. La chía, las nueces, el cáñamo y el sésamo, también. Es importante saber que estos aceites no deben utilizarse para freír, en crudito mejor.

Por último, mi recomendación favorita, es comer chocolate. No sólo aumenta los niveles de serotonina sino también de endorfinas. Mucho cuidado con el chocolate que elegís, el componente que nos produce esta felicidad es el cacao, así que cuanto más oscuro, mejor.

Aparte de la alimentación, practicar buenos hábitos nos ayudará a combatir estos cambios estacionales. Hacer ejercicio de manera regular siempre ha sido bueno para el cuerpo. Si hoy hemos aprendido que la serotonina es producida por la luz, es muy importante intentar pasar el mayor tiempo posible al aire libre. Si caminamos 30 minutos y disfrutamos de la luz del día, mataremos dos pájaros de un tiro. Aunque esté nublado, nuestro cuerpo lo agradecerá. El estrés, sí, ese sentimiento que a veces nos invade y no nos damos ni cuenta, interfiere en la producción de serotonina, por lo que es recomendable también realizar prácticas como yoga, meditación y ejercicios de respiración.

Y ahora, mi consejo muy personal… ¡Disfrutad del otoño! Los colores de sus parques, las hojas y los cielos son las razones por las cuales ésta es mi estación favorita.

Cómo volver a la rutina sin morir en el intento

Es hora de volver a la rutina. ¡Por fin! Es lo que muchos padres nos han comentado estas últimas dos semanas. Hoy nosotras volvemos a escribir pero lo cierto es que llevamos dos semanas de casal lleno de niños y de historias. Historias que a mí, personalmente, me llegan al corazón. Ya, ya sé que soy muy sensible pero es que, ver cómo algunos niños se quedan realmente devastados al despedirse de sus padres un lunes por la mañana después de estar todo el verano con ellos, me rompe el corazón. Somos, muchas veces sin darnos cuenta, partícipes de los primeros pequeños tropezones de un niño. Para ellos, el mundo se cae encima y nosotras somos responsables de apoyarles y guiarles en un camino hacia la “independencia”, entre otras cosas.

Luego, están los niños que no pueden esperar a bajarse de la bici y entrar sin siquiera decir bye bye. La cara de los padres, en este caso, también podría romperme el corazón.

Lo que es cierto es que la vuelta al cole y a la rutina es difícil. Si ya lo es para los que no tienen hijos, no me quiero imaginar lo que es para vosotros, nuestras familias.

Así que nuestro primer post de la temporada va de esto, cómo volver a la rutina sin morir en el intento y cómo hacer que este cambio sea lo menos drástico para nuestros peques.

Los primeros cambios que experimentan nuestros peques pueden llegar a ser difíciles. Creo que la manera en la que nosotros les guiemos es fundamental para su capacidad de reacción en un futuro.

Lo primero que muchos psicólogos y expertos en el tema recomiendan es: reconocer los sentimientos por los que estás pasando. Por ejemplo, una de nuestras peques, al principio del casal, lloraba sin parar y seguramente no entendía por qué de repente tenía que estar en un sitio desconocido, con gente desconocida y escuchando un idioma que no es el suyo… ¡vaya drama!

Una de las cosas que más amo de mi trabajo es que estoy en constante aprendizaje, los niños me enseñan mil y un cosas. Ese lunes, cogí a la pequeña y la llevé al jardín (generalmente esto siempre funciona, porque les encanta el regar el huerto y las plantas) pero no funcionó. La nena lloraba con un sentimiento que no era de berrinche, sino de tristeza.  Entonces me senté y hablé con ella, estuvimos de acuerdo en que estaba triste, que quería un abrazo, que era normal que llorase, que era todo diferente pero que aquí estábamos para ella. Le enseñé todo lo que íbamos a hacer, le presenté a su profesora, hablamos de las cosas que nos gustaban y poco a poco se fue soltando. Cuanta más información iba teniendo, mejor se iba adaptando.

Con esto quiero decir, mezclando un poco mi pequeña historia personal con los consejos de los profesionales es que es muy importante identificar, reconocer y aceptar lo que sentimos ante cualquier cambio (va para los adultos también) pero sobre todo con los niños. A veces es bueno cambiar el “cómo estás” a “cómo te sientes”.

El siguiente consejo se reduce a una sola palabra: prepárate. Si tu familia está preparada, estará tranquila y todo será más fácil.

Si eres una mamá o papá que está a punto de dejar a sus niños por primera vez en la escuela, te recomiendo que este fin de semana hagáis una excursión divertida al cole. Si vais caminando podéis investigar diferentes rutas, ver qué hay por el camino, pintar con tizas pistas secretas para llegar, crear historias y recuerdos divertidos.

Los hábitos de sueño y comida, se han de recuperar y ha de ser poco a poco. Recordad que los cambios, mejor si se hacen graduales. Unos días antes de que comenzáramos la escuela, mi padre nos hacía irnos a dormir muy temprano para poder despertarnos pronto, desayunar y… luego nada (porque no había cole). Yo no entendía nada. Cuando me vi a mí misma este verano haciendo lo mismo, súper orgullosa de que iba a dormirme pronto y levantarme temprano para pillar la rutina, cuando me di cuenta de que era lo que hacía de pequeña, me quedé a cuadros. Sin duda alguna, lo que hacemos de pequeños, nos influye de mayores.

Os explico una actividad que me pareció genial para prepararse. Me encanta la historia de la mamá que está detrás de la idea y las rutinas que propone son bastante claras. Siempre podéis añadir más rutinas y crear otras tarjetas, pero lo importante es que, antes de empezar a utilizar la tabla, lo habléis con los pequeños. Ellos necesitan entender y saber de qué va el cambio. Ella recomienda sentarte en familia, hablar de por qué es importante hacer cada cosa durante la mañana. También propone un test run (ensayo) para que sepan cómo hacer cada una de las rutinas: enseñarles dónde está el uniforme o la ropa para el cole, o cómo poner pasta de dientes en el cepillo, etc.

Aquí os dejo las tarjetas para que las podáis imprimir y plastificar. La idea que propone la autora es colgarlas en un marco grande con unos ganchos y girarlas cuando se completen las tareas. Están en inglés así que mejor aún, podéis practicar un poquito por la mañana.

Mi último consejo es: despídete de las vacaciones propiamente. Los que me conocéis, sabéis que soy muy anti móvil. Seguramente tenéis mil fotos, recuerdos y momentos en el móvil que molaría mucho imprimir. Podéis crear una especie de diario/álbum de fotos y recuerdos. Esto les ayudará también a recordar los momentos felices, a dejarlos en un sitio y, lo mejor de todo, les dará la oportunidad de volver a ellos siempre que quieran.

Espero que la vuelta al cole sea lo mejor posible, recordad que está en nosotros decidir cómo queremos pasar el día, estar contentos con nuestras decisiones y agradecer lo que tenemos alrededor.

Welcome back everyone!

V = (C+H) x A

Me encantaría enseñarles a mis hijos esto: “Lo más importante es que lo más importante de la vida sea lo más importante”. Esta frase tan genial no es mía, es de Victor Küppers. Supongo que ya lo conocerás. Si no lo conoces, te animo a que lo busques en Google y veas algunos de sus muchos vídeos. Lo recomiendo siempre, porque a mí me cambió la forma de ver la vida y de tomarme las cosas.

Pensando en lo que quería escribir esta semana sobre “Educar en las emociones”, creí que la psicología positiva era un tema muy interesante y, a mi parecer, necesario. En general, pensamos mucho en que nuestros hijos estudien, que el día de mañana vayan a la universidad, que estén bien formados… Por supuesto, estos aspectos son importantes pero, ¿y su actitud ante la vida? ¿Y su manera de afrontar las cosas buenas y las cosas malas? Siguiendo con mi ídolo Küppers, te voy a explicar la fórmula que él utiliza: V = (c+h) x a

V= valor (lo que vale una persona) / c= conocimientos / h= habilidades / a= actitud. Vemos que los conocimientos y habilidades suman valor a una persona. En cambio, la actitud multiplica. Totalmente cierto, ¿verdad? Esto es lo que quiero transmitirle a Bruno y a mis “niños de WonderFUN”, que la actitud, multiplica. Que si vivimos con pasión y entusiasmo, la vida es maravillosa. Y no quiero hacer ninguna demagogia, sino que defiendo firmemente la psicología positiva. Estoy convencida de que si aprendemos desde pequeñitos a ser agradecidos y a valorar lo que tenemos, es mucho más fácil. Cuanto antes interioricemos buenos hábitos como estos, muchísimo mejor. Porque no olvidemos que la alegría se trabaja, no tiene por qué venirnos de forma innata. ¡Enseñémosles! Cuando alguien te pregunte: “¿qué tal estás?” no respondas “Pfff, bueno… ¡tirando!”. ¿Qué transmitirás a tus hijos así? Que la vida es difícil, complicada, que tenemos que luchar… bla bla bla. Sí que habrá momentos no tan buenos, ¡pero disfrutemos a tope los que sí que lo son, que son muchos!

Otro aspecto que se trata muy a fondo en la psicología positiva es que hagamos lo que nos apasione. Es muy famosa la frase de Confucio que dice “Elige un trabajo que te apasione y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”. ¡Me da un subidón leerla! A mí me pasó. Yo soy traductora, intérprete de conferencias, estuve varios años trabajando en ese mundillo tan frenético, de timings súper ajustados, con prisas, tratando con empresarios, siempre con adultos… Hasta que un día decidí que los idiomas me encantaban, pero también (y todavía más) los niños. Cada día me emociona pensar lo afortunada que soy por trabajar en lo que me apasiona, porque estoy viviendo mi sueño y, trabajar así, es algo increíble. Por eso la pasión y la ilusión también son dos valores que quiero transmitirles a mis hijos.

Si ya lees nuestro blog desde hace un tiempo, te habrás dado cuenta de que me gustan bastante las listas, enumerar cosas que me parecen importantes. Esta semana no va a ser menos, por eso te voy a regalar una lista de cosas sencillas que puedes enseñar a tus hijos. Está inspirada en los consejos de Küppers:

  1. Sonríe.
  2. Utiliza las palabras “por favor” y “gracias”.
  3. Dile a los demás cuánto les quieres y dedícales tiempo.
  4. Acepta a los demás tal y como son. No intentes cambiarlos y valora todo lo bueno que tienen, que es mucho.
  5. Saluda con alegría a todas las personas. A todas, conocidas y desconocidas.
  6. Escucha a los demás. Preocúpate por ellos. Pregúntales por sus cosas.
  7. Ayuda a los demás siempre que puedas. Si lo piensas, puedes siempre.
  8. Anima y levanta el ánimo a las personas que lo necesitan.
  9. Ten detalles y sorpresas con los demás.
  10. No te quejes, haz algo para mejorarlo.
  11. Pasea por la naturaleza.
  12. Relativiza los problemas. Sólo cuatro son graves.
  13. Genera paz y armonía a tu alrededor. No quieras tener siempre razón o que se haga lo que tú quieres.
  14. Pide perdón cuando te equivoques.

Catorce puntos muy fáciles pero muy difíciles, ¿verdad? Ojalá todos pudiéramos cumplir la mitad. ¡Ya sería un éxito!

Para terminar, una reflexión de este grandísimo gurú de la psicología positiva que, una vez más, te animo a seguir. La he intentado adaptar y escribir a mi manera, pero me sigue gustando muchísimo más la suya, por eso la copio tal cual. Que la disfrutes:

Vivimos en la sociedad del escaparate, en la que cuenta mas parecer que ser; la sociedad del aparentar, del figurar, del exhibir. Es el reino de lo ficticio, del envoltorio, de Instagram, es una carrera sin tregua que nos intenta arrastrar a todos, nos desgasta, nos desequilibra. La sociedad actual ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muchas dificultades para generar felicidad y alegría interior, que es lo que, en el fondo, todos buscamos. Porque todos queremos encontrar sentido a nuestras vidas; en el fondo de cada uno de nosotros existe el anhelo de vivir una vida de grandeza, de dejar huella, de aportar algo, de tener una vida con sentido. Y eso hay que buscarlo en el silencio, apartándose un poco de la sociedad, que lo es del ruido. En un entorno como el actual, que no vamos a cambiar y que se caracteriza por la rapidez y el estrés, es responsabilidad de cada uno de nosotros reivindicar momentos para la pausa, buscar espacios para la reflexión. Sin silencio nuestras vidas se ven invadidas por lo urgente, por lo superficial, sin tiempo para lo importante. Sin silencio olvidamos lo que es prioritario en nuestras vidas y nos dispersamos en mil cosas intrascendentes. Sin parar a pensar, sin parar a reflexionar, pasamos por la vida pero no la vivimos en profundidad. El tiempo y el esfuerzo que muchas personas invierten en acumular y mantener riquezas externas o materiales, corriendo como pollos sin cabeza, deja muy pocas oportunidades para cultivar la riqueza interior con cualidades como la bondad, la compasión, la amabilidad, la paciencia, la tolerancia, la humildad y la generosidad, que son las cualidades más importantes que podemos tener como padres, parejas, amigos y profesionales.

 

La primavera… ¡la sangre altera!

Después del otoño, la primavera es mi estación favorita. Hoy recordé, porque seguro me lo enseñaron en la escuela hace años,  que el término prima viene de primer y vera de verdor.  Me encanta porque, ahora que voy tranquila por la vida, veo como en Barcelona todos los árboles comienzan a florecer, el parquecito donde comemos cambia de color, los días son más largos, también nos confiamos y salimos con esa chaqueta ligerita que tanto nos queremos poner y entonces nos resfriamos,  las alergias están a la orden del día, nos sentimos más cansados, nos irritamos. Por eso el otoño es mi estación favorita.

El cuerpo, como todo, necesita un proceso de adaptación al cambio y la sabia naturaleza nos proporciona las herramientas para hacer de este proceso algo más llevadero. Leyendo sobre cómo llevar mejor la astenia primaveral encontré consejos como: esperar a ponerte ese modelito primaveral ansioso y salir bien abrigado, hacer ejercicio, aprovechar que los días son más largos pero no olvidarte de tu descanso y el que es para mí el consejo más sabio de todos: la alimentación.

Cestas de fruta de temporada | Más info: Cesta de fruta y ve ...

La naturaleza nos ofrece una serie de frutas y verduras que ayudan al cuerpo a adaptarse y a vivir la primavera como se debe: feliz, con energías y sin resfriados. Perdón, pongo mucho énfasis en el resfriado pero es que llevo todo el invierno sin ponerme enferma y hoy no paro de toser, tengo los ojos llorosos y me siento un poco cansada.

En fin, una de las lessons que más disfruté fue cuando les enseñé a mis niños y niñas lo importante que es consumir productos de temporada y lo mucho que ayudamos al planeta no comprando un melón en enero o cerezas en octubre. Estamos muy acostumbrados a ver de todo en las fruterías durante todos los meses del año, por lo que es muy fácil olvidarnos de que existen alimentos de temporada. Me preocupa que nuestros niños en un futuro no reconozcan ni el término. Pero este es un post de salud y bienestar así que ya os compartiré la lesson en otro momento, es sólo para recordaros que si las frutas y verduras son de temporada es por algo.

Una de las razones por las cuales me gusta tanto la primavera es por sus…fresas, ¡sí, me encantan!  A mordidas, en pasteles, con zumo de naranja, en smoothies, ñam. Las fresas son una fuente de vitamina C, antioxidantes, depurativas, buenísimas para el hígado, antiinflamatorias, diuréticas…vamos, ¡una maravilla! Pero claro, hay que saber elegirlas. Hay que evitar esas cajas que tienen la primera capa maravillosa de fruta sin saber lo que hay debajo, observar su color y textura, olerlas (aunque esto no asegura nada) y, sobre todo, comprarlas en una frutería de barrio que te asegura que sus productos son de proximidad. Mi consejo: comprarlas camino a casa muy maduras, lavarlas y congelarlas. El batido de plátano que me hago cada día durante esta temporada es de color rosa, es más dulce y más fresquito.

Se puede hacer lo mismo con las cerezas sólo que hay que quitarles el hueso antes de congelarlas y esto representa tiempo y trabajo. Las cerezas, otra fruta de temporada, son la mejor opción para depurar el organismo y liberar tu cuerpo de toxinas. Sus propiedades antioxidantes son increíbles ayudando a combatir enfermedades degenerativas, cardiovasculares y a conservar nuestra vista.  Las cerezas son excelentes cuidadoras de nuestra piel y de nuestros huesos. Importante comprarlas muy maduras en la frutería ya que los expertos dicen que es una fruta que no madura bien en casa.

La primavera es la estación en la que se disfruta mejor de los espárragos blancos o trigueros. Importante que, cuando vayamos a comprar, nos fijemos bien de dónde vienen los productos. No queremos alimentos que hayan viajado desde Perú o China para estar en nuestra mesa. Mi abuela siempre decía que el espárrago es el alimento para mantenerse joven, esto debe ser por su alta cantidad de ácido fólico que ayuda a la creación de células nuevas. Yo es que recuerdo a mi abuela siempre joven así que haré caso y comeré espárragos, ¡con lo ricos que están!

Los guisantes, no esos que vienen en bolsas de plástico congeladas, sino los ricos naturales que sólo hay que pelar y saltear con cebolla y jamón, también encuentran su mejor época del año en la primavera. Estas bolitas verdes tan ricas ayudan mucho al sistema circulatorio y cuidan nuestro corazón.

Yo no sabía qué eran los nísperos hasta que llegué a vivir a Barcelona. Vivía en un piso con un jardín y un árbol en medio muy grande y muy bonito que daba nísperos, muchos. En cuestión de semanas aparecían, maduraban y luego había que comérselos enseguida, regalarlos o hacer mermelada. El níspero es una fruta expectorante , sus hojas ayudan mucho cuando estás enfermo de la gripe y cuando tienes tos. Por cierto, hoy no me vendría nada mal un té de níspero.

Los albaricoques marcan el final de la primavera y a mí me recuerdan mucho a cuando iba a Mallorca de pequeña. Tengo familia ahí y recuerdo que, cuando iba de vacaciones, mi abuela me preparaba una tarta de ¿albari…qué? Me costó mucho aprenderme el nombre pero me encantaba y con tan sólo montarme en el avión ya estaba pensando en ella. Buscando información sobre las propiedades de los alimentos que acabo de compartir con vosotros encontré que el albaricoque es la base de la alimentación de la comunidad de Hunza. Me sonaba de algo este nombre y me puse a investigar. Es un pueblo que está al norte de Paquistán y que su dieta es exclusivamente vegetariana y se centra en el consumo del albaricoque. Una de las teorías es que viven más de 100 años gracias a su alimentación y otra, que tienen un sistema de calendarización diferente. Yo os invito a que investiguéis por vuestra cuenta, pero lo que está claro es que el albaricoque está muy bueno (en tarta, mejor) y es rico en minerales, vitaminas y sobre todo en potasio.

Quiero recomendar y agradecer a Botanical Online, una página que me ayudó mucho para escribir este post, me enseñó las propiedades de algunas frutas y verduras y  me sugirió recetas de comida, mascarillas, zumos, etc., que me parecen muy interesantes y que seguro pondré en práctica, ya os contaré.

Así que nada, familia, espero que disfrutéis de la primavera, del sol y el buen tiempo. Vamos a aprovechar que estas frutas y verduras tan buenas para el cuerpo son de esta temporada y a cuidarnos, ¡que nos lo merecemos!

Happy Spring you all!