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We are family!

Hoy dedico este post a la familia. Sobre todo a las cabezas de familia que comparten tiempo e historias con sus hijos, que se preocupan por ayudarles a crecer de la mejor manera posible siempre recordando sus valores familiares.

Estuve pensando qué lesson plan compartir hoy con vosotros y me di cuenta de que el próximo martes 15 de mayo es el Día Internacional de la Familia. Se me ocurrió que una actividad tipo un árbol genealógico era una buena idea. Debo advertiros que estoy un poco sensible con el tema. Quizá sea porque me puse a investigar lo importante que es para todos conocer y conectar con nuestra familia y con nuestros antepasados. A veces, ser residente en un país diferente al que naciste y que tu familia esté lejos, es muy difícil. Con lo que me gustaría coger un avión e ir a verles.

Mientras investigaba sobre el tema recordé la película de Coco, ¿la habéis visto? Si no la habéis visto os la recomiendo mucho. No sólo porque conoceréis más sobre la cultura mexicana, algo que personalmente me hace mucha ilusión, sino también porque la temática me parece increíble. Es una película que te hace consciente de lo importante que es recordar a los familiares que ya no se encuentran con nosotros. Te hace darte cuenta de que, aunque ya no estén, no sólo serán parte de tu genética, si no de tu vida y tus decisiones. Un poco místico pero, a mi manera de pensar muy personal, real.

Hacer un family tree con tus hijos puede llegar a ser tan enriquecedor como tú quieras. Aparte de poner los nombres, edad y ubicación en la familia puedes agregar detalles: dónde viven, cuál es su comida favorita, canciones, anécdotas, costumbres, etc. Y no sólo eso, una vez montado, puedes dedicar un día al mes a tu family tree para hacer algo diferente: cocinar un plato típico de alguno de tus familiares o aprenderte una canción. Yo, si tuviese hijos, en noviembre haría un altar de muertos. Me parece una de las tradiciones más bonitas de México.

Hace tiempo leí un estudio que demuestra que conocer la historia de nuestra familia nos ayuda entender mejor por qué somos cómo somos y nos ayuda a ser más felices. Es importante reconocer que hoy en día hay cada vez más tipos de familia. ¿Qué quiero decir con esto? Que en la época de nuestros abuelos teníamos: abuelos, mamá, papá y hermanos. Hoy tenemos mamá, papá, hermanos, medios hermanos, medias hermanas, pareja de mamá, etc. Me parece muy importante que nuestros hijos conozcan y, muy importante, acepten a su familia sin tabúes ni secretos. Creo que es la manera más fácil en la que se aceptarán a ellos mismos.

¿Y cómo empezar con nuestro family tree? ¿Os acordáis de cuando vuestros padres o abuelos contaban historias y vosotros escuchabais atentos a cada detalle? Pues es el momento de buscar en el archivo de las fotos y aprovechar las nuevas tecnologías para pedirles a nuestros hermanos, tíos y demás familia que estén fuera una foto suya o de su familia. Imprimirlas y… ¡comenzar a contar historias!

Estuve buscando imágenes para daros alguna idea de árboles chulos y encontré ésta que me gustó mucho.

Crédito: Imagui

Los colores y los detalles me encantan y creo que podría quedar muy bien en alguna pared de casa. Podéis comprar un lienzo chulo o una cartulina y después enmarcarla. Es muy importante que las fotos tengan el mismo tamaño. Los colores y tipo de pinturas os lo dejo a vuestra elección. Eso sí, os recomiendo que primero lo hagáis en una hoja de papel y después, antes de pintarlo, lo tracéis con lápiz.

Si tenéis hijos muy pequeñitos es muy probable que no se enteren de mucho. Mi recomendación es que hagáis el family tree igualmente, os lo curréis para que pueda estar en un sitio visible en casa y habléis de él continuamente. Nuestros pequeñitos irán creciendo, se irán enterando de más cosas y, seguramente, se les despertará la curiosidad por saber más. A ellos les ayudará a conocer a nuestra familia y, a nosotros, a no olvidarla.

El Método Rainbow

¿Conoces el Método Rainbow? Yo no lo conocía hasta hace unos días, cuando lo descubrí por casualidad leyendo un artículo. Lo encontré súper interesante y decidí que sería tema del post de hoy

Se trata de un sistema educativo que potencia los primeros años de vida a nivel cerebral (de los cero a los cinco años) a través de siete culturas diferentes con profes nativos especialmente entrenados para enseñar el Método Rainbow. Los niños y niñas aprenden, al mismo tiempo, el idioma y la cultura: español, inglés, ruso, árabe, mandarín, japonés e hindi. Es lo mismo que ir a una guardería en la que juegan a ser de varias culturas y hablan en sus respectivos idiomas. Para ello, el centro ambienta y decora cada aula según la cultura asociada con el profesor nativo correspondiente. De esta forma, los niños se sienten parte de las siete culturas impartidas. ¿No lo encuentras genial? Para mí, lo es. El único aspecto negativo que tiene es que es sumamente elitista y caro (prácticamente impagable para la mayoría), pero el método en sí es una pasada.

Foto: Rainbow Center Miami (Twitter)

El Método Rainbow fue creado en 2006 en New York por el físico y matemático Keith Rainere, que fue reconocido en 1989 por el Libro Guinness de los Récords como una de las personas con el coeficiente intelectual más alto del mundo. Según las propias palabras de Rainere, siguiendo la filosofía de la escuela, la exposición a varias culturas aumenta la capacidad de sentir alegría. Esto se basa en que la arrogancia cultural (xenofobia) es la base de prejuicios que llevan a odios y guerras innecesarias. Al crear una conexión emocional con otras culturas a través de una exposición temprana y desde un prisma de humanidad y compasión, creamos tolerancia internacional y apreciación por las diferencias.

Es decir, que además de ser un método muy interesante a nivel académico y lingüístico, también lo es a nivel emocional y cultural. Las escuelas Rainbow buscan crear experiencias increíbles en los niños estando en un solo lugar (en la guardería), sin tener que viajar a países lejanos para empaparse de su cultura. La filosofía Rainbow tiene en cuenta que la etapa entre los 0 y los 5 años es una etapa crítica y de máxima plasticidad del cerebro, en la que se sientan las bases para un correcto desarrollo emocional, físico e intelectual de cada persona. Como siempre digo, la infancia es sagrada y debemos cuidarla al máximo.

Como os mencioné al principio, tuve la suerte de encontrarme con un artículo que hablaba de este método. Hojeando una de estas revistas de famosos, que a veces son muy divertidas, encontré el artículo que habla de que la mujer de Alejandro Sánz ha abierto su Escuela Rainbow en Miami y sus dos hijos están siendo educados siguiendo este método. Me entró la curiosidad y me puse a investigar. Los vídeos de su hijo de cinco años leyendo en ruso y jugando en árabe impactan. Realmente impactan. Como dice Raquel, cuando está en el aula de ruso, mi hijo piensa en ruso y habla con la profesora en este idioma, no traduce. Claro, es la mejor forma. Qué suerte poder aprender así, ¿no? Si no fuera porque cuesta 120.000$ por curso (casi 100.000€)…

Foto: Blog “Loving Miami” (hola.com)

De momento hay centros Rainbow Cultural Garden en Londres, New York, Miami, México DF, Guadalajara (México) y Monterrey (México). Está previsto que abran uno en Madrid en 2018-2019. Cuando abran, haremos una escapadita a Madrid para ver las instalaciones y cómo funciona el centro. ¡Seguro que es una pasada! Eso sí, sólo al alcance de muy pocos bolsillos.

¿Realmente vale la pena seguir aprendiendo inglés?

La semana pasada estuve hablando con el papá de unas alumnas nuestras cuando las vino a buscar. Me comentó que ese día había tenido una reunión con un cliente extranjero por Skype y que había usado el traductor simultáneo que tiene este programa. :O What?? Después, me dijo que había invertido mucho dinero en que sus hijas aprendieran inglés desde pequeñas contratando a una canguro en inglés, viniendo aquí cada semana desde los tres años, etc. Su pregunta, al final de nuestra conversación, fue: ¿Realmente vale la pena que mis hijas aprendan inglés? Total, cuando sean mayores, seguro que las máquinas traducirán simultáneamente cualquier idioma y ya no necesitarán saberlo…

Cuánto me hizo reflexionar esa conversación de diez minutos. Mucho.

Al día siguiente, lo primero que hice fue investigar acerca del traductor simultáneo de Skype, porque no tenía ni idea de que existía. Efectivamente, Skype Translator es un traductor incorporado a la aplicación que permite traducir las conversaciones a tiempo real. De hecho, Skype Translator traduce desde y hacia el inglés, por supuesto, y a otros nueve idiomas más. El último que se añadió, en abril de este año, fue el japonés. Increíble, ¿no? No es que se prevea  que esto ocurrirá en el año 2030, sino que ya es una realidad hoy, a finales del año 2017.

Estuve un par de horas leyendo artículos sobre diferentes aplicaciones y herramientas que, efectivamente, traducen conversaciones a tiempo real, traducen textos mientras se están escribiendo… Es evidente que la tecnología se está desarrollando a pasos agigantados y que, en pocos años, ha evolucionado de una forma increíble. Sin embargo, creo que también es evidente que aprender un idioma no sólo es ser capaz de traducir una conversación, sino también poder comunicarnos cuando vamos a otro país, conocer nuevas culturas y enriquecernos de ellas. Aprender un idioma extranjero te aporta mucho más que simplemente la capacidad de comunicarte, es una puerta a conocer otras culturas y otras formas de ver el mundo.

Por otro lado, me intenté imaginar cómo sería el futuro cercano, dentro de cinco o diez años. ¿Es el progreso de la inteligencia artificial el fin de la inteligencia humana? No lo creo. Aunque las máquinas, ordenadores o robots cada vez sabrán hacer más cosas y seguramente mejor que los humanos, ¿no querremos estudiar ni aprender nada porque ellos lo harán todo mejor que nosotros?, ¿nos volveremos tontos y pasivos? No lo creo y, sinceramente, espero que no sea así. Por muchos avances tecnológicos que haya en los próximos años, la inteligencia humana no se va a frenar. Porque las personas somos seres emocionales, creativos, con sentimientos, capaces de decidir. En cambio, la inteligencia artificial, aunque esté cada vez más cerca de parecerse a la humana, se ha creado basándose en ésta y sus funciones han sido creadas precisamente por un programador.

Dejando a un lado el futuro y lo que pueda ocurrir, ahora hablaré de las traducciones automáticas versus las traducciones humanas. Por mi formación profesional (durante varios años fui intérprete simultánea de conferencias de inglés, francés e italiano), me cuesta imaginarme que un ordenador o un robot podrá hablar igual de fluidamente o traducir simultáneamente igual de bien que un humano. Los giros de significado, las bromas, las connotaciones de cada idioma son muy difíciles de traducir automáticamente por una máquina. Siguiendo en esta línea, me ha venido a la cabeza una frase mítica que nos repetían mucho en la carrera de Traducción: non verbum de verbo, sed sensum exprimere de sensu. Es de Cicerón, uno de los más grandes poetas romanos. La frase dice que una traducción no debe expresar la palabra correspondiente a cada palabra, sino el sentido correspondiente a cada sentido. El sentido es lo más difícil de traducir y, por tanto, más difícil que lo haga una máquina. Evidentemente, no voy a negar que cada vez lo hacen mejor, pero creo firmemente que todavía no lo hacen igual que un ser humano. Además, por muy útiles que sean los traductores virtuales, si hay algo de lo que carecen, es de sentimientos. Por eso, aunque sean un complemento súper útil, nunca podrán reemplazar el tú a tú de una conversación real entre seres humanos.

Volviendo a la conversación que tuve la semana pasada con el papá, sigo convencida de que, por muchos avances tecnológicos que haya respecto a los idiomas y a los traductores automáticos, para participar en el mundo globalizado de este siglo en el que estamos viviendo, es necesario hablar inglés o, como mínimo (muy muy mínimo), entenderlo y defenderse para salir del paso en una conversación básica. Desde las famosísimas series de Netflix, hasta los memes de Internet o muchas aplicaciones para los móviles, todo es en inglés. El predominio lingüístico de este idioma es más que evidente.

Para terminar, me gustaría destacar también que hay algo inherentemente atractivo en el aprendizaje de un idioma nuevo, ya sea el inglés o cualquier otro. La sensación de poder comunicarte sin problemas en otros idiomas que no son el tuyo, para mí es indescriptible. El subidón cuando te das cuenta de que puedes viajar sin ninguna barrera porque eres capaz de hablar y entender perfectamente también es indescriptible. Como veis, se nota que soy traductora e intérprete de formación, pero es que realmente pienso que no puede haber nada negativo ni inútil en el hecho de aprender un idioma nuevo (o dos, o tres, o cuatro, o cinco).

¿Con todo esto quiero decir? Pues que está claro que la tecnología está aquí para quedarse y para ayudarnos en nuestro día a día. Por supuesto, no la dejaría nunca de lado. Sin embargo, las personas tenemos que seguir aprendiendo, seguir formándonos en lo que nos guste y seguir sabiendo hacer cosas por nosotros mismos. Eso sí, usando la tecnología para crecer, evolucionar y comunicarnos en este mundo tan global en el que nos ha tocado vivir.