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Mi paso por la neurociencia

Todos los que me conocéis sabéis lo mucho que apuesto por el aprendizaje a través del juego. De hecho, personalmente ha sido una de las cosas más bonitas que he aprendido a lo largo de mi carrera como profesora. Empíricamente me he dado cuenta de que, si los niños son felices, aprenden más y mejor. Pues hoy voy a intentar explicároslo de manera científica. A ver qué tal.

La semana pasada publicamos un vídeo en nuestro Facebook en el que David Bueno, doctor en biología y profesor de genética en la Universidad de Barcelona, nos explica el proceso de aprendizaje desde el punto de vista de la neurociencia. Es un vídeo que dura más de una hora y varias mamás nos han dicho que habían comenzado a verlo pero que duraba mucho tiempo y les resultaba muy difícil terminarlo. Como me encantó y descubrí cómo aprenden mis niños desde el punto de científico, he decidido contaros lo que me ha parecido más interesante.

El vídeo comienza explicando lo importante que es aprender música, artes plásticas y educación física. Este tema me tomaría un post entero así que, para poneros un ejemplo, me voy a enfocar en lo imprescindible que es la educación física en el proceso de aprendizaje. El ejercicio exige coordinación de movimientos y nos enseña que existen secuencias. Por ejemplo, ¿qué proceso nos lleva encestar una canasta? Primero hay que coger la pelota, mirar a la canasta y después lanzarla. Si hacemos los movimientos al revés, sería completamente imposible encestar. Este proceso tan sencillo establece conexiones en nuestro cerebro y se queda almacenado como aprendizaje de secuencias. Respetar la secuencia de las cosas es crucial para resolver sumas y restas o para seguir un proceso de laboratorio químico. El rendimiento en el aula siempre es mejor si entendemos que todo tiene un orden.

Y, científicamente, ¿cómo aprendemos? A ver si logro explicarme bien porque soy más de letras que de ciencias.

Cualquier cosa que nosotros aprendemos, el cerebro la guarda como un patrón de conexiones. Nuestro cerebro está formado por 85 mil millones de neuronas, pero lo importante son las conexiones que hacen entre ellas. Cuantas más conexiones haya, mejor. Éstas se logran si el aprendizaje involucra varias partes del cerebro. Es decir, si toca las emociones, si contextualiza, si el aprendizaje es transversal. Si aprendemos química a través de un experimento que implique tocar, sentir, oler, escuchar, observar y sorprenderse con el resultado, lograremos un aprendizaje  mucho mayor y más completo que si lo hacemos a través de una tabla de fórmulas químicas, un cuaderno y veinticinco niños sentados a nuestro alrededor.  El cerebro funciona como un todo integrado.

Aprender es fácil y la forma instintiva que tenemos de aprender como especie humana es a través del juego. De hecho, es como aprendemos de pequeños. El juego es ensayo, error y perfeccionamiento. Es aprender a interactuar con el entorno y con las demás personas. El juego te da la posibilidad de equivocarte sin que pase nada. El juego debería ser considerado una herramienta educativa obligatoria. Esto no significa estar divertido, significa estar motivado. Está comprobado que sin motivación no hay aprendizaje y ¿a quién no le motiva jugar?

Vamos ahora a la parte genética. Ser inteligente, de acuerdo al científico, viene de serie y también se puede entrenar. Está claro que nosotros llegamos a este mundo con una genética heredada y establecida que nos hace ser diferentes y tener distintas capacidades mentales.

Para explicarlo mejor, el profesor reparte hojas de papel a todos los asistentes de la conferencia y les pide que sigan sus instrucciones para construir un avión de papel. Cuando termina, los asistentes muestran sus aviones y todos son diferentes y raros. Incluso se ríe un poco y comenta que más de uno no volará. ¿Por qué? Porque todos tenían un trozo de papel de diferente tamaño y forma. Si sigues las mismas instrucciones para un papel diferente, el resultado puede ser desastroso. Lo mismo pasa con la educación. Tengo que deciros que me encantó el ejemplo. En él se explica de una manera tan sencilla que, si a todo el mundo lo educamos de la misma manera, habrá algunos que respondan bien y otros que no. Si la persona que tenía el trozo de papel más deforme, lo hubiese doblado de diferente manera, le hubiese salido un avión más pequeño pero con capacidad de volar.

Sí, hay personas que nacen con diferentes capacidades, pero si los educamos de la manera correcta, contextualizando la información e involucrando emociones positivas, lograremos el mejor resultado posible de cada cerebro.

Y ahora hablemos de emociones. ¿Qué son las emociones para nuestro cerebro? Son patrones de conducta que se generan sin que seamos conscientes de ello y, hasta que no se manifiestan, no podemos ser conscientes de dichas emociones. Por ejemplo, cuando vamos caminando por la calle y olemos algo que no nos gusta nada, en ningún caso nos detenemos a pensar: Qué mal huele, ahora voy a sentir asco. No. Automáticamente es: ¡Uy! qué asco, qué mal huele. Las emociones son patrones de reacción rápida. Es aquello que nos permite reaccionar sin pensar ante una situación que puede ser una amenaza o una oportunidad.

David Bueno asegura que, sin emoción, el cerebro no recuerda nada, simplemente porque no le importa. El cerebro almacena únicamente aquel aprendizaje que lleve emoción. Todo esto está muy bien, mientras la emoción sea positiva. Si los niños aprenden con miedo, asociarán el aprendizaje con una emoción negativa y serán personas que no querrán aprender cosas nuevas en el futuro. Serán adultos que no tendrán ningún interés en ser transformadores de su entorno.

En la conferencia, el profesor habla de dos emociones imprescindibles para generar personas que quieran cambiar el mundo: la alegría y la sorpresa. Por una parte, el aprendizaje a través de la alegría es un aprendizaje con confianza. Si sentimos alegría, querremos manifestarla y compartirla con los demás. Por otro lado, la sorpresa activa en nuestro cerebro una zona que se llama tálamo. Si queréis saber en dónde está y la explicación más específica os recomiendo visitar este enlace. Bueno, el tálamo es una glándula que se encarga de la atención. Es por esto que la sorpresa incrementa la atención de los niños. Sin atención, no hay aprendizaje. El tálamo no sólo se encarga de la atención si no también de la motivación.

La motivación se manifiesta como un aporte extra de energía, en forma de glucosa y oxígeno, para nuestro cerebro. Una persona motivada puede trabajar durante horas y horas sin cansarse. La motivación nos genera placer y esto hace que, todo lo que aprendamos, el cerebro lo valore como algo positivo.

Espero no haberos mareado con tanto término. No olvidéis que mi objetivo principal es justificar el aprendizaje a través del juego y las emociones desde un punto de vista científico. Si sabemos cómo funciona nuestro cerebro, seremos capaces de entenderlo y trabajar por una mejor educación. Hasta aquí llegó mi explicación. Si sois padres o profesores de niños adolescentes, os recomiendo que sigáis el vídeo a partir del minuto 38. Es donde yo me quedé.

Así nacen y… ¿no cambian?

Bruno es físicamente igual que mi marido, lo vimos desde que nació. De carácter… eso ya es otra cosa. Creo que es más mezcla de los dos. Mi padre dice que su forma de ser le recuerda mucho a mí de pequeña. Claro, yo hay cosas de las que no me acuerdo, pero por los vídeos que he visto de esa época, sí que algo mío tiene, como que habla por los codos y es muy extrovertido. Mi madre, en cambio, dice que tiene rasgos de mi hermana, como la personalidad tan marcada o el ir en contra de las normas. Y mi suegra, por su lado, dice que es pillo y gamberrete como mis cuñados cuando eran niños.

Es mandón a su muy simpática manera de ser, absorbente, listo y le encanta que estemos siempre por él. Por ejemplo, muchas veces, cuando estoy hablando con alguien, suelta el clásico Hola, mami! Una cosa… Yo le respondo: ¿qué? y él: mmm…. No sé. Como madre primeriza, me parece increíble que, quedándole dos meses y pico para cumplir los dos años, ya tenga una personalidad tan marcada.

Realmente cada día es una sorpresa y, hasta que no eres madre, no eres consciente de la maravilla que es ver crecer, evolucionar y aprender a tu hijo.

El otro día justo lo hablaba con mi marido y con mi suegra. La personalidad, ¿nace o se hace? Muchas veces he leído que la forma de ser de una persona se forja en sus primeros tres años de vida. ¡Qué fuerte! Antes de ser madre, no me lo acababa de creer, pero ahora corroboro que es así.

Éste es uno de los temas que siempre se ha discutido en el mundo de la psicología. ¿Somos lo que somos desde el momento en el que somos concebidos o también influye la forma y el ambiente en que se nos eduque? Algunos filósofos clásicos, como Platón y Descartes, aseguraban que ciertos aspectos de nuestra personalidad ya existen cuando nacemos y que, independientemente del ambiente en el que crezcamos, desarrollaremos nuestro carácter según la genética que tengamos. Unos siglos más tarde, Locke hablaba de la tabula rasa, que afirma que los seres humanos nacemos con la mente en blanco y que nuestra personalidad se desarrolla a partir de las experiencias que vivamos durante la infancia y la adolescencia. Ni tanto, ni tan calvo.

Volviendo a mi experiencia como mamá de Bruno, he observado (y sigo observando cada día) que tiene rasgos del carácter muy míos o de mi marido (es decir, rasgos heredados), como ser mandón o perseverante, por ejemplo. Y también tiene rasgos que se le han ido definiendo por nuestra forma de tratarle y por el ambiente en el que vive. Voy a daros algunos ejemplos.

¿Por qué es así de sociable y simpático con todo el mundo? Pues porque va a la guardería desde los siete meses, porque está acostumbrado a estar con gente diferente y porque sabe que cada día no le va a buscar su papá o su mamá a la guardería, sino también su abuelo, su abuela, etc.

¿Por qué le gusta que estemos siempre por él y no es demasiado independiente? Pues porque es hijo único, primer nieto por un lado y tercero por el otro, y casi siempre es el centro de atención (en el buen sentido, ¿eh?). Es evidente que recibirá un trato muy diferente al del hijo de mi prima, que es del mismo mes que Bruno y tiene un hermanito con el que se lleva trece meses exactos. El mayor no recuerda haber estado nunca “de hijo único” con sus padres, porque desde que tiene uso de razón siempre ha compartido protagonismo con su hermano. Ningún caso es mejor ni peor que otro, cuidado. Simplemente son situaciones muy diferentes que me sirven para ilustrar la teoría de que el ambiente, la familia y el contexto en el que crezcamos influirán mucho en nuestra personalidad.

Ahí va el último ejemplo. El otro día me di cuenta de que Bruno ya empieza a intentar expresar sus sentimientos. Cuando se le va la mano y pega a algún niño, le digo que mami está triste porque no le gusta que pegues. Cuando oye esto, entonces le da un besito al niño y me viene corriendo a decir ¿mami contenta? Y le respondo Sí, ahora mami está muy contenta porque Bruno ha pedido perdón al niño y le ha dado un besito. Y entonces, le cambia la cara. Sonríe y se queda súper tranquilo y feliz. Qué pasada. A ver, es pequeño y claro, no sabe expresar muchos sentimientos, pero por lo menos la diferencia entre contento y triste ya la entiende perfectamente.

Con esto quiero decir que, por supuesto, otro aspecto determinante en la que será su personalidad es la forma en la que lo eduquemos emocionalmente. Y en esta educación emocional no sólo intervenimos su papá y su mamá, sino también sus profesoras, abuelos o tíos, por ejemplo. De nosotros depende, en gran parte, que en un futuro sepa identificar sus emociones y  expresar cómo se siente. Básico.

Así pues, estoy de acuerdo con la mayoría de corrientes psicológicas de la actualidad, que afirman que la personalidad nace y se hace. Un bebé nacerá con los ojos marrones y la simpatía de su padre y con el pelo liso y el perfeccionismo de su madre, pero también se irá haciendo más o menos sociable, más o menos independiente y más o menos tozudo dependiendo de la educación que reciba de su familia, su escuela y su entorno.

 

Queda inaugurada la temporada de pelis

Hace unos días cayó en mis manos un libro cuya historia tenía olvidada. Un libro de Michael Ende en el que se inspiraron para realizar una de las películas que más vi cuando era niña. Una película que mezcla fantasía y realidad y que me encanta: La historia interminable. ¿La habéis visto? Yo sí, cientos de veces. Era la típica película que ponían en la tele un domingo por la mañana y, como en ese entonces la programación televisiva no era muy amplia, la vi muchos domingos durante muchos años. Conforme iba creciendo, entendía cada vez más cosas, lo que la transformó no sólo en una de las pelis que más vi sino en una de mis favoritas.

Estuve recordando lo mucho que me gustaba la peli y pensé, como típica abuela, que ya no hacían películas como las de antes. Es verdad, ya no las hacen. Aquellos que la habéis visto recordaréis el miedo que sentíamos de que Bastian no pudiese salvar a la Emperatriz. Nunca olvidaré a Falcor, el perro volador y su mejor amigo, al muñeco comepiedras, a la vieja y sabia tortuga que hablaba lentísimo y la tristeza que sentí cuando Atreyu perdió su caballo. Es una historia cargada de valores y simbolismos a través de personajes mágicos y muy divertidos.

El otro día, mientras comíamos en el parque, no sé por qué, salió a la conversación la emperatriz Sissi y yo pensé en la emperatriz de La historia interminable (los que habéis visto la peli sabréis que es un personaje muy importante). Se lo comenté a María y se me quedó mirando con cara de no saber de qué estaba hablando. Me quedé muy sorprendida de que no hubiese visto la peli o leído el libro. Le dije que tenía que verla con Bruno cuando fuera un pelín más mayor. Gracias a su personaje principal, aprendí lo increíble que es leer un libro, meterte en su historia, imaginar lugares, situaciones y personajes y no querer dejar de leer ni para comer. Me gustaría mucho que a Bruno le pasara lo mismo.

Pensando y recordando lo mucho que me gustaba de niña ver esta película, recordé un estudio que leí hace un tiempo que explica por qué a los niños les encanta ver una misma película una, y otra, y otra y otra vez. También pensé que, si hoy en día ya no hacen películas como antes, quizá nuestros niños y niñas están expuestos a contenidos cuyo argumento no tiene tanto valor.

Según este estudio, a los niños les encanta ver la misma película muchas veces porque, cuantas más veces la ven, más la entienden. Para ellos, por muy sencilla que sea la trama, es muy complicado seguir el argumento cuando ven por primera vez una película. Esto también pasa con los cuentos y los libros. La repetición no les aburre, al contrario, les ayuda a desarrollar habilidades  y mejora su nivel de comprensión. Además, la repetición les permite anticipar el futuro, saber qué pasará a continuación y dominar una historia. Esto les hace sentir especialmente seguros.

Todas las personas adultas que conozco tienen una peli que han visto cientos de veces. Yo tengo muchas, pero la que más vi de pequeña fue Peter Pan. Si los niños siguen viendo las películas una y otra vez, es muy importante que cuidemos mucho los valores que estas pelis representan y lo hablemos con ellos. Igual pasa con los dibujos animados en la tele, la música que escuchan y los libros que leen. Estoy segura de que, gracias a una película como La historia interminable, me aficioné a la lectura y que Peter Pan me dio la facilidad de comportarme como una niña más cuando estoy con mis alumnos, entre otras cosas.

Es por todo esto que hoy os propongo que no os olvidéis de las pelis e historias que hacían en los viejos tiempos y las veáis con vuestros hijos.  Encontré esta web que propone treinta clásicos familiares que no está nada mal. Hay algunos que yo no vería con los míos, pero todo es cuestión de gustos. Así que vamos a disfrutar que ya llegó el frío viendo una película en familia con mantita y palomitas. Es uno de mis planes favoritos.

Cómo volver a la rutina sin morir en el intento

Es hora de volver a la rutina. ¡Por fin! Es lo que muchos padres nos han comentado estas últimas dos semanas. Hoy nosotras volvemos a escribir pero lo cierto es que llevamos dos semanas de casal lleno de niños y de historias. Historias que a mí, personalmente, me llegan al corazón. Ya, ya sé que soy muy sensible pero es que, ver cómo algunos niños se quedan realmente devastados al despedirse de sus padres un lunes por la mañana después de estar todo el verano con ellos, me rompe el corazón. Somos, muchas veces sin darnos cuenta, partícipes de los primeros pequeños tropezones de un niño. Para ellos, el mundo se cae encima y nosotras somos responsables de apoyarles y guiarles en un camino hacia la “independencia”, entre otras cosas.

Luego, están los niños que no pueden esperar a bajarse de la bici y entrar sin siquiera decir bye bye. La cara de los padres, en este caso, también podría romperme el corazón.

Lo que es cierto es que la vuelta al cole y a la rutina es difícil. Si ya lo es para los que no tienen hijos, no me quiero imaginar lo que es para vosotros, nuestras familias.

Así que nuestro primer post de la temporada va de esto, cómo volver a la rutina sin morir en el intento y cómo hacer que este cambio sea lo menos drástico para nuestros peques.

Los primeros cambios que experimentan nuestros peques pueden llegar a ser difíciles. Creo que la manera en la que nosotros les guiemos es fundamental para su capacidad de reacción en un futuro.

Lo primero que muchos psicólogos y expertos en el tema recomiendan es: reconocer los sentimientos por los que estás pasando. Por ejemplo, una de nuestras peques, al principio del casal, lloraba sin parar y seguramente no entendía por qué de repente tenía que estar en un sitio desconocido, con gente desconocida y escuchando un idioma que no es el suyo… ¡vaya drama!

Una de las cosas que más amo de mi trabajo es que estoy en constante aprendizaje, los niños me enseñan mil y un cosas. Ese lunes, cogí a la pequeña y la llevé al jardín (generalmente esto siempre funciona, porque les encanta el regar el huerto y las plantas) pero no funcionó. La nena lloraba con un sentimiento que no era de berrinche, sino de tristeza.  Entonces me senté y hablé con ella, estuvimos de acuerdo en que estaba triste, que quería un abrazo, que era normal que llorase, que era todo diferente pero que aquí estábamos para ella. Le enseñé todo lo que íbamos a hacer, le presenté a su profesora, hablamos de las cosas que nos gustaban y poco a poco se fue soltando. Cuanta más información iba teniendo, mejor se iba adaptando.

Con esto quiero decir, mezclando un poco mi pequeña historia personal con los consejos de los profesionales es que es muy importante identificar, reconocer y aceptar lo que sentimos ante cualquier cambio (va para los adultos también) pero sobre todo con los niños. A veces es bueno cambiar el “cómo estás” a “cómo te sientes”.

El siguiente consejo se reduce a una sola palabra: prepárate. Si tu familia está preparada, estará tranquila y todo será más fácil.

Si eres una mamá o papá que está a punto de dejar a sus niños por primera vez en la escuela, te recomiendo que este fin de semana hagáis una excursión divertida al cole. Si vais caminando podéis investigar diferentes rutas, ver qué hay por el camino, pintar con tizas pistas secretas para llegar, crear historias y recuerdos divertidos.

Los hábitos de sueño y comida, se han de recuperar y ha de ser poco a poco. Recordad que los cambios, mejor si se hacen graduales. Unos días antes de que comenzáramos la escuela, mi padre nos hacía irnos a dormir muy temprano para poder despertarnos pronto, desayunar y… luego nada (porque no había cole). Yo no entendía nada. Cuando me vi a mí misma este verano haciendo lo mismo, súper orgullosa de que iba a dormirme pronto y levantarme temprano para pillar la rutina, cuando me di cuenta de que era lo que hacía de pequeña, me quedé a cuadros. Sin duda alguna, lo que hacemos de pequeños, nos influye de mayores.

Os explico una actividad que me pareció genial para prepararse. Me encanta la historia de la mamá que está detrás de la idea y las rutinas que propone son bastante claras. Siempre podéis añadir más rutinas y crear otras tarjetas, pero lo importante es que, antes de empezar a utilizar la tabla, lo habléis con los pequeños. Ellos necesitan entender y saber de qué va el cambio. Ella recomienda sentarte en familia, hablar de por qué es importante hacer cada cosa durante la mañana. También propone un test run (ensayo) para que sepan cómo hacer cada una de las rutinas: enseñarles dónde está el uniforme o la ropa para el cole, o cómo poner pasta de dientes en el cepillo, etc.

Aquí os dejo las tarjetas para que las podáis imprimir y plastificar. La idea que propone la autora es colgarlas en un marco grande con unos ganchos y girarlas cuando se completen las tareas. Están en inglés así que mejor aún, podéis practicar un poquito por la mañana.

Mi último consejo es: despídete de las vacaciones propiamente. Los que me conocéis, sabéis que soy muy anti móvil. Seguramente tenéis mil fotos, recuerdos y momentos en el móvil que molaría mucho imprimir. Podéis crear una especie de diario/álbum de fotos y recuerdos. Esto les ayudará también a recordar los momentos felices, a dejarlos en un sitio y, lo mejor de todo, les dará la oportunidad de volver a ellos siempre que quieran.

Espero que la vuelta al cole sea lo mejor posible, recordad que está en nosotros decidir cómo queremos pasar el día, estar contentos con nuestras decisiones y agradecer lo que tenemos alrededor.

Welcome back everyone!

El frasco de la vida en versión infantil

Hace unos días me topé con un vídeo cuyo mensaje es recordarte las cosas importantes de la vida. Creo que, esta vida tan acelerada que llevamos (o por lo menos a veces, yo), nos lleva a olvidar lo que es realmente importante. Los días pasan rápidamente y, conforme vamos creciendo, más.

Trabajar con niños conlleva una enorme responsabilidad. Cada palabra, información, tono y reacción son determinantes para la formación de nuestros pequeños. Cuando vi este vídeo pensé que esta idea se podía transformar en una actividad dedicada a mis niños, me puse a trabajar en ello y hoy he decidido compartirla con vosotros. Primero, os muestro el mensaje inspiracional y, después, mi idea bombero.

Hace mucho tiempo un anciano profesor reunió a todos los alumnos de su clase y sin decir palabra, tomó un frasco vacío y grande de boca ancha, y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Luego le preguntó a sus estudiantes si el frasco estaba lleno.
Los estudiantes respondieron que sí.
Así que el profesor tomó una caja llena de canicas y la vació dentro del frasco. Las canicas llenaron los espacios vacíos entre las pelotas de golf y el profesor volvió a preguntarle a sus alumnos si el frasco estaba lleno y ellos volvieron a decir que sí.
Luego el profesor tomó una caja con arena y la vació dentro del frasco. Por supuesto, la arena llenó los espacios vacíos y el profesor preguntó nuevamente si el frasco estaba lleno.
En esta ocasión los estudiantes respondieron con un ¡¡ sí!! , rotundo.
El profesor enseguida agregó 2 tazas de café al contenido del frasco y efectivamente llenó todos los espacios vacíos entre la arena.
Los estudiantes no lo podían creer. Cuando la risa se apagaba, el profesor dijo:
– “Quiero que se den cuenta que este frasco representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes, como la familia, los hijos, la salud, los amigos… las cosas que te apasionan. Son cosas que aun si todo lo demás lo perdiéramos y sólo éstas quedaran, nuestras vidas aún estarían llenas.
Las canicas son las otras cosas que importan, como el trabajo, la casa, el coche, etc.
La arena es todo lo demás, las pequeñas cosas.
Si ponemos la arena en el frasco primero, no habrá espacio para las canicas ni para las pelotas de golf. Lo mismo ocurre con la vida. Si gastamos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, nunca tendremos lugar para las cosas realmente importantes.”
Uno de los estudiantes levantó la mano y preguntó qué representaba el café. El profesor sonrió y dijo:
“Sólo es para demostrarles que no importa lo ocupada que tu vida pueda parecer, siempre hay lugar para un par de tazas de café con un amigo.”

Interesante, ¿no? Estuve un tiempo considerable haciendo una lista de las cosas más importantes, primero para mí y después para los niños. Realmente fue un ejercicio ponerme a pensar y priorizar. Los adultos tenemos nuestras prioridades, algunas veces más claras que otras pero este post está dedicado a los pequeños, así que aquí vamos.

Para hacerlo más divertido, decidí cambiar las pelotas de golf por pelotas de ping pong. ¿Por qué? Aparte de que personalmente pienso que el ping pong es más divertido que el golf, son más fáciles de pintar. Muchos conocéis mi poca habilidad para dibujar, pero como tenía muchas ganas de hacer esta actividad hoy seré muy valiente y os mostraré mis dibujos.

Para mí el amor y el cariño son fundamentales. Creo que es básico enseñarles a nuestros niños lo importante que es querer y cuidar a la familia, a los amigos, y a nosotros mismos. Con esto, tendríamos cubiertas nuestras pelotitas de ping pong. Comencemos por la familia: nuestros padres, abuelos, tíos y primos, nuestra mascota, etc. Según lo grande que decidáis sea el frasco, las pelotas que dediquemos a esto.

La salud representa un amor y un cariño hacia nosotros mismos, esto podríamos representarlo a través de buenos hábitos como lo son: comer bien, hacer ejercicio, dormir suficiente, reírnos mucho, meditar y relajarnos.

Las personas que decidimos nos acompañen en el camino, también son muy importantes. Esas personas que van a nuestra clase, que se sientan a nuestro lado en el comedor, que juegan con nosotros en el patio, que comparten las mismas inquietudes, que tienen las mismas preguntas y sobre todo que crecen al mismo tiempo que nosotros. Esas personas que llamamos amigos y están ahí para apoyarnos en todo momento. Me pongo muy sensible con este tema porque al estar fuera de mi país y lejos de mi familia, los amigos para mí son fundamentales. Son esas personas que me han ayudado y guiado por el camino y que considero importantísimo cuidar y querer.

En el texto del mensaje no aparece nada sobre cuidar el mundo en el que vivimos, pero ya nos conocemos y saben que mi vena ecologista salta en todo momento. Me parece imprescindible inculcarles a nuestros pequeños el amor por el mundo en el que vivimos, así que yo dibujaría esto en una gran pelota de ping pong.

Ahora bien, continuemos con las canicas. Encontré en nuestro almacén unas bolitas de porexpan más pequeñas que las pelotas de ping pong y me parecieron geniales para reemplazar las canicas. De acuerdo al mensaje, las canicas son las “otras” cosas que importan. Cuidar de nuestra casa y de nuestras cosas es muy importante, ir contentos a la escuela y aprender mucho, decidir junto a nuestros padres las actividades después del cole que más nos gustan y disfrutarlas.  Me parece que aquí es fundamental que nos sentemos con ellos y les preguntemos qué cosas les gustan, qué es lo que creen ellos es importante y ayudarlos a priorizar según los valores que queramos inculcarles.

La parte de la arena puede ser muy divertida. Si tenemos sal y colorante en casa, podríamos hacer sal de colores. La arena representa las pequeñas cosas como los juguetes, la ropa y otras cosas materiales que son importantes pero no imprescindibles para ser feliz. No es necesario tener las bambas más molonas o el juego más tecnológico.

Continuamente me encuentro con lecciones como éstas que me ayudan a recordar lo que es fundamental para ser feliz y a poner las cosas en su lugar. Creo firmemente que,  si adaptamos estas lecciones con mensajes que nuestros pequeños puedan entender, que estén relacionados con sus intereses según la edad que tengan y según lo que les guste, seguramente de mayores no necesiten continuos recordatorios de lo que es más importante. A mí me hubiese encantado tener una profe que me enseñara estas cosas. Ya os contaré qué tal me va cuando haga la actividad con mis alumnos.

Pues con esta entrada nos despedimos del blog por unas semanas. Este viernes es el último día de casal de verano y todo el equipo nos vamos de vacaciones (muy merecidas, creo yo). Muchas gracias por este increíble año escolar, hemos aprendido muchísimas cosas y, gracias a vosotros, hemos crecido mucho más. Nos vemos en septiembre, ¡feliz verano a todos!

 

V = (C+H) x A

Me encantaría enseñarles a mis hijos esto: “Lo más importante es que lo más importante de la vida sea lo más importante”. Esta frase tan genial no es mía, es de Victor Küppers. Supongo que ya lo conocerás. Si no lo conoces, te animo a que lo busques en Google y veas algunos de sus muchos vídeos. Lo recomiendo siempre, porque a mí me cambió la forma de ver la vida y de tomarme las cosas.

Pensando en lo que quería escribir esta semana sobre “Educar en las emociones”, creí que la psicología positiva era un tema muy interesante y, a mi parecer, necesario. En general, pensamos mucho en que nuestros hijos estudien, que el día de mañana vayan a la universidad, que estén bien formados… Por supuesto, estos aspectos son importantes pero, ¿y su actitud ante la vida? ¿Y su manera de afrontar las cosas buenas y las cosas malas? Siguiendo con mi ídolo Küppers, te voy a explicar la fórmula que él utiliza: V = (c+h) x a

V= valor (lo que vale una persona) / c= conocimientos / h= habilidades / a= actitud. Vemos que los conocimientos y habilidades suman valor a una persona. En cambio, la actitud multiplica. Totalmente cierto, ¿verdad? Esto es lo que quiero transmitirle a Bruno y a mis “niños de WonderFUN”, que la actitud, multiplica. Que si vivimos con pasión y entusiasmo, la vida es maravillosa. Y no quiero hacer ninguna demagogia, sino que defiendo firmemente la psicología positiva. Estoy convencida de que si aprendemos desde pequeñitos a ser agradecidos y a valorar lo que tenemos, es mucho más fácil. Cuanto antes interioricemos buenos hábitos como estos, muchísimo mejor. Porque no olvidemos que la alegría se trabaja, no tiene por qué venirnos de forma innata. ¡Enseñémosles! Cuando alguien te pregunte: “¿qué tal estás?” no respondas “Pfff, bueno… ¡tirando!”. ¿Qué transmitirás a tus hijos así? Que la vida es difícil, complicada, que tenemos que luchar… bla bla bla. Sí que habrá momentos no tan buenos, ¡pero disfrutemos a tope los que sí que lo son, que son muchos!

Otro aspecto que se trata muy a fondo en la psicología positiva es que hagamos lo que nos apasione. Es muy famosa la frase de Confucio que dice “Elige un trabajo que te apasione y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”. ¡Me da un subidón leerla! A mí me pasó. Yo soy traductora, intérprete de conferencias, estuve varios años trabajando en ese mundillo tan frenético, de timings súper ajustados, con prisas, tratando con empresarios, siempre con adultos… Hasta que un día decidí que los idiomas me encantaban, pero también (y todavía más) los niños. Cada día me emociona pensar lo afortunada que soy por trabajar en lo que me apasiona, porque estoy viviendo mi sueño y, trabajar así, es algo increíble. Por eso la pasión y la ilusión también son dos valores que quiero transmitirles a mis hijos.

Si ya lees nuestro blog desde hace un tiempo, te habrás dado cuenta de que me gustan bastante las listas, enumerar cosas que me parecen importantes. Esta semana no va a ser menos, por eso te voy a regalar una lista de cosas sencillas que puedes enseñar a tus hijos. Está inspirada en los consejos de Küppers:

  1. Sonríe.
  2. Utiliza las palabras “por favor” y “gracias”.
  3. Dile a los demás cuánto les quieres y dedícales tiempo.
  4. Acepta a los demás tal y como son. No intentes cambiarlos y valora todo lo bueno que tienen, que es mucho.
  5. Saluda con alegría a todas las personas. A todas, conocidas y desconocidas.
  6. Escucha a los demás. Preocúpate por ellos. Pregúntales por sus cosas.
  7. Ayuda a los demás siempre que puedas. Si lo piensas, puedes siempre.
  8. Anima y levanta el ánimo a las personas que lo necesitan.
  9. Ten detalles y sorpresas con los demás.
  10. No te quejes, haz algo para mejorarlo.
  11. Pasea por la naturaleza.
  12. Relativiza los problemas. Sólo cuatro son graves.
  13. Genera paz y armonía a tu alrededor. No quieras tener siempre razón o que se haga lo que tú quieres.
  14. Pide perdón cuando te equivoques.

Catorce puntos muy fáciles pero muy difíciles, ¿verdad? Ojalá todos pudiéramos cumplir la mitad. ¡Ya sería un éxito!

Para terminar, una reflexión de este grandísimo gurú de la psicología positiva que, una vez más, te animo a seguir. La he intentado adaptar y escribir a mi manera, pero me sigue gustando muchísimo más la suya, por eso la copio tal cual. Que la disfrutes:

Vivimos en la sociedad del escaparate, en la que cuenta mas parecer que ser; la sociedad del aparentar, del figurar, del exhibir. Es el reino de lo ficticio, del envoltorio, de Instagram, es una carrera sin tregua que nos intenta arrastrar a todos, nos desgasta, nos desequilibra. La sociedad actual ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muchas dificultades para generar felicidad y alegría interior, que es lo que, en el fondo, todos buscamos. Porque todos queremos encontrar sentido a nuestras vidas; en el fondo de cada uno de nosotros existe el anhelo de vivir una vida de grandeza, de dejar huella, de aportar algo, de tener una vida con sentido. Y eso hay que buscarlo en el silencio, apartándose un poco de la sociedad, que lo es del ruido. En un entorno como el actual, que no vamos a cambiar y que se caracteriza por la rapidez y el estrés, es responsabilidad de cada uno de nosotros reivindicar momentos para la pausa, buscar espacios para la reflexión. Sin silencio nuestras vidas se ven invadidas por lo urgente, por lo superficial, sin tiempo para lo importante. Sin silencio olvidamos lo que es prioritario en nuestras vidas y nos dispersamos en mil cosas intrascendentes. Sin parar a pensar, sin parar a reflexionar, pasamos por la vida pero no la vivimos en profundidad. El tiempo y el esfuerzo que muchas personas invierten en acumular y mantener riquezas externas o materiales, corriendo como pollos sin cabeza, deja muy pocas oportunidades para cultivar la riqueza interior con cualidades como la bondad, la compasión, la amabilidad, la paciencia, la tolerancia, la humildad y la generosidad, que son las cualidades más importantes que podemos tener como padres, parejas, amigos y profesionales.

 

¿Es malo estar triste, mamá?

Hace unos días, en mi ratito de lectura diaria, llegó a mis manos un artículo que me encantó y que me inspiró mucho para escribir sobre cómo trabajar las emociones con nuestros hijos en casa. El artículo explicaba cómo ayudarles a expresarlas, tanto si son positivas como negativas. Una herramienta que está siendo un éxito en muchas familias es “El botiquín de las emociones”. Se trata de un botiquín que podemos usar tanto los adultos como los niños y que ayuda a curar las “heridas internas”, calmar el malestar emocional y a transformar cualquier mal momento en alegría.

El primer paso es que construyas el botiquín con tus hijos, para que se impliquen en hacerlo y entiendan para qué sirve cada uno de los objetos que hay dentro de él. Podéis forrar una caja de cartón con papel de seda de colores o con goma eva y hacer separadores en el interior de la caja para que cada objeto vaya en su sitio.

Una vez lo tengáis preparado, deberíais dejar el botiquín en un sitio visible de la casa para que los niños (y los adultos) podáis acceder a él fácilmente.

El funcionamiento es el siguiente: un adulto puede curar a un niño y un niño puede curar a otro niño o a un adulto, o incluso curarse a sí mismo. Lo primero que tenemos que hacer es preguntar al “paciente” qué le pasa, que problema tiene, qué emoción necesita tratar. Después, le daremos un diagnóstico y, finalmente, le recetaremos lo que consideremos más oportuno. De esta forma, el niño aprende a ponerse en el lugar de los demás, a intentar entender lo que nos pasa, aprende a empatizar. También empieza a saber qué siente con cada emoción, cuáles le hacen sentir bien o mal, etc.

Al principio puede ser un poco complicado que sepan usarlo ellos solos pero, con tu ayuda,  poco a poco tus hijos irán aprendiendo qué objeto necesitan y cuál les funciona mejor según lo que sientan.

¿Qué ha de tener el “Botiquín de las emociones”?

  • Tiritas pegabesitos: tiritas de colores o con dibujos. Hay que tener muchas, porque curan la mayoría de los males y se usan casi cada día.
  • Pedorretas lanzarrisas: son un remedio genial cuando estamos tristes. Las puedes comprar en una tienda de bromas.Resultado de imagen de whoopee cushion
  • Gasas abrazadoras: tienen que ser largas para que podamos abrazar bien al paciente. Cuanto peor se sienta, más grande ha de ser el trozo de gasa.
  • Toalla recogelágrimas: cualquier toalla de manos puede servir, pero son muy chulas las toallas compactas con dibujos, porque ocupan poco y así podemos tener varias dentro del botiquín.
  • Cojín quitapenas: si es de colores alegres o con alguna frase motivadora, mejor. Sirve para abrazarlo y que las penas desaparezcan.
  • Vaporizador antimiedos: sólo necesitas un vaporizador y un poquito de colonia diluida en agua. Puedes pegarle el dibujo de un monstruo para que los niños sepan que, si vaporizan ese spray, los miedos desaparecen. Si tu hijo tiene miedo por la noche, se lo puede llevar a la cama, por si necesita vaporizar en algún momento por la noche.
  • Caramelos curangustia: son el complemento perfecto para la toalla recogelágrimas, porque suelen eliminar el llanto del todo. Te aconsejo que tengas bastantes en un botecito dentro del botiquín, porque nunca se sabe cuándo harán falta.

  • Pelota antirrábica: ideal para tratar el estrés, el enfado o la rabia. Puedes lanzarla contra el suelo para deshacerte de estas malas sensaciones. Tiene que ser una pelota de goma de esas que botan mucho. Cuanto más alto bote, mejor se sentirá el paciente.
  • Tarro de la calma: es el complemento perfecto que se puede usar después de la pelota antirrábica. Una vez el paciente ha conseguido calmarse, puede ponerse a contemplar el tarro de la calma. Simplemente tienes que coger un bote con tapa que cierre bien (mejor que sea de plástico, para que no se rompa si se cae al suelo) y llenarlo de agua, purpurina y tres o cuatro gotitas de colorante del color que te guste. Así, cuando tu hijo (o tú) necesitáis tranquilizaros, sólo tenéis que agitar el bote y ver como cae la purpurina y se mezcla con el líquido de color.

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  • Como parte opcional, puedes añadir un fonendoscopio y una bata de médico, para que tus hijos se lo pongan cada vez que tengan que curar una emoción y entren en el papel más fácilmente.

Esto es todo. Cuando lo leí, me pareció un recurso súper chulo, tanto para tenerlo en casa como en la clase. Es una herramienta muy accesible y atractiva para los peques, que les ayudará muchísimo a saber identificar lo que les pasa y a “autocurarse”. De esta forma, podrán conocerse bien e ir canalizando las emociones de manera positiva. Y, sobre todo, entenderán que estar enfadado, triste o tener miedo no es malo, sino que son emociones y sentimientos que existen, que irán sintiendo a lo largo de toda su vida y que es importante que sepan gestionar.

Como dice el gurú Daniel Goleman, la inteligencia emocional es “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos, así como los ajenos, de motivarnos y de saber manejar las emociones”. Tal cual. Está en nuestras manos, como papás y mamás, ayudar a nuestros hijos a identificar sus problemas, entender lo que les pasa, y saber solucionarlo. Si lo necesitan, les prestaremos ayuda y, poco a poco, ellos solitos sabrán hacerlo.