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Estoy del Black Friday…

Esta semana tocaba escribir sobre ecología y experimentos. Está claro que, con el título que acabáis de leer, esto no va de experimentos. El no comprar de manera excesiva, reciclar juguetes y ropa y concienciar a nuestros pequeños sobre este tema está completamente relacionado con cuidar el mundo en el que vivimos por tanto, con la ecología. Dicho esto… aquí vamos. 

En los últimos días, he tenido varias discusiones referentes a esto del Black Friday, ¿vosotros, qué opináis?

El Black Friday es una tradición americana que se celebra justo el día después de Thanksgiving (festividad que aquí no se conoce en la que, aparte de “dar gracias” comen hasta reventar). Hay varias teorías sobre el origen del Black Friday y todas coinciden en que es una oportunidad para cambiar los números de la contabilidad de tu negocio de red a black. Todos los americanos, después de haberse pegado un buen festín en Thanksgiving, esperan con ansias el Black Friday. Cuando viví en Estados Unidos, realmente flipé con lo importante que es esta fecha para ellos. Cuatro o cinco (o a veces más) meses atrás, comienzan a hacer la lista de cosas que “necesitan” comprar, los negocios invierten una cantidad exorbitante de dinero en publicidad para anunciar sus descuentos ese día, las familias tienen tradiciones de despertarse a las cuatro de la mañana para evitar colas en las tiendas, toda una revolución envuelta en el consumismo. Era la conversación por excelencia de la sobremesa del Thanksgiving, incluso los niños sabían de qué iba. No podía evitar pensar qué les estábamos enseñando. No me gustaba nada en ese entonces, no me gusta nada ahora.

Cuando llegué a vivir a Barcelona hace nueve años, no había ni black ni red ni orange Friday. Halloween no se celebraba, los Reyes y el Caga Tió eran lo que había y las luces y los arbolitos navideños aparecían en las tiendas a finales de noviembre y no a principios, como ahora. Cuando yo llegué a vivir a Barcelona, percibía un sentimiento bastante general de rechazo a la cultura americana. Esto me gustaba, hablaba de Barcelona como una ciudad que defendía sus tradiciones, su idioma, su cultura. En cambio, hoy me parece que tiene más fuerza y convocatoria un evento relacionado con Halloween que uno relacionado con la castañada.

México, país en el que me crié, tiene una influencia americana fuertísima. Siempre me pareció un país que, por cercanía, seguía las costumbres de Estados Unidos olvidando las suyas y esto me daba mucha tristeza. En la escuela, recuerdo a una profesora que defendía a capa y espada el Día de Muertos ante Halloween. Aquellos que no conocéis la tradición, os invito a ver este vídeo, es precioso.

Bueno, esta profesora tampoco apoyaba el Valentines Day y la venta excesiva de tarjetas, flores y globos en forma de corazón. También nos enseñó que la Navidad es un momento de agradecimiento, ilusión y felicidad en familia más que los regalos, la cantidad de regalos, la calidad de regalos, el envoltorio de los regalos, etc.

Volvamos a por qué comencé este post diciendo que he tenido varias discusiones sobre el tema del Black Friday. Alguien que conozco está montando su oficina desde cero, lleva semanas pensando en lo que se quiere comprar en el Black Friday, con sus listas y todo. Claro, cuando le expuse mi manera de pensar, no le pareció bien. Lo entiendo, entiendo que finalmente el Black Friday sea una oportunidad para comprar todas estas cosas que necesitas y no dejarte la cartera en el intento. Entiendo también por qué María y yo estuvimos discutiendo si hacíamos algún tipo de descuento en nuestra tienda o no. También lo entiendo porque yo mañana aprovecho los descuentos que hacen en mi óptica para graduarme las gafas y comprarme unas lentillas, llamadme incongruente pero estoy en formato ahorro.

Está claro que hay “tradiciones” que han llegado para quedarse, especialmente en las grandes empresas.  Me cuesta aceptarlo porque, los que me conocéis, sabéis que a veces vivo en un mundo de yupi en el que me encantaría que las cosas fueran como antes y que no se fueran perdiendo tradiciones que son importantes.

Comienzan los días en los que la ilusión por la Navidad está muy presente. Mis alumnos llegan a clase cantando villancicos y hablan de su cartita a los Reyes. Me cuentan que su estación favorita del año es Winter porque es Navidad. Y aquí, otro momento confesión: no solía gustarme mucho la Navidad. Tranquilos, creo que el hecho de trabajar con niños me ha hecho cambiar de idea. Me da la oportunidad de aportar mi granito de arena para recordarles, como lo hizo mi profesora en su momento, lo importante que es estar felices y agradecidos con lo que tenemos a nuestro alrededor. También me da la oportunidad de vivir la ilusión con ellos y, sorprendentemente, me encanta.

Está claro que los niños aprenden de nosotros. Muchas veces sin que nos demos cuenta, ellos observan todo lo que pasa a su alrededor y, si nos ven obsesionados con las compras, el dinero y los descuentos, es posible que crezcan pensando que esa obsesión es natural, y no lo es. Es una realidad que el mundo está cambiando pero creo firmemente que la clave está en la compensación y el equilibrio. Si educamos a nuestros niños con valores, por mucho consumismo que haya en el mundo, se desarrollarán mejor.

Vamos a enseñarles a nuestros niños que no es mejor quien más cosas tiene. Vamos a enseñarles lo importante que es comprar cositas en comercios pequeños que estén en nuestro barrio. Vamos a enseñarles a cuidar el mundo en el que vivimos cuidando los envoltorios, reciclando o haciéndolos nosotros mismos. Vamos a enseñarles lo importante que es compartir y quedemos un día para ir a donar los juguetes y ropa que ya no usemos a niños que lo necesitan. Una vez escuché a una mami que cada Navidad hacía que su hijo escogiera sus tres juguetes favoritos y, de esos tres, debía elegir uno para regalar. Me encantó. Vamos a montar el arbolito recordando que lo más importante es estar juntos cantando villancicos, comiendo turrón y riéndonos en familia. No dejemos que olviden las tradiciones que han marcado nuestra historia y creemos nuevas tradiciones familiares que se basen siempre en el cariño, la ilusión y la emoción que toda esta época mágica conlleva. Eso sí, cuando los niños duerman, en el ordenador, ¡a aprovechar las rebajas!

Me encantaría una iniciativa en la que todos los comercios de barrio y proximidad se unieran para crear sus propios descuentos. Una iniciativa que nos motive a comprar los regalitos navideños ahorrando y apoyando negocios locales. Es una de las cosas que me encanta de trabajar aquí, la vida de barrio. Así que, si tenéis alguna propuesta, ¡nosotras nos apuntamos!  Mientras tanto, vamos a disfrutar de esta época tan bonita como lo que es: una época bonita.

 

Queda inaugurada la temporada de pelis

Hace unos días cayó en mis manos un libro cuya historia tenía olvidada. Un libro de Michael Ende en el que se inspiraron para realizar una de las películas que más vi cuando era niña. Una película que mezcla fantasía y realidad y que me encanta: La historia interminable. ¿La habéis visto? Yo sí, cientos de veces. Era la típica película que ponían en la tele un domingo por la mañana y, como en ese entonces la programación televisiva no era muy amplia, la vi muchos domingos durante muchos años. Conforme iba creciendo, entendía cada vez más cosas, lo que la transformó no sólo en una de las pelis que más vi sino en una de mis favoritas.

Estuve recordando lo mucho que me gustaba la peli y pensé, como típica abuela, que ya no hacían películas como las de antes. Es verdad, ya no las hacen. Aquellos que la habéis visto recordaréis el miedo que sentíamos de que Bastian no pudiese salvar a la Emperatriz. Nunca olvidaré a Falcor, el perro volador y su mejor amigo, al muñeco comepiedras, a la vieja y sabia tortuga que hablaba lentísimo y la tristeza que sentí cuando Atreyu perdió su caballo. Es una historia cargada de valores y simbolismos a través de personajes mágicos y muy divertidos.

El otro día, mientras comíamos en el parque, no sé por qué, salió a la conversación la emperatriz Sissi y yo pensé en la emperatriz de La historia interminable (los que habéis visto la peli sabréis que es un personaje muy importante). Se lo comenté a María y se me quedó mirando con cara de no saber de qué estaba hablando. Me quedé muy sorprendida de que no hubiese visto la peli o leído el libro. Le dije que tenía que verla con Bruno cuando fuera un pelín más mayor. Gracias a su personaje principal, aprendí lo increíble que es leer un libro, meterte en su historia, imaginar lugares, situaciones y personajes y no querer dejar de leer ni para comer. Me gustaría mucho que a Bruno le pasara lo mismo.

Pensando y recordando lo mucho que me gustaba de niña ver esta película, recordé un estudio que leí hace un tiempo que explica por qué a los niños les encanta ver una misma película una, y otra, y otra y otra vez. También pensé que, si hoy en día ya no hacen películas como antes, quizá nuestros niños y niñas están expuestos a contenidos cuyo argumento no tiene tanto valor.

Según este estudio, a los niños les encanta ver la misma película muchas veces porque, cuantas más veces la ven, más la entienden. Para ellos, por muy sencilla que sea la trama, es muy complicado seguir el argumento cuando ven por primera vez una película. Esto también pasa con los cuentos y los libros. La repetición no les aburre, al contrario, les ayuda a desarrollar habilidades  y mejora su nivel de comprensión. Además, la repetición les permite anticipar el futuro, saber qué pasará a continuación y dominar una historia. Esto les hace sentir especialmente seguros.

Todas las personas adultas que conozco tienen una peli que han visto cientos de veces. Yo tengo muchas, pero la que más vi de pequeña fue Peter Pan. Si los niños siguen viendo las películas una y otra vez, es muy importante que cuidemos mucho los valores que estas pelis representan y lo hablemos con ellos. Igual pasa con los dibujos animados en la tele, la música que escuchan y los libros que leen. Estoy segura de que, gracias a una película como La historia interminable, me aficioné a la lectura y que Peter Pan me dio la facilidad de comportarme como una niña más cuando estoy con mis alumnos, entre otras cosas.

Es por todo esto que hoy os propongo que no os olvidéis de las pelis e historias que hacían en los viejos tiempos y las veáis con vuestros hijos.  Encontré esta web que propone treinta clásicos familiares que no está nada mal. Hay algunos que yo no vería con los míos, pero todo es cuestión de gustos. Así que vamos a disfrutar que ya llegó el frío viendo una película en familia con mantita y palomitas. Es uno de mis planes favoritos.

Cómo volver a la rutina sin morir en el intento

Es hora de volver a la rutina. ¡Por fin! Es lo que muchos padres nos han comentado estas últimas dos semanas. Hoy nosotras volvemos a escribir pero lo cierto es que llevamos dos semanas de casal lleno de niños y de historias. Historias que a mí, personalmente, me llegan al corazón. Ya, ya sé que soy muy sensible pero es que, ver cómo algunos niños se quedan realmente devastados al despedirse de sus padres un lunes por la mañana después de estar todo el verano con ellos, me rompe el corazón. Somos, muchas veces sin darnos cuenta, partícipes de los primeros pequeños tropezones de un niño. Para ellos, el mundo se cae encima y nosotras somos responsables de apoyarles y guiarles en un camino hacia la “independencia”, entre otras cosas.

Luego, están los niños que no pueden esperar a bajarse de la bici y entrar sin siquiera decir bye bye. La cara de los padres, en este caso, también podría romperme el corazón.

Lo que es cierto es que la vuelta al cole y a la rutina es difícil. Si ya lo es para los que no tienen hijos, no me quiero imaginar lo que es para vosotros, nuestras familias.

Así que nuestro primer post de la temporada va de esto, cómo volver a la rutina sin morir en el intento y cómo hacer que este cambio sea lo menos drástico para nuestros peques.

Los primeros cambios que experimentan nuestros peques pueden llegar a ser difíciles. Creo que la manera en la que nosotros les guiemos es fundamental para su capacidad de reacción en un futuro.

Lo primero que muchos psicólogos y expertos en el tema recomiendan es: reconocer los sentimientos por los que estás pasando. Por ejemplo, una de nuestras peques, al principio del casal, lloraba sin parar y seguramente no entendía por qué de repente tenía que estar en un sitio desconocido, con gente desconocida y escuchando un idioma que no es el suyo… ¡vaya drama!

Una de las cosas que más amo de mi trabajo es que estoy en constante aprendizaje, los niños me enseñan mil y un cosas. Ese lunes, cogí a la pequeña y la llevé al jardín (generalmente esto siempre funciona, porque les encanta el regar el huerto y las plantas) pero no funcionó. La nena lloraba con un sentimiento que no era de berrinche, sino de tristeza.  Entonces me senté y hablé con ella, estuvimos de acuerdo en que estaba triste, que quería un abrazo, que era normal que llorase, que era todo diferente pero que aquí estábamos para ella. Le enseñé todo lo que íbamos a hacer, le presenté a su profesora, hablamos de las cosas que nos gustaban y poco a poco se fue soltando. Cuanta más información iba teniendo, mejor se iba adaptando.

Con esto quiero decir, mezclando un poco mi pequeña historia personal con los consejos de los profesionales es que es muy importante identificar, reconocer y aceptar lo que sentimos ante cualquier cambio (va para los adultos también) pero sobre todo con los niños. A veces es bueno cambiar el “cómo estás” a “cómo te sientes”.

El siguiente consejo se reduce a una sola palabra: prepárate. Si tu familia está preparada, estará tranquila y todo será más fácil.

Si eres una mamá o papá que está a punto de dejar a sus niños por primera vez en la escuela, te recomiendo que este fin de semana hagáis una excursión divertida al cole. Si vais caminando podéis investigar diferentes rutas, ver qué hay por el camino, pintar con tizas pistas secretas para llegar, crear historias y recuerdos divertidos.

Los hábitos de sueño y comida, se han de recuperar y ha de ser poco a poco. Recordad que los cambios, mejor si se hacen graduales. Unos días antes de que comenzáramos la escuela, mi padre nos hacía irnos a dormir muy temprano para poder despertarnos pronto, desayunar y… luego nada (porque no había cole). Yo no entendía nada. Cuando me vi a mí misma este verano haciendo lo mismo, súper orgullosa de que iba a dormirme pronto y levantarme temprano para pillar la rutina, cuando me di cuenta de que era lo que hacía de pequeña, me quedé a cuadros. Sin duda alguna, lo que hacemos de pequeños, nos influye de mayores.

Os explico una actividad que me pareció genial para prepararse. Me encanta la historia de la mamá que está detrás de la idea y las rutinas que propone son bastante claras. Siempre podéis añadir más rutinas y crear otras tarjetas, pero lo importante es que, antes de empezar a utilizar la tabla, lo habléis con los pequeños. Ellos necesitan entender y saber de qué va el cambio. Ella recomienda sentarte en familia, hablar de por qué es importante hacer cada cosa durante la mañana. También propone un test run (ensayo) para que sepan cómo hacer cada una de las rutinas: enseñarles dónde está el uniforme o la ropa para el cole, o cómo poner pasta de dientes en el cepillo, etc.

Aquí os dejo las tarjetas para que las podáis imprimir y plastificar. La idea que propone la autora es colgarlas en un marco grande con unos ganchos y girarlas cuando se completen las tareas. Están en inglés así que mejor aún, podéis practicar un poquito por la mañana.

Mi último consejo es: despídete de las vacaciones propiamente. Los que me conocéis, sabéis que soy muy anti móvil. Seguramente tenéis mil fotos, recuerdos y momentos en el móvil que molaría mucho imprimir. Podéis crear una especie de diario/álbum de fotos y recuerdos. Esto les ayudará también a recordar los momentos felices, a dejarlos en un sitio y, lo mejor de todo, les dará la oportunidad de volver a ellos siempre que quieran.

Espero que la vuelta al cole sea lo mejor posible, recordad que está en nosotros decidir cómo queremos pasar el día, estar contentos con nuestras decisiones y agradecer lo que tenemos alrededor.

Welcome back everyone!

El frasco de la vida en versión infantil

Hace unos días me topé con un vídeo cuyo mensaje es recordarte las cosas importantes de la vida. Creo que, esta vida tan acelerada que llevamos (o por lo menos a veces, yo), nos lleva a olvidar lo que es realmente importante. Los días pasan rápidamente y, conforme vamos creciendo, más.

Trabajar con niños conlleva una enorme responsabilidad. Cada palabra, información, tono y reacción son determinantes para la formación de nuestros pequeños. Cuando vi este vídeo pensé que esta idea se podía transformar en una actividad dedicada a mis niños, me puse a trabajar en ello y hoy he decidido compartirla con vosotros. Primero, os muestro el mensaje inspiracional y, después, mi idea bombero.

Hace mucho tiempo un anciano profesor reunió a todos los alumnos de su clase y sin decir palabra, tomó un frasco vacío y grande de boca ancha, y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Luego le preguntó a sus estudiantes si el frasco estaba lleno.
Los estudiantes respondieron que sí.
Así que el profesor tomó una caja llena de canicas y la vació dentro del frasco. Las canicas llenaron los espacios vacíos entre las pelotas de golf y el profesor volvió a preguntarle a sus alumnos si el frasco estaba lleno y ellos volvieron a decir que sí.
Luego el profesor tomó una caja con arena y la vació dentro del frasco. Por supuesto, la arena llenó los espacios vacíos y el profesor preguntó nuevamente si el frasco estaba lleno.
En esta ocasión los estudiantes respondieron con un ¡¡ sí!! , rotundo.
El profesor enseguida agregó 2 tazas de café al contenido del frasco y efectivamente llenó todos los espacios vacíos entre la arena.
Los estudiantes no lo podían creer. Cuando la risa se apagaba, el profesor dijo:
– “Quiero que se den cuenta que este frasco representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes, como la familia, los hijos, la salud, los amigos… las cosas que te apasionan. Son cosas que aun si todo lo demás lo perdiéramos y sólo éstas quedaran, nuestras vidas aún estarían llenas.
Las canicas son las otras cosas que importan, como el trabajo, la casa, el coche, etc.
La arena es todo lo demás, las pequeñas cosas.
Si ponemos la arena en el frasco primero, no habrá espacio para las canicas ni para las pelotas de golf. Lo mismo ocurre con la vida. Si gastamos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, nunca tendremos lugar para las cosas realmente importantes.”
Uno de los estudiantes levantó la mano y preguntó qué representaba el café. El profesor sonrió y dijo:
“Sólo es para demostrarles que no importa lo ocupada que tu vida pueda parecer, siempre hay lugar para un par de tazas de café con un amigo.”

Interesante, ¿no? Estuve un tiempo considerable haciendo una lista de las cosas más importantes, primero para mí y después para los niños. Realmente fue un ejercicio ponerme a pensar y priorizar. Los adultos tenemos nuestras prioridades, algunas veces más claras que otras pero este post está dedicado a los pequeños, así que aquí vamos.

Para hacerlo más divertido, decidí cambiar las pelotas de golf por pelotas de ping pong. ¿Por qué? Aparte de que personalmente pienso que el ping pong es más divertido que el golf, son más fáciles de pintar. Muchos conocéis mi poca habilidad para dibujar, pero como tenía muchas ganas de hacer esta actividad hoy seré muy valiente y os mostraré mis dibujos.

Para mí el amor y el cariño son fundamentales. Creo que es básico enseñarles a nuestros niños lo importante que es querer y cuidar a la familia, a los amigos, y a nosotros mismos. Con esto, tendríamos cubiertas nuestras pelotitas de ping pong. Comencemos por la familia: nuestros padres, abuelos, tíos y primos, nuestra mascota, etc. Según lo grande que decidáis sea el frasco, las pelotas que dediquemos a esto.

La salud representa un amor y un cariño hacia nosotros mismos, esto podríamos representarlo a través de buenos hábitos como lo son: comer bien, hacer ejercicio, dormir suficiente, reírnos mucho, meditar y relajarnos.

Las personas que decidimos nos acompañen en el camino, también son muy importantes. Esas personas que van a nuestra clase, que se sientan a nuestro lado en el comedor, que juegan con nosotros en el patio, que comparten las mismas inquietudes, que tienen las mismas preguntas y sobre todo que crecen al mismo tiempo que nosotros. Esas personas que llamamos amigos y están ahí para apoyarnos en todo momento. Me pongo muy sensible con este tema porque al estar fuera de mi país y lejos de mi familia, los amigos para mí son fundamentales. Son esas personas que me han ayudado y guiado por el camino y que considero importantísimo cuidar y querer.

En el texto del mensaje no aparece nada sobre cuidar el mundo en el que vivimos, pero ya nos conocemos y saben que mi vena ecologista salta en todo momento. Me parece imprescindible inculcarles a nuestros pequeños el amor por el mundo en el que vivimos, así que yo dibujaría esto en una gran pelota de ping pong.

Ahora bien, continuemos con las canicas. Encontré en nuestro almacén unas bolitas de porexpan más pequeñas que las pelotas de ping pong y me parecieron geniales para reemplazar las canicas. De acuerdo al mensaje, las canicas son las “otras” cosas que importan. Cuidar de nuestra casa y de nuestras cosas es muy importante, ir contentos a la escuela y aprender mucho, decidir junto a nuestros padres las actividades después del cole que más nos gustan y disfrutarlas.  Me parece que aquí es fundamental que nos sentemos con ellos y les preguntemos qué cosas les gustan, qué es lo que creen ellos es importante y ayudarlos a priorizar según los valores que queramos inculcarles.

La parte de la arena puede ser muy divertida. Si tenemos sal y colorante en casa, podríamos hacer sal de colores. La arena representa las pequeñas cosas como los juguetes, la ropa y otras cosas materiales que son importantes pero no imprescindibles para ser feliz. No es necesario tener las bambas más molonas o el juego más tecnológico.

Continuamente me encuentro con lecciones como éstas que me ayudan a recordar lo que es fundamental para ser feliz y a poner las cosas en su lugar. Creo firmemente que,  si adaptamos estas lecciones con mensajes que nuestros pequeños puedan entender, que estén relacionados con sus intereses según la edad que tengan y según lo que les guste, seguramente de mayores no necesiten continuos recordatorios de lo que es más importante. A mí me hubiese encantado tener una profe que me enseñara estas cosas. Ya os contaré qué tal me va cuando haga la actividad con mis alumnos.

Pues con esta entrada nos despedimos del blog por unas semanas. Este viernes es el último día de casal de verano y todo el equipo nos vamos de vacaciones (muy merecidas, creo yo). Muchas gracias por este increíble año escolar, hemos aprendido muchísimas cosas y, gracias a vosotros, hemos crecido mucho más. Nos vemos en septiembre, ¡feliz verano a todos!

 

¿Responsabilidades para nuestros hijos? Sin prisa, pero sin pausa

Desde que nace, un bebé depende completamente de sus padres al cien por cien. Es de los pocos mamíferos que, sin su mamá y su papá, no podría sobrevivir. Tras haber sido mamá he ido viendo que, poco a poco, van aprendiendo a valerse por sí mismos y a ser autónomos. Los padres les ayudamos en ese proceso al enseñarles a hablar, a andar, a comer, pero además de ayudarles a desarrollarse, me he dado cuenta de que tenemos que ir dejando que asuman pequeñas responsabilidades. Es decir, dejar poco a poco de ser imprescindibles y animar a nuestros hijos a que tomen sus propias decisiones.

Evidentemente, no es de un día para otro y no podemos pretender que con dos años se hagan la cama o que con cuatro años saquen a pasear al perro, pero se trata de empezar por pequeñas cosas. Aquí tenéis una pequeña tabla publicada por guiainfantil.com que me ha gustado.

 

 

El otro día fui a casa de una amiga y aluciné cuando su hijo, de dos años y medio, puso el plato y los cubiertos en el lavavajillas al acabar de cenar. Me quedé impresionada y le pregunté: ¿cómo lo has hecho? Me respondió: se lo enseñé y… paciencia. Creo que ahí está la clave. Muchas veces, los padres preferimos hacer las tareas del hogar nosotros porque las hacemos más rápido y mejor. Considero que es un error. Deberíamos intentar ofrecerles a nuestros hijos espacio, tiempo y confianza para que las hagan ellos.

Es difícil, lo sé. Nosotros estamos empezando ahora con la rutina de que Bruno nos ayude a recoger sus juguetes y hay muchos días en los que acabo recogiéndolos yo, porque no tengo la paciencia de esperar a que lo haga él solito. Cuando terminamos de jugar y toca irse a la bañera, le digo: “¡Vamos a recogeeeer!” y entonces se me queda mirando fijamente (en plan “te estoy entendiendo”) y pone dos juguetes en la caja de madera donde sabe que se guardan y sigue jugando con los otros. Algunos días espero, con paciencia, a que lo vaya haciendo, poco a poco. Pero reconozco que muchos lo acabo haciendo yo, porque no quiero que se haga tarde y que se nos retrase la hora del bañito y la cena. Así que, señoras y señores, el problema es nuestro por vivir a un ritmo tan frenético en el que no somos capaces de esperar a que lo hagan solos. Porque ahora, con 15 meses, es recoger los juguetes, pero con cuatro años será ducharse solo y, con siete, prepararse la mochila del cole.

Yo recuerdo que, cuando era pequeña y mi madre me pedía ayuda para hacer algo, me sentía importantísima y súper mayor. Me encantaba ir a comprar el pan cogida de la mano de mi hermana en el pueblo donde pasábamos el verano (la panadería estaba a una calle de casa), o ayudar a poner la mesa, o a emparejar calcetines. El hecho de sentirse útiles sube mucho la autoestima de los niños y le aporta autonomía e independencia, dos cualidades que les servirán mucho en el futuro.

Siguiendo con nuestro papel como padres, daría tres consejos:

  • Ser constantes: si queremos enseñar a nuestro hijo a que se vista solo o a que ponga la mesa, lo debemos mantener cada día. No le tenemos que decir un día que se tiene que vestir solo y, al siguiente, vestirle nosotros porque tenemos prisa.
  • Explicarle cómo se hace: es nuestro deber, como padres, enseñarles a hacer lo que les pedimos. No les podemos pedir que se bañen solos si no saben cómo se lava el pelo o cómo se abre la botella del gel de baño.
  • Valorar sus logros: ¡felicitemos a nuestros hijos! Les animará mucho ver que son capaces de hacer las cosas por ellos mismos y que nosotros, sus papás, estamos contentísimos con lo que han conseguido.

Para terminar, compartiré con vosotros algo que me encantaba de pequeña: las tareas con puntos. Mi padre, en su trabajo, imprimía en color (¡en aquella época era algo muy especial!) una tabla con el nombre de mi hermana y mío y las diferentes tareas que teníamos que hacer en casa: poner y sacar la mesa, hacer la cama, ducharse sola, poner la ropa en la cesta de la ropa sucia, recoger los juguetes, vestirse sola, etc. Cuando hacíamos bien algo, nos ponía una pegatina en el recuadro de esa tarea. A final de semana, dependiendo de cómo lo habíamos hecho, ¡había premio! Y recuerdo que podía ser ir el domingo al quiosco a comprar un chicle Bubaloo o un sobre de cromos ¡y éramos la mar de felices!

Leyendo sobre este tema, he visto que a esto que hace veintipico años ya hacía mi padre, se le llama “Tabla de logros”. Os invito a que la hagáis en casa, es una pasada. ¡Yo ya tengo ganas de que Bruno sea más mayor para hacerla! Aquí tenéis algunos ejemplos de las que más me han gustado de las que he encontrado. Sugerencia: si queréis poner premio, que no sea algo material, sino cosas como: que papá y mamá me preparen mi plato preferido para comer el domingo, que vayamos al parque una tarde en la que no solemos ir, que me hagan cosquillas en la cama, que me dejen disfrazarme con su ropa…

¡Espero que disfrutéis mucho preparando la “Tabla de logros” de vuestra familia con vuestros hijos!

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¿Es malo estar triste, mamá?

Hace unos días, en mi ratito de lectura diaria, llegó a mis manos un artículo que me encantó y que me inspiró mucho para escribir sobre cómo trabajar las emociones con nuestros hijos en casa. El artículo explicaba cómo ayudarles a expresarlas, tanto si son positivas como negativas. Una herramienta que está siendo un éxito en muchas familias es “El botiquín de las emociones”. Se trata de un botiquín que podemos usar tanto los adultos como los niños y que ayuda a curar las “heridas internas”, calmar el malestar emocional y a transformar cualquier mal momento en alegría.

El primer paso es que construyas el botiquín con tus hijos, para que se impliquen en hacerlo y entiendan para qué sirve cada uno de los objetos que hay dentro de él. Podéis forrar una caja de cartón con papel de seda de colores o con goma eva y hacer separadores en el interior de la caja para que cada objeto vaya en su sitio.

Una vez lo tengáis preparado, deberíais dejar el botiquín en un sitio visible de la casa para que los niños (y los adultos) podáis acceder a él fácilmente.

El funcionamiento es el siguiente: un adulto puede curar a un niño y un niño puede curar a otro niño o a un adulto, o incluso curarse a sí mismo. Lo primero que tenemos que hacer es preguntar al “paciente” qué le pasa, que problema tiene, qué emoción necesita tratar. Después, le daremos un diagnóstico y, finalmente, le recetaremos lo que consideremos más oportuno. De esta forma, el niño aprende a ponerse en el lugar de los demás, a intentar entender lo que nos pasa, aprende a empatizar. También empieza a saber qué siente con cada emoción, cuáles le hacen sentir bien o mal, etc.

Al principio puede ser un poco complicado que sepan usarlo ellos solos pero, con tu ayuda,  poco a poco tus hijos irán aprendiendo qué objeto necesitan y cuál les funciona mejor según lo que sientan.

¿Qué ha de tener el “Botiquín de las emociones”?

  • Tiritas pegabesitos: tiritas de colores o con dibujos. Hay que tener muchas, porque curan la mayoría de los males y se usan casi cada día.
  • Pedorretas lanzarrisas: son un remedio genial cuando estamos tristes. Las puedes comprar en una tienda de bromas.Resultado de imagen de whoopee cushion
  • Gasas abrazadoras: tienen que ser largas para que podamos abrazar bien al paciente. Cuanto peor se sienta, más grande ha de ser el trozo de gasa.
  • Toalla recogelágrimas: cualquier toalla de manos puede servir, pero son muy chulas las toallas compactas con dibujos, porque ocupan poco y así podemos tener varias dentro del botiquín.
  • Cojín quitapenas: si es de colores alegres o con alguna frase motivadora, mejor. Sirve para abrazarlo y que las penas desaparezcan.
  • Vaporizador antimiedos: sólo necesitas un vaporizador y un poquito de colonia diluida en agua. Puedes pegarle el dibujo de un monstruo para que los niños sepan que, si vaporizan ese spray, los miedos desaparecen. Si tu hijo tiene miedo por la noche, se lo puede llevar a la cama, por si necesita vaporizar en algún momento por la noche.
  • Caramelos curangustia: son el complemento perfecto para la toalla recogelágrimas, porque suelen eliminar el llanto del todo. Te aconsejo que tengas bastantes en un botecito dentro del botiquín, porque nunca se sabe cuándo harán falta.

  • Pelota antirrábica: ideal para tratar el estrés, el enfado o la rabia. Puedes lanzarla contra el suelo para deshacerte de estas malas sensaciones. Tiene que ser una pelota de goma de esas que botan mucho. Cuanto más alto bote, mejor se sentirá el paciente.
  • Tarro de la calma: es el complemento perfecto que se puede usar después de la pelota antirrábica. Una vez el paciente ha conseguido calmarse, puede ponerse a contemplar el tarro de la calma. Simplemente tienes que coger un bote con tapa que cierre bien (mejor que sea de plástico, para que no se rompa si se cae al suelo) y llenarlo de agua, purpurina y tres o cuatro gotitas de colorante del color que te guste. Así, cuando tu hijo (o tú) necesitáis tranquilizaros, sólo tenéis que agitar el bote y ver como cae la purpurina y se mezcla con el líquido de color.

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  • Como parte opcional, puedes añadir un fonendoscopio y una bata de médico, para que tus hijos se lo pongan cada vez que tengan que curar una emoción y entren en el papel más fácilmente.

Esto es todo. Cuando lo leí, me pareció un recurso súper chulo, tanto para tenerlo en casa como en la clase. Es una herramienta muy accesible y atractiva para los peques, que les ayudará muchísimo a saber identificar lo que les pasa y a “autocurarse”. De esta forma, podrán conocerse bien e ir canalizando las emociones de manera positiva. Y, sobre todo, entenderán que estar enfadado, triste o tener miedo no es malo, sino que son emociones y sentimientos que existen, que irán sintiendo a lo largo de toda su vida y que es importante que sepan gestionar.

Como dice el gurú Daniel Goleman, la inteligencia emocional es “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos, así como los ajenos, de motivarnos y de saber manejar las emociones”. Tal cual. Está en nuestras manos, como papás y mamás, ayudar a nuestros hijos a identificar sus problemas, entender lo que les pasa, y saber solucionarlo. Si lo necesitan, les prestaremos ayuda y, poco a poco, ellos solitos sabrán hacerlo.

Mil millones de veces mejor que como lo había imaginado

Mira que me la habían repetido mis padres, pero no entendí esta frase hasta que fui mamá.  “No hay ninguna carrera ni máster que te enseñe a ser padre (o madre)”. Totalmente cierto. Además, añadiría que la maternidad son unos estudios muy largos (creo que duran desde que el día en que nace tu primer hijo y para toda la vida) y que empiezan directamente con las prácticas.

Cuando me pusieron a Bruno “piel con piel”, recién nacido, todavía sucio y desnudito, vi a una personita tan indefensa, mirándome fijamente con los ojos súper abiertos, apretándome fuerte el dedo índice con sus manitas todavía arrugadas después de tantos meses nadando en líquido… que no me lo podía creer. Me lo había estado imaginando durante todo el embarazo, pero fue mil millones de veces mejor. Si has sido mamá, entenderás este sentimiento tan inexplicable. Y es que, realmente, no se puede describir con palabras. Todavía me emociono cuando lo pienso.

En ese primer momento, además del subidón hormonal, te suele entrar un poco de vértigo, porque ves que esa personita depende totalmente de ti ¡y que nadie te ha enseñado qué tienes que hacer ni cómo debes hacerlo! Creo que, desde el primer día, tienes que confiar en ti misma, seguir lo que te diga tu corazón, apoyarte en tu pareja (si la tienes) y familia, y disfrutar.

Generalmente, durante el embarazo, todo el mundo te “prepara” para la maternidad, diciéndote que es lo más bonito del mundo (supongo que por eso la mayoría repiten una, dos ¡o incluso más veces!), pero que te esperan unos meses (o años) sin dormir, sin tener tiempo para ti, con el peque enfermo porque lo pillará todo en la guarde, con muchas lloreras y un larguísimo etcétera. Después de mi experiencia, te aseguro que cada niño es un mundo, no hay que generalizar. No siempre es así. En mi caso, por ejemplo, la verdad es que ha sido muy fácil, mucho más de lo que me esperaba: Bruno es un tragón desde que nació, la lactancia fue fácil y sin mastitis, el “destete” lo hizo él solo, a poco a poco y a su ritmo, dormía 6 horas seguidas desde los 3 meses, va unas horas a la guarde desde el mes de septiembre y, en estos siete meses, sólo ha estado enfermo tres días… En mi caso, ha sido una maravilla. Eso sí, también es cierto que tengo amigas que no han dormido más de cinco horas seguidas durante el primer año, que han sufrido los cólicos de sus bebés o que han tenido una lactancia complicada. Puede que sea una lotería, o que haya aspectos genéticos que influyan. No lo sé. En cualquier caso, lo que sí te aconsejo es que vayas con buena predisposición, no pensando en negativo (“no voy a dormir” o “seguro que dar el pecho duele un montón”) y con energía positiva. Eso siempre. Porque estoy convencida de que el bebé lo nota. La energía de la mamá y del papá (pero sobre todo la de la mamá, porque es quien más tiempo suele pasar con el bebé) se transmite al bebé. Si estás nerviosa y preocupada, seguramente tu peque no sabrá relajarse solito para dormir bien. En cambio, si le transmites serenidad y alegría, probablemente tendrá más facilidad para mamar y para hacer una buena digestión.

Un aspecto que sí que me gustaría destacar es que tienes que ser consciente de que tu ritmo de vida cambiará y tus prioridades también. Debes ser consciente de que te será más difícil hacer planes y quedar con una amiga a una hora concreta, porque seguramente antes de salir de casa tu bebé se hará caca y tendrás que cambiarle el pañal. Si eres flexible y no tan exigente contigo misma, te sentirás mejor. Otro consejillo: no te exijas estar “divina de la muerte” ni intentes recuperar tu figura dos meses después del parto, como las modelos que salen en las revistas del corazón. Eso pasa en un bajísimo porcentaje de chicas que son mamás. Tranquila, no te estreses, todo llegará. Lo importante es que tú estés bien, animada, positiva y con ganas de “hacer de mami”.

Mira que durante el embarazo leí un montón de blogs de mamás primerizas, artículos sobre crianza, educación positiva, etc. La teoría me la sabía súper bien (como todas las embarazadas), pero cuando tuve a Bruno en mis brazos… me olvidé de todo y me salió algo que debía ser mi esencia, el instinto o algo así. Me salió quererle, mimarle, darle muchos besitos, acariciarle, cantarle canciones… Eso es, para mí, empezar a ser mamá.

Ahora ya ha cumplido un año (que, efectivamente, como todas me decíais, ha pasado volando) y sigo leyendo mucho sobre formas de educar, sobre cómo compaginar el trabajo con la maternidad (este tema da para un post entero), sobre actividades para disfrutar con el bebé… pero sin presionarme, con calma, sin querer ser la madre perfecta, ya que la perfección no existe.

Sobre todo, lo que más  es dedicarle tiempo de calidad, estar con él y hacerle feliz. Para mí siempre será el mejor hijo y, yo para él, la mejor mamá del mundo.

Tizas de colores

¡Hola!

Esta semana hicimos una actividad que encantó a todos los niños y hemos decidido compartirla con vosotros para que la hagáis en casa con vuestros hijos: ¡tizas de colores! Es muy fácil y los peques se divirtieron muchísimo haciéndola.

Materiales:

  • 2/3 taza yeso para moldes
  • Moldes de silicona
  • 1/3 taza agua fría
  • Pintura
  • Vasos y cucharas de plástico

Cosas importantes a considerar:

¡El yeso no debe ir al desagüe! Endurece las tuberías y puede provocar atascos (por eso utilizamos vasos y cucharas de usar y tirar). Tener cuidado con los más peques ya que el yeso es muy tóxico, así que es importante que esta actividad esté supervisada siempre por un adulto.

Procedimiento:

Lo que hicimos fue llenar nuestro vaso con 1/3 de agua fría y dos cucharadas de pintura y removimos. La pintura no se disuelve muy bien con el agua pero no os preocupéis, que en el siguiente paso esto se arregla. Añadimos a nuestra mezcla 2/3 de yeso y removimos hasta que quedó bien mezclado y con una consistencia como si fuera un yogur. Con mucho cuidado pusimos la mezcla dentro de los moldes de silicona, en una hora estaban listos y los peques se lo pudieron llevar a casa. Nosotras les dijimos que esperaran al día siguiente para utilizarlos porque es importante que el yeso se seque del todo.

Esperamos que si la hacéis…¡os divirtáis mucho! A nosotras nos parece una actividad súper chula para hacer con los peques para luego salir a jugar, disfrutar del buen tiempo y dibujar figuras divertidas en el suelo.

¡Buen fin de semana!

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