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Estoy del Black Friday…

Esta semana tocaba escribir sobre ecología y experimentos. Está claro que, con el título que acabáis de leer, esto no va de experimentos. El no comprar de manera excesiva, reciclar juguetes y ropa y concienciar a nuestros pequeños sobre este tema está completamente relacionado con cuidar el mundo en el que vivimos por tanto, con la ecología. Dicho esto… aquí vamos. 

En los últimos días, he tenido varias discusiones referentes a esto del Black Friday, ¿vosotros, qué opináis?

El Black Friday es una tradición americana que se celebra justo el día después de Thanksgiving (festividad que aquí no se conoce en la que, aparte de “dar gracias” comen hasta reventar). Hay varias teorías sobre el origen del Black Friday y todas coinciden en que es una oportunidad para cambiar los números de la contabilidad de tu negocio de red a black. Todos los americanos, después de haberse pegado un buen festín en Thanksgiving, esperan con ansias el Black Friday. Cuando viví en Estados Unidos, realmente flipé con lo importante que es esta fecha para ellos. Cuatro o cinco (o a veces más) meses atrás, comienzan a hacer la lista de cosas que “necesitan” comprar, los negocios invierten una cantidad exorbitante de dinero en publicidad para anunciar sus descuentos ese día, las familias tienen tradiciones de despertarse a las cuatro de la mañana para evitar colas en las tiendas, toda una revolución envuelta en el consumismo. Era la conversación por excelencia de la sobremesa del Thanksgiving, incluso los niños sabían de qué iba. No podía evitar pensar qué les estábamos enseñando. No me gustaba nada en ese entonces, no me gusta nada ahora.

Cuando llegué a vivir a Barcelona hace nueve años, no había ni black ni red ni orange Friday. Halloween no se celebraba, los Reyes y el Caga Tió eran lo que había y las luces y los arbolitos navideños aparecían en las tiendas a finales de noviembre y no a principios, como ahora. Cuando yo llegué a vivir a Barcelona, percibía un sentimiento bastante general de rechazo a la cultura americana. Esto me gustaba, hablaba de Barcelona como una ciudad que defendía sus tradiciones, su idioma, su cultura. En cambio, hoy me parece que tiene más fuerza y convocatoria un evento relacionado con Halloween que uno relacionado con la castañada.

México, país en el que me crié, tiene una influencia americana fuertísima. Siempre me pareció un país que, por cercanía, seguía las costumbres de Estados Unidos olvidando las suyas y esto me daba mucha tristeza. En la escuela, recuerdo a una profesora que defendía a capa y espada el Día de Muertos ante Halloween. Aquellos que no conocéis la tradición, os invito a ver este vídeo, es precioso.

Bueno, esta profesora tampoco apoyaba el Valentines Day y la venta excesiva de tarjetas, flores y globos en forma de corazón. También nos enseñó que la Navidad es un momento de agradecimiento, ilusión y felicidad en familia más que los regalos, la cantidad de regalos, la calidad de regalos, el envoltorio de los regalos, etc.

Volvamos a por qué comencé este post diciendo que he tenido varias discusiones sobre el tema del Black Friday. Alguien que conozco está montando su oficina desde cero, lleva semanas pensando en lo que se quiere comprar en el Black Friday, con sus listas y todo. Claro, cuando le expuse mi manera de pensar, no le pareció bien. Lo entiendo, entiendo que finalmente el Black Friday sea una oportunidad para comprar todas estas cosas que necesitas y no dejarte la cartera en el intento. Entiendo también por qué María y yo estuvimos discutiendo si hacíamos algún tipo de descuento en nuestra tienda o no. También lo entiendo porque yo mañana aprovecho los descuentos que hacen en mi óptica para graduarme las gafas y comprarme unas lentillas, llamadme incongruente pero estoy en formato ahorro.

Está claro que hay “tradiciones” que han llegado para quedarse, especialmente en las grandes empresas.  Me cuesta aceptarlo porque, los que me conocéis, sabéis que a veces vivo en un mundo de yupi en el que me encantaría que las cosas fueran como antes y que no se fueran perdiendo tradiciones que son importantes.

Comienzan los días en los que la ilusión por la Navidad está muy presente. Mis alumnos llegan a clase cantando villancicos y hablan de su cartita a los Reyes. Me cuentan que su estación favorita del año es Winter porque es Navidad. Y aquí, otro momento confesión: no solía gustarme mucho la Navidad. Tranquilos, creo que el hecho de trabajar con niños me ha hecho cambiar de idea. Me da la oportunidad de aportar mi granito de arena para recordarles, como lo hizo mi profesora en su momento, lo importante que es estar felices y agradecidos con lo que tenemos a nuestro alrededor. También me da la oportunidad de vivir la ilusión con ellos y, sorprendentemente, me encanta.

Está claro que los niños aprenden de nosotros. Muchas veces sin que nos demos cuenta, ellos observan todo lo que pasa a su alrededor y, si nos ven obsesionados con las compras, el dinero y los descuentos, es posible que crezcan pensando que esa obsesión es natural, y no lo es. Es una realidad que el mundo está cambiando pero creo firmemente que la clave está en la compensación y el equilibrio. Si educamos a nuestros niños con valores, por mucho consumismo que haya en el mundo, se desarrollarán mejor.

Vamos a enseñarles a nuestros niños que no es mejor quien más cosas tiene. Vamos a enseñarles lo importante que es comprar cositas en comercios pequeños que estén en nuestro barrio. Vamos a enseñarles a cuidar el mundo en el que vivimos cuidando los envoltorios, reciclando o haciéndolos nosotros mismos. Vamos a enseñarles lo importante que es compartir y quedemos un día para ir a donar los juguetes y ropa que ya no usemos a niños que lo necesitan. Una vez escuché a una mami que cada Navidad hacía que su hijo escogiera sus tres juguetes favoritos y, de esos tres, debía elegir uno para regalar. Me encantó. Vamos a montar el arbolito recordando que lo más importante es estar juntos cantando villancicos, comiendo turrón y riéndonos en familia. No dejemos que olviden las tradiciones que han marcado nuestra historia y creemos nuevas tradiciones familiares que se basen siempre en el cariño, la ilusión y la emoción que toda esta época mágica conlleva. Eso sí, cuando los niños duerman, en el ordenador, ¡a aprovechar las rebajas!

Me encantaría una iniciativa en la que todos los comercios de barrio y proximidad se unieran para crear sus propios descuentos. Una iniciativa que nos motive a comprar los regalitos navideños ahorrando y apoyando negocios locales. Es una de las cosas que me encanta de trabajar aquí, la vida de barrio. Así que, si tenéis alguna propuesta, ¡nosotras nos apuntamos!  Mientras tanto, vamos a disfrutar de esta época tan bonita como lo que es: una época bonita.

 

El frasco de la vida en versión infantil

Hace unos días me topé con un vídeo cuyo mensaje es recordarte las cosas importantes de la vida. Creo que, esta vida tan acelerada que llevamos (o por lo menos a veces, yo), nos lleva a olvidar lo que es realmente importante. Los días pasan rápidamente y, conforme vamos creciendo, más.

Trabajar con niños conlleva una enorme responsabilidad. Cada palabra, información, tono y reacción son determinantes para la formación de nuestros pequeños. Cuando vi este vídeo pensé que esta idea se podía transformar en una actividad dedicada a mis niños, me puse a trabajar en ello y hoy he decidido compartirla con vosotros. Primero, os muestro el mensaje inspiracional y, después, mi idea bombero.

Hace mucho tiempo un anciano profesor reunió a todos los alumnos de su clase y sin decir palabra, tomó un frasco vacío y grande de boca ancha, y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Luego le preguntó a sus estudiantes si el frasco estaba lleno.
Los estudiantes respondieron que sí.
Así que el profesor tomó una caja llena de canicas y la vació dentro del frasco. Las canicas llenaron los espacios vacíos entre las pelotas de golf y el profesor volvió a preguntarle a sus alumnos si el frasco estaba lleno y ellos volvieron a decir que sí.
Luego el profesor tomó una caja con arena y la vació dentro del frasco. Por supuesto, la arena llenó los espacios vacíos y el profesor preguntó nuevamente si el frasco estaba lleno.
En esta ocasión los estudiantes respondieron con un ¡¡ sí!! , rotundo.
El profesor enseguida agregó 2 tazas de café al contenido del frasco y efectivamente llenó todos los espacios vacíos entre la arena.
Los estudiantes no lo podían creer. Cuando la risa se apagaba, el profesor dijo:
– “Quiero que se den cuenta que este frasco representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes, como la familia, los hijos, la salud, los amigos… las cosas que te apasionan. Son cosas que aun si todo lo demás lo perdiéramos y sólo éstas quedaran, nuestras vidas aún estarían llenas.
Las canicas son las otras cosas que importan, como el trabajo, la casa, el coche, etc.
La arena es todo lo demás, las pequeñas cosas.
Si ponemos la arena en el frasco primero, no habrá espacio para las canicas ni para las pelotas de golf. Lo mismo ocurre con la vida. Si gastamos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, nunca tendremos lugar para las cosas realmente importantes.”
Uno de los estudiantes levantó la mano y preguntó qué representaba el café. El profesor sonrió y dijo:
“Sólo es para demostrarles que no importa lo ocupada que tu vida pueda parecer, siempre hay lugar para un par de tazas de café con un amigo.”

Interesante, ¿no? Estuve un tiempo considerable haciendo una lista de las cosas más importantes, primero para mí y después para los niños. Realmente fue un ejercicio ponerme a pensar y priorizar. Los adultos tenemos nuestras prioridades, algunas veces más claras que otras pero este post está dedicado a los pequeños, así que aquí vamos.

Para hacerlo más divertido, decidí cambiar las pelotas de golf por pelotas de ping pong. ¿Por qué? Aparte de que personalmente pienso que el ping pong es más divertido que el golf, son más fáciles de pintar. Muchos conocéis mi poca habilidad para dibujar, pero como tenía muchas ganas de hacer esta actividad hoy seré muy valiente y os mostraré mis dibujos.

Para mí el amor y el cariño son fundamentales. Creo que es básico enseñarles a nuestros niños lo importante que es querer y cuidar a la familia, a los amigos, y a nosotros mismos. Con esto, tendríamos cubiertas nuestras pelotitas de ping pong. Comencemos por la familia: nuestros padres, abuelos, tíos y primos, nuestra mascota, etc. Según lo grande que decidáis sea el frasco, las pelotas que dediquemos a esto.

La salud representa un amor y un cariño hacia nosotros mismos, esto podríamos representarlo a través de buenos hábitos como lo son: comer bien, hacer ejercicio, dormir suficiente, reírnos mucho, meditar y relajarnos.

Las personas que decidimos nos acompañen en el camino, también son muy importantes. Esas personas que van a nuestra clase, que se sientan a nuestro lado en el comedor, que juegan con nosotros en el patio, que comparten las mismas inquietudes, que tienen las mismas preguntas y sobre todo que crecen al mismo tiempo que nosotros. Esas personas que llamamos amigos y están ahí para apoyarnos en todo momento. Me pongo muy sensible con este tema porque al estar fuera de mi país y lejos de mi familia, los amigos para mí son fundamentales. Son esas personas que me han ayudado y guiado por el camino y que considero importantísimo cuidar y querer.

En el texto del mensaje no aparece nada sobre cuidar el mundo en el que vivimos, pero ya nos conocemos y saben que mi vena ecologista salta en todo momento. Me parece imprescindible inculcarles a nuestros pequeños el amor por el mundo en el que vivimos, así que yo dibujaría esto en una gran pelota de ping pong.

Ahora bien, continuemos con las canicas. Encontré en nuestro almacén unas bolitas de porexpan más pequeñas que las pelotas de ping pong y me parecieron geniales para reemplazar las canicas. De acuerdo al mensaje, las canicas son las “otras” cosas que importan. Cuidar de nuestra casa y de nuestras cosas es muy importante, ir contentos a la escuela y aprender mucho, decidir junto a nuestros padres las actividades después del cole que más nos gustan y disfrutarlas.  Me parece que aquí es fundamental que nos sentemos con ellos y les preguntemos qué cosas les gustan, qué es lo que creen ellos es importante y ayudarlos a priorizar según los valores que queramos inculcarles.

La parte de la arena puede ser muy divertida. Si tenemos sal y colorante en casa, podríamos hacer sal de colores. La arena representa las pequeñas cosas como los juguetes, la ropa y otras cosas materiales que son importantes pero no imprescindibles para ser feliz. No es necesario tener las bambas más molonas o el juego más tecnológico.

Continuamente me encuentro con lecciones como éstas que me ayudan a recordar lo que es fundamental para ser feliz y a poner las cosas en su lugar. Creo firmemente que,  si adaptamos estas lecciones con mensajes que nuestros pequeños puedan entender, que estén relacionados con sus intereses según la edad que tengan y según lo que les guste, seguramente de mayores no necesiten continuos recordatorios de lo que es más importante. A mí me hubiese encantado tener una profe que me enseñara estas cosas. Ya os contaré qué tal me va cuando haga la actividad con mis alumnos.

Pues con esta entrada nos despedimos del blog por unas semanas. Este viernes es el último día de casal de verano y todo el equipo nos vamos de vacaciones (muy merecidas, creo yo). Muchas gracias por este increíble año escolar, hemos aprendido muchísimas cosas y, gracias a vosotros, hemos crecido mucho más. Nos vemos en septiembre, ¡feliz verano a todos!