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Otoño, ¡por fin!

Hace unos meses, cuando escribí sobre la primavera, os comenté que el otoño es mi estación favorita del año. Recuerdo perfectamente la cara de María cuando lo leyó y me preguntó ¿Otoño?… ¡pero si a mí me encanta el verano! Cada estación marca un cambio y, para mí, el otoño es como mi año nuevo personal. Es la época en la que dejo atrás las cosas que no me gustan, me propongo nuevos retos y objetivos y tengo la necesidad de volver a mis hábitos pre-veraniegos y de crear nuevas rutinas.

No es nada fácil. El otoño representa el final de los días largos y soleados trayendo consigo días más cortos y grises. En Barcelona, se ha marchado el verano de golpe. Desde el día uno, septiembre se ha llenado de lluvias, días fríos y nublados y nos ha dejado sin la oportunidad de disfrutar los últimos tintes de verano. Ésta es una época en la que me siento especialmente nostálgica, no me sorprende. Siempre he sido una persona muy sensible a los cambios de temperatura y los días nublados tienden a cambiarme los ánimos. Desde pequeña, cuando llovía, los ánimos se me alteraban y no había quien me aguantase. Hablando con otras personas me pude dar cuenta de que no soy la única que pasa por esto y, después, investigando, me encontré con el término TAE (Trastorno afectivo estacional) un trastorno afectivo-emocional ocasionado por los cambios estacionales.

Una de las razones por las cuales tenemos cambios de ánimo es por la falta de luz solar. El sol nos proporciona, aparte de un bronceado bonito en verano, un aumento en los niveles de serotonina. La serotonina son neurotransmisores que se encuentran en el sistema nervioso central y que están directamente relacionados con el estado de ánimo y el bienestar de las personas. Estos neurotransmisores se encargan de regular sobre todo el apetito y el sueño. Me parece que todos sabemos de sobra lo mucho que se puede ver afectado nuestro carácter si comemos y dormimos mal. Leyendo sobre esto, también encontré que los hombres producen un 50% más de serotonina que las mujeres. Mmm…ahora entiendo muchas cosas.

Está claro que el cambio afecta  o, mejor descrito, altera. Durante todo el año, el cuerpo se encuentra en constante adaptación a los cambios y estaciones y, como no podría ser de otra manera, este post lo dedico a ofrecer consejos que se basan sobre todo en la alimentación y los buenos hábitos para poder superar este cambio estacional de la mejor manera posible. No olvidemos que los niños también sufren alteraciones en su estado de ánimo a causa de este cambio así que estos consejos también van para ellos.

Una de las cosas que considero más importantes es el cuidado de la alimentación, finalmente somos lo que comemos y estoy segura que nuestro sabio planeta nos proporciona alimentos de temporada para combatir cualquier tipo de trastorno estacional. Vamos a ver.

Por ejemplo, durante esta época del año encontramos espinacas (no, no las de bolsa o congeladas que hay en el súper todo el año) sino manojos de espinacas que, salteadas con un buen aliño, están muy buenas. Al igual que las acelgas, estas dos plantas tan monas ayudan a la producción de serotonina en nuestro cuerpo.

Los alimentos que contienen carbohidratos y almidón también ayudan. La calabaza, protagonista del otoño, es un alimento que tiene un contenido considerable de carbohidratos y almidones. A mí me encanta en un buen sofrito o al horno. Yo no sabía  que el cabello de ángel, que a mí no me gusta nada, se hace con calabaza. Así que para los amantes de este relleno, ya sabéis qué pedir en la pastelería.

Las manzanas son alimentos ricos en hidratos de carbono y éstos a su vez ayudan a la producción de serotonina. Yo no soy muy fan de las manzanas pero sí de los hidratos de carbono, ¡y quién no!

Más de una vez he escuchado a la gente decir: come carbohidratos que estarás más feliz. Sí, es verdad, pero hay que tener mucho cuidado con el tipo de carbohidrato que comemos. Es evidente que un plato de pasta con una salsa exquisita y mucho queso hace feliz a cualquiera pero estos alimentos producen un subidón de energía exclusivamente momentáneo.

Dicen por ahí que: “Después del verano, la uva llega al mercado”. Puede que las semillitas sean un poco incómodas pero… ¡qué ricas están! Hay que recordar que la fruta, si se come entera, mejor. La fibra de las pepitas y la piel ayudan a contrarrestar el alto contenido de azúcar que tiene la uva, proporcionándonos todos los nutrientes. Aparte que son antioxidantes, depurativas y nos dan mucha energía.

Si preguntáis a mis alumnos cuál es mi fruta favorita, los que me prestan un poco de atención, os responderán: la mandarina. Esta fruta llega al final del otoño y tiene todos los nutrientes para prepararnos para el invierno. Me encanta.

Una vez, alguien me contó que leyó un estudio en el que durante equis tiempo los taxistas de Nueva York tenían que comer sólo pescado. ¿Por qué? Pues porque el pescado contiene altos niveles de Omega 3 que ayuda a reducir el estrés. Después de unas semanas de sólo comer pescado, los taxistas se encontraban de mucho mejor humor, su estado de ánimo había cambiado y el estrés de una gran ciudad no les afectaba tanto como antes. No encontré el estudio pero sí que encontré que el consumo de Omega 3 ayuda a incrementar la serotonina. Yo tengo una ligerita pelea personal con el pescado ya que, según de dónde venga, tiene altos niveles de mercurio por lo que yo me decanto por otros alimentos ricos en Omega 3 como lo son los frutos secos y sus aceites: el lino, por ejemplo, tanto en aceite como en semilla es excelente. La chía, las nueces, el cáñamo y el sésamo, también. Es importante saber que estos aceites no deben utilizarse para freír, en crudito mejor.

Por último, mi recomendación favorita, es comer chocolate. No sólo aumenta los niveles de serotonina sino también de endorfinas. Mucho cuidado con el chocolate que elegís, el componente que nos produce esta felicidad es el cacao, así que cuanto más oscuro, mejor.

Aparte de la alimentación, practicar buenos hábitos nos ayudará a combatir estos cambios estacionales. Hacer ejercicio de manera regular siempre ha sido bueno para el cuerpo. Si hoy hemos aprendido que la serotonina es producida por la luz, es muy importante intentar pasar el mayor tiempo posible al aire libre. Si caminamos 30 minutos y disfrutamos de la luz del día, mataremos dos pájaros de un tiro. Aunque esté nublado, nuestro cuerpo lo agradecerá. El estrés, sí, ese sentimiento que a veces nos invade y no nos damos ni cuenta, interfiere en la producción de serotonina, por lo que es recomendable también realizar prácticas como yoga, meditación y ejercicios de respiración.

Y ahora, mi consejo muy personal… ¡Disfrutad del otoño! Los colores de sus parques, las hojas y los cielos son las razones por las cuales ésta es mi estación favorita.

La primavera… ¡la sangre altera!

Después del otoño, la primavera es mi estación favorita. Hoy recordé, porque seguro me lo enseñaron en la escuela hace años,  que el término prima viene de primer y vera de verdor.  Me encanta porque, ahora que voy tranquila por la vida, veo como en Barcelona todos los árboles comienzan a florecer, el parquecito donde comemos cambia de color, los días son más largos, también nos confiamos y salimos con esa chaqueta ligerita que tanto nos queremos poner y entonces nos resfriamos,  las alergias están a la orden del día, nos sentimos más cansados, nos irritamos. Por eso el otoño es mi estación favorita.

El cuerpo, como todo, necesita un proceso de adaptación al cambio y la sabia naturaleza nos proporciona las herramientas para hacer de este proceso algo más llevadero. Leyendo sobre cómo llevar mejor la astenia primaveral encontré consejos como: esperar a ponerte ese modelito primaveral ansioso y salir bien abrigado, hacer ejercicio, aprovechar que los días son más largos pero no olvidarte de tu descanso y el que es para mí el consejo más sabio de todos: la alimentación.

Cestas de fruta de temporada | Más info: Cesta de fruta y ve ...

La naturaleza nos ofrece una serie de frutas y verduras que ayudan al cuerpo a adaptarse y a vivir la primavera como se debe: feliz, con energías y sin resfriados. Perdón, pongo mucho énfasis en el resfriado pero es que llevo todo el invierno sin ponerme enferma y hoy no paro de toser, tengo los ojos llorosos y me siento un poco cansada.

En fin, una de las lessons que más disfruté fue cuando les enseñé a mis niños y niñas lo importante que es consumir productos de temporada y lo mucho que ayudamos al planeta no comprando un melón en enero o cerezas en octubre. Estamos muy acostumbrados a ver de todo en las fruterías durante todos los meses del año, por lo que es muy fácil olvidarnos de que existen alimentos de temporada. Me preocupa que nuestros niños en un futuro no reconozcan ni el término. Pero este es un post de salud y bienestar así que ya os compartiré la lesson en otro momento, es sólo para recordaros que si las frutas y verduras son de temporada es por algo.

Una de las razones por las cuales me gusta tanto la primavera es por sus…fresas, ¡sí, me encantan!  A mordidas, en pasteles, con zumo de naranja, en smoothies, ñam. Las fresas son una fuente de vitamina C, antioxidantes, depurativas, buenísimas para el hígado, antiinflamatorias, diuréticas…vamos, ¡una maravilla! Pero claro, hay que saber elegirlas. Hay que evitar esas cajas que tienen la primera capa maravillosa de fruta sin saber lo que hay debajo, observar su color y textura, olerlas (aunque esto no asegura nada) y, sobre todo, comprarlas en una frutería de barrio que te asegura que sus productos son de proximidad. Mi consejo: comprarlas camino a casa muy maduras, lavarlas y congelarlas. El batido de plátano que me hago cada día durante esta temporada es de color rosa, es más dulce y más fresquito.

Se puede hacer lo mismo con las cerezas sólo que hay que quitarles el hueso antes de congelarlas y esto representa tiempo y trabajo. Las cerezas, otra fruta de temporada, son la mejor opción para depurar el organismo y liberar tu cuerpo de toxinas. Sus propiedades antioxidantes son increíbles ayudando a combatir enfermedades degenerativas, cardiovasculares y a conservar nuestra vista.  Las cerezas son excelentes cuidadoras de nuestra piel y de nuestros huesos. Importante comprarlas muy maduras en la frutería ya que los expertos dicen que es una fruta que no madura bien en casa.

La primavera es la estación en la que se disfruta mejor de los espárragos blancos o trigueros. Importante que, cuando vayamos a comprar, nos fijemos bien de dónde vienen los productos. No queremos alimentos que hayan viajado desde Perú o China para estar en nuestra mesa. Mi abuela siempre decía que el espárrago es el alimento para mantenerse joven, esto debe ser por su alta cantidad de ácido fólico que ayuda a la creación de células nuevas. Yo es que recuerdo a mi abuela siempre joven así que haré caso y comeré espárragos, ¡con lo ricos que están!

Los guisantes, no esos que vienen en bolsas de plástico congeladas, sino los ricos naturales que sólo hay que pelar y saltear con cebolla y jamón, también encuentran su mejor época del año en la primavera. Estas bolitas verdes tan ricas ayudan mucho al sistema circulatorio y cuidan nuestro corazón.

Yo no sabía qué eran los nísperos hasta que llegué a vivir a Barcelona. Vivía en un piso con un jardín y un árbol en medio muy grande y muy bonito que daba nísperos, muchos. En cuestión de semanas aparecían, maduraban y luego había que comérselos enseguida, regalarlos o hacer mermelada. El níspero es una fruta expectorante , sus hojas ayudan mucho cuando estás enfermo de la gripe y cuando tienes tos. Por cierto, hoy no me vendría nada mal un té de níspero.

Los albaricoques marcan el final de la primavera y a mí me recuerdan mucho a cuando iba a Mallorca de pequeña. Tengo familia ahí y recuerdo que, cuando iba de vacaciones, mi abuela me preparaba una tarta de ¿albari…qué? Me costó mucho aprenderme el nombre pero me encantaba y con tan sólo montarme en el avión ya estaba pensando en ella. Buscando información sobre las propiedades de los alimentos que acabo de compartir con vosotros encontré que el albaricoque es la base de la alimentación de la comunidad de Hunza. Me sonaba de algo este nombre y me puse a investigar. Es un pueblo que está al norte de Paquistán y que su dieta es exclusivamente vegetariana y se centra en el consumo del albaricoque. Una de las teorías es que viven más de 100 años gracias a su alimentación y otra, que tienen un sistema de calendarización diferente. Yo os invito a que investiguéis por vuestra cuenta, pero lo que está claro es que el albaricoque está muy bueno (en tarta, mejor) y es rico en minerales, vitaminas y sobre todo en potasio.

Quiero recomendar y agradecer a Botanical Online, una página que me ayudó mucho para escribir este post, me enseñó las propiedades de algunas frutas y verduras y  me sugirió recetas de comida, mascarillas, zumos, etc., que me parecen muy interesantes y que seguro pondré en práctica, ya os contaré.

Así que nada, familia, espero que disfrutéis de la primavera, del sol y el buen tiempo. Vamos a aprovechar que estas frutas y verduras tan buenas para el cuerpo son de esta temporada y a cuidarnos, ¡que nos lo merecemos!

Happy Spring you all!