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Once upon a time…

Por todos es sabido que la mejor manera de aprender un idioma (ya sea el inglés o cualquier otro) es jugando, divirtiéndose. Se habla mucho de aprender mediante juegos de vocabulario, juegos de movimiento, pero… ¿y los cuentos? Creo que no se habla tanto de ellos como se debería, porque con las nuevas tecnologías, cada vez nos alejamos más del formato papel.

Los cuentos son una herramienta muy interesante para aprender otra lengua. A través de ellos fomentamos el interés por la lectura desde pequeños y, si es en otro idioma, ¡aún mejor!

La mayoría de mamás con las que he hablado sobre este tema me han comentado que les ponen a sus hijos los dibujos de la tele en inglés, pero que todavía no lo han probado con los cuentos. ¡Pues adelante!

Mi recomendación es empezar por los cuentos que ya conocen en su lengua materna, por sus cuentos favoritos. Así, como ya conocen la historia y los personajes, podrán entender mejor el vocabulario nuevo. Para facilitárselo más, incluso podemos irles señalando las palabras que vamos diciendo en las ilustraciones del cuento. Por tanto, es muy importante el componente visual, sobre todo cuando son más pequeños, para que les sea más fácil entender las palabras nuevas.

Si tu nivel de inglés (o del idioma extranjero que quieras que tu hijo aprenda) es correcto, es ideal que tú mismo le leas los cuentos. Si no, puedes recurrir a los audiolibros o a las aplicaciones que explican cuentos. Las dos opciones tienen su parte positiva: si le explicas el cuento tú, disfrutaréis de un ratito juntos compartiendo una actividad tan preciosa como es la lectura. Si decides poner un audiolibro o recurres a una aplicación, tu hijo podrá escuchar un acento nativo, que siempre es súper recomendable. Así que no te preocupes, las dos opciones son buenas.

Una amiga me contó lo que hace con sus hijos y lo vamos a empezar a hacer con Bruno. Te lo cuento por si te apetece copiar la idea: cuando le vayas a explicar un cuento en inglés a tu(s) hijo(s), di: Story timeeeee! Así vendrá corriendo a escuchar el cuento. Entonces, empieza siempre igual, diciendo Once upon a time… Así, tu hijo ya relacionará que le vas a explicar un cuento en inglés. Es una buena idea, ¿verdad?

foto: Madres Hoy

Como siempre, cuanto más pequeños sean, mejor. Si empezamos a explicarles cuentos en inglés cuando tengan seis o siete años, quizás ya no quieren, porque les apetece más entenderlo todo y, lógicamente, se sienten más cómodos escuchándolo en su lengua materna. En cambio, si empezamos a hacerlo cuando tienen uno o dos años, será mucho más fácil. Y no te extrañes si tu hijo siempre quiere que le expliques los mismos cuentos o si siempre quiere ver las mismas películas. A los niños les gusta repetir las historias, porque así ya conocen el argumento, pueden predecir lo que pasará, entienden lo que dicen o piensan los personajes, etc. Si el cuento no es en su lengua materna, todavía repetirán más, porque tendrán la necesidad de conocer bien la historia.

Así pues, aquí van mis consejos para empezar con la dinámica de Story timeeee! en tu casa:

  • Piensa en cuentos que le gusten y cómpralos en inglés, para leérselos tú mismo (o, si lo prefieres, busca la versión en audiolibro).
  • El día que quieras empezar, explícale que, a partir de ahora, cuando digas Story timeeee! le explicarás un cuento en inglés.
  • Empieza a explicarle el cuento que hayas escogido con Once upon a time…
  • ¡Disfruta este ratito con tu hijo, lo recordará siempre!

Aquí tienes una lista de cuentos tradicionales que me gustan mucho por su argumento y moraleja y que son fáciles de entender para explicarlos en inglés:

  • Los tres cerditos (The three little pigs)
  • La Caperucita roja (Little red Riding hood)
  • El patito feo (The ugly duckling)
  • Hansel y Gretel (Hansel and Gretel)
  • Ricitos de oro y los tres osos (Goldilocks and the three bears).

Aunque quizás algún día te dé pereza (a todos nos pasa), piensa que es una actividad muy bonita para compartir en familia. Todos recordamos a nuestra abuela, abuelo, madre o padre cuando nos explicaba cuentos, y es un recuerdo maravilloso. Si no puede ser siempre en inglés, no te preocupes, dos o tres veces por semana ya está bien. No olvides que los beneficios de contar cuentos a tus hijos son muchos: les ayudarás a ejercitar su memoria desde pequeños, a vencer sus miedos, a ser más reflexivos y, sobre todo, les encantará que pases ese ratito con ellos.

Hablarlo… eso ya son palabras mayores

Hay una situación que me parece increíble cada vez que la vivo: a mis treinta años, tengo muchos amigos y conocidos de mi edad (o mayores) buscando trabajo o con intención de cambiar de trabajo para encontrar algo mejor. El gran desafío al que se enfrenta la mayoría de ellos son las entrevistas. ¿Por qué? Porque, muchas veces, son en inglés.

¡Qué miedo!, ¡Qué vergüenza! o ¡No me va a salir ni una palabra! son afirmaciones que me han dicho muchas veces compartiendo su nerviosismo el día antes de una entrevista. Y si es por Skype o por teléfono, todavía peor. No se sienten seguros al hablar este idioma en público. En general, las personas de mi generación nos sentimos capaces de escribirlo y entenderlo, pero hablarlo… eso ya son palabras mayores.

Reflexionando y documentándome sobre este tema, encontré un estudio que publicó Cambridge University Press el pasado mes de enero, que señala que el 44% de los españoles reconoce que su nivel de inglés es “bajo” o “muy bajo”. Somos uno de los países peor situados en el gráfico de toda la Unión Europea. Pero, ¿sabes lo que más me impactó cuando leí el estudio? Julio Redondas, director de comunicación de Cambridge University Press, explicaba que uno de los mayores obstáculos de los españoles es la vergüenza que tenemos a la hora de  hablar en inglés aunque, paradójicamente, el estudio asegura que “es el país que mejor sabe reírse de sí mismo. El hecho de que España se valore negativamente “no está relacionado directamente con la autoestima de los ciudadanos”. Según Redondas, el problema es que “sabemos más inglés del que creemos pero no confiamos en nuestra capacidad para hablarlo o escribirlo”.

A raíz de esto, me puse a pensar en los Parents Day, las actuaciones que hacemos para las familias al final de cada trimestre. ¡Qué buena oportunidad para exponerse a la situación de hablar en inglés en público! Afrontar esta situación desde pequeños, perder la vergüenza, superar esa inseguridad inicial… y aprender a hablar sin traducir desde el castellano o desde el catalán. La magia de aprender un idioma desde niño es justamente que, como sus redes neuronales se están desarrollando, aprendemos de forma natural y no traduciendo, como hacemos los adultos.

Me gustaría comparar la exposición de un adulto a hablar otra lengua en público (en una entrevista, reunión de trabajo, etc.) con la exposición de un niño. Por mi experiencia os puedo asegurar que he sido testigo de la gran diferencia que existe entre ambas. Un adulto puede haber hecho quince entrevistas en inglés y, cuando hace la número dieciséis, todavía sigue nervioso e inseguro. En cambio, un niño, cuando se expone a hablar en público en inglés desde pequeño, a la segunda o tercera vez, generalmente ya ha superado el “pánico escénico” y es capaz de hablar tranquilamente y seguro de sí mismo.

Además, cuando un niño aprende un idioma desde pequeño (con “pequeño” me refiero de 0 a 6 años), aprende a aprender un idioma. Valga la redundancia. Sí, la única manera de aprender es aprendiendo. Cuando se aprende inglés y francés, luego resulta más fácil aprender otra lengua porque la disciplina es la misma y el cerebro se acostumbra. Empezar de pequeño es el primer paso para ser un buen políglota.

Desde hace unos treinta años, el interés de muchos padres por que sus hijos vayan a la universidad y por que aprendan inglés está al mismo nivel. Entonces, mi pregunta es: ¿cómo es posible que muchos lo aprendan desde que tienen 3 años y luego no sean capaces de defenderse en una reunión de trabajo? Pues, en mi opinión, en gran parte es por culpa de la gran tendencia que hay (espero que cada vez menos) en España de aprender haciendo ejercicios en libros de texto y con profesores no bilingües.

Esta idea la explica muy bien y esquemáticamente Claudia Carter, una mamá inglesa que vive aquí desde hace años y que ha creado un método de enseñanza de inglés a bebés. Carter afirma que “El proceso a través del cual aprendemos nuestro idioma nativo sería, de manera esquemática, el siguiente: escuchar varias veces la misma palabra, reproducirla y perfeccionar la pronunciación; aprender a leer la palabra y aprender a escribir la palabra”. Sin embargo, señala que “en España los idiomas se enseñan al revés de cómo aprendemos nuestro primer idioma. Primero se aprende a escribir, luego a leer, luego a hablar y luego a escuchar. Cuando lo más importante de aprender un idioma es hacerse entender en él, nuestro sistema busca solamente poder entenderlo”.

Me encantaría que dejáramos de lado ya nuestra obsesión por los títulos oficiales y realmente aprendiéramos las lenguas extranjeras bien: haciendo actividades que nos gusten en estos idiomas e integrándolos en la vida diaria.