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Mindfulness hasta en la sopa

¡Hola, 2018! Hace diez días que empezó el año y cada día he escuchado mínimo a dos o tres personas decir: ya no puedo comer más, este año iré al gimnasio, comienza la operación bikini, me he pasado mucho estas vacaciones, etc. La lista de propósitos relacionados con el deporte y la comida ya la conocéis. Aviso que este post no va de consejos para cumplir estos propósitos ni de cómo lograr depurar los excesos de las navidades a través de mágicos batidos. Este post va de algo con lo que topé hace algunos días que quizá os ayude a cumplir vuestros propósitos. A mí me hizo pensar.

El 27 de diciembre la nutricionista Natalia Moragues escribió un artículo en El País en el que explicaba que en estas fechas es muy fácil olvidarnos de nuestras buenas costumbres o dejarlas de lado justificándonos por las fechas, las visitas familiares, etc. Tenemos la excusa perfecta para comer todo lo que queramos. Y no debería ser así.

Y a ver, seamos honestos, yo subí un par de kilos estas Navidades y, entre turrón y chocolate, dije más de una vez: total, si en enero empiezo dieta y gym, vamos a darle alegría al cuerpo, Macarena. Después, me encontré con este artículo que me hizo reflexionar sobre el daño que le podemos hacer al cuerpo con estos cambios de alimentación.

No es necesario olvidarnos de todos nuestros buenos hábitos sólo porque sean fechas especiales. Lo mismo pasa en verano con las vacaciones. Creo que mi propósito este año es tener claro qué hábitos saludables me gustaría seguir de verdad e intentar cumplirlos todo el año. Está claro que habrá maravillosas excepciones, pero en el artículo leí algo que me pareció muy acertado: diciembre tiene treinta y un días y el número de días festivos en los que están más que permitidos los caprichos son tres. Yo me pasé veinte celebrando que era Navidad. Aquí os dejo el artículo por si queréis leerlo, la verdad es que la manera de escribir me gustó mucho y, a su vez, me llevó a pensar en mi propósito personal del 2018: practicar el Mindful eating.

¿Cómooooo? Cuando leí el término en el periódico me llamó mucho la atención. Y, últimamente, leo mindfulness por todas partes. Es una práctica que se está poniendo muy de moda y yo, he de confesar, que incluso hasta me gusta. ¿Por qué? Porque significa que cada vez más gente es consciente de lo importante que es parar un momento y ser reflexivos con lo que hacemos.

En uno de los primeros artículos que escribí para este blog, os conté cómo había cambiado mi vida desde que comencé a dedicarle tiempo a mis mañanas, mi despertar, mi desayuno, deporte y demás rituales matutinos. Pues bien, este año pienso aprender a comer con conciencia y tranquilidad. Este mundo va tan rápido que cada vez nos es más fácil olvidarnos de los pequeños grandes placeres de la vida como es comer. Le dedicamos muy poco tiempo a cocinarnos, a mimarnos, a escoger los productos que más nos gusten, que nos vayan mejor para el cuerpo y ¿por qué? La mayoría de la gente me responde: porque no tengo tiempo. Es ahí cuando pienso que si sumáramos todos los minutos que estamos metidos en el móvil tendríamos tiempo para cocinar hasta para veinte personas. Lo sé, estoy exagerando, pero ya me entendéis.

Y entonces, ¿qué es el mindful eating? La atención plena y consciente en lo que comemos incluyendo todos sus procesos: los ingredientes, la preparación y el momento adecuado para comer, cuándo comemos porque tenemos hambre y no por estrés, ansiedad o aburrimiento, etc. Es dedicar tiempo a comer, saborear, masticar y reflexionar sobre lo que estoy comiendo y cómo va a responder mi cuerpo ante eso. Yo, que soy fan de las patatas de churrería, ya os contaré qué me pasa la próxima vez que las coma y haga esta reflexión. Quizá sea momento de hacerle caso a mi amiga vegetariana y comenzar a comer chips de boniato y otras verduras que dice que están muy ricas.

Como siempre, creo que todo es cuestión de encontrar el equilibrio. De lo que sí estoy convencida es de lo importante que es dedicarle el tiempo necesario a algo que es esencial para nuestro cuerpo: la comida.

No olvidemos también que nosotros somos el ejemplo de las futuras generaciones. Nuestros niños tienen que ser capaces de entender y disfrutar de la comida. Hacerlo a su ritmo y sin prisas. Este fin de semana estuve conviviendo con una niña de dos años y, a la hora de la merienda, estuvimos hablando de su manzana, el color, lo jugosa que era, lo rica que estaba, nos imaginamos la manzana bajar por la barriga…¡fue muy divertido! A ver, no estoy diciendo que esto se haga cada vez que le damos de comer a los niños porque nos podemos volver locos. Pero sí que es verdad que, si les damos más tiempo para que exploren y experimenten, ellos irán descubriendo a través de la comida diferentes maneras de nutrir su cuerpo y su mente. Sabrán que, finalmente, somos lo que comemos.

Crema de cacao industrial, no. Casera, ¡sí!

Hace un mes, nuestros amigos de Freefood colaboraron con nosotros para hacer un taller de comida saludable para los más peques. Aparte de nuestras actividades semanales, cada año intentamos hacer un taller que cree conciencia de la importancia de comer bien, con productos de temporada y de proximidad. De hecho, estoy súper emocionada porque el próximo trimestre me toca dar clase a los alumnos mayores y el planning va de lo importante que es, tanto para el medio ambiente como para el cuerpo, consumir productos de temporada. Seguramente en el próximo post de ecología y experimentos hablaré de ello. Hoy toca escribir una lesson plan y os voy a contar lo que hicimos en el taller y os compartiré la receta para que la podáis hacer con vuestros hijos.

Ese viernes por la mañana fui a recoger los productos a la tienda y a que Marina y David me explicaran las recetas. Cuando me dijeron que haríamos crema de cacao casera…¡se me abrieron los ojos! Kiwi, plátano, manzana, pera y mandarina serían las frutas que utilizaríamos para dippear y, para la crema, teníamos cacao puro en polvo, leche de arroz, tahín, sirope de agave y aceite de coco. Me vine a WonderFUN con mi caja llena de cositas muy contenta a prepararlo todo.

El objetivo principal de esta actividad era demostrar a los niños que una merienda puede ser sana y rica, ¡muy rica! Y si la preparan ellos, mejor. Por experiencia sé que a los niños les encanta ensuciarse las manos y ayudar a “cocinar”. Les da un subidón de autoestima saber que ellos mismos han preparado una merienda que, encima, ¡está buenísima! Ese día realmente lo estaba.

Los chicos de Freefood nos propusieron tres opciones de recetas por si teníamos algún niño alérgico o al que no le gustara algo. Son muy fáciles de hacer y a los niños les encantó. Aquí van:

Crema de chocolate con plátano

Ingredientes:
– 1 Plátano maduro machacado
– Cacao puro en polvo

Proceso:
Machacar el plátano con la ayuda de un tenedor y añadir 1 cucharada sopera rasa de cacao en polvo y mezclar bien.

Utensilios:
– 1 plato
– 1 cuchara sopera
– 1 tenedor

Crema de chocolate con aceite de coco

Ingredientes:
– Cacao puro en polvo
– Aceite de coco
– Sirope de agave

Opcional: Añadir un poquito de bebida vegetal de arroz para que tenga un sabor más dulce.

Proceso:
Siempre la misma cantidad de cacao puro en polvo que de sirope y añadir la mitad de esta cantidad de aceite de coco. Por ejemplo: 1 cucharada sopera de cacao puro en polvo, 1 cucharada de sirope de agave y 1/2 de aceite de coco (1 + 1 + 1/2). En caso necesario, añadir un poco de bebida de arroz. Remover bien para que quede todo bien mezclado. Si el aceite de coco está muy duro deshacer un poco al baño maría o al microondas.

Utensilios:
– 1 bol
– 1 cuchara sopera
– otra cucharita para remover

Marina me explicó que, como el aceite de coco al enfriarse endurece un poco, con esta receta se hacen las famosas bolitas energéticas.

Crema de chocolate con tahín

Ingredientes:
– Cacao puro en polvo
– Sirope de agave
– Tahín (crema de sésamo)

Opcional: Añadir un poquito de bebida vegetal de arroz para que tenga un sabor más dulce.

Proceso:
La misma cantidad de cacao puro en polvo que de sirope, en este caso sirope de agave, y añadir la mitad de esta cantidad de tahín, la crema de sésamo (1 + 1 + 1/2). Mezclar todos los ingredientes. En caso de quererla más suave, añadir la bebida de arroz.
Utensilios:
– 1 bol
– 1 cuchara sopera
– otra cucharita para remover

¿Se os ocurre mejor manera de merendar crema de cacao? ¡Pues a mí no! Los pequeños se lo pasaron súper bien mezclando ingredientes, cortando la fruta y disfrutando de la merienda. Es muy importante que creemos conciencia a nuestros niños de lo importante que es comer bien y que sepan que hay alternativas a todo lo industrial (que está muy rico, sí) pero que las hay, encima fáciles y divertidas. ¡Qué lo disfrutéis!