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¡Visita a la frutería y al supermercado!

Los que nos leéis regularmente sabéis que llevo unos cuantos posts hablando de lo feliz que soy este trimestre con mis alumnos mayores y todo lo que estoy haciendo con ellos. Hace algunos días os prometí una lesson plan de una de mis actividades favoritas y aquí la tenéis. La próxima semana nos vamos de visita a la frutería y al supermercado para comparar tomates. Esa fruta roja y deliciosa que cuando es buena de verdad sólo con un poquito de aceite y sal ya es un verdadero deleite. Pero cuando no es buena de verdad es horrorosa y, desgraciadamente, cada vez más común en los supermercados.

Durante estos días hemos estado repasando la diferencia entre lo orgánico y lo industrial. Hemos aprendido lo que es más sano y mejor para el cuerpo y para nuestro mundo. Pues bien, aquí tenéis lo que tengo pensado hacer la próxima semana. A ver qué os parece y, si os gusta, recomiendo lo hagáis con vuestros peques en casa.

Antes de irnos de visita les daré una hoja con diferentes preguntas que tendrán que responder después de visitar la frutería local y el supermercado. Primero, las discutiremos en clase y generaremos hipótesis. Luego, compararemos resultados.

Éstas son las preguntas:

  1. ¿Cuántos tipos de tomate hay?
  2. ¿De dónde vienen los tomates?
  3. ¿Cual es el precio?
  4. Tamaño
  5. Apariencia
  6. Olor
  7. Sabor

Apuntaremos las hipótesis en la pizarra y nos iremos de paseo con nuestra tabla.  Las primeras tres preguntas las rellenaremos en la tienda. Compraremos tomates tanto en la frutería como en el supermercado y regresaremos a completar el resto de las preguntas.

Una vez estemos en clase analizaremos el tamaño, apariencia y olor del tomate. Compararemos lo que realmente es con las hipótesis que habíamos generado y apuntaremos los resultados. Ahora viene mi parte favorita de la actividad: les preguntaré a todos cuál creen que tiene mejor sabor. Cuando hice esta actividad hace tres años, absolutamente todos mis niños me contestaron que el más bonito tendría mejor sabor. Así que, para generar un mayor interés en ellos, les tapé los ojos y les di a probar los dos tipos de tomate. Todos adivinaron que el del supermercado sería el más rico. ¡Sorpresa! El tomate de frutería un poco deforme que escogimos había gustado más a su paladar.

Con esta actividad los peques aprenden que existen diferentes tipos de tomate. En el supermercado generalmente encontramos dos o tres y en su mayoría provenientes de España. En la frutería hay unos seis o siete y el origen es más específico y más cercano a Barcelona. En el supermercado, también aprovechamos para ver el origen de otros alimentos. Hay varios que provienen de otros continentes. Aquí los niños y niñas aprenden que hay frutas y verduras que viajan muchos kilómetros (en tren, camión, barco o incluso avión) para llegar a nuestra mesa y que es importante consumir los que tenemos más cerca. ¿Por qué? Porque evitando el transporte, colaboramos al cuidado del medio ambiente.

Otro aprendizaje sería algo parecido a la frase “no es oro todo lo que reluce”. Hoy en día es muy fácil encontrar un tomate redondo y perfecto, con un rojo brillante, un olor espectacular y, al probarlo,…llevarnos una gran decepción. Los supermercados eligen los alimentos por su apariencia, no por su sabor. He de confesar que cuando hicimos esta actividad escogimos el tomate más bonito del supermercado y el más deforme de la frutería. Pero esto nos sirvió para demostrar que el tomate de frutería de verdad estaba exquisito mientras que el del súper no tenía ningún tipo de sabor.

Aquí os dejo la Tomato chart  que hemos diseñado para que, aparte de todo el aprendizaje en relación al consumo de productos de proximidad y cuidado del medio ambiente, aprendan a utilizar comparativos y superlativos…¡en inglés! Si queréis practicar con ellos, adelante.

Dont worry, BEE happy

Cada vez estamos más cerca de nuestro Summer Camp. Como muchos sabréis, cada semana tratamos una temática diferente pero hay una que, año tras año, repetimos. El año pasado fue Green kids, el anterior We recycle y éste: We take care of our world.

Me he divertido muchísimo preparando la programación de las actividades que van a hacer nuestros pequeños este verano pero, cuando llegué a esta semana, tuve un pequeño bloqueo. No quería que los niños hicieran lo mismo que otros años. Me costó un poco ya que, como buena ecologista, ésta es mi semana favorita y no encontraba actividades chulas que aportaran algo más a mis peques.

Hace poco, hojeando mi libreta de ideas, una libreta que me regaló María para apuntar todas las cosas que se me van ocurriendo, vi escrito: Bees!  Ella es muy fan de apuntarlo todo en libretas y hoy se lo agradezco mucho, pues de repente tenía claro qué quería que aprendieran mis niños durante esta semana.

Hace unos meses escuché una declaración de un payés muy preocupado por la situación de las abejas en la que decía que, si no se hacía algo pronto, nos quedaríamos sin frutas, verduras, ni nada que comer. Yo era consciente del problema de las abejas pero, para ser muy honesta, no tenía ni idea de lo grande que era. Me puse a investigar y pensé que, para el Summer Camp, podría ser una muy buena idea crear conciencia a mis niños sobre lo importante que es cuidar a las abejas.

Para cuidar, hay que querer y yo personalmente tengo pavor a las abejas. Los que me conocen, saben lo ridícula que me puedo llegar a poner alrededor de estos bichos. Hace años, cuando estuve trabajando con niños en EEUU, hacíamos muchas actividades al aire libre y vaya si había abejas. Cada vez que se acercaban, tenía que hacer un trabajo mental muy intenso para no transmitirles mi pánico. No quería que crecieran siendo ridículos como yo.

Pues nuestro trabajo este verano comienza por querer a las abejas. Quiero enseñar a los niños el papel tan importante que desempeñan estos animalitos en nuestro mundo. Gracias a ellos tenemos flores, frutas, verduras y miles de plantas. Quiero que sean conscientes de esto a través de diferentes actividades que hoy quiero compartir con vosotros. Sabéis que soy muy partidaria de motivar a las familias a poner su granito de arena para poder preservar nuestro medio ambiente, así que ahí voy:

Planta flores autóctonas y que florezcan todo el año. Las abejas responden mejor a las flores que crecen en su zona. Investiga en tu tienda de jardinería qué flores silvestres son autóctonas y crecen mejor donde vives durante todo el año. Si son de diferentes tamaños y colores, ¡mejor!.

Planta flores amarillas, blancas, azules y lilas. Son los colores más atractivos para estos animalitos.

Planta hierbas y flores que atraigan a las abejas. El cilantro, hinojo, lavanda, menta, romero, salvia, tomillo, azafrán, geranio, rosa, dalia, jacinto y girasol son hierbas y flores que a las abejas les encantan.

No utilices pesticidas. Las plantas sin químicos, mejor. Intenta tener un jardín libre de pesticidas y busca opciones que sean naturales.

Sin duda, este año haremos nuestras propias macetas y nos llevaremos a casa florecitas y plantas que ayuden a nuestra causa. Investigando encontré que también se pueden hacer bañeras y refugios para abejas. Me encanta pensar en la idea de mis niños construyendo una bañera para que las abejas puedan beber agua sin ahogarse, así como una casita en la que puedan refugiarse. ¡Qué divertido!

Pero a ver, es natural que lo primero que pensamos cuando escuchamos… ¡una abeja! es: cuidado, no te vaya a picar. Somos muchos los adultos que les tenemos miedo y que nuestra primera reacción al ver el insecto es correr. Me parece importantísimo que, aparte de tener flores y plantas que las atraigan y de  crear refugios y bañeras, les enseñemos a los niños a no tenerles miedo, pero sí respeto. Nosotras este verano también les enseñaremos a: mantener la calma si una abeja se acerca y no correr, a no molestarlas y a respetar su espacio. Se me están ocurriendo algunas ideas de dinámicas muy divertidas para enseñarles todo esto, ya veremos qué tal.

Así que eso familias, vamos a ser conscientes de lo importante que es cuidar nuestro alrededor y vamos a transmitirlo a nuestros pequeños. No me voy a cansar de repetirlo, son ellos quienes vivirán mañana en este mundo  y nosotros los que hoy somos responsables de guiarlos.

¡En verano os cuento cómo ha ido!

 

Mis pequeños embajadores de la playa

Esta semana en la clase de Nature comenzamos a aprender sobre cómo cuidar el mar y sus animalitos. Cuando estudié el curso para especializarme en la enseñanza del inglés a niños pequeños, mi profesora nos enseñó un cuento: Anouk the Eskimo.

Anouk es una niña esquimal que vive en el Polo Norte, le gusta mucho comer pescado y cada día por la mañana sale a pescar en su barquito. Un día, como siempre, Anouk tenía hambre y, al salir al mar, se encontró con botellas y bolsas de plástico. Anouk volvió a casa muy triste y muy hambrienta, sólo había pescado basura. Su mamá le dijo que escribiera una carta a todos los niños del mundo. En esta carta, Anouk les pediría que, por favor, la ayudaran a mantener el mar limpio y que no tiraran más basura. La mamá metió la carta en una botella mágica y la tiró al mar. Del otro lado del mundo, estaban dos niños jugando en la playa cuando se encontraron con la botella. Al abrirla y leer el mensaje se pusieron muy tristes por Anouk y prometieron ser guardianes de la playa y ayudar a conservarla limpia.

Ayer les conté el cuento a mis niños y por poco y me pongo a llorar de verles las caras cuando les conté que Anouk sólo había pescado basura y tenía hambre. Les intenté explicar que todos podemos ser guardianes de la playa y aportar nuestro granito de arena. Les pedí a cada uno que tacharan en la pizarra lo que no pertenecía al mar y fue muy emotivo ver cómo lo hacían mientras decían: NO!

 

Por pura coincidencia, el otro día me puse a ver un documental sobre un investigador que, a los 8 años, hojeando una revista de National Geographic, se impresionó del tamaño de las ballenas azules y, desde entonces, se propuso que quería ver una en vivo y a todo color. Mientras lo veía, pensé en la influencia que tienen las cosas que vemos cuando somos pequeños y lo mucho que molaba que este hombre hubiese logrado su propósito de ver ballenas. En mi cabeza comenzaron a aparecer ideas de qué me gustaría que mis pequeñitos vieran y aprendieran y de lo orgullosa que me sentiría si en alguno de ellos pudiese tener el impacto que esta revista tuvo en ese niño.

Estaba yo así, pensando cuando, de repente, el cámara enfocó una imagen del mar lleno de aceite, plástico, basura y cosas asquerosas. Cambié mi cara enseguida y pensé: ¿esto no era un vídeo bonito de crustáceos y animales del mar? Pues, no. El documental comenzó a tomar un giro ambiental muy fuerte. La cantidad de plástico que hay en el fondo del mar, los químicos que producen y lo mucho que afecta a la vida marina, todo era horrible. Y ahí voy a querer llorar otra vez de las imágenes que mostraban. Soy una persona muy sensible con este tema y la gente de mi alrededor me dice que no vea estos vídeos, que lo único que hacen es alterarme. Apagué la tele y me fui a dormir.

Tengo que decir que estoy de acuerdo en que estos vídeos me alteran y no hace falta, me pasa lo mismo con el telediario y el periódico, que evito a toda costa. Me encierro en mi burbuja pero me aseguro de que dentro de esa burbuja haya una conciencia, sobre todo para los más pequeños. Como responsables de los niños, que somos TODOS, no podemos obviar el hecho de que, si no hacemos algo pronto, el mundo en el que vivirán ellos (o sus hijos) será un desastre.

En los últimos 10 años hemos producido más toneladas de plástico que en todo el siglo XX y se prevé una producción aún mayor en los próximos años. Sólo una pequeña parte del plástico se recicla y todo lo demás va a parar al mar. En agosto del año pasado, Francia aprobó una ley que prohíbe la producción de vasos, platos y cubiertos de plástico y, que obliga a que, a partir del 2020, estos elementos estén hechos de materiales biodegradables. Mmm…veo el 2020 un poco lejos, pero bueno, por lo menos se comienzan a tomar medidas.

No quiero enumerar las mil razones que hay para no fomentar el uso del plástico en nuestras vidas, en Internet he encontrado mucha información al respecto y no quiero ponerme fatalista (o a llorar otra vez), simplemente quiero animaros a crear conciencia en los más pequeños para que cuiden el futuro de este mundo en el que vivimos. Esto sólo podemos hacerlo con el ejemplo.

Ayer, cuando terminamos de tachar todas las cosas que no pertenecían al mar, cambiamos las caras de nuestros dibujos y los niños se fueron contentos a casa. Espero haber dejado una huella, aunque sea pequeñita, y este verano sean mis pequeños embajadores de la playa.