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El tiempo es la necesidad que tenemos de sentirnos libres

Nadie nace sabiendo hablar, ni sabiendo leer, ni sabiendo vestirse solo. A todo nos tienen que enseñar o tenemos que aprender. De igual manera, nadie sabe ser mamá o papá cuando nace su primer hijo. A eso también tenemos que aprender, poco a poco.

Conozco a muchos tipos de madres y padres diferentes, ninguno mejor que otro, simplemente diferentes. Cada uno tiene su día a día, su trabajo, su forma de vivir e intenta ejercer su papel de padre o madre lo mejor que puede. Lo que sí suele ser un denominador común de todos es que, en algún momento, dicen la frase ¿Por qué el día no tiene más horas? No llego a todo.

¿Te suena? Seguramente sí. Hoy hablaremos de cómo podemos organizarnos y aprender a dedicarnos tiempo a nosotros mismos cuando somos mamás o papás. Sí, a eso también podemos aprender.

Hace unas semanas tuve el placer de pasar un par de horitas desayunando con otras mamás y, justamente, estuvimos tratando este tema de la falta de tiempo y de cómo nos las ingeniamos para sacar algún ratito al día para nosotras. El post de hoy se lo dedico a ellas y a todas las mamás que nos leen. Perdonadme los papás, pero hoy va para ellas, para nosotras.

Creo que, en general, las mujeres somos como las “directoras de orquesta” y, el resto de la familia, toca su instrumento cuando nosotras se lo indicamos. Quizás somos un poco controladoras y queremos tenerlo todo bajo control. Y el hecho de ver que, sin nosotras, la familia no tira, es una enorme responsabilidad, es una sobrecarga emocional que dificulta mucho que podamos descansar, tanto a nivel físico como mental.

Muchas veces tenemos la sensación de que no llegamos a todo e incluso nos sentimos culpables. ¿Sabes por qué? Por la presión social y por la idealización de la maternidad. Se espera que siempre tengamos que estar llenas de energía para nuestros hijos, siempre contentas y de buen humor, siempre dispuestas a ayudar. No olvidemos que, además de mamás, somos personas. Somos mujeres, hijas, esposas, hermanas, amigas, trabajadoras… Somos muchísimas cosas. Evidentemente, ser madres es lo más importante de nuestra vida, nuestros hijos y familia son nuestra prioridad, pero también necesitamos tiempo para nosotras. Si no, llega un punto en el que “petamos”.

No es cuestión de ponernos dramáticas, para nada, sólo es cuestión de ser conscientes de que también necesitamos nuestros momentos, nuestro tiempo libre. Muchas estaréis leyendo esto algo incrédulas y pensando: ¿Cómo lo puedo conseguir? Después te daré algunos consejos, pero los principales son dos: organizándote bien y, sobre todo, sin sentirte culpable.

Piensa que la única persona que puede cambiar el hecho de tener tiempo para sí misma o no, eres tú. Sólo tú. Y, además de tu(s) hijo(s), tu pareja, tu familia o tus amigos, tú también eres una prioridad. No olvides esto nunca. Si te abandonas y te dejas en segundo plano, si no te mimas, empezarás a sentirte triste, vacía y seguramente las cosas no irán bien.

Te voy a contar cómo lo hago yo, a ver si te puede funcionar a ti también. Empieza por un poquito: pueden ser quince minutos al día, una mañana a la semana o lo que tú puedas. Intenta que, como mínimo, sean quince o veinte minutos cada día, aunque lo ideal es una horita. Tómate ese ratito para relajarte, mimarte sólo a ti, para tener una cita contigo misma. Piensa: Tengo este ratito para mí y lo voy a aprovechar.

A partir de aquí, puedes hacer lo que más te apetezca, depende de tu manera de ser: ir a correr o a nadar, hacerte una mascarilla de esas que tienes guardadas y que nunca te pones, ir de compras, leer una revista tranquilamente sentada en una terracita al sol, quedar con una amiga, leer un capítulo (o más) de un libro, mirar un capítulo (o más) de una serie, escuchar tu lista de canciones preferidas en Spotify, tomarte una infusión calentita, disfrutar de un baño tú sola sin que nadie entre, hacer esa llamada a una amiga que tanto te apetece y que nunca haces, salir a pasear tranquilamente y sin rumbo… y un larguísimo etcétera. Depende de lo que más te guste o más te apetezca en ese momento. Al principio te parecerá muy difícil y tendrás que “obligarte” a dedicarte ese tiempo diario (o semanal), como tú decidas. Pero intenta que no sea media hora al mes, porque no es suficiente. Sin embargo, como sucede con todas las rutinas, en cuanto te acostumbres, te darás cuenta de cuántos beneficios tiene. Aprovecha estos momentos, aunque sean cortitos. Regálate unos minutos al día ¡y verás qué bien te sientan!

La siguiente duda que tendréis muchas es: ¿y cuándo lo hago? No busques tiempo, hazte tiempo. Por la mañana antes de que se despierten los niños, mientras duermen la siesta, por la noche cuando duerman, mientras están en la extraescolar… “Mi momento” es una horita o horita y media (depende del día) es después de cenar con mi marido, cuando Bruno está durmiendo. Y, una vez al mes, intento reservarme una mañana o una tarde enteras para mí. Tienes que encontrar el momento. Ganarás muchísimo, créeme. Lo he comprobado. Ganarás autoestima, paciencia, positivismo, reducirás tus niveles de estrés y, sobre todo, valorarás mucho más el tiempo que estés con tus hijos, porque también tendrás el tuyo contigo misma.

Después, también considero muy importante que dediquemos una noche a la semana (o cada dos semanas) para ir al cine con nuestra pareja, o a dar un paseo, o a cenar. Sí, los dos solos, no es lo mismo ir todos que ir los dos. Somos papá y mamá, pero también somos pareja y necesitamos nuestro tiempo juntos, para que el amor siga creciendo y evolucionando. Muchas veces acabamos hablando de los hijos, es cierto, porque es lo más importante que hemos hecho juntos, pero no pasa nada. Aunque hablemos de ellos, estaremos solos, disfrutando el uno del otro. Y, si podemos permitirnos dejar a los niños con los abuelos o con los tíos e irnos de finde romántico los dos, ¡todavía mejor! Sé que esto, para muchos, son palabras mayores, pero si nos lo proponemos, seguro que podemos conseguirlo.

Te regalo una reflexión que intenta resumir lo que pienso sobre este tema:

Está claro que mi hijo me ocupa muchísimo tiempo que antes tenía libre, pero esto de mi vida personal se acabó, ahora sólo soy mamá, no puede ser. Ser madre es maravilloso, pero también es un trabajo muy demandante y cansado, por eso tengo que recargar energías, disfrutar de mi tiempo, porque mis necesidades son igual de importantes que las del resto de la familia. Es evidente que el rol que me requiere más tiempo es el de ser mamá y acepto que nunca había sido tan feliz, pero dedicarme mi tiempo y estar por mí misma no es egoísmo, sino amor propio. Si estoy bien y soy feliz, mi hijo también lo será.

Me gustaría terminar citando una frase de Séneca que dice: Todas las cosas nos son ajenas, sólo el tiempo es nuestro. ¡Ánimo, no siempre es fácil, pero puedes conseguirlo!

¿Estás bien? Pues tus hijos, también

Últimamente, cuando me pongo a escribir un post, me sale hacer referencia a mis gurús, a las personas que me inspiran, a los que yo llamo “mis guías espirituales”. Hace unas semanas os hablé de Victor Küppers, que me encanta. Otra de las personas que más me inspiradora últimamente es Lucía Galán, más conocida como “Lucía mi pediatra”.

Es una pediatra asturiana que vive y ejerce en Alicante, mamá de dos hijos, que escribe y da conferencias sobre crianza, compaginar el trabajo con la educación de nuestros hijos, encontrar tiempo para nosotras…

Hace algunas semanas, un sábado por la mañana, tuve la oportunidad de ir a escucharla al auditorio del colegio de Los Corazonistas. “Educar desde la tranquilidad”. Qué gran título para la conferencia. Cuando lo leí, ya quise comprar la entrada.

En la conferencia hablaba de cosas muy diversas: el postparto, las enfermedades más comunes que pueden tener los niños, cómo dedicarles tiempo de calidad, etc. Escuchar a Lucía me transmitió mucha tranquilidad y me ayudó a entender que los padres somos los referentes más importantes de nuestros hijos y que, lo que nos ocurre a nosotros, les afecta a ellos. Si estamos tranquilos e intentamos no vivir ahogados en las prisas y en el ritmo de vida frenético, nuestros hijos lo agradecerán. Muchísimo.

Al salir de la conferencia, me compré el segundo libro que ha escrito Lucía, Eres una madre maravillosa. Casi me lo he terminado y he marcado varias páginas para copiarme frases suyas que me gustan y que me quiero copiar para irlas releyendo de vez en cuando. Una de mis preferidas la voy a compartir contigo, a ver si te puedo transmitir la tranquilidad que sentí yo al leerla.

Y aprendí. Aprendí a no juzgarme. A no ser tan dura conmigo misma. Aprendí de mis errores, descubrí cómo potenciar mis fortalezas y cómo trabajar y mejorar mis debilidades. Así que, la próxima vez que la culpa sobrevuele tu cabeza, que intente amargarte la vida y oscurecer el espejo donde cada mañana se miran tus hijos, repítete: Aun con toda mi montaña de defectos, soy una madre maravillosa”.

Genial. Absolutamente genial. La tengo muy presente porque llevo varias semanas trabajando muchísimo. Dejo a Bruno en la guardería a las nueve de la mañana y muchos días llego a casa tarde, sobre las siete o siete y media de la tarde. Son muchas horas, sí. Pero, ¿qué voy a hacer, sentirme mal por trabajar? No, de ninguna manera. Tengo la grandísima suerte de trabajar en algo que me apasiona, a lo que no me importa dedicar muchas horas, así que tengo que aprovecharlo. Evidentemente, elegí ser mamá para dedicarme a mi hijo lo máximo posible, pero no por compaginarlo con el trabajo tengo que sentirme mal.

A veces es difícil, porque estoy trabajando y pensando en qué estará haciendo él, pero he aprendido a verlo de manera positiva. En la guardería está encantadísimo, disfruta mucho. Después, una tarde está con su papá, otra con su abuela, otra con su abuelo y dos conmigo. ¡No me puedo quejar!

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Además, me he dado cuenta de que es cierto lo del “tiempo de calidad”. Parece que sea una moda de esta sociedad en la que las mamás y los papás no tenemos demasiado tiempo, pero creo que es verdad. He comprobado que es mejor tiempo de calidad que cantidad de tiempo.

Es mágico llegar a casa, dejar el móvil en silencio, estirarme con mi hijo en el suelo y contarle cuentos. Le encanta. Le encanta y me encanta. Después, cuando se cansa, me pongo a tocar la guitarra y cantamos los dos juntos. Le encanta. Le encanta y me encanta. Luego a la bañera con calma, le doy la cenita tranquilamente, y a dormir. Con calma y tranquilidad. Felices porque hemos pasado la tarde juntos y ha sido súper divertido. Y muchos días llega su papá y podemos estar un rato los tres. Todavía mejor.

Con esto quiero decir que me he dado cuenta de que, si otro día de esa semana llego más tarde y no puedo explicarle cuentos, no pasa nada. Los días que pueda, lo haré. Antes, me sentía mal porque tengo amigas que salen de trabajar a las dos y pasan todas las tardes con sus hijos. Ahora ya no, en gran parte gracias a la conferencia de Lucía y a su segundo libro. Te lo recomiendo.

Otro aspecto importante que a muchos nos cuesta es dedicarnos tiempo a nosotros mismos e invertir tiempo en nuestra pareja. ¡Es tan importante! Así, estaremos más descansados y felices para dedicarles tiempo de calidad a nuestros hijos. No hacen falta grandes cosas. Yo mañana, por ejemplo, me tomo la mañana libre, hago un pequeño “parón” después de estas tres semanas tan frenéticas, y me voy a un SPA en el centro de Barcelona, me harán un masajito y luego me iré a comer tranquilamente con mi marido. ¿Es malo hacer esto porque, mientras tanto, nuestro hijo estará en la guardería? ¡Pues claro que no! Cuando le vayamos a buscar, estaremos tan relajados y contentos, que nos hará muchísima ilusión pasar toda la tarde jugando con él, explicándole cuentos o cantando.

Si nosotros estamos bien, nuestros hijos también lo estarán.