Aprendemos a base de prueba error…

Los que leéis nuestro blog desde hace tiempo, sabréis que, de vez en cuando, me gusta ir citando a mis gurús, a las personas que me inspiran y me motivan en la crianza de mis hijos. Todas las mamás sabemos que la crianza es de las mejores cosas que nos pueden pasar en la vida, pero también es complicada, cansada y, algunas veces, muy difícil.
Cada hijo es un mundo, cada familia es diferente y cada manera de educar es única. Todo es respetable, por supuesto, estoy segura de que todas las madres y padres lo hacemos lo mejor que sabemos. A veces, al menos en mi caso, necesito informarme o documentarme sobre ciertos aspectos de la educación de mis hijos que no sé cómo gestionar o que me cuestan. Me da mucha seguridad ver que a otras personas les pasa lo mismo y puedo aprender los métodos que aplican, los consejos que aportan, etc.

Uno de mis gurús por excelencia, además de Lucía mi pediatra, es Álvaro Bilbao. Seguro que muchos de vosotros ya le conocéis. Es un neuropsicólogo, especialista en el funcionamiento del cerebro infantil, formador, conferenciante y escritor. Pero, como él mismo dice, “sobre todo, padre”. Si quieres saber más sobre él, aquí tienes su biografía.

Su libro El cerebro del niño explicado a los padres me está encantando. Me quedan unas cuarenta páginas para terminarlo y es un auténtico tesoro. Una maravilla, de verdad, que ha marcado un antes y un después en mi día a día como mamá de dos. Me ha gustado tanto que incluso he ido subrayando fragmentos, los que me parecen más indispensables, y creo que me los copiaré en una hoja que pondré en mi mesita de noche, en la nevera o en algún sitio que me permita leerlos a menudo.

De todos los puntos que explica con tanta experiencia Álvaro Bilbao, los que más me han marcado y que me gustaría destacar son los siguientes:

1) Niños exigidos, niños felices. Entendiendo bien el concepto de exigidos. Obviamente, exigir con cariño y respeto, pero un niño exigido aprende cuáles son los límites, aprende lo que es correcto y lo que no, aprende lo que quieren transmitirle sus padres, y es mucho más feliz. A veces, nos da pena marcar mucho a nuestros hijos, nos sentimos ogros por ponerles límites, pero les estamos haciendo un favor. En realidad, les estamos dando algo muy positivo para ellos y les estamos ayudando a ser más felices ahora y en un futuro.

2) El refuerzo positivo es muchísimo más efectivo que el refuerzo negativo. Muchos padres y madres (yo me incluyo), tendemos a dar mucha importancia a lo que nuestros hijos hacen mal. Que si hoy se ha portado mal en la consulta del pediatra, que si hoy ha pegado a un niño en el parque, que si hoy ha estado contestón y enfadado toda la tarde… Sí, eso puede ser, pero… ¿qué ha hecho bien? Seguro que, en todo el día, algo habrá hecho bien, ¿no? Pues eso es a lo que más importancia tenemos que dar, porque así nuestro hijo se dará cuenta de que lo positivo es lo importante y no lo negativo. Álvaro Bilbao muestra ejemplos tipo: mi hija ha estado toda la mañana molestando a su hermana pequeña, sin dejarle los juguetes, no ha querido recoger, no quería comer…etc pero luego, por la tarde, antes de irnos al parque, a la primera vez que he dicho: ¡Nos vamos al parque! ¿Nos ponemos los abrigos? A la primera, ha venido corriendo, se ha puesto la chaqueta ella solita y se ha preparado para salir de casa. Este hecho, teniendo en cuenta que a la niña le suele costar muchísimo obedecer a la primera y que generalmente le da pereza vestirse sola, tiene muchísimo mérito. Pues ese día, en vez de estarle recordando lo “mal” que lo ha hecho toda la mañana, le tenemos que valorar lo bien que lo ha hecho al ir al parque. Quizás parecerá una tontería, pero no lo es. Para nada, es importantísimo que nuestros hijos vean que les valoramos sus esfuerzos, por pequeños que sean, y que el clima familiar es mucho más agradable y feliz cuando se esfuerzan por hacer algo mejor. Si no, si sólo les pegamos sermones cuando se comportan mal o estamos enfadados, perciben que casi siempre hacen las cosas mal. Y seguro que no es así.

3) Educar sin castigos no es una utopía, es real. Álvaro Bilbao dice que en su casa no castigan jamás. Cito sus propias palabras: En nuestra casa no castigamos jamás. Sí que hay consecuencias, eso sí, a determinadas acciones. Si mi hijo no apaga la tele a la hora a la que debe ya sabe que, al día siguiente, no podrá verla. Hay que saber diferenciar entre lo que es un castigo y una consecuencia natural, lógica, a un comportamiento concreto. Ahí está la clave: consecuencias. Los niños entenderán que, obviamente, si no hacen lo que tienen que hacer en un momento determinado, eso tendrá consecuencias. Y lo más importante para educar sin castigos es poner límites a nuestros hijos y explicarles lo que no queremos que hagan antes de que ocurra, no cuando ya están con la rabieta o en el momento del enfado o de la frustración. Ahí está el error que cometemos muchos.

Para terminar, diría que no es nada fácil ser madre o padre, nadie nos enseña y vamos aprendiendo a base de prueba-error. No podemos pretender que nuestros hijos hagan caso a la primera, estén sentaditos y sin hacer ruido en un restaurante con dos años o sepan gestionar su frustración con siete años cuando se pelean con un amiguito. En la crianza, es mejor tener expectativas realistas para no frustrarnos y seguir adelante. Es mejor ser conscientes de que todos nos equivocamos, porque somos humanos, perdemos la calma y podemos llegar a nuestros límites, pero no tenemos que sentirnos peores madres o padres por ello. Lo importante es saber qué hacer cuando nos equivocamos, explicarle al niño lo que ha pasado para que aprenda, para que aprendamos todos y sigamos adelante en la mejor aventura de nuestras vidas.

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