Siempre hay colores intermedios

Hoy es el quinto día que llevamos encerrados en casa, el quinto día de confinamiento. Confinamiento, una palabra que no usábamos muy a menudo y que, en estos días, está en boca de todos, significa recluir algo o a alguien dentro de límites. Eso es lo que estamos haciendo estos días, pasar las 24h del día dentro de los límites de nuestra casa, sólo pudiendo salir a comprar. Cómo cuesta, madre mía. ¡Y todavía nos quedan diez días más, por lo menos!

Te voy a contar, de forma muy sincera y natural, cómo están siendo para mí este confinamiento. Durante estos días, he experimentado diferentes formas de envidia: envidia de aquellos que no tienen hijos y que pueden confinarse tranquilamente en su casa solos o en pareja. Seguramente tendrán que trabajar desde casa un ratito, pero también podrán leer, descansar, ver series, charlar tranquilamente con su pareja, hacer videollamadas con sus amigos, etc. ¡Qué diferente a lo que puedo hacer yo! Jornada completa non stop con mis hijos (suerte que también está mi marido), jugando con ellos, pensando mil y una actividades para que no se aburran, para que podamos ir ocupando las horas y se cansen, para poder dormir por la noche.

También he sentido envidia de aquellos que trabajan para otros. Algunos de ellos tendrán que trabajar desde casa (la mayoría), si su trabajo se lo permite. Pero bueno, una vez hayan cumplido con su obligación, dormirán tranquilos porque sabrán que cobrarán igualmente a final de mes. No es ese mi caso, ni el de muchos otros pequeños empresarios, que estamos acojonados (hablando en plata) por cómo va a ir evolucionando todo esto, rogando que el confinamiento no se alargue más de las dos semanas que nos han dicho, porque eso podría tener consecuencias muy muy negativas para nuestras empresas. Para algunos, incluso irreversibles.

También he sentido envidia de los que tienen una casa con jardín o con terraza grande, porque ellos podrán salir un ratito a tomar el sol cada día. Por lo menos un ratito al exterior, se necesita como el agua. En estos días, la gran ilusión del día es bajar la basura o ir a comprar el pan, leche o lo que haga falta. Seguro que a muchos de vosotros os pasa igual, ¿a que sí?

También he sentido envidia de los que tienen tiempo para ponerse a hacer las clases de yoga, de zumba o de aerobic online. ¡Cuántas opciones nos están llegando estos días! Quizás parecerá un poco contradictorio, porque estamos todo el día en casa, pero todavía no he conseguido sacar tiempo para hacer estas cosas. Estoy todo el día con los niños, jugando con ellos para que se lo pasen lo mejor posible, preparando comidas y cenas, ordenando lo que puedo la casa para que no esté hecha un desmadre… ¡No he tenido ni tiempo para unirme a una de estas clases en un directo de Instagram!

Dicho esto, te diré que hace un rato, cuando he tenido unos minutos para tumbarme en el sofá mientras mi hijo veía un ratito la tele, he pensado que tenía que hacer un clic, un cambio de mentalidad. Porque, si no, es para volverse loco.

Está claro que cualquier ser humano se vuelve loco y se rebela cuando le coartan la libertad. Eso es el primer problema que está ocasionándonos el maldito coronavirus. Que te prohiban salir de casa si no es por un motivo de extrema necesidad, es realmente difícil de asumir. Creo que para cualquier persona, pero sobre todo si eres alguien tan activo y callejero como yo, que no soy de estar mucho por casa. Es como si me faltara el aire, necesito salir e ir caminando donde me apetezca. Miro por la ventana, veo la calle tan vacía, y me dan escalofríos.

El segundo problema es el de no ver claramente dónde está el final. Hasta cuándo. Eso es algo muy incierto, porque cada día va saliendo información nueva. Algunos que dicen que no habrá cole hasta mayo (esperemos que no), otros que dicen que la incorporación a la vida normal será progresiva, para que no se vuelva a disparar el número de contagios… Y muchas más predicciones que no sabemos si acertarán o no. En cualquier caso, sólo nos aportan incertidumbre y miedo, porque no sabemos lo que va a ocurrir.

El tercer problema es la impotencia que causa el no poder hacer nada por evitar que sigan multiplicándose los casos de infectados. Lo único que podemos hacer es quedarnos en casa, pero mientras haya gente que tenga que ir a trabajar, coger el metro y moverse por la calle, los contagios no pararán. Y mientras haya personas mayores paseando tranquilamente por la calle, el número de fallecidos no disminuirá. Esta mañana he salido un ratito al super y, por la calle, ¡sólo veía personas mayores! Sí, con mascarilla y todo lo que quieras, ¡pero mayores! ¿Por qué no se quedan en casa? Siento impotencia al ver lo estrictos que han sido en China y lo poco estrictos que estamos siendo aquí. Claro que el tipo de país y el tipo de sociedad no se parecen en nada, no se puede comparar, pero si no lo hacemos estrictamente bien… en dos meses no habremos evolucionado y estaremos exactamente igual que ahora.

El cuarto problema es la crisis económica en la que va a quedar sumida España (y muchos otros países) después del coronavirus. Los pobres dueños y trabajadores de restaurantes se quedan sin ingresos, igual que los dueños y dependientes de las tiendas, igual que los pequeños empresarios, que tendremos que ingeniárnoslas muy mucho y trabajar muy duro para salir de ésta. Porque no es ninguna tontería. A ver si es verdad que el gobierno permite que durante algunos meses no se paguen cuotas de autónomos, no se paguen alquileres o no se pague la Seguridad Social de los trabajadores. Nos lo han prometido, pero no sé si me lo creo. Ojalá que así sea.

Uf, me estoy quedando a gusto escribiendo este artículo, necesitaba verbalizar todo lo que estoy sintiendo. Como decía antes, veo claramente que tengo que hacer un cambio de chip e intentar verle la parte positiva a todo esto, porque seguro que la tiene. La reina de ver la parte positiva a cualquier cosa es mi madre, una gran maestra en esto. Ella siempre dice que lo que tenga que ser, será. Vivamos siempre con una sonrisa. Pienso mucho en esta reflexión estos días. Por otro lado, la frase estrella de mi padre, que nos ha repetido muchas veces a mi hermana y a mí desde que éramos pequeñas, es En esta vida, ni todo es blanco, ni todo es negro, siempre hay colores intermedios. También muy cierta y adecuada a la situación que estamos viviendo. Tendría que tatuarme estas dos frases para no olvidarlas estos días, porque me harán mucha falta.

¿Qué voy a hacer entonces?

Voy a intentar no preocuparme tanto por lo que vendrá, sino trabajar las máximas horas que pueda, sin autoexigirme lo imposible tampoco, e intentar potenciar mi creatividad. Seguro que se me ocurra alguna idea brillante para que, cuando todo vuelva a la normalidad, mi empresa pueda superar este bache tan fuerte.

Voy a intentar tener más paciencia con mis hijos y no saltar a la mínima, porque para ellos esta situación también es muy difícil. No entienden nada, quieren salir al parque, a casa de sus abuelos y a jugar con sus amigos, y no puede ser. Está en mis manos y en las de mi marido que estos días sean lo más divertidos posible para ellos. Hay un montón de recursos e ideas súper entretenidas que muchas gente está compartiendo estos días de forma totalmente desinteresada. Así que voy a aprovechar que estos días tenemos todo el tiempo del mundo para estar juntos y voy a disfrutar de ellos, de su evolución y de todos sus aprendizajes.

Voy a intentar no comparar mi situación con la de otros, sintiendo que yo estoy peor, más preocupada, más nerviosa o más condicionada. Cada uno tiene el escenario que tiene y no sirve de nada compararse. Tenemos que  conformarnos y agradecer todo lo que tenemos. Ser agradecido es gratis y se puede hacer sin salir de casa, así que no hay excusa.

Voy a intentar ser agradecida, valorar todo lo que tengo, sobre todo mi familia y mis amigos incondicionales. Y mi salud, eso también, que muchos no la tienen. Para darme un “chute de agradecimiento” creo que retomaré una rutina que hice durante un tiempo que era apuntar, cada noche antes de acostarme, tres cosas positivas que me hubieran pasado durante ese día. ¡Qué bien que va! Si no lo has probado, te lo recomiendo. Ayuda muchísimo a ser conscientes de la suerte que tenemos.

Y, por último, voy a intentar sacar algunos minutos al día para mí, para darme un bañito relajante, para asistir a alguna clase de yoga online, para leer esos libros que hace tanto tiempo que tengo pendientes o, simplemente, para llamar a mi hermana y estarme media hora hablando con ella tranquilamente. Porque estos días, por suerte, tenemos tiempo de sobras.

Sé que si focalizo mi atención en esta última parte de mi escrito en vez de en la primera, el confinamiento será muy diferente. Tanto el mío, como el de mi marido, como el de mis hijos. Porque, recordando la frase de mi padre, estaré viéndolo de colores intermedios, no tan negro como antes. Cada día será una fiesta el ratito que nos hacemos una videollamada con mi familia para vernos todos y compartir lo que hemos hecho ese día, aunque sea poquita cosa. Y lo que sí que será un fiestón de los grandes será el día en que podamos reunirnos todos para comer juntos en una terracita y abrazarnos todo lo que queramos. Estoy segura de que la mayor enseñanza que nos regalará toda esta pesadilla será la de valorar los pequeños placeres de la vida que antes dábamos por sentados.

¿Sabes cuáles son las cinco necesidades básicas de los niños?

Hace unos días empecé a escuchar un podcast de una amiga mía. Tengo que confesar que empecé a escucharlo simplemente por escuchar a mi amiga, pero el tema que trata es de interés general para todas y todos. Creo yo.

En el podcast participan ella y una de sus pacientes que, después de haber pasado por un episodio de violencia en su vida, decide unir fuerzas con su psicóloga (mi amiga) para llevar un mensaje a todas las mujeres que pasan por una situación parecida y ayudarlas a encontrar respuestas para vivir mejor. Si te interesa, aquí te dejo el enlace.

Todos los que nos leen saben lo importante que es para mí criar guerreros. Criar guerreros que el día de mañana cuiden el mundo, defiendan sus ideales y luchen por sus valores. Todos los que nos leen  también estarán de acuerdo en que el mundo está patas para arriba. La violencia (ya sea de género o la que sea) está cada vez peor. La corrupción y los engaños en los que esta sociedad está envuelta son horribles. Entonces, ¿qué les espera a nuestros niños y niñas el día de mañana? No lo sé, pero está claro que todos los que somos responsables de su educación tenemos que hacer algo.

Una mañana, mientras me arreglaba, estaba escuchando uno de los capítulos del podcast. Fue en ese momento que decidí de qué quería escribir el post de este miércoles. Fabiola (vamos a ponerle nombre a mi amiga) empezó a hablar de por qué los adultos tenemos algunas carencias emocionales y cómo éstas están directamente relacionadas por acontecimientos de nuestra infancia. Creo que todos podemos estar de acuerdo en que mucho de lo que somos como adultos está relacionado con cómo crecimos y cómo vivimos nuestros primeros años de vida.

Ella citó a un reconocido psicólogo estadounidense (Jeffrey Young) que ha desarrollado una teoría centrada en esquemas. Esta teoría propone que todo niño en edades tempranas debe satisfacer cinco necesidades básicas. Mientras escuchaba el podcast, iba pensando lo importante que es conocer la psicología de nuestros hijos y el impacto de nuestras palabras y acciones en ellos. Lo que iba diciendo sobre las necesidades básicas tenía muchísimo sentido y fue en ese momento que decidí compartir contigo mis reflexiones e invitarte a que leas, estudies y conozcas mejor cómo funciona la mente de tus hijos. De tus futuros guerreros.

He estado leyendo muchísimo sobre el tema. No soy psicóloga y esto ha hecho que escribir este post sea muy difícil. Para mí es muy importante darte información que te sirva, que sea real y que esté correctamente respaldada. Por eso te hablaré de las cinco necesidades básicas y te daré mi más humilde y documentado consejo para cubrirlas con tus hijos. Aquí tienes uno de los ensayos que utilicé como guía para escribir esto. Te invito a que, si te interesa, investigues más sobre el tema. A mí me pareció interesantísimo.

Las cinco necesidades básicas son:

1. La seguridad básica y afecto seguro que permita que el niño se sienta querido y protegido por sus padres, ya sea de forma física y/o emocional.

Todos coincidiremos en que las niñas y niños tienen una necesidad real de sentirse queridos y protegidos. Este cariño y afecto tiene que ser incondicional. El afecto que le damos a nuestros hijos no tiene que estar condicionado a si se porta bien, tiene buenas notas en el colegio, ayuda a recoger la casa o no se pelea con su hermanito. Los niños tienen que sentirse seguros de que los queremos tal y como son y a pesar de lo que hagan. No olvidemos que ellos están aprendiendo a relacionarse, a comunicarse y nuestro cariño y amor no tiene que ir a cambio de nada.

2. La autonomía que permita que el niño sea responsable de sus actos, tome decisiones sin que los padres se impongan a ello.

Es muy importante que los niños aprendan a tomar sus propias decisiones, que se equivoquen y se responsabilicen de sus actos. Desde lo más pequeños que puedan. Ésta para mí es una de las grandes enseñanzas que tengo por parte de mi padre. Él siempre me dice: «tus actos, tus responsabilidades». A los 10 años no lo entendía tan bien como ahora. Los niños, desde pequeños, tienen que desarrollar su autonomía. Tienen que aprender a hacer las cosas por ellos mismos. En este mundo, que va tan deprisa, es muy fácil terminar poniéndole el abrigo o los zapatos porque tenemos prisa. Si hacemos esto con cada cosa, si no dejamos que tomen decisiones y asuman responsabilidades, no estaremos enseñándoles las habilidades para salir adelante en la vida, para ser útiles.

3. Relación con los demás y expresión de sus emociones hacia los demás y también consigo mismo.

Es importantísimo que un niño se sienta libre de expresar cómo se siente. Soy muy feliz porque hoy en día cada vez hay más recursos en el aula y en casa para ayudar a los niños a expresar sus emociones. Por ejemplo, en muchas sociedades, los niños que lloran no «son fuertes» y las niñas «siempre lloran». Estos estereotipos lo único que hacen es crear adultos que no saben expresar sus emociones. Adultos que, cuando sienten algo, lo reprimen. No hace falta ser psicólogo para saber que guardarse las emociones hace mucho daño.

4. La espontaneidad y el juego, que sepa cuáles son sus derechos como niño(a) sin represiones.

Cuando escuché este principio en el podcast, sonreí mucho y me puse muy contenta. ¡Claro que sí! El juego es la necesidad básica de cualquier niña o niño. El hecho de que aprendan a través del juego, los hará muy felices. Disfrutar al aire libre y no sentirse reprimido por cuatro paredes es lo mejor que les puede pasar. Obviamente un niño va a tener la necesidad de hacer y decir tonterías. De moverse de un lado para el otro. De liarla. Porque es un niño.

5. Límites, que el niño lleve un control de sus conductas con los demás y con él mismo.

Obviamente la pueden liar, pero con sus límites. «Niños exigidos, niños felices», decía María en uno de sus posts de hace algunas semanas. Hay que determinar los límites y seguirlos siempre con respeto. Los niños nos piden límites a gritos y es muy importante ponerlos y no imponerlos.

Hasta aquí llega mi post de hoy. Me ha gustado mucho escribirlo y creo que hoy me conozco un poquito más. Espero haber tenido la habilidad de transmitirte todo lo que he aprendido. No cabe duda de que, si soy madre algún día, me imprimiré estos cinco principios y los leeré cada día. Gracias, Faby.

El frasco de la vida en versión infantil

Hace unos días me topé con un vídeo cuyo mensaje es recordarte las cosas importantes de la vida. Creo que, esta vida tan acelerada que llevamos (o por lo menos a veces, yo), nos lleva a olvidar lo que es realmente importante. Los días pasan rápidamente y, conforme vamos creciendo, más.

Trabajar con niños conlleva una enorme responsabilidad. Cada palabra, información, tono y reacción son determinantes para la formación de nuestros pequeños. Cuando vi este vídeo pensé que esta idea se podía transformar en una actividad dedicada a mis niños, me puse a trabajar en ello y hoy he decidido compartirla con vosotros. Primero, os muestro el mensaje inspiracional y, después, mi idea bombero.

Hace mucho tiempo un anciano profesor reunió a todos los alumnos de su clase y sin decir palabra, tomó un frasco vacío y grande de boca ancha, y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Luego le preguntó a sus estudiantes si el frasco estaba lleno.
Los estudiantes respondieron que sí.
Así que el profesor tomó una caja llena de canicas y la vació dentro del frasco. Las canicas llenaron los espacios vacíos entre las pelotas de golf y el profesor volvió a preguntarle a sus alumnos si el frasco estaba lleno y ellos volvieron a decir que sí.
Luego el profesor tomó una caja con arena y la vació dentro del frasco. Por supuesto, la arena llenó los espacios vacíos y el profesor preguntó nuevamente si el frasco estaba lleno.
En esta ocasión los estudiantes respondieron con un ¡¡ sí!! , rotundo.
El profesor enseguida agregó 2 tazas de café al contenido del frasco y efectivamente llenó todos los espacios vacíos entre la arena.
Los estudiantes no lo podían creer. Cuando la risa se apagaba, el profesor dijo:
– “Quiero que se den cuenta que este frasco representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes, como la familia, los hijos, la salud, los amigos… las cosas que te apasionan. Son cosas que aún si todo lo demás lo perdiéramos y sólo éstas quedaran, nuestras vidas aún estarían llenas.
Las canicas son las otras cosas que importan, como el trabajo, la casa, el coche, etc.
La arena es todo lo demás, las pequeñas cosas.
Si ponemos la arena en el frasco primero, no habrá espacio para las canicas ni para las pelotas de golf. Lo mismo ocurre con la vida. Si gastamos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, nunca tendremos lugar para las cosas realmente importantes.”
Uno de los estudiantes levantó la mano y preguntó qué representaba el café. El profesor sonrió y dijo:
“Sólo es para demostrarles que no importa lo ocupada que tu vida pueda parecer, siempre hay lugar para un par de tazas de café con un amigo.”

Interesante, ¿no? Estuve un tiempo considerable haciendo una lista de las cosas más importantes, primero para mí y después para los niños. Realmente fue un ejercicio ponerme a pensar y priorizar. Los adultos tenemos nuestras prioridades, algunas veces más claras que otras pero este post está dedicado a los pequeños, así que aquí vamos.

Para hacerlo más divertido, decidí cambiar las pelotas de golf por pelotas de ping pong. ¿Por qué? Aparte de que personalmente pienso que el ping pong es más divertido que el golf, son más fáciles de pintar. Muchos conocéis mi poca habilidad para dibujar, pero como tenía muchas ganas de hacer esta actividad hoy seré muy valiente y os mostraré mis dibujos.

Para mí el amor y el cariño son fundamentales. Creo que es básico enseñarles a nuestros niños lo importante que es querer y cuidar a la familia, a los amigos, y a nosotros mismos. Con esto, tendríamos cubiertas nuestras pelotitas de ping pong. Comencemos por la familia: nuestros padres, abuelos, tíos y primos, nuestra mascota, etc. Según lo grande que decidáis sea el frasco, las pelotas que dediquemos a esto.

La salud representa un amor y un cariño hacia nosotros mismos, esto podríamos representarlo a través de buenos hábitos como lo son: comer bien, hacer ejercicio, dormir suficiente, reírnos mucho, meditar y relajarnos.

Las personas que decidimos nos acompañen en el camino, también son muy importantes. Esas personas que van a nuestra clase, que se sientan a nuestro lado en el comedor, que juegan con nosotros en el patio, que comparten las mismas inquietudes, que tienen las mismas preguntas y sobre todo que crecen al mismo tiempo que nosotros. Esas personas que llamamos amigos y están ahí para apoyarnos en todo momento. Me pongo muy sensible con este tema porque al estar fuera de mi país y lejos de mi familia, los amigos para mí son fundamentales. Son esas personas que me han ayudado y guiado por el camino y que considero importantísimo cuidar y querer.

En el texto del mensaje no aparece nada sobre cuidar el mundo en el que vivimos, pero ya nos conocemos y saben que mi vena ecologista salta en todo momento. Me parece imprescindible inculcarles a nuestros pequeños el amor por el mundo en el que vivimos, así que yo dibujaría esto en una gran pelota de ping pong.

Ahora bien, continuemos con las canicas. Encontré en nuestro almacén unas bolitas de porexpan más pequeñas que las pelotas de ping pong y me parecieron geniales para reemplazar las canicas. De acuerdo al mensaje, las canicas son las «otras» cosas que importan. Cuidar de nuestra casa y de nuestras cosas es muy importante, ir contentos a la escuela y aprender mucho, decidir junto a nuestros padres las actividades después del cole que más nos gustan y disfrutarlas.  Me parece que aquí es fundamental que nos sentemos con ellos y les preguntemos qué cosas les gustan, qué es lo que creen ellos es importante y ayudarlos a priorizar según los valores que queramos inculcarles.

La parte de la arena puede ser muy divertida. Si tenemos sal y colorante en casa, podríamos hacer sal de colores. La arena representa las pequeñas cosas como los juguetes, la ropa y otras cosas materiales que son importantes pero no imprescindibles para ser feliz. No es necesario tener las bambas más molonas o el juego más tecnológico.

Continuamente me encuentro con lecciones como éstas que me ayudan a recordar lo que es fundamental para ser feliz y a poner las cosas en su lugar. Creo firmemente que,  si adaptamos estas lecciones con mensajes que nuestros pequeños puedan entender, que estén relacionados con sus intereses según la edad que tengan y según lo que les guste, seguramente de mayores no necesiten continuos recordatorios de lo que es más importante. A mí me hubiese encantado tener una profe que me enseñara estas cosas. Ya os contaré qué tal me va cuando haga la actividad con mis alumnos.

Pues con esta entrada nos despedimos del blog por un par de semanas. La próxima semana comenzamos con el casal de Navidad…¡tenemos muchas ganas! Os deseamos a todos Feliz Navidad y un año 2020 lleno de cosas increíbles. Gracias por un maravilloso 2019.

 

Está prohibido prohibir porque sí

Cuando los padres educamos a nuestros hijos buscamos la manera de establecer límites y normas para que aprendan a comportarse y sean felices. Lo que guía estos límites y las normas de comportamiento de los niños es cómo los padres resolvemos las situaciones cotidianas. Es decir, consintiendo y prohibiendo diferentes cosas a los pequeños. Por tanto, el comportamiento de nuestros pequeños será consecuencia directa de las respuestas que vayamos dando ante sus diferentes conductas y está en nuestras manos enseñarles a ser personas autónomas, seguras de sí mismas y que sepan moverse por el mundo.

En mi opinión, hay tres aspectos totalmente necesarios a la hora de educar: primero de todo, muchísimo amor y empatía para que nuestros hijos sean niños felices, que para mí es lo más importante. En segundo lugar, darles desde muy pequeños las herramientas necesarias para que sepan expresar cómo se sienten y qué necesitan, para que se conviertan en personas independientes y capaces de salir adelante ante cualquier situación. Por último, creo que es fundamental enseñarles a comportarse, que sepan que en su familia hay unas normas y marcar unos límites que ellos conozcan desde pequeñitos. El “todo vale” o la libertad extrema, creo que no funciona. Como todos sabemos, los niños necesitan sus rutinas y sus límites, así aprenden cómo tienen que actuar en cada situación.

Dicho esto, voy a lanzar ahora la frase que he elegido como título de este post: ESTÁ PROHIBIDO PROHIBIR PORQUE SÍ. Responderle a nuestro hijo “porque lo digo yo”  o “tú haz esto y calla” no funciona. Obviamente, hay situaciones en las que es necesario que intervenga un adulto (llámese madre, padre o profesor), porque existe un peligro real. Pero muchas veces los padres prohibimos cosas porque nosotros mismos les tenemos miedo. Si les prohibimos cosas constantemente, nuestros hijos crecerán con la idea de que hay cosas peligrosas que deben evitar y aprenderán a ser inseguros, asustadizos y dependientes. Por tanto, cuando los adultos tomemos la decisión de prohibir conductas, debemos hacerlo con moderación para evitar consecuencias negativas en nuestros pequeños. Y, sobre todo, razonarles muy bien por qué les estamos aconsejando que no hagan (o que sí hagan) ciertas cosas.

¡No les sobreprotejamos! Hay determinadas cosas que no deberíamos prohibir nunca a un niño:

  • Correr, saltar y gritar: porque a veces son la manera que tienen de expresar sus emociones. Los padres tenemos que tener paciencia y poner límites (eso siempre) pero límites en los que nuestros hijos puedan moverse y expresarse libremente.
  • Dibujar o pintar: muchas veces nos da pereza que lo ensucien todo y ni siquiera les dejamos sacar las pinturas del cajón. ¿Habías pensado que así podríamos estar coartando su creatividad?
  • Dar su opinión: el niño tiene sus propios pensamientos y deseos y necesita poder expresarlos. Por eso, es importante que no se reprima lo que tiene que decir con expresiones como. “Ya sé lo que te pasa, tú eres muy pequeño para entenderlo”.
  • Comer solos: a menudo, por falta de tiempo, hay padres que prefieren dar de comer a sus hijos en vez de enseñarles a comer solos. Así no ensucian y van más rápido. Pero a los niños les encanta sentirse autónomos y útiles, así que… ¿qué pasa si tardan una hora en cenar en vez de veinte minutos?
  • Ayudar en casa: muchos papás no dejan que sus hijos les ayuden y les dicen “lo vas a tirar”, “se te va a caer al suelo”, “es igual, déjalo, que yo ya lo puedo hacer sola”… Luego, cuando el niño es mayor, se suelen quejar porque no hacen nada. Pues para evitar esto, es bueno dejar que el niño colabore en las tareas de la casa desde pequeño. Esto hará que se sienta útil. A Bruno, por ejemplo, le encanta ayudarme a poner la lavadora. Evidentemente, cuando me ayuda él tardo mucho más que si la pongo yo sola, ¡pero lo disfrutamos tanto! Le gusta sacar la ropa sucia de la cesta, ponerla dentro de la lavadora, cerrar la tapa, ¡y ya poner el jabón es lo más de lo más!

En mis artículos siempre intento citar a autores que me gustan y que tienen reflexiones que creo que nos pueden servir a todos. Hoy he recuperado una reflexión de Rosa Jové, la popular psicóloga autora de maravillas como La crianza feliz, Ni rabietas ni conflictos o Dormir sin lágrimas (libros que, por cierto, te recomiendo). En uno de sus artículos escribió que Educar niños obedientes no trae como resultado dar al mundo niños felices. La obediencia se consigue casi siempre a través del miedo, así que lo más conveniente es educar personas que entiendan desde bien temprano qué es el respeto, la reciprocidad y esa empatía construida a través del afecto sincero. ¡Me escribiré esta frase bien grande y la colgaré en la nevera de casa para tenerla siempre presente! Creo que es muy necesario huir de la tradicional psicología conductista en la que, si hacemos algo malo, se nos castiga y, si hacemos algo bueno, se nos premia. Los premios y los castigos quizás funcionan a corto plazo, pero a la larga, no.

Es evidente que, si les castigamos por todo o les prohibimos casi todo, nuestros hijos no serán felices ni seguros de sí mismos. Actuarán por miedo y sin entender el porqué de las cosas. Pero tampoco lo serán si les permitimos todo, porque no sabrán cómo tienen que comportarse en cada situación ni entenderán dónde están los límites. Como en todo en la vida, lo mejor es un término medio. Como dice mi padre Ni todo es blanco, ni todo es negro. Siempre hay colores intermedios.

Prohibirlo todo es un error. El niño al que le exigen que no chille, a esconder sus lágrimas porque llorar es de débiles o al que le obligan a estar quieto para no molestar, acabará desarrollando una represión emocional y personal que puede ser peligrosa en un futuro.

Estoy convencida de que a nuestros hijos les entrará mucho mejor una orden del tipo “espera un momentito, no toques esto, ahora te ayudo y te enseño cómo se hace” a una del tipo “¡es que mira que eres tonto! ¿No ves que si lo coges así se rompe? ¡Parece mentira que no lo entiendas!”. Seguro que, si nos esforzamos por hablarles y actuar con respeto y empatía, ellos también lo harán. Y, al final, eso es lo que queremos.

¿Qué clase de día quieres tener?

La semana pasada tuve la gran suerte de recibir este poema por parte de una amiga. Si te soy sincera, muchas veces no abro estos típicos mensajes de cadena, porque los encuentro todos muy parecidos. Sin embargo, ese día, lo abrí.¡Y suerte que lo hice!

Lo que me había enviado mi amiga era este poema de Mario Benedetti:

Esta mañana desperté emocionado
con todas las cosas que tengo que hacer
antes que el reloj sonara.

Tengo responsabilidades que cumplir hoy. Soy importante.
Mi trabajo es escoger qué clase de día voy a tener.

Hoy puedo quejarme porque el día está lluvioso
o puedo dar gracias porque las plantas están siendo regadas.

Hoy me puedo sentir triste porque no tengo más dinero
o puedo estar contento porque mis finanzas me empujan
a planear mis compras con inteligencia.

Hoy puedo quejarme de mi salud
o puedo regocijarme de que estoy vivo.

Hoy puedo lamentarme de todo
lo que mis padres no me dieron mientras estaba creciendo
o puedo sentirme agradecido de que me permitieran haber nacido.

Hoy puedo llorar porque las rosas tienen espinas
o puedo celebrar que las espinas tienen rosas.

Hoy puedo autocompadecerme por no tener muchos amigos
o puedo emocionarme y embarcarme en la aventura de descubrir nuevas relaciones.

Hoy puedo quejarme porque tengo que ir a trabajar
o puedo gritar de alegría porque tengo un trabajo.

Hoy puedo quejarme porque tengo que ir a la escuela
o puedo abrir mi mente enérgicamente
y llenarla con nuevos y ricos conocimientos.

Hoy puedo murmurar amargamente porque tengo que hacer las labores del hogar
o puedo sentirme honrado porque tengo un techo para mi mente y cuerpo.

Hoy el día se presenta ante mí esperando a que yo le dé forma

y aquí estoy, soy el escultor.

Lo que suceda hoy depende de mí. Yo debo escoger qué tipo de día voy a tener
Que tengas un gran día… a menos que tengas otros planes….

Qué cierto. Qué sencillo y qué difícil a la vez, ¿verdad? Parece fácil optar por la parte positiva, pero quejarse es un vicio muy extendido actualmente, sobre todo en los adultos. Parece que vivamos permanentemente en el “estado chof”. ¿Por qué hay tanta gente que, cuando le preguntas qué tal, responde: buenotirando…? ¿Cómo que tirando? ¡No puede ser que tantas personas respondan así! Tenemos que esforzarnos por no ver el vaso medio vacío. Los primeros días, nos supondrá un esfuerzo, pero poco a poco veremos el vaso medio lleno siempre.

La actitud mental que tenemos ante cualquier situación o relación personal, tiene un impacto que va más allá de lo que hacemos y sentimos en el día a día. Influye muchísimo en nuestra capacidad de generar y crear situaciones concretas. Por eso es importante optar siempre por actitudes positivas y no por actitudes negativas. Pase lo que pase. Además, las actitudes son “contagiosas”.
Si nos rodeamos de personas con actitud positiva, nos impulsarán a seguir adelante, a aprender, a evolucionar y a intentar buscar soluciones a nuestros problemas. En cambio, si nos rodeamos de personas negativas, la cosa cambia. Nos contagiarán sus pocas ganas de aprender, su forma de ver la vida gris…

El poema de Benedetti nos muestra que podemos elegir nuestra actitud en cada momento, y que ésta puede afectar más a nuestra vida de lo que a priori podemos pensar. Me ha parecido fantástica la forma en la que nos transmite que la actitud que mostramos ante cualquier situación depende mucho más de nosotros que de los demás.

Te aconsejo que cada mañana, mientras desayunas, leas el poema en voz alta. Empezarás tu día mucho mejor, lleno de buena energía. Yo lo copié y me lo he puesto en la nevera. ¡Me encanta tenerlo ahí! Y si tus hijos ya son un poco mayores para entenderlo, léelo con ellos. Les ayudarás a ser positivos desde pequeños.

Poemas como éste inspiran y nos ayudan a replantearnos muchas cosas. Sin duda, todo depende de cómo se mire. Yo debo escoger qué tipo de día voy a tener.

¿Tu cascabel sigue sonando?

El post de hoy es el último de 2018. Qué fuerte, ya termina este año. Qué rápido ha pasado otro año más… Y a mí especialmente, por el embarazo de Martina y mi estreno como mamá de dos desde octubre. Están siendo unos meses súper intensos, con muchísimo amor e ilusión, pero también desbordada de trabajo. Además, esta semana está siendo un poco locura porque, además de mis dos peques, mi «otro hijo», Wonderfun, me necesita cada tarde para los Parents Days. Por eso he decidido repostear el artículo que escribí el año pasado por estas fechas. Porque sigo pensando exactamente lo mismo acerca de la ilusión y del cascabel que todos deberíamos tener dentro, seamos niños o no tan niños.
Que lo disfrutes mucho y… ¡que tengas una muy muy feliz Navidad!

Magia e ilusión. Estas son las dos palabras que aparecen en mi mente cuando pienso en la Navidad, en estos días de familia, regalos y alegría.

Todavía me emociono al recordar lo nerviosa que estaba yo de pequeña, desde el día 20 o 21 de diciembre que terminaba el cole, porque pronto llegaría Papá Noel y mis queridísimos Melchor, Gaspar y Baltasar. En mi casa cumplíamos con todas las tradiciones (y muchas de ellas las seguimos cumpliendo): montar el árbol de Navidad y el pesebre en el puente de la Purísima, ir a Santa Llúcia a comprar figuritas nuevas para el pesebre, hacernos la foto de rigor con el paje de los Reyes Magos del Corte Inglés, ir a ver las luces de las calles de Barcelona decoradas por Navidad, ir adelantando cada día un poquito a los Reyes en el pesebre para que se fueran acercando al portal de Belén, abrir cada día una ventanita del calendario de Adviento durante todo el mes de diciembre, ir a la Cabalgata de Reyes a la calle Pelayo a entregar nuestra carta sin importarnos que hubiera tantísima gente, dejar comida para sus Majestades y, por supuesto, para los camellos… y un larguísimo etcétera. Sí, en mi familia siempre hemos vivido con muchísima ilusión estas fiestas, nos encantan los villancicos y las lucecitas de colores y disfrutamos pasando estos días tan especiales todos juntos.

La verdad es que he tenido mucha suerte. Mis padres nos transmitieron a mi hermana y a mí que esta ilusión no la podemos perder nunca porque es algo maravilloso y que, aunque ya no seamos niñas, debemos mantenerla. Una forma de mantener esta magia será copiando lo que ellos hicieron, que me encantaba y me sigue encantando. Quiero copiar lo de dejar unos pocos trocitos de turrón en los platos para que vean que Melchor, Gaspar y Baltasar se han terminado casi todo lo que les hemos dejado; o lo de vaciar todo el bol de agua porque los camellos están sedientos tras recorrer todo el mundo en una sola noche. También me gustaría seguir con la tradición de ir recopilando catálogos de juguetes de diferentes jugueterías durante los meses de noviembre y diciembre y pasar una tarde (o varias) con mis hijos marcando los juguetes que se piden. Y, por supuesto, lo que seguro que copiaré será la respuesta cuando, de aquí a unos años, mis hijos me pregunten mami, ¿es verdad que los Reyes y Papá Noel son los padres? La respuesta de los míos empezó con una pregunta: ¿tú qué crees? Yo les respondí: ¡creo que sí que existen! A lo que ellos añadieron: los Reyes y Papá Noel son mágicos. Si tú sigues creyendo en ellos, seguirán siendo mágicos toda la vida. Gran respuesta que nos marcó mucho. Te aseguro que mi hermana y yo seguimos durmiendo nerviosas y con maripositas en el estómago todos los 5 de enero, deseando que llegue la mañana para ir corriendo al salón y poder empezar a abrir los regalos.

Como ves, toda la vida me ha encantado esta época del año. Desde que empecé a tener algo de dinero para comprar regalitos, con quince o dieciséis años, disfruto muchísimo pensando qué regalo le puede hacer ilusión a cada miembro de mi familia, doy mil vueltas para encontrar la mejor opción, llego a casa cargada de bolsas y de rollos de papel de envolver… Algunos quizás pueden pensar que es consumismo pero te aseguro que no. Es ilusión. Consumismo sería comprar compulsivamente, gastando sin pensar, pero ese no es mi caso. Intento comprar en tiendas del barrio, cada vez regalo más experiencias y menos cosas materiales y, sobre todo, compro con ilusión.

El año pasado las navidades fueron súper especiales porque fueron las primeras con Bruno. Cierto es que, con diez meses, todavía no era consciente de Papá Noel, los Reyes, etc, pero lo disfrutamos mucho igualmente. Participó en poner las bolas del árbol, en romper unas cuantas y, por supuesto, le llevamos a la Cabalgata de la calle Pelayo (siguiendo la tradición familiar) y alucinó con tantas luces, música, caballos, etc. Este año ya es mucho más consciente, ya nos ha ayudado a montar el pesebre sin romper ninguna figurita, se para a mirar los “pajes” de Papá Noel que ve por la calle, sabe el nombre de los tres Reyes… Me encanta, ¡disfruto tanto alimentando su ilusión! Y sé que, de ahora en adelante, cada año será aún más especial, porque lo irá viviendo cada vez más.

Para terminar con este post tan personal, me gustaría darte una recomendación: la película de Polar Express. La intento ver cada año por estas fechas. Me encanta porque transmite exactamente lo que comentaba antes de no perder la ilusión aunque dejemos de ser niños. Cuando Billy  agita el cascabel de Papá Noel, no suena, porque no cree en la Navidad. En cambio, al final de la peli, cuando ha estado en el Polo Norte con Papá Noel y todos sus ayudantes y ha recuperado la ilusión por la Navidad, entonces el cascabel le suena súper fuerte. Si no la has visto, te la recomiendo. Los dibujos son maravillosos y, la música, aún mejor. Recuerdo perfectamente que la fuimos a ver al cine con mis padres y mi hermana y, cuando salimos, mi padre (que es el más “friki de la Navidad” de toda la familia) nos dijo: quiero que vuestro cascabel suene siempre, tengáis la edad que tengáis. Ese año, uno de los regalos que nos trajo Papá Noel fue un cascabel, que yo aún guardo en el cajón de mi mesita de noche. Cuando lo agito, suena fuerte y su tintineo me encanta. Estoy segura de que siempre sonará porque la semilla de la ilusión que plantaron mis padres nunca dejará de crecer.

Unas cracks que enseñan con alegría

Hace poco más de un año escribí un post sobre la importancia de que los niños aprendan de una manera divertida y no «a la forma tradicional», que consistía en memorizar, estudiar un montón para un examen y no recordar nunca más lo que habíamos estudiado. En mi artículo destacaba de la importancia de que los niños aprendan motivados y felices. Justamente en esto se basa el aprendizaje significativo, de lo que voy a hablarte hoy.

¿Qué es el aprendizaje significativo? Es un tipo de aprendizaje en el que el centro es el niño que aprende, un aprendizaje en el que no hay imposiciones, sino alegría.

No voy a adentrarme en explicaciones teóricas sobre el aprendizaje significativo a nivel neurológico, porque prefiero explicártelo de forma mucho más práctica. Para que un niño aprenda de manera significativa, el eje fundamental será su relación con el profesor que le está enseñando. Sí, sí, las relaciones personales que los profesores construyen con sus alumnos son clave para que estos aprendan. ¿Por qué? Porque si un niño se siente entendido y valorado, se esforzará y tendrá ganas de aprender.

Justamente de esto habla Rita Pierson en su TED Talk. Es genial. Dice que ningún aprendizaje significativo puede ocurrir sin una relación significativa y que los niños no aprenden de la gente que no les gusta. Qué fuerte, ¿no? Esta conferencia sirve tanto para profesores, como para educadores, como para padres. Todos podemos aprender muchísimo de una crack como Pierson, una profesora con más de 40 años de experiencia. Destaca que existe una conexión humana y de las relaciones personales en cualquier proceso de aprendizaje. Por tanto, los niños tienen que llevarse bien con sus profes y con sus padres o familiares que les enseñen algo.

¿Y cómo podemos hacerlo nosotros, como padres y/o profesores? Pues haciendo partícipes a los niños, potenciando que desarrollen su espíritu crítico, incentivando que aprendan por placer, mediante retos, y no por obligación. Si imponemos las cosas, los niños no lo verán como un conocimiento útil y lo más normal será que no lo aprendan bien, sino sólo para el examen, pero luego se les olvidará en seguida. En cambio, el aprendizaje significativo es activo, constructivo y duradero, porque estamos comprendiendo lo que aprendemos y dándonos cuenta de que, en un futuro, nos será útil.

Una de las frases que más me dicen las mamás y papás de nuestros alumnos es: me encanta que aprenda inglés así, y no como nosotros, que íbamos obligados a una academia y que le cogimos manía al inglés. Mucha gente tiene cruzados los idiomas por esta razón, porque le obligaron a aprenderlos porque eran lo mejor para él. El inglés es el futuro, recuerdo que me decían de pequeña. Sí, es cierto, pero para que en ese futuro me siguiera acordando del inglés tenía que aprenderlo bien, con alegría e ilusión, y no obligada. Mis padres lo debieron hacer muy bien, porque los idiomas siempre han sido algo muy importante para mí, con lo que he disfrutado muchísimo y que me ha enriquecido un montón. Recuerdo la cara que se les quedó a mis padres cuando les dije que, para mi carrera, quería elegir como primera lengua extranjera el francés y, como segunda, el ruso. ¿Eing? ¿Ruso? Pues sí, me encantó y disfruté muchísimo el proceso de aprenderlo desde cero. ¿Por qué? Por las profesoras que tuve, expertas con muchísima experiencia y con muchas ganas de enseñar. Y de enseñar bien, motivando a sus alumnos. En cambio, también tengo el recuerdo de alguna profesora del cole que me hizo coger un poco de manía al inglés durante algunos años, porque daba la clase sólo para cumplir, y punto. ¡Cómo se nota eso!

Cuando empecé mi aventura de WonderFUN, una de las cosas que me marqué como prioritarias fue el tipo de profesoras que quería que formaran parte de mi equipo. Además de que debían tener la formación necesaria para enseñar inglés a niños, soñaba con profes simpáticas, motivadoras, con un punto de «mamis» para nuestros pequeños, cariñosas, divertidas… con ganas de enseñar. Y me enorgullece muchísimo pensar que lo he conseguido, que todas las y los profes que tenemos, tanto las titulares como las colaboradoras más puntuales, son unas cracks. Unas cracks que enseñan con alegría y que tienen un feeling súper especial con sus alumnos.

Y funciona. Te aseguro que funciona y que los niños perciben que aprender con nosotras es divertido, motivante y útil. Conseguimos que el inglés sea algo importante y guay para ellos.

Así pues, tanto si eres profe, como educador en cualquier ámbito, como si «sólo» eres mamá o papá, recuerda siempre que si enseñas con alegría, poniéndote en la piel del niño y sin imponer nada, tu hijo (o alumno) lo agradecerá y aprenderá muchísimo mejor, sea lo que sea lo que tenga que aprender.

ESTAR, CON MAYÚSCULAS

Ayer por la mañana una amiga me envió este vídeo por Whatsapp. Quizás tú también lo habrás recibido, porque estos días ha circulado mucho. Si todavía no lo has visto, te recomiendo que lo hagas haciendo clic en este enlace. Son cuatro minutos y te aseguro que vale mucho la pena.

¿Qué te ha parecido? Fuerte, ¿no? A mí me dio una llorera… Es cierto que, a causa de mi nueva maternidad, tengo las hormonas a tope y estoy con la lágrima fácil, pero me ha hecho reflexionar muchísimo.

En primer lugar, me ha hecho tomar consciencia de que la vida tiene un fin y de que tenemos que aprovecharla. No voy a ponerme dramática ahora, pero creo que, si pensamos que nuestro tiempo no será eterno, seguro que lo aprovecharemos mucho mejor. Sobre todo, haciendo cosas que realmente nos gusten y pasándolo con aquellas personas que realmente nos importen. Estoy convencida de que Ruavieja ha lanzado esta campaña publicitaria tan impactante y a la vez tan real para que nos demos cuenta de que el estrés diario, las redes sociales y el ritmo de vida tan acelerado que llevamos nos quita muchísimo tiempo de calidad que antes pasábamos con las personas a las que más queríamos. ¿A que sí?

No quiero caer en el tópico de si tecnologías sí o tecnologías no. Está claro que las pantallas forman parte de nuestra vida cada segundo: ordenador, móvil, tele, tablet… pero, como nos recuerda el vídeo, no por estar rodeados de tecnología y de pantallas tenemos que perder el contacto personal. No negaré que las tecnologías tienen muchísimos aspectos súper positivos y extremadamente útiles, claro que sí, pero nunca podrán suplir el contacto humano. Las cifras que muestra el anuncio ponen la piel de gallina: en los próximos 40 años pasaremos 442 días jugando con el móvil, 520 días viendo series, 6 años viendo la tele, 8 años navegando por Internet y 10 años mirando pantallas. En cambio, en los próximos 40 años sólo pasaremos algunos días con las personas que más nos importan. Inadmisible, ¿no? Leer estas cifras me ha hecho rebelarme, no quiero “pasar por el aro” y estar hiperconectada constantemente. Todos afirmamos que nuestros seres queridos son lo más importante, pero la forma en que distribuimos nuestro tiempo no lo demuestra. ¡Cambiémoslo ya!

Desayunar con mi mejor amiga, cenar tranquilamente con mi marido, tomar un café con mi hermana, comer con mis padres o pasar la tarde jugando con mis hijos es muchísimo mejor que hacerlo a través del móvil. Pero muchísimo mejor. Y creo que nos equivocamos cuando, por hablar un rato por WhatsApp con nuestra madre, pensamos que ya hemos tenido contacto con ella ese día. No, ese no es el contacto face to face, el contacto que queremos.

Las redes sociales, por ejemplo, están súper bien para mantener el contacto con amigos o familiares que tenemos lejos. Yo, por ejemplo, mantengo el contacto con mis amigos del Erasmus gracias a Facebook e Instagram. Cada uno vivimos en una parte del mundo y es realmente útil poder hablar en tiempo real y compartir nuestras fotos y experiencias. Reconozco que, en este caso, las redes sociales van muy bien. En este caso sí que defiendo el hecho de pasar un tiempo delante de una pantalla para mantener el contacto entre nosotros. Sin embargo, ¿para mantener el contacto con mi hermana, que vive cinco calles más arriba que yo? Eso sí que no. Me niego.

Reconozco que me produjo un poco de anisedad pensar que no me queda tanto tiempo para vivir con las personas más importantes de mi vida, que son mi familia y mis amigos. Por eso voy a seguir el consejo del anuncio: “Tenemos que vernos más”. Aparcaré el móvil y dedicaré más tiempo a estas personas tan importantes. A partir de ahora, cuando esté con estas personas, lo estaré de verdad. Porque estar con alguien es ESTAR, con mayúsculas. A partir de ahora, me prohíbo estar jugando con mi hijo y mirando de reojo el móvil porque recibo algún email o porque me habla alguien por WhatsApp. Después de ver este anuncio, estos momentos no pueden volver a repetirse. Nunca más.

El gran poder de un abrazo

Últimamente con Bruno estamos en una época de emociones a flor de piel. Cuando está triste, está tristísimo; cuando está contento, está contentísimo y, cuando está enfadado, está enfadadísimo. Todo es muy intenso y explosivo.

Hace unos meses, en una conferencia sobre Disciplina positiva a la que asistí, nos recomendaron el cuento Las emociones de Nacho, de Liesbet Slegers. Si no lo has leído con tus hijos, te lo recomiendo muchísimo. Explica diferentes situaciones que vive Nacho: está contento, enfadado, asustado, triste… En cada emoción, nos describe por qué podemos sentirnos así y qué podemos hacer cuando nos sentimos de esta manera. Todo de forma muy sencilla, para que los niños se sientan identificados, lo entiendan bien y puedan aplicar los consejos a su vida cotidiana.

El otro día recordé que había comprado este cuento y que podría ser muy útil leerlo con Bruno en el momento en el que se encuentra. Como te decía, un momento de emociones a flor de piel.

Una tarde, le propuse cambiar los cuentos que le cuento siempre por éste. Al principio no estaba muy convencido, pero al final aceptó.

Fuimos leyéndolo poco a poco, observando los dibujos (que le llamaron mucho la atención) y llegamos a la parte del sentimiento del enfado. Cuando Nacho está enfadado, dice que consigue que se le pase el enfado y calmarse cuando su mamá le da un abrazo. ¡Qué buena idea y qué sencilla!, pensé. Recuerdo perfectamente la cara de Bruno cuando se lo conté. ¡Estaba encantado! Como pensando: ¡Por fin he encontrado una solución para cuando estoy enfadado!

Le expliqué que podíamos probarlo a partir de ahora. Cuando estuviera enfadado, me podía decir: Mami, estoy enfadado. ¿Me das un abrazo para que se me pase? Y me respondió: vale, mami. Su siguiente enfado fue al día siguiente, en el parque, y así lo hicimos. Primero, le ayudé a identificar que estaba enfadado:

  • Bruno, ahora que este niño no te deja el camión, estás enfadado, como Nacho, ¿verdad?
  • ¡Sí mami, estoy muy enfadado! (gritando)
  • ¿Pues quieres que te dé un abrazo muuuy fuerte a ver si se te pasa y te pones más contento?
  • ¡Vale, mami

Y le di un abrazo de esos que duran varios segundos, apretándole fuerte contra mí. Cuando terminó, me dijo: ¡Qué bien, ya estoy más contento!

Qué ilusión me hizo, qué orgullosa me sentí de él y de mí. De mí, por haberle dado una herramienta para saber identificar una emoción muy básica y enseñarle a tener un recurso para sentirse mejor. Y muy orgullosa de él por haber captado a la perfección el sentido del cuento y por haberse dejado guiar y ayudar.

Te daré otro ejemplo de cómo Bruno identificó otra emoción hace unos días, también gracias al cuento. Íbamos por la calle y vimos cómo una niña se caía del patinete y se ponía a llorar desconsoladamente, porque se había hecho una rascada en la rodilla. Ésta fue nuestra conversación:

  • Mami, esta niña se ha hecho pupa en la pierna
  • Sí, pobrecita, se ha caído del patinete
  • Yo creo que está triste, como Nacho, porque está llorando
  • Es verdad, ¡tienes razón! ¿Y qué crees que podría hacer para estar más contenta?
  • Pues que su mamá le dé un abrazo!

El abrazo de mamá se ha convertido en la solución cuando se siente mal. Me gusta, porque él siente que le ofrezco mi apoyo incondicional y eso es lo que quiero transmitirle. Que estoy ahí siempre. Evidentemente, cuando vaya creciendo no estaré físicamente con él siempre que se sienta mal para darle un abrazo, pero ahora que es el inicio de su “vida autónoma”, ahora sí.

Volviendo a la conferencia que te comentaba al principio del post, empecé a investigar más sobre la gestión de las emociones en los niños. Para terminar el artículo de hoy, te voy a dar un poco de “parte teórica” que me parece interesante:

  • Las cinco grandes emociones que manejan nuestra vida son: alegría, tristeza, ira, miedo y asco. ¿Por qué no ayudamos a nuestros hijos e hijas a aprender a identificarlas desde pequeñitos? Les ahorraremos algún que otro problema cuando sean adultos.
  • Un niño siente muchas emociones a lo largo del día. Lo primero que debe saber es identificarlas, ponerles nombre y encontrar el camino para canalizar lo que está sintiendo.
  • Es muy importante transmitirle que ninguna emoción es buena o mala, todas son necesarias y no debe tenerle miedo a ninguna. Evitemos frases del tipo: No llores, no me gusta que estés triste por Entiendo que estés triste, vamos a ver qué podemos hacer para que te sientas mejor.
  • Una pataleta no es más que una frustración que siente nuestro hijo porque no sabe expresar bien lo que siente y porque no sabe gestionar lo que le está pasando. Si le damos herramientas para que lo haga, se sentirá más seguro y… ¡conseguiremos reducir las pataletas!

Al final, los padres y las madres somos los guías de nuestros hijos. De nosotros toman ejemplo para ver cómo tienen que comportarse y cómo tienen que actuar. Todas las herramientas que les demos para sentirse bien y para adquirir seguridad en ellos mismos, las recibirán encantados y les serán súper útiles ahora y siempre. Y, recuerda: ninguna muestra de cariño sobra ni es excesiva. Todo lo contrario, todas suman.

¡Feliz Día de los Muertos!

¡Buenos y lluviosos días a todos! Pero este clima, ¿qué es? Espero que mañana los mentirólogos acierten y podamos disfrutar de nuestro día festivo como es debido. Pero, y mañana, ¿qué se celebra? Se lo pregunté a mis alumnos y casi todos contestaron Halloween. ¿Y la Castañada? -Ah sí teacher, comeremos panellets también.-

Ya en su momento, me parece que fue el año pasado, escribí sobre la responsabilidad que tenemos los adultos de preservar las tradiciones populares. Como muchos sabéis, la mitad de mis genes son mexicanos. Esto quiere decir que tengo muy presente la celebración del Día de Muertos y, por la cercanía a Estados Unidos, también la de Halloween. Personalmente, no me gusta nada esta celebración, digamos que soy la «grinch» de Halloween. No me gusta disfrazarme en las fiestas, no me gustan los personajes terroríficos y no estoy de acuerdo en darles caramelos a los niños.  Estamos celebrando un mini casal de otoño aquí en el centro y es evidente que Halloween está presente en el planning de actividades y, aunque siempre le agregamos contenido divertido, si por mí fuera, habría un altar de muertos en la entrada rindiendo homenaje a algún científico o artista. Recuerdo lo muchísimo que me divertía de pequeña hacer altares en el cole.

Y ¿de qué va el blog de hoy? De recordaros la importancia que tiene no olvidar nuestras raíces ni de dónde venimos. Gracias a la película de Coco ya sabéis un poco más de qué van las tradiciones mexicanas por lo que hoy os contaré cómo celebran el Día de Muertos en otros tres países del mundo. Si tenéis hijos un pelín mayores, esto es algo que podríais hacer mañana con ellos. Podríais investigar cómo celebran este día en diferentes partes del mundo. Recordad que ampliar la cultura y conocer más allá de lo que pasa en nuestras cuatro paredes es muy importante para abrir la mente.

La mayoría de los países coinciden en que este día es un día para celebrar, para que los muertos regresen de sus tumbas y convivan con los vivos. Los cementerios se llenan de gente, música, flores y comida.

En Guatemala, igual que en México, se preparan altares caseros para honrar a los difuntos. También acuden a los cementerios para dejar flores y rezar por los seres queridos. Pero lo que siempre me ha llamado la atención es su ritual de los «barriles gigantes» en el que se levantan barriles gigantes cerca de los cementerios. Me puse a ver vídeos y es una auténtica pasada. Grupos de gente trabajan arduamente durante meses para construir estructuras de bambú gigantescas que luego forran con papeles de colores y elevan entre todos.

Me encanta. Me parece una tradición que une el esfuerzo y el trabajo de la gente para poder rendir homenaje a los que ya no están aquí con nosotros.

Un día, escuché lo que hacían en Ghana y me parece interesante compartirlo. Ellos celebran este día tres semanas después del fallecimiento de la persona para poder construir el ataúd. Y es que, sus ataúdes son muy poco convencionales. Se basan en la vocación y en la vida de la persona. Podéis ver en el vídeo las auténticas obras de arte que pueden llegar a crear.

Por último, me traslado a Japón, donde la tradición que tienen para celebrar a los muertos siempre me ha gustado mucho. Se celebra a mediados de agosto, dura varios días y participa toda la familia. Es una festividad que proviene del budismo y también se cree que los ancestros vuelven durante estos días a sus hogares para reunirse con su familia. Lo que más me gusta es cómo toda la familia se involucra en este proceso y, para mí, lo más bonito de esta tradición son las lámparas de papel que sueltan en el río el último día de celebración. Me encantaría poder viajar hasta ahí y verlo.

El objetivo principal de este post es contaros tradiciones que me gustan mucho aparte de la mía y recordaros lo importante que es preservar las tradiciones locales. He visto cómo festividades como Halloween, que vale que tiene su historia y sus detalles curiosos, han hecho que los niños olviden cada vez más su historia y tradiciones. Así que, espero que disfrutéis mucho el festivo de mañana, que celebréis con vuestra familia que estáis juntos y que, mientras coméis castañas y panellets, disfrutéis mucho con vuestros hijos. ¡Feliz Castañada a todos!