Once upon a time…

Por todos es sabido que la mejor manera de aprender un idioma (ya sea el inglés o cualquier otro) es jugando, divirtiéndose. Se habla mucho de aprender mediante juegos de vocabulario, juegos de movimiento, pero… ¿y los cuentos? Creo que no se habla tanto de ellos como se debería, porque con las nuevas tecnologías, cada vez nos alejamos más del formato papel.

Los cuentos son una herramienta muy interesante para aprender otra lengua. A través de ellos fomentamos el interés por la lectura desde pequeños y, si es en otro idioma, ¡aún mejor!

La mayoría de mamás con las que he hablado sobre este tema me han comentado que les ponen a sus hijos los dibujos de la tele en inglés, pero que todavía no lo han probado con los cuentos. ¡Pues adelante!

Mi recomendación es empezar por los cuentos que ya conocen en su lengua materna, por sus cuentos favoritos. Así, como ya conocen la historia y los personajes, podrán entender mejor el vocabulario nuevo. Para facilitárselo más, incluso podemos irles señalando las palabras que vamos diciendo en las ilustraciones del cuento. Por tanto, es muy importante el componente visual, sobre todo cuando son más pequeños, para que les sea más fácil entender las palabras nuevas.

Si tu nivel de inglés (o del idioma extranjero que quieras que tu hijo aprenda) es correcto, es ideal que tú mismo le leas los cuentos. Si no, puedes recurrir a los audiolibros o a las aplicaciones que explican cuentos. Las dos opciones tienen su parte positiva: si le explicas el cuento tú, disfrutaréis de un ratito juntos compartiendo una actividad tan preciosa como es la lectura. Si decides poner un audiolibro o recurres a una aplicación, tu hijo podrá escuchar un acento nativo, que siempre es súper recomendable. Así que no te preocupes, las dos opciones son buenas.

Cuando Bruno tenía un añito y pico, una amiga me contó lo que hacía con sus hijos y lo copié igual. Te lo cuento por si te apetece copiar la idea: cuando le vayas a explicar un cuento en inglés a tu(s) hijo(s), di: Story timeeeee! Así vendrá corriendo a escuchar el cuento. Entonces, empieza siempre igual, diciendo Once upon a time… Así, tu hijo ya relacionará que le vas a explicar un cuento en inglés. Es una buena idea, ¿verdad?

foto: Madres Hoy

Como siempre, cuanto más pequeños sean, mejor. Si empezamos a explicarles cuentos en inglés cuando tengan seis o siete años, quizás ya no quieren, porque les apetece más entenderlo todo y, lógicamente, se sienten más cómodos escuchándolo en su lengua materna. En cambio, si empezamos a hacerlo cuando tienen uno o dos años, será mucho más fácil. Y no te extrañes si tu hijo siempre quiere que le expliques los mismos cuentos o si siempre quiere ver las mismas películas. A los niños les gusta repetir las historias, porque así ya conocen el argumento, pueden predecir lo que pasará, entienden lo que dicen o piensan los personajes, etc. Si el cuento no es en su lengua materna, todavía repetirán más, porque tendrán la necesidad de conocer bien la historia.

Así pues, aquí van mis consejos para empezar con la dinámica de Story timeeee! en tu casa:

  • Piensa en cuentos que le gusten y cómpralos en inglés, para leérselos tú mismo (o, si lo prefieres, busca la versión en audiolibro).
  • El día que quieras empezar, explícale que, a partir de ahora, cuando digas Story timeeee! le explicarás un cuento en inglés.
  • Empieza a explicarle el cuento que hayas escogido con Once upon a time…
  • ¡Disfruta este ratito con tu hijo, lo recordará siempre!

Aquí tienes una lista de cuentos tradicionales que me gustan mucho por su argumento y moraleja y que son fáciles de entender para explicarlos en inglés:

  • Los tres cerditos (The three little pigs)
  • La Caperucita roja (Little red Riding hood)
  • El patito feo (The ugly duckling)
  • Hansel y Gretel (Hansel and Gretel)
  • Ricitos de oro y los tres osos (Goldilocks and the three bears).

Aunque quizás algún día te dé pereza (a todos nos pasa), piensa que es una actividad muy bonita para compartir en familia. Todos recordamos a nuestra abuela, abuelo, madre o padre cuando nos explicaba cuentos, y es un recuerdo maravilloso. Si no puede ser siempre en inglés, no te preocupes, dos o tres veces por semana ya está bien. No olvides que los beneficios de contar cuentos a tus hijos son muchos: les ayudarás a ejercitar su memoria desde pequeños, a vencer sus miedos, a ser más reflexivos y, sobre todo, les encantará que pases ese ratito con ellos.

Escucha, canta ¡y aprende!

Uno de los primeros artículos que escribí en el WonderBlog daba algunas razones por las que es fácil aprender un idioma a través de canciones y daba una lista de canciones sencillas para niños.

Sigo convencida de que la música es una herramienta súper útil para aprender un idioma, lo experimento cada día tanto con nuestros alumnos como con mis hijos. Por eso en este artículo  me gustaría ahondar un poco más en este tema e ir un poco más allá.

¿Por qué funcionan tan bien las canciones para aprender inglés (u otro idioma)?

En primer lugar, porque la repetición es uno de los factores más importantes a la hora de aprender un idioma y, generalmente, las canciones que nos gustan, las escuchamos una y otra vez. Tanto niños como adultos. En segundo lugar, porque hay varios estudios que aseguran que, cuando escuchamos canciones, se nos  activa la misma parte del cerebro que cuando aprendemos un idioma extranjero. ¡Ahí está! Si a eso le sumamos que muchas de las palabras y pautas de sonido de una canción son repetitivas, todavía facilita más que se nos queden ciertas palabras, expresiones o incluso frases de las canciones que nos gustan. El inglés “se archiva” en nuestra cabeza, porque la música y la letra de las canciones permanecen en el cerebro y pueden salir en el momento más inesperado. ¿No te ha pasado nunca? Además, como las canciones van dirigidas a los hablantes nativos, usan lenguaje actual y expresiones coloquiales, algo también muy positivo para aprender un idioma.

Dicho esto, me gustaría dividir la siguiente parte de mi artículo es dos: por un lado, ideas de canciones y recursos para aprender inglés los niños y, por otro, los adultos. Ya que son dos mundos totalmente diferentes.

Para niños: además de canciones que se enganchan hasta convertirse en un fenómeno social, como Baby shark, te recomiendo otras. A Bruno y a Martina les encantan las canciones de Super simple songs  y las de Bounce Patrol. Las dos las puedes encontrar tanto en YouTube, si quieres ver también los vídeos, que son muy monos e infantiles, como en Spotify, si prefieres sólo escucharlas. Las canciones de Bounce Patrol están muy bien porque ya no son tan sencillitas, sino que tratan de temas con vocabulario específico: profesiones, Navidad, animales, partes del cuerpo, escuela, etc. Por ejemplo, uno de nuestros hits es la canción de los firefighters. Y no te creas que es tan fácil de entender, ¿eh? A través de ella hemos aprendido un montón de palabras relacionadas con los bomberos: manguera, sirena, casco, fuego, etc.

Para adultos: mi consejo es que te hagas una lista de tus canciones preferidas (en inglés o en el idioma que sea, obviamente) y busca las letras. Aquí tienes una web que está muy bien. Imprímetelas, ve subrayando las palabras que no entiendas y busca su traducción. Requiere un poco de tiempo, es cierto, pero va súper bien. Cuando era profe de inglés o francés en academias de idiomas, hace ya unos añitos, siempre buscaba canciones famosas para motivar a los adolescentes y a los adultos a ampliar su vocabulario. ¡Y funciona! Investigando sobre este tema, he encontrado un libro que me parece una pasada, que se titula All you need is English. Es una guía musical de la gramática inglesa. Es decir, incluye todos los puntos clave de la gramática inglesa explicados a través de canciones de grupos y artistas británicos, además de anécdotas y curiosidades para mejorar la comprensión lectora. Podrás estudiar los pronombres con Adele, el presente con Queen, el pasado con The Beatles, el futuro con Muse, el comparativo con Amy Winehouse, y las preposiciones con Iron Maiden, Arctic Monkeys y Supertramp, entre otros muchos temas. Aquí te dejo el link por si te lo quieres comprar. Que conste que no nos han pagado ni nada por anunciarlo, ¡simplemente me ha parecido una buenísima idea!

Con esto voy a terminar por hoy. Recordándote que para escuchar música no se necesita mucho tiempo, porque podemos hacerlo mientras conducimos para recoger a los niños en el cole, mientras nos duchamos o mientras vamos andando al trabajo. Así que, no hay excusas, ¡a cantar en inglés!

La tele no siempre es un demonio

El único momento del día en el que Bruno ve vídeos es después de cenar, justo antes de irse a dormir. Desde mi móvil elegimos los que quiere ver y, gracias a Chromecast, los vemos en la tele (pantalla grande, mucho mejor). Son cuatro canciones que él elija o vídeos cortitos, de máximo cinco minutos. Desde que era pequeño le expliqué que en mi móvil los vídeos sólo se ven en inglés (bendita inocencia). Como nunca lo toca si no estoy al lado, no puede ver vídeos en otro idioma, porque se los selecciono yo.

Depende del día elige ver cuatro canciones o algunas canciones y algún capítulo de Peppa Pig… eso sí, como decía, siempre en inglés.

Un día de la semana pasada acabó de cenar y tocaba nuestro “momento vídeos”. Estaba mi madre en casa y, de repente, Bruno dice: pobre Nina, no lo va a entender, que ella no sabe tanto inglés (“Nina” es como Bruno llama a mi madre). Se la quedó mirando con una cara de pena, pensando lo que se pierde la pobre por no saber inglés. ¡Puntazo!, pensé. Porque él es consciente de que saber inglés es una suerte, porque gracias a eso podemos disfrutar de muchas cosas, como entender las canciones o las historias de Peppa Pig.

Este episodio me sirve para empezar mi post de hoy en el que reflexiono sobre cómo un ratito al día viendo la tele con nuestros hijos puede servir para reforzar nuestro vínculo con ellos y también para compartir nuestro “ratito en inglés”.

El primer consejo que me gustaría darte es que ni demonicemos ni veneremos la tele (o el móvil). Para mí, bien usado y con unos límites (por supuesto) no tiene nada de malo. Todo lo contrario, tiene muchas cosas buenas. Es nuestro ratito de relax juntos antes de ir a dormir. Además, nos sirve para dialogar, porque comentamos lo que está pasando. Para que no se quede embobado, le voy haciendo preguntas sobre lo que está pasando. Para hablar, van mejor los capítulos, porque las canciones no tienen tanto argumento. Gracias a Peppa Pig hemos aprendido valores como trabajar en equipo, compartir, ayudar, etc. A veces, incluso pongo el pause para poder comentar mejor lo que me interese.

El segundo consejo es que, si este ratito compartido es en inglés, muchísimo mejor. Porque entonces, además de relajarnos juntos y compartir nuestras reflexiones, aprenderemos inglés. Aprenden un montón de vocabulario y se acostumbran a la pronunciación nativa, que cuando sean más mayores les servirás para poder ver películas más largas o documentales sin tener que leer los subtítulos. Además, cuando los padres acompañamos a nuestros hijos en cualquier actividad, como por ejemplo ver dibujos en inglés, les estamos dando ejemplo y transmitiendo que los valoramos. No olvidemos que los niños aprenden cuando se sienten valorados, escuchados y seguros. Por tanto, cuando apoyamos una actividad suya, se sienten apoyados, mejora su autoestima y aprenden mejor.

El tercer consejo es que elijas capítulos, pelis, canciones o lo que sea de temas que interesen a tu hijo. Tanto para niños pequeños, como para más mayores. Si a tu hijo la gustan los trenes o los piratas, busca cosas sobre estos temas. Por ejemplo, nosotros vemos vídeos de garbage trucks (camiones de la basura) y diggers (excavadoras). Para niños más mayores (a partir de seis o siete años) hay vídeos cortitos de cocina en inglés súper chulos y fáciles de entender. Lo importante es que el tema le apasione (así aprenderá motivado) y también que el lenguaje sea sencillo y claro (para que no le cueste entenderlo). Con Youtube, Netflix o cualquier plataforma de estas lo tenemos fácil, tenemos infinidad de opciones para elegir.

Por último, ten en cuenta el tiempo de duración. En mi opinión, antes de los cuatro o cinco años no son capaces de mantener la atención tanto tiempo como para ver una película entera (de una hora u hora y media). Creo que, con la “dificultad” añadida de que sea en inglés, sería too much. Te aconsejo que empecéis por canciones o capítulos más cortos, de un máximo de quince minutos. Eso en general, claro. Quizás tu hijo con tres años ya se concentra dos horas seguidas y puede ver une peli. El mío, de momento, no.

Así pues, si lo que te he explicado te convence, puedes empezar a aplicarlo con tus hijos. Evidentemente, no sólo por ver la tele en inglés tus hijos aprenderán el idioma, pero sí será una buena herramienta para ayudarles a mejorar. ¡Sobre todo si ven los mismos capítulos una y otra vez! Es lo que suelen hacer los niños porque les da seguridad y les encanta saber lo que va a pasar. Además, les servirá para aprender el vocabulario y las estructuras gramaticales y afianzarlos. ¿Te animas a que tu móvil también se vea sólo en inglés?

Ellos son los que componen la melodía

¿Has visto el cortometraje llamado A cloudy lesson?

Son apenas dos minutos y, antes de leer este post, te recomiendo que lo veas, porque haré muchas referencias a él.

Cuando lo hayas visto, quizás pensarás: ¿y esto qué tiene que ver con aprender inglés? Pues creo que tiene mucho que ver. Sigue leyendo…

A mí, la moraleja principal que me transmitió esta pequeña historia es que enseñar es sinónimo de enriquecer, no de limitar. Enseñar algo a un niño siempre es algo positivo y bonito  (o debería serlo), porque le ayudará a abrir sus horizontes, a ir forjando su manera de pensar, a crecer. Lo mismo pasa (o tendría que pasar) con los idiomas. Aprender inglés, francés, alemán, chino o el que más te apetezca, enriquece.

Imagínate el cerebro como un mueble lleno de cajones con madejas de lana de colores dentro de cada cajón. Aprender un nuevo idioma permite que, en el cerebro de la persona que lo está aprendiendo, se abran cajones que hasta entonces estaban cerrados. Estos cajoncitos son: nueva fonética, nueva pronunciación, nuevas estructuras gramaticales, etc.

El gran lingüista Noam Chomsky, entre muchos otros, estudió a fondo este tema, el del aprendizaje de lenguas extranjeras. Y demostró que, estos cajones, si se empiezan a abrir cuando somos pequeños (de hecho, lo ideal es que sea antes de los 6 años), funcionan mucho mejor. Las juntas de metal están nuevas y no chirrían, la madera brilla y se desliza bien, las madejas de lana que hay dentro de cada cajón todavía están  enteras, no están deshilachadas o desteñidas… Cuando aprendemos un idioma de mayores, ya es diferente. Recuerdo cuando, en primero de carrera, estudié Lingüística, y nos enseñaron todas las variables que intervienen en el cerebro de una persona que aprende un idioma extranjero nuevo con más de 8 años: hay prejuicios, malos hábitos ya adquiridos en nuestro idioma materno que solemos aplicar a los nuevos idiomas que aprendemos, dificultad a la hora de pronunciar bien… y un larguísimo etcétera que no voy a escribir ahora, porque entonces este post se convertiría en algo demasiado técnico.

Así pues, creo que estarás de acuerdo en que, cuanto antes se aprenda un idioma, mejor.

Entonces, volviendo a la historia de A cloudy lesson, otra de las enseñanzas que extraje de ella es la importancia de transmitirles a los niños que aprender inglés o cualquier otro idioma puede ser divertido. Tu actitud es muy importante en el proceso de aprendizaje de tu hijo, en éste y en todos los aprendizajes de su vida, porque él se fija en ti y, generalmente, copia tu manera de actuar y de ver las cosas. Así pues, deberías transmitirle en todo momento positivismo, para que el niño vea que aprender un nuevo idioma es algo guay, interesante, y que se sienta privilegiado de poder hacerlo. Además, no olvidemos que a los niños les gusta aprender jugando, sin darse cuenta, mientras que las actividades aburridas se les dificultan y hacen que pierdan rápidamente el interés. Por lo que, tanto padres como profesores, deberíamos buscar métodos divertidos para motivar el aprendizaje del idioma, sin obligarles a memorizar ni a traducir, simplemente motivándoles y no cortándoles las ganas.

Para terminar, me gustaría compartir contigo las tres conclusiones que saqué del cortometraje:

  1. No existe una única forma de hacer las cosas ni una única manera correcta, cada uno tiene que experimentar por sí mismo y encontrar la estrategia con la que se sienta más cómodo y que respete mejor su personalidad. El papel de los padres, madres, educadores y profesores es ayudar y guiar a los niños y niñas para que lleguen a ser capaces de saber qué les funciona mejor según su manera de ser y de aprender.
  2. De los errores pueden nacer grandes cosas. Los errores son parte del proceso de aprendizaje, por lo que no debemos temerlos ni transmitirles a los niños una idea negativa sobre ellos. En vez de evitar y castigar los errores, debemos animar a los niños a que aprendan de ellos e intenten descubrir su lado positivo. ¡Qué difícil es esto, eh?! En mi opinión, el gran cambio en la educación que haremos en este siglo (¡ojalá!) va en esta dirección. De este tema escribiremos un artículo más adelante, porque es muy muy muy interesante.
  3. El apoyo es esencial. Si el abuelo del cortometraje hubiera reñido a su nieto y no le hubiera animado a hacer nuevas nubes, el niño habría vivido esa experiencia como un fracaso que probablemente le habría marcado para siempre, generándole un gran sentimiento de culpa. Sin embargo, el apoyo, la confianza y el amor lo cambian todo. ¡No lo olvides nunca! No son las experiencias, sino nuestra reacción ante ellas, lo que determina si nos estancamos o crecemos.

Estos tres puntos los podemos aplicar también a la forma de enseñar un idioma: respetar la forma y el ritmo de aprender de cada niño, permitir que se equivoque y darle nuestra confianza siempre.

Como conclusión, me gustaría regalarte una frase que me ha inspirado muchísimo: A los niños podemos enseñarles las notas musicales, pero debemos dejar que sean ellos quienes compongan la melodía. Creo que me la voy a escribir en grande, de colorines y bien bonita y me la colgaré en mi despacho. Es un gran consejo.

Donde fueres, haz lo que vieres

Ahora que ya tenemos el verano a la vuelta de la esquina, me imagino que muchos de vosotros ya estaréis pensando en las tan ansiadas vacaciones. Me imagino que algunos ya las tendréis organizadas desde hace ya algunos meses, otros quizás sois más del last minute. Si viajas con niños, mi consejo es que las organices con tiempo y, sobre todo, con cabeza. Aquí puedes leer un post que escribí el año pasado sobre este tema.

Pensando en qué podría escribir esta semana sobre Educación en idiomas, se me ocurrió que podría hablar de otras culturas. Para mí, lo más interesante de aprender un idioma extranjero es aprender una nueva cultura, una nueva forma de vivir, con otras costumbres y otras tradiciones diferentes a las nuestras.

¿Sobre qué culturas podría hablar? Pues pensé que era una buena idea buscar los destinos de vacaciones a los que más viajamos los españoles en verano. Eso sí, los destinos a los que viajamos en familia, con niños. Porque Tailandia es uno de los destinos más visitados por los españoles en verano, pero con hijos, ¡pocos se atreven a ir tan lejos! Debo decir que, según las estadísticas que he estado viendo, la mayoría de familias decidimos pasar las vacaciones por España: Baleares, Canarias, Andalucía, Galicia… pero como queremos descubrir culturas diferentes a la nuestra, vamos a viajar al extranjero.

Así pues, el top 4 de destinos son cuatro países de Europa, en este orden: Inglaterra, Francia, Italia y Portugal.

Voy a daros cuatro costumbres de cada uno de estos países que he encontrado curiosas y útiles de saber si viajas a uno de ellos.

Inglaterra:

  • Los ingleses son muy polite y, en general, bastante serios con los desconocidos. Así que, para saludar, ¡ni se te ocurra dar dos besos! Cuando te presenten a alguien, dale exclusivamente la mano.
  • Respeta las colas. Los ingleses hacen cola para casi todo y, si intentas colarte, te empezarán a chillar y te obligarán a volver a colocarte al final de la cola.
  • Hay una costumbre muy extendida en los supermercados ingleses: el cashback. Consiste en pagar con tarjeta de crédito un importe superior al de la compra que hemos hecho para recibir en efectivo la diferencia. Es una forma rápida de obtener algo de libras en efectivo sin tener que ir al cajero.
  • A los ingleses les encanta la moqueta. Si alquiláis un apartamento, seguramente será todo de moqueta, cosa que a nosotros no suele gustarnos demasiado, porque es un nido de polvo. A veces, ¡incluso ponen moqueta en el baño!

Francia:

  • Los franceses siempre saludan a la persona acompañando el saludo con su nombre de pila. El trato habitual hacia personas que no conocen es siempre el Monsieur (Señor), Madame (Señora) y Mademoiselle (Señorita).
  • Una costumbre en Francia que no resulta muy cómoda para los turistas es que los franceses casi nunca responderán en un idioma que no sea el suyo, aunque lo conozcan. Aprecian que los visitantes intenten hablar su idioma, aunque no lo hagan correctamente.
  • En los lugares públicos, los franceses hablan en voz muy baja, para no molestar al resto de las personas que estén en el lugar. Recuerda: ¡intenta no levantar la voz para que no te miren raro!
  • ¿Quieres un buen postre? No lo dudes, elige el queso. ¡En Francia tienen más de 500 variedades y están todos riquísimos!

Italia:

  • Los italianos llevan el café en la sangre, esta bebida ocupa un puesto de honor en la cultura italiana. Si pides “un café” te mirarán raro, porque los italianos especifican mucho más. Puede ser un ristretto (café corto e intenso), un espresso (café muy corto), un lungo (café largo), un machiatto (leche con un poquito de café), un cappuccino, etc.
  • En Italia, el saludo típico consiste en saludarse con las manos y, después, dar un beso en la mejilla de la otra persona sin rozarla con los labios. Aunque este movimiento recuerde a la costumbre española de darse dos besos, a diferencia de los españoles, los italianos ofrecen primero la mejilla izquierda en lugar de la derecha. ¡Es súper raro para nosotros!
  • La pasta es el centro absoluto de la gastronomía italiana. Algo que un italiano no tolerará bajo ningún concepto es que cortes los espaguetis. Los espaguetis no se cortan. Nunca. Jamás de los jamases. Y menos aún se te ocurra comerlos con cuchara.
  • Ciao quiere decir tanto hola como adiós. Curioso, ¿no? Así que, con esta palabra, podrás saludar y despedirte.

Portugal:

  • En muchos países, un plato limpio al final de la comida es una señal de que ha disfrutado de la comida, pero en Portugal, se considera de buena educación dejar un poco de comida en el plato una vez hayamos terminado.
  • Además de la multa por viajar en transporte público sin pagar que se aplica en muchos países del mundo, en Portugal existe otra sanción bastante curiosa. Se multa a aquellas personas que ocupan lugares prioritarios en el transporte público y no lo ceden a personas con discapacidad, ancianos, mujeres embarazadas y también a personas con niños pequeños. El importe de la multa varía entre 50 y 1000€.
  • No te asustes si en las cartas de los restaurantes lees vino verde. No es que el vino sea de este color, sino que es un tipo de vino al que se le llama verde por la poca maduración de las uvas con que se fabrica, es decir que son uvas jóvenes. El vino verde puede ser blanco o tinto.
  • En Portugal es de mala educación pedir sal o pimienta en un restaurante. Se considera una ofensa al cocinero. Si no quieres parecer maleducado y que piensen que la comida está insípida, no pidas estos condimentos al camarero.

Qué costumbres más curiosas, ¿verdad? Como decía al principio del artículo, lo que más me gusta de aprender idiomas es descubrir nuevas culturas y formas diferentes de ver la vida. Allá donde sea que viajes este verano, ¡disfruta de su cultura y de sus tradiciones!

Babies and toddlers play English!

Hoy te contaré una historia muy personal. Bueno, de hecho, siempre lo hago, pero hoy quiero contarte cómo nació una idea que me ha cambiado la manera de ver las cosas como profe.

Tengo la enorme suerte de trabajar en un sitio en el que soy feliz y no paro de aprender. El blog es una de las herramientas que más conocimientos me ha dado durante estos años. Me encanta investigar actividades para proponerte que hagas con tus hijos que tengan que ver con la naturaleza y el medio ambiente. Me gusta muchísimo compartir contigo cosas que hago en clase y todos los aprendizajes que me proporcionan los niños. Gracias a ellos soy lo que soy. Sin embargo, una de las cosas que más me ha gustado en este camino es estudiar, leer e investigar acerca de la educación y el comportamiento de nuestro cerebro a la hora de aprender un idioma (o cualquier otra cosa). Sé que algún día, cuando pueda y tenga tiempo, estudiaré algo relacionado con la neurociencia y el aprendizaje de los idiomas. Me fascina.

Hace poco más de un año, mientras escribía uno de mis artículos, leí que el 85% del desarrollo neuronal de los seres humanos se produce en los primeros tres años de vida. Los bebés hacen la mayor parte de sus conexiones cerebrales referentes a la comunicación y a la comprensión durante este tiempo. Me quedé pensando que, si esto es así, aprender idiomas en edades muy tempranas era la clave para el éxito del aprendizaje en edades avanzadas. Ese día, el blog no iba de educación en idiomas así que continué con mi artículo, pero la idea se me quedó clavada en la cabeza. Me puse a investigar sobre el tema y decidí comenzar un nuevo proyecto que involucrara la enseñanza del inglés a bebés y niños menores de tres años y que siguiera nuestro método y filosofía de enseñanza: el juego y la inmersión.

Y es así como, en septiembre del año pasado, comenzamos un proyecto con cinco increíbles alumnos que me han demostrado lo fácil que es aprender un idioma cuando tienes menos de tres años.

¿Y cómo aprendemos? Pues de manera natural y espontánea. Cantando, pintando, experimentando y jugando mientras desarrollamos nuestra psicomotricidad.  Es muy importante que, para que los niños y niñas aprendan, razonen, asimilen y comprendan un concepto, vivan y disfruten la experiencia del aprendizaje. Y no sólo esto. Durante este año, mis niños han desarrollado la habilidad de «aprender a aprender». Esto quiere decir que las conexiones neuronales que están desarrollando en su cerebro le servirán para que, en un futuro, cuando quieran aprender cualquier otro idioma, sea muchísimo más fácil que para una persona que no ha tenido ningún contacto con otro idioma.

Nuestra metodología de enseñanza concentra diferentes tipos de corrientes educativas y está basada en crear experiencias siempre en inglés y que permanezcan en el cerebro del niño para toda la vida. John Dewey, pedagógo, filósofo y psicólogo que me gusta mucho, decía que toda auténtica educación se efectúa mediante la experiencia. Completamente de acuerdo.

Una de mis partes favoritas de las clases ha sido ver como, poco a poco, los niños y niñas se van aprendiendo las canciones y los movimientos que las acompañan. La música, aparte de ayudarnos a establecer rutinas en la clase, favorece la concentración auditiva y el desarrollo del lenguaje. Les ayuda a desarrollar una correcta pronunciación y a asociar palabras con movimientos. Todos sabemos que a los niños  les encanta escuchar la misma canción una y otra vez. ¿Sabes por qué? Porque, poco a poco, se la van aprendiendo y se van sintiendo más seguros al momento de cantarla. Si aumenta su seguridad, aumenta su autoestima y, por ende, su felicidad.

Gracias a mis increíbles alumnos, he aprendido y visto con mis propios ojos que, cuanto más pequeños son, más fácil es para ellos. Creo que la clave está en que ellos aprenden sin hacer un esfuerzo voluntario por hacerlo. Les encanta ver, oler, tocar y sentir lo que están aprendiendo. Es increíble ver cómo experimentan, observan y reflexionan. Luego, un día, de la nada, te dicen algo en inglés y te quedas alucinando. Los niños, al no tener vergüenza y no sentir que están siendo examinados, tienen la facilidad de expresarse sin miedo. Me encanta.

Me acuerdo un día que llegó una de las madres a contarme que, una noche cenando en casa, le preguntó a su hijo si quería más leche y el niño contestó «No, thank you» y siguió cenando. Se me llenó de orgullo el corazón.

Hoy estoy segura de que la mejor manera de empezar a aprender un idioma es desde bebés. Hoy quiero agradecer a mis niños y a sus padres por confiar en nosotras y por demostrarme que los niños, cuanto más pequeñitos, más esponjas son. Cuanto más pequeñitos, más lo disfrutan. Cuanto más pequeñitos, más aprenden. No tengo la menor duda.
Te invito a que, si estás interesado en que tus hijos aprendan inglés, te comprometas con ellos desde bebés y los acompañes en el proceso. Cantes con ellos, les leas cuentos en inglés y aproveches una de las rutinas de tu día para hacerla en inglés. De esta manera, el niño o niña irá asimilando el idioma de manera natural y divertida.

Hoy quiero dar las gracias públicamente a Ari, Giulia, Jan, Núria y Olivia por enseñarme mil veces más de lo que pude imaginar. He crecido como profe y como persona gracias a vosotros y, lo más bonito de todo, es que ahora tengo muchas más ganas de aprender para seguir enseñando. ¡Qué suerte que tengo, many thanks!

Y tú, ¿cómo aprendes? Nosotros, jugando.

Quería que el post de hoy resolviera un tipo de dudas que algunas mamás nos preguntan de vez en cuando. ¿Cómo puede ser que mi hijo mayor se aprendiera las tablas de multiplicar de memoria y con el pequeño no hay manera? O ¿Por qué a ella no se le da bien hacer trabajos en grupo?

Para resolver estas dudas con un poco de fundamento me he tenido que documentar bastante. He estado varios días leyendo artículos de psicología, pedagogía y didáctica sobre cómo aprendemos, qué aspectos influyen en el aprendizaje, etc.

Así que, primero, te voy a hacer una introducción un poco teórica de los diferentes tipos de aprendizaje que existen y después pasaremos a la parte más práctica.

Pues bien, hay trece tipos de aprendizaje: aprendizaje implícito, aprendizaje explícito, aprendizaje asociativo, aprendizaje no asociativo, aprendizaje significativo, aprendizaje cooperativo, aprendizaje colaborativo, aprendizaje emocional, aprendizaje observacional, aprendizaje experiencial, aprendizaje por descubrimiento, aprendizaje memorístico, y aprendizaje receptivo.

No los voy a explicar todos, porque entonces el post sería larguísimo y demasiado técnico, pero sí que me gustaría dejarte la fuente que he utilizado para informarme (lo explica de forma bastante sencilla y clara). Es la web de psicología https://psicologiaymente.net/desarrollo/tipos-de-aprendizaje.

Voy a destacar tres tipos de aprendizaje que considero importantísimos y que me gustaría que los profesores tuvieran muy en cuenta a la hora de enseñar un idioma (o, en realidad, cualquier otra cosa): el aprendizaje implícito (el que no es intencionado, porque la persona que aprende no es consciente sobre qué aprende, lo hace sin darse cuenta); el aprendizaje emocional (la persona aprende porque está motivada, porque le hace ilusión, porque le interesa lo que le están explicando); aprendizaje observacional (la persona que aprende lo hace observando e imitando al que le enseña, que generalmente es el profesor). Para mí, un buen aprendizaje debería combinar estos tres.

Ahora, pasemos a la parte más práctica. Si un niño o una niña aprende inglés sin darse cuenta, porque le encanta e imitando el acento y entonación de su profesora, es un éxito. Es un éxito porque, para el resto de su vida, el inglés será siempre algo divertido, motivante e interesante. Sabemos que, si lo aprende así, en seguida lo hablará fluidamente o no le costará demasiado recordar las palabras nuevas que vaya aprendiendo. Para nosotras es un orgullo ver a los alumnos cómo se motivan por aprender inglés. Recuerdo que, cuando este proyecto comenzó, nos encontramos con niños mayores (7-8 años) que, a causa de haber tenido una experiencia negativa con el inglés de pequeños, le tenían manía, era muy complicado motivarlos y, por tanto, muy difícil que aprendiesen. Fue un reto para nosotras darle la vuelta a la situación, pero quedó comprobadísimo que, si les ayudábamos a aprender a través de sus propios intereses, era más fácil cambiar su visión acerca del inglés.

Ay, que me voy por las ramas… Si intento responder a las dudas con las que empezaba este post, diría a las mamás que, efectivamente, cada niño tiene una manera de aprender. El niño al que le cuesta aprenderse las tablas de multiplicar, quizás no tiene tanta facilidad para el aprendizaje memorístico y la niña que tiene dificultades para hacer trabajos en grupo, seguramente no ha desarrollado el aprendizaje cooperativo. No pasa nada, tendrán otras formas de aprender exactamente igual de aceptables. Siempre se ha dicho que Cada maestrillo tiene su librillo, pero es que cada alumno también tiene su propio estilo de aprendizaje.

Un niño (y un adulto) puede combinar diferentes estilos de aprendizaje. Lo importante es que, como madre, padre o como profesor, te des cuenta de cuál es el estilo de aprendizaje de cada niño para, de esta manera, ser capaz de ayudarle a aprender y que no pierda la motivación.

Motivación. Gran palabra clave. En mi opinión, es el fundamento de cualquier aprendizaje, también del aprendizaje del inglés.

Para terminar, me gustaría compartir contigo una reflexión. Seguro que recordarás al típico profesor que “pegaba el rollo” sin tener en cuenta si a los alumnos nos interesaba lo que estaba explicando o cómo lo estaba explicando. Y también recordarás al profesor ese tan genial y adorado que nos hacía enamorarnos de algún tema o de alguna asignatura. Qué maneras tan diferentes de enseñar, ¿verdad?

Y quizás ahora te estarás preguntando: ¿y esto qué tiene que ver con aprender un idioma? Pues tiene mucho que ver, porque, por suerte, en las clases de inglés (francés o alemán) cada vez estamos más lejos de las clases magistrales, los alumnos escuchando durante una hora o más al profesor, repitiendo su entonación y apuntando en la agenda los deberes que tienen que hacer en casa para la semana siguiente. Cada vez más, las clases son participativas, activas, divertidas… motivadoras para los niños (y para los no tan niños).

¡Qué pasada que un niño aprenda las formas y los colores jugando con una caja de cartón y una hoja de colores!  Es un juego que hicimos en Play English ¡y les encantó! ¿No te parece genial? Pues éste es un simple ejemplo de muchos otros que podríamos citar para referirnos a diferentes formas de aprender.

Aprender un idioma sin tiempo y con mil cosas que hacer

Hace unos días me encontré con este vídeo.

Es una Ted talk de Matthew Youlden, políglota y filólogo que seguro habéis visto en alguna red social. Es muy gracioso y un auténtico crack en lo que se refiere al aprendizaje de idiomas. Desde hace tiempo, hay una idea que va y viene a mi cabeza: aprender un idioma. Eso sí, a la que aparece, automáticamente pienso que no tengo tiempo  y entonces, rápidamente, se va.

El tiempo. Hoy en día la frase “no tengo tiempo” no sé muy bien qué significa. Me hace pensar en el post de María de la semana pasada. De hecho, he estado pensando mucho en él desde entonces. Ese post y el vídeo que os mencioné antes, son quizá las razones por las que la idea de aprender un idioma ha vuelto a mi cabeza y se ha quedado más tiempo de lo normal. Por eso que hoy quiero compartir con vosotros esta inquietud y deciros que quizá yo ya tengo propósito de año nuevo. Y de eso irá el post de hoy. ¿Cómo aprender un idioma siendo adulto? Y lo más importante, siendo un adulto “sin tiempo para nada y con muchas cosas que hacer”.

Lo primero de todo, y esta es recomendación mía, deja de repetir que no tienes tiempo para nada. Ya te he dicho anteriormente que, si sumas todo el tiempo que pasasviendo tonterías en redes sociales te sorprendería la cantidad de tiempo que tenéis al día. Lo importante aquí es querer decidir tener tiempo. Conozco mucha gente que me dice que el móvil les ayuda a distraerse y olvidar por un momento el estrés de la vida. Que ven sólo tonterías o que leen el periódico. Vale, también puedes decidir leer un libro o llamar a un amigo. Pero, si quieres usar el móvil, también puedes aprender un idioma.

En realidad, creo que el primer paso para aprender un idioma es tener claro por qué lo quieres aprender y tener una motivación real. Yo, por ejemplo, para ser muy honesta, no tengo ningún interés personal por aprender un nuevo idioma. Es decir, no tengo un viaje próximo a algún país ni una relación cercana con alguien que haga que me interese particularmente un idioma. Lo que sí sé es que aprender idiomas tiene una cantidad de beneficios que, para mi cerebro de 35 años, van muy bien. Numerosos estudios demuestran que aprender idiomas es la mejor gimnasia cerebral. Así que he aquí mi razón personal para querer aprenderlo: ejercitar mi cerebro. También es demostrarme a mí misma que puedo ser constante en un hábito nuevo.

Es muy importante quitarse de la cabeza que aprender un idioma como adulto es muy difícil. He escuchado a muchos padres decir que quieren que sus hijos aprendan inglés ya que “para ellos es muy tarde”. No estoy de acuerdo. Estudios demuestran que, mientras los niños aprenden mucho más rápido un idioma, los adultos lo aprendemos de manera más efectiva.  La razón es porque nosotros contamos con la experiencia del aprendizaje. Nosotros ya hemos “aprendido a aprender”.

¿Y cuánto tiempo nos tomará aprender un nuevo idioma? Matthew Youlden sugiere que si practicas treinta minutos al día durante un mes puedes comenzar a entender el idioma. Creo que todos podemos dedicar diez minutos por la mañana, diez minutos por la tarde y diez minutos por la noche para comenzar, ¿no? Yo creo que, si aprendo en intervalos cortos pero regulares, no me agobiaré. Aparte que, si aprendo el idioma una vez a la semana, me olvidaré fácilmente de lo que aprendí la sesión anterior.

Y entonces, ¿cómo aprenderé un idioma como adulto que prácticamente no tiene tiempo para nada?

Primero de todo, dedicaré una tarde a probar diferentes aplicaciones en el móvil y decidiré la que más me convenga para comenzar a invertir mis treinta minutos al día. He estado probando algunas y la verdad es que me parece muy divertido. Estuve leyendo varios artículos y aquí os dejo seis aplicaciones que más recomiendan: Duolingo, Babbel, ABA English, Bussu, Rosseta Stone y Lingualia.

Después, aplicaremos los consejos del profesional Matthew Youlden.

  1. Incorporar el idioma en tus rutinas diarias. A mí en lo personal me encanta escuchar la radio camino al trabajo, ¿por qué no escucharla en el idioma que quiero aprender? Hay infinidad de podcasts y webs que contienen emisoras de radio de todo el mundo. No hay excusa.
  2. Ver una serie. Investigar qué series ven en el país o países que hablan el idioma que quieres aprender y verla. Yo, honestamente, veo este paso muy difícil. Ya me cuesta muchísimo seguir una serie en mi idioma, pues imagínate en un idioma extranjero.
  3. Cambiar el idioma de tu ordenador, teléfono o red social. Este consejo me gusta más.

Las reglas básicas para aprender un idioma que sugiere el lingüista son: vivir el idioma (leerlo, escucharlo, vivirlo, escribirlo y cantarlo), cometer errores y, lo más importante de todo, disfrutar el proceso.

Yo tengo que deciros que escribir este post me ha animado muchísimo. Incluye muchas cosas que quiero hacer conmigo misma. Incluye el dedicar tiempo de verdad en algo positivo para mi persona. En este caso, para mi cerebro. Incluye demostrarme que puedo ser constante en un hábito nuevo. Incluye expandir mi cultura y descubrir nuevos mundos. Incluye conocer gente de otros países (por lo menos virtualmente).

Ya os contaré qué tal.

Dos niños de Barcelona se pierden en Londres

Alicia y Carlos fueron de vacaciones con su madre la semana pasada a Londres y, por un despiste, se perdieron en Oxford Street. Afortunadamente fue sólo un susto ya que los dos pequeños de 8 y 10 años se encontraron con su madre enseguida. Lo impactante fue descubrir cómo la encontraron.  

Eran las 10 de la mañana y todos estaban listos en el hall del hotel para comenzar el día que, por cierto, para ser Londres, era súper soleado. Alicia y Carlos justo acababan de volver de colonias y Ramón, el más pequeño, se había quedado en Barcelona con su padre. Estaban súper contentos de poder disfrutar unos días de vacaciones los tres juntos. Nadie se imaginaba lo que pasaría ese día.

Fueron todos a desayunar y planearon el día. Irían a Oxford Street de compras y luego a tomar un helado a Yorica, lugar por excelencia para degustar un exquisito postre sin gluten, ni huevos, ni lácteos. Era el sitio perfecto para Carlos. Luego seguirían comprando para después ir a comer a Pizza Pilgrims, el sitio favorito de Alicia.

Después de desayunar comenzaron su viaje por Oxford Street, la calle más concurrida de todo el continente europeo. Cuando llegaron a Hamleys, la juguetería más grande de Londres, Carlos y Alicia se detuvieron para admirar sus increíbles escaparates. Su madre siguió caminando.

Cuando se dieron cuenta de que habían perdido a su madre se asustaron, pero sabían que ella se dirigía hacia Harrods y, en cuestión de minutos, se encontraron.

– ¿Y cómo es que supisteis hacia dónde ir?

– Pues hemos preguntado a una señora, mamá

– ¿En español?

– No mamá, en inglés. ¡Hemos ido a WonderFUN toda la vida!

Así que, si quieres que tus hijos aprendan inglés y estén preparados para situaciones como ésta, ¡inscríbelos ya!

 

¡BUEN VERANO Y QUE DISFRUTES DE LAS VACACIONES!

 

Learning by doing

Esta semana es la última del curso, la semana que viene empezamos nuestro Summer Camp y… ¡mañana empieza oficialmente el verano! ¡Qué ilusión y qué ganas tengo de calorcito, playa y baños en el mar y en la piscina!
El de hoy será nuestro último post hasta después de verano, porque ahora nos viene una época de muchísimo trabajo con todos los niños del Camp y hemos decidido hacer un parón en nuestra newsletter de los miércoles y, por lo tanto, también en nuestro WonderBlog. Así pues, con el artículo de hoy nos despediremos hasta el 5 de septiembre.
Hoy quiero escribiros sobre “Educación en idiomas”, pero centrándome en lo útil que es aprender inglés (o cualquier otro idioma extranjero) a partir de situaciones cotidianas. Es algo que siempre había pensado que era fundamental. Sin embargo, hasta que no lo viví de cerca con Bruno, no fui totalmente consciente de lo que representaba.
Hace unos meses se incorporó al equipo de profes de la guardería de Bruno una tal “Miss Anna”. Nos dijeron que era una auxiliar de conversación y que sólo les hablaría en inglés (de hecho, Bruno se cree que no sabe hablar castellano ni catalán). Y yo pensé: ¿auxiliar de conversación para niños de 0 a 3 años? ¡Qué gracia! No sabía exactamente cómo aplicarían la tarea de una auxiliar de conversación a niños tan pequeños.
Lo que hace Miss Anna es ir pasando de clase en clase durante toda la mañana, adaptándose a la actividad que estén haciendo los niños en ese momento. Hay cinco clases en total. Por ejemplo, a primera hora, cuando explican el cuento, está en una de las clases. Después, cuando hacen pipí en el orinal y se lavan las manos, está con otra clase. Cuando salen al patio, está con otra clase. Cuando comen, con otra. ¿Y qué ocurre? Pues que los niños aprenden palabras y estructuras en inglés de manera totalmente cotidiana y natural. No es una clase de inglés en un horario establecido en la que se explica un cuento o se hace una actividad determinada, sino que cada día los inputs de inglés les entran de una manera diferente.
Interesante, ¿no? La verdad es que estoy alucinando de lo bien que funciona, porque Bruno de repente dice frases cotidianas como change my nappy (cambiar el pañal), please, sit down o time to clean up! (es la hora de recoger). ¿Por qué? Porque las ha aprendido de forma natural y espontánea y, como todo en la vida, es mucho más útil si se aprende a través de situaciones cotidianas y no dentro de una clase formal. Esto me hace pensar en nuestros alumnos mayores, que este trimestre han aprendido súper bien a dar direcciones a través del proyecto de “the city”. Es un proyecto que les ha motivado muchísimo: han construido ellos mismos una ciudad (con materiales reciclados, por supuesto) y, a través de la ciudad, han aprendido a dar las direcciones, como: How can I go to the hospital? Go straight on and turn left (¿Cómo puedo ir al hospital? Ve recto y gira a la izquierda). Estoy convencida de que se les quedarán mucho más las estructuras gramaticales de esta manera que no dándoles una clase magistral de “giving directions” siguiendo un libro. ¿Por qué? Porque lo han aprendido haciendo (learning by doing), jugando y de forma espontánea, no impuesta.


Por último, ya que pronto llegarán las tan ansiadas vacaciones, te doy un consejo: si vas a viajar a algún lugar en el que se hable inglés (o algún hotel en el que haya niños extranjeros también sirve), motiva a tus hijos a que hablen inglés. Si tienen que pedir agua al camarero, no se lo pidas tú cada día, enséñales que se dice: Can I have some water, please? y que ellos lo practiquen cada día. Practicándolo in situ, seguro que las palabras y frases que aprendan, las recordarán mucho mejor. Es la misma filosofía que te contaba con el proyecto de «the city» y con Miss Anna. Se llama de muchas maneras: learning by doing, aprender idiomas en situaciones cotidianas, la enseñanza orientada a la acción, etc. Como dice mi uno de mis gurús en temas de educación. Roger Schank: el aprendizaje ocurre cuando alguien quiere aprender, no cuando alguien quiere enseñar.