Learning by doing

Esta semana es la última del curso, la semana que viene empezamos nuestro Summer Camp y… ¡mañana empieza oficialmente el verano! ¡Qué ilusión y qué ganas tengo de calorcito, playa y baños en el mar y en la piscina!
El de hoy será nuestro último post hasta después de verano, porque ahora nos viene una época de muchísimo trabajo con todos los niños del Camp y hemos decidido hacer un parón en nuestra newsletter de los miércoles y, por lo tanto, también en nuestro WonderBlog. Así pues, con el artículo de hoy nos despediremos hasta el 5 de septiembre.
Hoy quiero escribiros sobre “Educación en idiomas”, pero centrándome en lo útil que es aprender inglés (o cualquier otro idioma extranjero) a partir de situaciones cotidianas. Es algo que siempre había pensado que era fundamental. Sin embargo, hasta que no lo viví de cerca con Bruno, no fui totalmente consciente de lo que representaba.
Hace unos meses se incorporó al equipo de profes de la guardería de Bruno una tal “Miss Anna”. Nos dijeron que era una auxiliar de conversación y que sólo les hablaría en inglés (de hecho, Bruno se cree que no sabe hablar castellano ni catalán). Y yo pensé: ¿auxiliar de conversación para niños de 0 a 3 años? ¡Qué gracia! No sabía exactamente cómo aplicarían la tarea de una auxiliar de conversación a niños tan pequeños.
Lo que hace Miss Anna es ir pasando de clase en clase durante toda la mañana, adaptándose a la actividad que estén haciendo los niños en ese momento. Hay cinco clases en total. Por ejemplo, a primera hora, cuando explican el cuento, está en una de las clases. Después, cuando hacen pipí en el orinal y se lavan las manos, está con otra clase. Cuando salen al patio, está con otra clase. Cuando comen, con otra. ¿Y qué ocurre? Pues que los niños aprenden palabras y estructuras en inglés de manera totalmente cotidiana y natural. No es una clase de inglés en un horario establecido en la que se explica un cuento o se hace una actividad determinada, sino que cada día los inputs de inglés les entran de una manera diferente.
Interesante, ¿no? La verdad es que estoy alucinando de lo bien que funciona, porque Bruno de repente dice frases cotidianas como change my nappy (cambiar el pañal), please, sit down o time to clean up! (es la hora de recoger). ¿Por qué? Porque las ha aprendido de forma natural y espontánea y, como todo en la vida, es mucho más útil si se aprende a través de situaciones cotidianas y no dentro de una clase formal. Esto me hace pensar en nuestros alumnos mayores, que este trimestre han aprendido súper bien a dar direcciones a través del proyecto de “the city”. Es un proyecto que les ha motivado muchísimo: han construido ellos mismos una ciudad (con materiales reciclados, por supuesto) y, a través de la ciudad, han aprendido a dar las direcciones, como: How can I go to the hospital? Go straight on and turn left (¿Cómo puedo ir al hospital? Ve recto y gira a la izquierda). Estoy convencida de que se les quedarán mucho más las estructuras gramaticales de esta manera que no dándoles una clase magistral de “giving directions” siguiendo un libro. ¿Por qué? Porque lo han aprendido haciendo (learning by doing), jugando y de forma espontánea, no impuesta.


Por último, ya que pronto llegarán las tan ansiadas vacaciones, te doy un consejo: si vas a viajar a algún lugar en el que se hable inglés (o algún hotel en el que haya niños extranjeros también sirve), motiva a tus hijos a que hablen inglés. Si tienen que pedir agua al camarero, no se lo pidas tú cada día, enséñales que se dice: Can I have some water, please? y que ellos lo practiquen cada día. Practicándolo in situ, seguro que las palabras y frases que aprendan, las recordarán mucho mejor. Es la misma filosofía que te contaba con el proyecto de “the city” y con Miss Anna. Se llama de muchas maneras: learning by doing, aprender idiomas en situaciones cotidianas, la enseñanza orientada a la acción, etc. Como dice mi uno de mis gurús en temas de educación. Roger Schank: el aprendizaje ocurre cuando alguien quiere aprender, no cuando alguien quiere enseñar.

Once upon a time… (segunda parte)

¿Os acordáis que hace unos meses escribí un post sobre la importancia de explicar cuentos en inglés a nuestros hijos? Se titulaba Once upon a time… Pues hoy os escribo la segunda parte de este post y os explico mi experiencia con Bruno.

Cuando escribí el artículo, hace unos cuatro meses, empecé la dinámica de Once upon a time con él, fue mi “conejillo de indias”. Para empezar, elegí un cuento que teníamos en su estantería y que casi no le había explicado antes, para que, a partir de ese momento, lo relacionara siempre con el inglés. El cuento elegido fue Teo va al colegio. El primer día que hicimos la dinámica, le expliqué que le contaría el cuento en inglés y que empezaríamos siempre gritando Story timeeee! Pues se le quedó grabado. El primer día, me escuchó un par de minutos (si llegó), mirándome raro, con cara de pensar: qué le ha dado ahora a ésta para explicarme el cuento en inglés, que no entiendo nada. Cuando ya vi que perdía la atención y que ya no le interesaba lo que le estaba contando, paré y jugamos a otra cosa. Al cabo de un par de días, ya sin explicarle nada previamente, me senté en el sofá con el cuento y grité Story timeeee! y vino corriendo enseguida. Se sentó a mi lado y empezó a escucharme. Aguantó más rato escuchándome con atención y empezó a señalar cuando yo le preguntaba dónde estaban ciertas cosas. por ejemplo: Where is the car? (y me señalaba el coche) o Where is Teo? (y me señalaba a Teo). Cada vez que me señalaba algo correctamente, yo le decía: very good, Bruno! y le chocaba la mano. ¡Se ponía más contento!

Al cabo de un par o tres de días más, volví a hacer lo mismo, grité Story timeee! Y vino corriendo. Seguí con la misma dinámica de irle explicando el cuento en inglés y preguntándole dónde estaban ciertas cosas y, si alguna vez me olvidaba, él mismo se decía very good, Bruno! Yo me partía de risa.

Y sí sí, en unos pocos meses, el Story time se ha convertido en una actividad que le encanta que hagamos juntos. Además, el cuento de Teo va al colegio ya lo relaciona con el inglés y siempre tengo que contárselo en este idioma. El otro día hice la prueba y se lo empecé a contar en castellano y me dijo: no mami, que este es en inglés! Story timeeee!

Ahora ya se sabe muchas palabras nuevas en inglés de los objetos que van apareciendo en cada página, responde a preguntas simples como Is Teo happy here or sad? Y, muchas veces, sin que yo le pregunte nada, ya dice frases en inglés que yo le digo cuando llegamos a la página correspondiente. Además, ha empezado a aplicar frases en inglés que ha aprendido a través del cuento a su vida cotidiana. ¿Sabéis lo que hizo el otro día? En una de las páginas, aparece un policía que hace parar a un autobús en la calle. Cuando estamos en esa página, yo le digo: and the policeman said: Stop, stop, don’t pass, don’t pass! Pues el otro día íbamos por la calle, se paró en un semáforo, y le dijo a una moto: Stop, stop, don’t pass, don’t pass! Me quedé alucinando. En ese momento me di cuenta de cuánto estaba funcionando la dinámica de Story time. Había leído muchas veces que los niños aprenden mucho de los cuentos y que luego lo aplican a su vida diaria, pero realmente al probarlo con mi hijo me di cuenta de lo cierto que es.

Parece mentira como una historia que los primeros días no entendía en absoluto (porque, además, nunca le había explicado el cuento en castellano), poco a poco la fue comprendiendo, hasta entenderlo prácticamente todo. Cada vez que se lo explico añado palabras nuevas, frases un poco más difíciles, preguntas en las que tenga que pensar… Los primeros días en los que introduzco algo nuevo me mira raro, pero después, me acaba entendiendo y respondiendo. ¡Es genial ver cuánto inglés va aprendiendo!

La semana pasada, su profe de inglés del cole, Miss Anna, me preguntó si le hablábamos en inglés en casa, porque tenía mucho vocabulario (para los dos años y pico que tiene, evidentemente). Le contesté que no, que yo le explicaba un cuento en inglés (siempre el mismo) y que algún día jugamos algún ratito en inglés cuando hacemos un puzzle, cuando jugamos con los camiones, etc. Pero vamos, que la única persona que le habla siempre en inglés desde que nació es Nathalie. Ya que hablo de ella, aprovecho para decir que es la que le dio la oportunidad de entrar en contacto con este idioma desde que nació. Gracias a ella, estaba familiarizado con la fonética inglesa, las estructuras más sencillas, etc. Porque hay muchas palabras y expresiones, como I’m gonna eat your belly! (¡voy a comerme tu tripita!) o Tickles ticklesss! (¡Cosquillitasssss!) que le dice casi cada semana y que las identifica totalmente con ella.

Otro ejemplo de estos que te hacen alucinar y ser consciente de cuánto aprenden los niños y de cómo relacionan las cosas es lo que nos pasó el otro día. Estábamos cantando la mítica canción de Head, shoulders, knees and toes y, al terminar, empezamos a señalarnos diferentes partes del cuerpo y a decirlas en inglés. Dijimos: head, hands, eyes, ears… y, de repente, dice: belly, como Nathalie! (señalándose la barriguita). ¡Me lo quería comer!

Nada más, os pido perdón si este post ha sido demasiado de “mamá enamorada que se le cae la baba con su hijo”. Es cierto que estoy en este estado, estoy totalmente enamorada de él, pero simplemente os quería demostrar que las pequeñas acciones que hagamos con nuestros hijos (o sobrinos, o nietos, o alumnos) para introducirles idiomas extranjeros funcionan muy pero que muy bien. A corto, medio o largo plazo, pero acaban funcionando.

Esta semana vamos a introducir un nuevo cuento al Story time! ¡porque el de Teo va al colegio ya se lo sabe de memoria, y en inglés!

¿Vaya lío para los niños?

Unos amigos míos se fueron  a vivir a Italia por trabajo hace unos meses. Tienen dos hijas de tres y seis años, que han dejado su colegio de Barcelona para empezar su nuevo colegio en su nueva ciudad italiana. Mi amiga estaba preocupada y me decía: pobres, entre que yo les hablo castellano, su padre catalán y ahora en el cole les hablarán italiano e inglés… ¡vaya lío se van a hacer! Yo la tranquilicé diciéndole que no se preocupara en absoluto, porque les estaba haciendo un favor. Le dije que, contrariamente a lo que ella se pensaba, aprender otros dos idiomas nuevos sería súper enriquecedor para las niñas.

Te explico por qué:

  • El cerebro de un niño es muy plástico y se va desarrollando. Si tiene que ser en dos, tres o más lenguas, no hay ningún problema, el cerebro se adapta
  • El uso y el manejo de varias lenguas nunca es limitador, siempre es enriquecedor. El cerebro no se confunde, cuanto más se estimula, mejor para el niño. Los niños multilingües, en muchos casos, tienen un desarrollo cognitivo más alto. En ningún caso crea confusión.
  • La formación multilingüe mejora la capacidad de resolver problemas, desarrolla la percepción auditiva y potencia las habilidades verbales. Aprender lenguas extranjeras desde pequeños, según señalan numerosas investigaciones pedagógicas, cambia literalmente la forma de ver el mundo, ya que crea mentes más flexibles y analíticas.

Lo que sí es importante, y se lo dije a mi amiga, es que los padres siempre les hablemos a nuestros hijos en la misma lengua, aunque cambiemos de país. Hay una teoría llamada OPOL (siglas en inglés de One Parent, One Language, un padre, un idioma), que plantea que cada padre hable al niño en su lengua materna y que el niño aprenda de manera natural la lengua (o lenguas) del país donde vive. Esto(s) idioma(s) los aprenderá en el colegio, en la calle o con sus amigos, no hace falta que sea en casa, porque si los padres no son nativos de esa lengua, no se la enseñarán bien. Habrá errores gramaticales, de acento, de fonética, etc.

Sin embargo, si los padres sabemos algún idioma extranjero y nos apetece compartirlo con nuestros hijos, podemos establecer algunos momentos de juego para hablar con ellos en este idioma. Por ejemplo, como os expliqué en un post hace unos meses, con Bruno hago el story time, que es un ratito cada día (si podemos) en el que le explico un cuento en inglés. ¡Y últimamente me pide que le explique los cuentos siempre en inglés, me hace una gracia!

Supongo que por deformación profesional (soy traductora e intérprete y una enamorada de los idiomas y de las culturas extranjeras), desde antes de ser madre tenía muy claro que, cuando tuviera hijos, quería educarlos en un entorno multilingüe. Tengo la suerte de que mi marido habla con Bruno en catalán, yo en castellano (ya es bilingüe) y le expongo mucho al inglés: la mayoría de las canciones las cantamos en este idioma; muchos cuentos también, en el Story time!; hay ciertas personas con las que siempre habla en inglés, como Nathalie, etc. y lo más fuerte es que, con poco más de dos años, tiene muy claro qué tiene que hablar con cada persona. ¿Sabes que me dijo el otro día? Estábamos jugando en casa con unos coches pequeñitos que tiene y, de repente, cogió un camión más grande y me dijo: Nathalie dice: biiig (señalando el camión) y smaaall (señalando los coches). ¡Me quedé tan alucinada!

Así que te recomiendo que no pierdas las ocasiones que puedas tener de exponer a tus hijos a otros idiomas, les haces un favor. Los niños que se manejan perfectamente en dos idiomas desde pequeños (en Cataluña lo tenemos fácil por el castellano y el catalán), tendrán mucha más facilidad para aprender más idiomas extranjeros en un futuro y podrán tener amigos de otros lugares del mundo, algo que siempre s muy enriquecedor.

Si durante los primeros años desde el nacimiento estimulamos al bebé en varios idiomas, se crearán las conexiones neuronales que desarrollan determinadas zonas del cerebro fundamentales en el aprendizaje lingüístico.  En caso contrario, esas neuronas no serán necesarias y morirán. Si no existen estímulos, no se establecen conexiones neuronales, y la célula acaba aislada y termina por morir. ¡No dejemos morir las células!

 

El Método Rainbow

¿Conoces el Método Rainbow? Yo no lo conocía hasta hace unos días, cuando lo descubrí por casualidad leyendo un artículo. Lo encontré súper interesante y decidí que sería tema del post de hoy

Se trata de un sistema educativo que potencia los primeros años de vida a nivel cerebral (de los cero a los cinco años) a través de siete culturas diferentes con profes nativos especialmente entrenados para enseñar el Método Rainbow. Los niños y niñas aprenden, al mismo tiempo, el idioma y la cultura: español, inglés, ruso, árabe, mandarín, japonés e hindi. Es lo mismo que ir a una guardería en la que juegan a ser de varias culturas y hablan en sus respectivos idiomas. Para ello, el centro ambienta y decora cada aula según la cultura asociada con el profesor nativo correspondiente. De esta forma, los niños se sienten parte de las siete culturas impartidas. ¿No lo encuentras genial? Para mí, lo es. El único aspecto negativo que tiene es que es sumamente elitista y caro (prácticamente impagable para la mayoría), pero el método en sí es una pasada.

Foto: Rainbow Center Miami (Twitter)

El Método Rainbow fue creado en 2006 en New York por el físico y matemático Keith Rainere, que fue reconocido en 1989 por el Libro Guinness de los Récords como una de las personas con el coeficiente intelectual más alto del mundo. Según las propias palabras de Rainere, siguiendo la filosofía de la escuela, la exposición a varias culturas aumenta la capacidad de sentir alegría. Esto se basa en que la arrogancia cultural (xenofobia) es la base de prejuicios que llevan a odios y guerras innecesarias. Al crear una conexión emocional con otras culturas a través de una exposición temprana y desde un prisma de humanidad y compasión, creamos tolerancia internacional y apreciación por las diferencias.

Es decir, que además de ser un método muy interesante a nivel académico y lingüístico, también lo es a nivel emocional y cultural. Las escuelas Rainbow buscan crear experiencias increíbles en los niños estando en un solo lugar (en la guardería), sin tener que viajar a países lejanos para empaparse de su cultura. La filosofía Rainbow tiene en cuenta que la etapa entre los 0 y los 5 años es una etapa crítica y de máxima plasticidad del cerebro, en la que se sientan las bases para un correcto desarrollo emocional, físico e intelectual de cada persona. Como siempre digo, la infancia es sagrada y debemos cuidarla al máximo.

Como os mencioné al principio, tuve la suerte de encontrarme con un artículo que hablaba de este método. Hojeando una de estas revistas de famosos, que a veces son muy divertidas, encontré el artículo que habla de que la mujer de Alejandro Sánz ha abierto su Escuela Rainbow en Miami y sus dos hijos están siendo educados siguiendo este método. Me entró la curiosidad y me puse a investigar. Los vídeos de su hijo de cinco años leyendo en ruso y jugando en árabe impactan. Realmente impactan. Como dice Raquel, cuando está en el aula de ruso, mi hijo piensa en ruso y habla con la profesora en este idioma, no traduce. Claro, es la mejor forma. Qué suerte poder aprender así, ¿no? Si no fuera porque cuesta 120.000$ por curso (casi 100.000€)…

Foto: Blog “Loving Miami” (hola.com)

De momento hay centros Rainbow Cultural Garden en Londres, New York, Miami, México DF, Guadalajara (México) y Monterrey (México). Está previsto que abran uno en Madrid en 2018-2019. Cuando abran, haremos una escapadita a Madrid para ver las instalaciones y cómo funciona el centro. ¡Seguro que es una pasada! Eso sí, sólo al alcance de muy pocos bolsillos.

Once upon a time…

Por todos es sabido que la mejor manera de aprender un idioma (ya sea el inglés o cualquier otro) es jugando, divirtiéndose. Se habla mucho de aprender mediante juegos de vocabulario, juegos de movimiento, pero… ¿y los cuentos? Creo que no se habla tanto de ellos como se debería, porque con las nuevas tecnologías, cada vez nos alejamos más del formato papel.

Los cuentos son una herramienta muy interesante para aprender otra lengua. A través de ellos fomentamos el interés por la lectura desde pequeños y, si es en otro idioma, ¡aún mejor!

La mayoría de mamás con las que he hablado sobre este tema me han comentado que les ponen a sus hijos los dibujos de la tele en inglés, pero que todavía no lo han probado con los cuentos. ¡Pues adelante!

Mi recomendación es empezar por los cuentos que ya conocen en su lengua materna, por sus cuentos favoritos. Así, como ya conocen la historia y los personajes, podrán entender mejor el vocabulario nuevo. Para facilitárselo más, incluso podemos irles señalando las palabras que vamos diciendo en las ilustraciones del cuento. Por tanto, es muy importante el componente visual, sobre todo cuando son más pequeños, para que les sea más fácil entender las palabras nuevas.

Si tu nivel de inglés (o del idioma extranjero que quieras que tu hijo aprenda) es correcto, es ideal que tú mismo le leas los cuentos. Si no, puedes recurrir a los audiolibros o a las aplicaciones que explican cuentos. Las dos opciones tienen su parte positiva: si le explicas el cuento tú, disfrutaréis de un ratito juntos compartiendo una actividad tan preciosa como es la lectura. Si decides poner un audiolibro o recurres a una aplicación, tu hijo podrá escuchar un acento nativo, que siempre es súper recomendable. Así que no te preocupes, las dos opciones son buenas.

Una amiga me contó lo que hace con sus hijos y lo vamos a empezar a hacer con Bruno. Te lo cuento por si te apetece copiar la idea: cuando le vayas a explicar un cuento en inglés a tu(s) hijo(s), di: Story timeeeee! Así vendrá corriendo a escuchar el cuento. Entonces, empieza siempre igual, diciendo Once upon a time… Así, tu hijo ya relacionará que le vas a explicar un cuento en inglés. Es una buena idea, ¿verdad?

foto: Madres Hoy

Como siempre, cuanto más pequeños sean, mejor. Si empezamos a explicarles cuentos en inglés cuando tengan seis o siete años, quizás ya no quieren, porque les apetece más entenderlo todo y, lógicamente, se sienten más cómodos escuchándolo en su lengua materna. En cambio, si empezamos a hacerlo cuando tienen uno o dos años, será mucho más fácil. Y no te extrañes si tu hijo siempre quiere que le expliques los mismos cuentos o si siempre quiere ver las mismas películas. A los niños les gusta repetir las historias, porque así ya conocen el argumento, pueden predecir lo que pasará, entienden lo que dicen o piensan los personajes, etc. Si el cuento no es en su lengua materna, todavía repetirán más, porque tendrán la necesidad de conocer bien la historia.

Así pues, aquí van mis consejos para empezar con la dinámica de Story timeeee! en tu casa:

  • Piensa en cuentos que le gusten y cómpralos en inglés, para leérselos tú mismo (o, si lo prefieres, busca la versión en audiolibro).
  • El día que quieras empezar, explícale que, a partir de ahora, cuando digas Story timeeee! le explicarás un cuento en inglés.
  • Empieza a explicarle el cuento que hayas escogido con Once upon a time…
  • ¡Disfruta este ratito con tu hijo, lo recordará siempre!

Aquí tienes una lista de cuentos tradicionales que me gustan mucho por su argumento y moraleja y que son fáciles de entender para explicarlos en inglés:

  • Los tres cerditos (The three little pigs)
  • La Caperucita roja (Little red Riding hood)
  • El patito feo (The ugly duckling)
  • Hansel y Gretel (Hansel and Gretel)
  • Ricitos de oro y los tres osos (Goldilocks and the three bears).

Aunque quizás algún día te dé pereza (a todos nos pasa), piensa que es una actividad muy bonita para compartir en familia. Todos recordamos a nuestra abuela, abuelo, madre o padre cuando nos explicaba cuentos, y es un recuerdo maravilloso. Si no puede ser siempre en inglés, no te preocupes, dos o tres veces por semana ya está bien. No olvides que los beneficios de contar cuentos a tus hijos son muchos: les ayudarás a ejercitar su memoria desde pequeños, a vencer sus miedos, a ser más reflexivos y, sobre todo, les encantará que pases ese ratito con ellos.

Y tú, ¿cómo aprendes? Nosotros, jugando.

Quería que el post de hoy resolviera un tipo de dudas que algunas mamás nos preguntan de vez en cuando. ¿Cómo puede ser que mi hijo mayor se aprendiera las tablas de multiplicar de memoria y con el pequeño no hay manera? O ¿Por qué a ella no se le da bien hacer trabajos en grupo?

Para resolver estas dudas con un poco de fundamento me he tenido que documentar bastante. He estado varios días leyendo artículos de psicología, pedagogía y didáctica sobre cómo aprendemos, qué aspectos influyen en el aprendizaje, etc.

Así que, primero, te voy a hacer una introducción un poco teórica de los diferentes tipos de aprendizaje que existen y después pasaremos a la parte más práctica.

Pues bien, hay trece tipos de aprendizaje: aprendizaje implícito, aprendizaje explícito, aprendizaje asociativo, aprendizaje no asociativo, aprendizaje significativo, aprendizaje cooperativo, aprendizaje colaborativo, aprendizaje emocional, aprendizaje observacional, aprendizaje experiencial, aprendizaje por descubrimiento, aprendizaje memorístico, y aprendizaje receptivo.

No los voy a explicar todos, porque entonces el post sería larguísimo y demasiado técnico, pero sí que me gustaría dejarte la fuente que he utilizado para informarme (lo explica de forma bastante sencilla y clara). Es la web de psicología https://psicologiaymente.net/desarrollo/tipos-de-aprendizaje.

Voy a destacar tres tipos de aprendizaje que considero importantísimos y que me gustaría que los profesores tuvieran muy en cuenta a la hora de enseñar un idioma (o, en realidad, cualquier otra cosa): el aprendizaje implícito (el que no es intencionado, porque la persona que aprende no es consciente sobre qué aprende, lo hace sin darse cuenta); el aprendizaje emocional (la persona aprende porque está motivada, porque le hace ilusión, porque le interesa lo que le están explicando); aprendizaje observacional (la persona que aprende lo hace observando e imitando al que le enseña, que generalmente es el profesor). Para mí, un buen aprendizaje debería combinar estos tres.

Ahora, pasemos a la parte más práctica. Si un niño o una niña aprende inglés sin darse cuenta, porque le encanta e imitando el acento y entonación de su profesora, es un éxito. Es un éxito porque, para el resto de su vida, el inglés será siempre algo divertido, motivante e interesante. Sabemos que, si lo aprende así, en seguida lo hablará fluidamente o no le costará demasiado recordar las palabras nuevas que vaya aprendiendo. Para nosotras es un orgullo ver a los alumnos cómo se motivan por aprender inglés. Recuerdo que, cuando este proyecto comenzó, nos encontramos con niños mayores (7-8 años) que, a causa de haber tenido una experiencia negativa con el inglés de pequeños, le tenían manía, era muy complicado motivarlos y, por tanto, muy difícil que aprendiesen. Fue un reto para nosotras darle la vuelta a la situación, pero quedó comprobadísimo que, si les ayudábamos a aprender a través de sus propios intereses, era más fácil cambiar su visión acerca del inglés.

Ay, que me voy por las ramas… Si intento responder a las dudas con las que empezaba este post, diría a las mamás que, efectivamente, cada niño tiene una manera de aprender. El niño al que le cuesta aprenderse las tablas de multiplicar, quizás no tiene tanta facilidad para el aprendizaje memorístico y la niña que tiene dificultades para hacer trabajos en grupo, seguramente no ha desarrollado el aprendizaje cooperativo. No pasa nada, tendrán otras formas de aprender exactamente igual de aceptables. Siempre se ha dicho que Cada maestrillo tiene su librillo, pero es que cada alumno también tiene su propio estilo de aprendizaje.

Un niño (y un adulto) puede combinar diferentes estilos de aprendizaje. Lo importante es que, como madre, padre o como profesor, te des cuenta de cuál es el estilo de aprendizaje de cada niño para, de esta manera, ser capaz de ayudarle a aprender y que no pierda la motivación.

Motivación. Gran palabra clave. En mi opinión, es el fundamento de cualquier aprendizaje, también del aprendizaje del inglés.

Para terminar, me gustaría compartir contigo una reflexión. Seguro que recordarás al típico profesor que “pegaba el rollo” sin tener en cuenta si a los alumnos nos interesaba lo que estaba explicando o cómo lo estaba explicando. Y también recordarás al profesor ese tan genial y adorado que nos hacía enamorarnos de algún tema o de alguna asignatura. Qué maneras tan diferentes de enseñar, ¿verdad?

Y quizás ahora te estarás preguntando: ¿y esto qué tiene que ver con aprender un idioma? Pues tiene mucho que ver, porque, por suerte, en las clases de inglés (francés o alemán) cada vez estamos más lejos de las clases magistrales, los alumnos escuchando durante una hora o más al profesor, repitiendo su entonación y apuntando en la agenda los deberes que tienen que hacer en casa para la semana siguiente. Cada vez más, las clases son participativas, activas, divertidas… motivadoras para los niños (y para los no tan niños).

¡Qué pasada que un niño aprenda las frutas y verduras jugando a saltar encima de ellas! Es un juego que hemos empezado a hacer en Nature y que está funcionando súper bien. En ningún momento les hemos hecho repetir el nombre de las cuatro frutas y de las cuatro verduras que tienen que aprender este trimestre, ¡lo han hecho ellos solos porque querían jugar! Con un papel de embalar en el suelo lleno de frutas dibujadas, cada niño tiene que decir el nombre de una fruta o verdura para poder saltar encima de ella y llegar hasta el final del camino. ¿No te parece genial? Pues éste es un simple ejemplo de muchos otros que podríamos citar para referirnos a diferentes formas de aprender.

¡Todos a cantar!

La música es una forma de expresión que atrae a todo el mundo. Todos cantamos, absolutamente todos, aunque sea solamente cuando estamos solos debajo de la ducha. Por eso creo que la música es una herramienta excelente. Sirve para muchas cosas: para relajarnos, para activarnos, para concentrarnos, para divertirnos… y también puede servir para aprender un idioma.

El primer contacto para aprender un idioma nuevo es el auditivo. ¡Pues qué mejor manera que aprender cantando! Escuchando una canción puedes mejorar mucho tu pronunciación, aprender nuevas palabras en inglés o en cualquier otro idioma. Por supuesto, como digo siempre, la incorporación del nuevo idioma será mucho más fácil si somos niños. Por eso te animo a incorporar las canciones como parte importante del aprendizaje del inglés de tus hijos. Además, si cantáis juntos pasarás un rato divertido y entretenido con tus peques.

Seguro que te habrá pasado alguna vez que una canción se te mete en la cabeza y no hay manera de dejar de cantarla. Pues imagina lo que supondrá que una canción en inglés se le meta en la cabeza de tu hijo y la esté cantando y cantando sin parar. ¡Y verás lo contento que se pone cuando la entienda toda!

Aprovechando que, como yo, muchos empezaréis las vacaciones en breve (quizás algunos ya estaréis disfrutando de ellas), he pensado que seguramente tendréis ocasión de pasar más tiempo con vuestros hijos. Podéis dedicar una parte de ese “tiempo libre” a cantar y bailar con ellos. ¡Les encanta! También podéis grabar un CD para ponerlo en el coche mientras viajáis. Así evitaréis bastante el “¿Cuánto faltaaaa?”.

He hecho una recopilación de las diez canciones para niños que más me gustan y que creo que son útiles y sencillas para que tus peques empiecen a cantar en inglés. Te dejo el vídeo de youtube de cada una de ellas por si lo quieres ver con tus hijos. Si quieres grabarte un CD para llevártelo de vacaciones, te recomiendo www.listentoyoutube.com, una web en la que sólo copiando el enlace de youtube de la canción que quieras, te la convierte en un archivo de audio y así la puedes grabar fácilmente.

Aquí las tienes:

 

Habrás visto que las letras, en general, son muy sencillas y repetitivas, para que a los niños “se les enganche” la canción y la vayan cantando cada vez más. Lo que me parece más guay de la música y las canciones es que las podemos llevar con nosotros donde sea. Están disponibles en cualquier momento y en cualquier lugar: en la calle mientras paseamos, en el coche mientras viajamos, en casa… Es un juego que puede llegar a ser incluso una dinámica familiar. De hecho, en mi casa, lo era. Recuerdo que sólo subirnos al coche, mi hermana, mi madre y yo ya nos poníamos a cantar (mi padre escuchaba pacientemente mientras conducía). ¡Nos encantaba subir al coche e ir eligiendo, cada una cuando era su turno, la canción que queríamos cantar!.

¿Te animas a cantar con tus hijos? Ya verás, les enCANTARá y su pronunciación en inglés mejorará muchísimo.

Hablarlo… eso ya son palabras mayores

Hay una situación que me parece increíble cada vez que la vivo: a mis treinta años, tengo muchos amigos y conocidos de mi edad (o mayores) buscando trabajo o con intención de cambiar de trabajo para encontrar algo mejor. El gran desafío al que se enfrenta la mayoría de ellos son las entrevistas. ¿Por qué? Porque, muchas veces, son en inglés.

¡Qué miedo!, ¡Qué vergüenza! o ¡No me va a salir ni una palabra! son afirmaciones que me han dicho muchas veces compartiendo su nerviosismo el día antes de una entrevista. Y si es por Skype o por teléfono, todavía peor. No se sienten seguros al hablar este idioma en público. En general, las personas de mi generación nos sentimos capaces de escribirlo y entenderlo, pero hablarlo… eso ya son palabras mayores.

Reflexionando y documentándome sobre este tema, encontré un estudio que publicó Cambridge University Press el pasado mes de enero, que señala que el 44% de los españoles reconoce que su nivel de inglés es “bajo” o “muy bajo”. Somos uno de los países peor situados en el gráfico de toda la Unión Europea. Pero, ¿sabes lo que más me impactó cuando leí el estudio? Julio Redondas, director de comunicación de Cambridge University Press, explicaba que uno de los mayores obstáculos de los españoles es la vergüenza que tenemos a la hora de  hablar en inglés aunque, paradójicamente, el estudio asegura que “es el país que mejor sabe reírse de sí mismo. El hecho de que España se valore negativamente “no está relacionado directamente con la autoestima de los ciudadanos”. Según Redondas, el problema es que “sabemos más inglés del que creemos pero no confiamos en nuestra capacidad para hablarlo o escribirlo”.

A raíz de esto, me puse a pensar en los Parents Day, las actuaciones que hacemos para las familias al final de cada trimestre. ¡Qué buena oportunidad para exponerse a la situación de hablar en inglés en público! Afrontar esta situación desde pequeños, perder la vergüenza, superar esa inseguridad inicial… y aprender a hablar sin traducir desde el castellano o desde el catalán. La magia de aprender un idioma desde niño es justamente que, como sus redes neuronales se están desarrollando, aprendemos de forma natural y no traduciendo, como hacemos los adultos.

Me gustaría comparar la exposición de un adulto a hablar otra lengua en público (en una entrevista, reunión de trabajo, etc.) con la exposición de un niño. Por mi experiencia os puedo asegurar que he sido testigo de la gran diferencia que existe entre ambas. Un adulto puede haber hecho quince entrevistas en inglés y, cuando hace la número dieciséis, todavía sigue nervioso e inseguro. En cambio, un niño, cuando se expone a hablar en público en inglés desde pequeño, a la segunda o tercera vez, generalmente ya ha superado el “pánico escénico” y es capaz de hablar tranquilamente y seguro de sí mismo.

Además, cuando un niño aprende un idioma desde pequeño (con “pequeño” me refiero de 0 a 6 años), aprende a aprender un idioma. Valga la redundancia. Sí, la única manera de aprender es aprendiendo. Cuando se aprende inglés y francés, luego resulta más fácil aprender otra lengua porque la disciplina es la misma y el cerebro se acostumbra. Empezar de pequeño es el primer paso para ser un buen políglota.

Desde hace unos treinta años, el interés de muchos padres por que sus hijos vayan a la universidad y por que aprendan inglés está al mismo nivel. Entonces, mi pregunta es: ¿cómo es posible que muchos lo aprendan desde que tienen 3 años y luego no sean capaces de defenderse en una reunión de trabajo? Pues, en mi opinión, en gran parte es por culpa de la gran tendencia que hay (espero que cada vez menos) en España de aprender haciendo ejercicios en libros de texto y con profesores no bilingües.

Esta idea la explica muy bien y esquemáticamente Claudia Carter, una mamá inglesa que vive aquí desde hace años y que ha creado un método de enseñanza de inglés a bebés. Carter afirma que “El proceso a través del cual aprendemos nuestro idioma nativo sería, de manera esquemática, el siguiente: escuchar varias veces la misma palabra, reproducirla y perfeccionar la pronunciación; aprender a leer la palabra y aprender a escribir la palabra”. Sin embargo, señala que “en España los idiomas se enseñan al revés de cómo aprendemos nuestro primer idioma. Primero se aprende a escribir, luego a leer, luego a hablar y luego a escuchar. Cuando lo más importante de aprender un idioma es hacerse entender en él, nuestro sistema busca solamente poder entenderlo”.

Me encantaría que dejáramos de lado ya nuestra obsesión por los títulos oficiales y realmente aprendiéramos las lenguas extranjeras bien: haciendo actividades que nos gusten en estos idiomas e integrándolos en la vida diaria.

 

Ellos son los que componen la melodía

Hace unos días, una amiga me envió un enlace de Youtube de un cortometraje llamado A cloudy lesson.

Son apenas dos minutos y, antes de leer este post, te recomiendo que lo veas, porque haré muchas referencias a él.

Cuando lo hayas visto, quizás pensarás: ¿y esto qué tiene que ver con aprender inglés? Pues creo que tiene mucho que ver. Sigue leyendo…

A mí, la moraleja principal que me transmitió esta pequeña historia es que enseñar es sinónimo de enriquecer, no de limitar. Enseñar algo a un niño siempre es algo positivo y bonito  (o debería serlo), porque le ayudará a abrir sus horizontes, a ir forjando su manera de pensar, a crecer. Lo mismo pasa (o tendría que pasar) con los idiomas. Aprender inglés, francés, alemán, chino o el que más te apetezca, enriquece.

Imagínate el cerebro como un mueble lleno de cajones con madejas de lana de colores dentro de cada cajón. Aprender un nuevo idioma permite que, en el cerebro de la persona que lo está aprendiendo, se abran cajones que hasta entonces estaban cerrados. Estos cajoncitos son: nueva fonética, nueva pronunciación, nuevas estructuras gramaticales, etc.

El gran lingüista Noam Chomsky, entre muchos otros, estudió a fondo este tema, el del aprendizaje de lenguas extranjeras. Y demostró que, estos cajones, si se empiezan a abrir cuando somos pequeños (de hecho, lo ideal es que sea antes de los 6 años), funcionan mucho mejor. Las juntas de metal están nuevas y no chirrían, la madera brilla y se desliza bien, las madejas de lana que hay dentro de cada cajón todavía están  enteras, no están deshilachadas o desteñidas… Cuando aprendemos un idioma de mayores, ya es diferente. Recuerdo cuando, en primero de carrera, estudié Lingüística, y nos enseñaron todas las variables que intervienen en el cerebro de una persona que aprende un idioma extranjero nuevo con más de 8 años: hay prejuicios, malos hábitos ya adquiridos en nuestro idioma materno que solemos aplicar a los nuevos idiomas que aprendemos, dificultad a la hora de pronunciar bien… y un larguísimo etcétera que no voy a escribir ahora, porque entonces este post se convertiría en algo demasiado técnico.

Así pues, creo que estarás de acuerdo en que, cuanto antes se aprenda un idioma, mejor.

Entonces, volviendo a la historia de A cloudy lesson, otra de las enseñanzas que extraje de ella es la importancia de transmitirles a los niños que aprender inglés o cualquier otro idioma puede ser divertido. Tu actitud es muy importante en el proceso de aprendizaje de tu hijo, en éste y en todos los aprendizajes de su vida, porque él se fija en ti y, generalmente, copia tu manera de actuar y de ver las cosas. Así pues, deberías transmitirle en todo momento positivismo, para que el niño vea que aprender un nuevo idioma es algo guay, interesante, y que se sienta privilegiado de poder hacerlo. Además, no olvidemos que a los niños les gusta aprender jugando, sin darse cuenta, mientras que las actividades aburridas se les dificultan y hacen que pierdan rápidamente el interés. Por lo que, tanto padres como profesores, deberíamos buscar métodos divertidos para motivar el aprendizaje del idioma, sin obligarles a memorizar ni a traducir, simplemente motivándoles y no cortándoles las ganas.

Para terminar, me gustaría compartir contigo las tres conclusiones que saqué del cortometraje:

  1. No existe una única forma de hacer las cosas ni una única manera correcta, cada uno tiene que experimentar por sí mismo y encontrar la estrategia con la que se sienta más cómodo y que respete mejor su personalidad. El papel de los padres, madres, educadores y profesores es ayudar y guiar a los niños y niñas para que lleguen a ser capaces de saber qué les funciona mejor según su manera de ser y de aprender.
  2. De los errores pueden nacer grandes cosas. Los errores son parte del proceso de aprendizaje, por lo que no debemos temerlos ni transmitirles a los niños una idea negativa sobre ellos. En vez de evitar y castigar los errores, debemos animar a los niños a que aprendan de ellos e intenten descubrir su lado positivo. ¡Qué difícil es esto, eh?! En mi opinión, el gran cambio en la educación que haremos en este siglo (¡ojalá!) va en esta dirección. De este tema escribiremos un artículo más adelante, porque es muy muy muy interesante.
  3. El apoyo es esencial. Si el abuelo del cortometraje hubiera reñido a su nieto y no le hubiera animado a hacer nuevas nubes, el niño habría vivido esa experiencia como un fracaso que probablemente le habría marcado para siempre, generándole un gran sentimiento de culpa. Sin embargo, el apoyo, la confianza y el amor lo cambian todo. ¡No lo olvides nunca! No son las experiencias, sino nuestra reacción ante ellas, lo que determina si nos estancamos o crecemos.

Estos tres puntos los podemos aplicar también a la forma de enseñar un idioma: respetar la forma y el ritmo de aprender de cada niño, permitir que se equivoque y darle nuestra confianza siempre.

Como conclusión, me gustaría regalarte una frase que me ha inspirado muchísimo: A los niños podemos enseñarles las notas musicales, pero debemos dejar que sean ellos quienes compongan la melodía. Creo que me la voy a escribir en grande, de colorines y bien bonita y me la colgaré en mi despacho. Es un gran consejo.

Todo aprendizaje requiere su tiempo

Durante estos casi cuatro años de vida de WonderFUN hemos conocido a muchos niños con niveles de inglés muy diversos: desde el niño que con tres años ya lo entendía todo y se atrevía a hablar en inglés, con algunas palabras inventadas, hasta el niño de ocho que le tenía manía al idioma porque decía que no lo entendía. Por curiosidad, me he ido fijando en el tipo de exposición que tenía cada uno de ellos a esta lengua desde pequeños y ver qué es lo que funciona para que adquieran bien el idioma y lo aprendan con ilusión.

Lo que está claro es que cuanto antes empiecen a oír y escuchar el inglés (o cualquier otra lengua extranjera), mejor. Es ideal que sea antes de aprender a leer, porque así se fijan únicamente en la pronunciación, la fonética y asimilan las palabras de forma mucho más natural que si las ven escritas. Pero, ¿cuáles son las primeras palabras que aprenden? Las que les sirven para expresar lo que necesitan o lo que quieren. Por ejemplo, “quiero ir al lavabo” o “quiero agua”. Después ya vendrán los colores, los animales o las partes del cuerpo.

Una apuesta segura para que nuestros hijos puedan exponerse al idioma son las actividades en las que haya inmersión total, en las que no se hable español, para que se acostumbren a escuchar otra lengua, a su fonética y expresiones, para que asocien que las teachers hablan siempre en ese idioma y copien su acento y musicalidad nativos.

Aunque a algunos padres quizás les gustaría que sus hijos aprendieran el idioma en seguida, no hay que dar importancia si, al principio, los niños se resisten a hablar en inglés. Es totalmente normal que prefieran hablar en su propio idioma, porque se sienten más cómodos. Poco a poco irán atreviéndose porque, en las clases “por inmersión”, necesitarán el idioma para participar en las actividades.

Lo que no aconsejaría a los papás y a las mamás es que presionen a los niños a que hablen en inglés desde el primer día. Muchas veces, a la salida de clase, oímos el típico “dime algo en inglés” o “¿cómo se dice esto en inglés?”. Esta frase puede tener repercusiones muy negativas en el niño porque, si se siente presionado, acabará cogiéndole manía al idioma, ya que lo verá como una obligación y no lo disfrutará. Si no lo disfruta, difícilmente aprenderá.

Es importante que los padres comprendamos que aprender un idioma requiere su tiempo. Hay niños que tienen más facilidad que otros, hay niños que tienen más oído y cogen un buen acento enseguida, hay otros más tímidos a los que les cuesta más “arrancar”… No pasa nada, todos terminan aprendiendo. Siempre hay lo que se llama “el período de silencio”, que es el tiempo que el niño necesita para habituarse a este nuevo idioma. Todavía no podrá hablarlo, pero su cerebro estará trabajando y ordenando las palabras y estructuras nuevas que aprenda para que, de repente, un día empiece a construir frases correctamente.

Muchas veces hay mamás o papás que nos preguntan qué pueden hacer para reforzar lo que van aprendiendo en clase y para ayudar a que sus hijos se familiaricen y disfruten con el inglés. Para terminar, me gustaría daros tres ideas que creo que funcionan súper bien:

  • Ver siempre la tele en inglés. Siempre. Ahora, con el TDT, es muy fácil, sólo tenemos que cambiar las opciones de audio. Que los niños se crean que la tele es en inglés: los dibujos, las pelis, los documentales…, TODO. Sólo con esto, tenemos mucho ganado.
  • Buscar actividades divertidas y sencillas para inculcarles que aprender otro idioma es guay: por ejemplo, si están aprendiendo los colores, podemos buscar en casa cosas que sean blue, yellow o red o, si están aprendiendo a usar el futuro, hacer una lista de las actividades que haremos el próximo fin de semana. De esta forma, verán que aprender el idioma también es algo práctico y útil.
  • Que el papá o la mamá (o el hermano, o la tía, o la canguro) busque cada día 10 minutitos para jugar en inglés. Si se hace cada día, con 10 minutos ya es suficiente, no hace falta más. Es un ratito que les encanta porque es un juego y un reto muy motivador: jugar a tiendas en inglés, a muñecas, hacer construcciones, a algún juego de mesa… etc.

El primer paso, y el más importante, es que como padres nos sintamos bien y motivados por apuntarles a actividades en inglés después del cole, porque les estamos haciendo un favor. De pequeños es una actividad divertida y motivante para ellos y, cuanto más mayores se hagan, se convertirá en algo mucho más académico que verán como una obligación. Si les contagiamos el interés por aprender idiomas y les transmitimos lo útil y divertido que es, viajarán y entenderán a niños de otros países, aprenderán sobre otras culturas y lo más importante: lo harán con mucha ilusión, palabra clave para que el aprendizaje se quede no sólo en la mente sino también en el corazón.