¿Estrés infantil?…Act crazy!

Estrés, estrés, estrés. Estoy estresada / me duele la cabeza porque estoy estresado / ¡uf! qué estrés / he tenido un día muy estresante, etc. No sé tú, pero yo cada vez me encuentro con más personas estresadas por la vida. Así que te reto a que leas este artículo sin estresarte. ¿Lo conseguirás? La pobre María no lo logró.

Los adultos somos capaces de reconocer que nos encontramos bajo mucho estrés e intentamos entender por qué nos sentimos de una u otra manera. También creo que cada vez somos más conscientes y trabajamos en ello. Vamos a yoga, regulamos nuestra alimentación, practicamos meditación, corremos por la mañana, planeamos escapadas, etc.

Sin embargo, ¿qué pasa con nuestros niños? El estrés ha dejado de ser un problema sólo de los adultos. Me parece tristemente lógico. La histeria adulta también se contagia. Este post nace a raíz de un estudio que leí hace poco que demostraba que el estrés es uno de los principales problemas de salud infantil hoy en día. Lo preocupante del asunto es que, a diferencia de los adultos, los niños no tienen experiencia en comunicar y expresar cómo se sienten. Tampoco son capaces por ellos mismos de organizar una excursión por la montaña para escapar de los días estresantes.

El hecho de que no lo puedan comunicar, no quiere decir que no lo sientan y que no sufran las mismas consecuencias que nosotros: cambios de humor, dolores de cabeza, irritabilidad, enfermedades, etc. Por eso, como responsables de nuestros pequeños, hemos de observar muy bien sus actitudes para identificar si se encuentran bajo una situación estresante y actuar para cuidar su salud.

¿Y por qué se estresan? Por las mismas razones que nosotros. Básicamente, el estrés infantil se manifiesta de tres maneras diferentes: estrés en la escuela, en la familia y por exceso de información. Varias fuentes coinciden en que el estrés es inevitable y, hasta cierto punto, necesario para que los niños aprendan a gestionar situaciones difíciles. Y aquí es donde entramos nosotros, los adultos. Ellos tienen que saber que aquí estamos para ayudarles a entender lo que les pasa y lograr que desarrollen habilidades que les serán útiles cuando se hagan mayores.

El estrés en la escuela es uno de los más inevitables, porque los niños están llenos de deberes, obligaciones y actividades. Yo recuerdo que, desde pequeña, siempre tenía muchas cosas que hacer de la escuela, tenía que comer y hacer deberes porque luego estaba toda la tarde entrenando. En el instituto, el nivel de exigencia era altísimo. La nota mínima para aprobar era un 7. Y, la universidad, ni te cuento. Pero no recuerdo tener un trauma a causa de esto. Al contrario. Creo que mis padres me ayudaron bastante a entender que éstas eran mis responsabilidades y que era muy importante saber gestionarlas bien. Y realmente creo que, si hoy en día sé trabajar bajo presión y hacer bien las cosas, es gracias a eso.

Hay muchos factores familiares que pueden ocasionar estrés a los pequeños. Básicamente los mismos nervios de los padres ocasionados por: problemas con la pareja, problemas en el trabajo, problemas financieros y un largo etcétera. Yo sólo puedo hablar desde mi punto de vista como profesora y lo que recuerdo como hija, que no es mucho. Así que como teacher os digo que cuando estoy estresada por algo, mis niños lo notan enseguida. Se irritan, tienen cambios de humor y la clase se convierte en algo muy difícil de llevar. Hemos de tener mucho cuidado con lo que transmitimos. Tengan la edad que tengan, los niños lo perciben todo.

Por último, es el estrés ocasionado por el exceso de información y la tecnología. Los niños están expuestos a una cantidad de estímulos impresionantes. Hoy en día no tienen tiempo para aburrirse. Tienen que estar siempre haciendo cosas y me da mucho miedo pensar que, en su mayoría, están relacionadas con la tecnología. Por otro lado, si vemos las noticias en casa, nuestros niños que son un pelín más mayores, ya se enteran de lo que está pasando a su alrededor. Y, seamos realistas, la mayoría de las noticias con las que nos encontramos hoy en día son terribles. Imagínate el estrés que puede provocar una noticia a un niño que ya entiende mas ó menos cómo funcionan las cosas (sin toda la información y aguante que podemos tener los adultos). Bueno, yo no. Yo, cada vez que se me ocurre ver la tele, acabo llorando.

Todo esto me llevó a investigar qué hacer para combatir de la mejor manera posible este malestar infantil. Aquí os dejo mis consejos.

  1. Aprende a reconocer los síntomas del estrés en niños. Como pasa con los adultos, éstos pueden ser físicos y/o de comportamiento.
  2. Alienta a los niños a expresar sus sentimientos. No importa la edad que tengan, lo más importante es que sepan identificar las emociones (miedo, tristeza, ansiedad, aprensión). Los niños tienen que sentirse seguros de expresar cómo se sienten. Tienen que saber que están en un ambiente en el que se sientan aceptados y valorados.
  3. Concéntrate en las causas del estrés y no en las consecuencias. Es más importante pensar en las razones y en la raíz del problema que corregir sus nuevas actitudes.
  4. Ten las reglas y límites claramente definidos y sobre todo síguelos. Los niños funcionan muy bien con rutinas bien establecidas.
  5. Básico. Si a nosotros nos ayuda, imagínate a ellos. Crea rutinas de ejercicio para ellos y también en familia. Predica con el ejemplo. Recuerda que si desconectas tú, te desestresas tú, te relajas tú, para ellos será todo más fácil.
  6. Utiliza libros e historias infantiles para tratar con ellos temas difíciles (una separación o una pérdida, por ejemplo). Hay muchos libros infantiles que te pueden ayudar a tratar temas delicados con tu hijo de una manera más cercana a ellos.
  7. Lo más importante de todo: dedica tiempo a divertirte con ellos. Expresad vuestros sentimientos de maneras divertidas, reíros sin sentido, haced caras frente al espejo, haceros cosquillas, chillad y gritad en el parque, simplemente…act crazy! Yo lo hago con mis alumnos y es lo más divertido y anti-estrés que hay.

Me encantaría poder pensar que vivimos en un mundo en el que palabras como ESTRÉS no existen, pero no es así. Lo único que sé es que sólo nosotros somos capaces de decidir cómo queremos vivir nuestra vida y cuánta importancia le damos a según qué cosas. Y, lo más importante de todo, sólo nosotros somos responsables de lo que vamos a transmitir a las futuras generaciones.

Propósito 2020: Muchos más momentos de «no hacer nada»

¿Cuándo fue la última vez que no hiciste nada? Y, lo más importante, ¿cuánto tiempo le dedicaste a ello?

Muchos me dicen que, entre el trabajo, escuela, gimnasio, familia y amigos, es imposible dedicar momentos a no hacer nada. Otros me dicen que está mal y es una pérdida de tiempo, que hay que estar constantemente activo. ¿Tú qué piensas?

Yo pienso que, hoy en día, no hacer nada es una habilidad muy difícil de lograr. También pienso que es imprescindible para el desarrollo de nuestro cerebro (hay muchos estudios que lo demuestran). Y también pienso que, si nuestras niñas y niños no aprenden a no hacer nada, vivirán como adultos estresados entre adultos estresados.

Hace tiempo me encontré con un artículo que me inspiró para escribir este post. El título: «Cinco beneficios de soñar despierto». Puedes leer el artículo en inglés aquí.  Tengo que decir que el término daydreaming me gusta más que el de «soñar despierto».

Ahora te diré cuáles son los cinco beneficios, pero antes quiero contarte, qué fue lo que más me llamó la atención de este artículo. Resulta que, desde el 2014, los surcoreanos compiten por no hacer nada. Sí, tal cual lo lees. La competencia se llama Space out competition y podéis encontrar toda la info en su web.

Woops Yang, artista visual, creó el evento en 2014 y, desde entonces, se celebra cada año en diferentes localidades de Corea del Sur. El evento nació a raíz de la necesidad de someter al cerebro a un descanso obligado en una sociedad llena de trabajo y estrés excesivo. Corea del Sur es una de las poblaciones más estresadas del mundo desde hace muchos años.  La artista explica que, antes de comenzar con esta iniciativa, sufría de fatiga crónica pero que descansar y no hacer nada le provocaba muchísima ansiedad. Se dio cuenta de que este estado de malestar era común entre otras personas y fue entonces cuando se le ocurrió la idea de no hacer nada en grupo.

El concurso tiene reglas muy estrictas. No se puede utilizar el teléfono móvil, ni hablar, ni mirar el reloj y tampoco quedarse dormido. Durante 90 minutos, los participantes sólo pueden estar sentados mirando a la nada. Sólo pueden ir al baño o beber agua, si lo necesitan, levantando una tarjeta para que les vean los jueces. Si se rompe alguna de estas reglas, el concursante queda descalificado. Los jueces revisan el ritmo cardíaco de los participantes para comprobar el estado de calma. La persona con un ritmo cardíaco más estable gana. Hay que decir que estos concursos se llevan a cabo en ciudades muy ajetreadas en horas punta. Uno de los propósitos es precisamente yuxtaponer visualmente dos grupos que están haciendo dos cosas completamente diferentes.

Tengo que decir que he estado pensando muchísimo en este concurso. El otro día llegué muy pronto a mi clase de yoga y entonces me propuse practicar y no hacer nada en un ambiente bastante propenso para ello. Me senté en la esterilla con los ojos abiertos y empecé. 10 minutos y ya me sentía rara. La gente iba entrando a la sala y me distraía. Miraba el reloj. Creo que hubiese sido más fácil cerrar los ojos. Entonces hubiera perdido el concurso.

Vamos a retomar el por qué comencé a escribir este post. Vamos a conocer cuáles son los beneficios de soñar despierto. A ver si te convenzo de incluirlo en tu rutina diaria.

  1. Soñar despierto aumenta tu capacidad para realizar tareas mentales complejas. Hay varios estudios, como éste, que demuestra que, si utilizamos la parte de nuestro cerebro destinada a distraernos, nos será más fácil realizar tareas mentales complicadas.
  2. Soñar despierto boosts tu inteligencia.  No hay una traducción literal al castellano para este concepto. Es una combinación de activar, impulsar, empujar, elevar, incrementar, estimular… Me encanta el término, por cierto.
  3. Soñar despierto te hace ser más creativo. Es verdad. En mis últimas vacaciones, fui a un camping a la montaña y tuve mucho tiempo de no hacer nada. Grandes ideas me vinieron a la cabeza.
  4. Ayuda a la relajación y elimina el estrés.
  5. Fortalece tu memoria funcional. Puedes llegar a pensar que por estar «en la luna» puedes no recordar cosas. Pues no. Un estudio realizado por el Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas y Cerebrales demostró que aquellos que sueñan despiertos son más propensos a recordar información que otros que no.

Si todos sabemos que el cerebro necesita descansar para poder procesar la información, crear recuerdos y combatir el estrés, entonces… ¿por qué no lo ayudamos a descansar? La sociedad en la que vivimos nos motiva cada vez más a estar ocupados siempre. Hay que trabajar, estudiar, ir al gimnasio, escuchar música, ver series para desconectar, ir a nuestras extraescolares, cumplir nuestras rutinas, hacer la cena, recoger la casa, ir a pasear a la montaña, visitar a los abuelos, jugar con la hermanita, hablar con nuestra madre.  Me estreso sólo de escribirlo. Es verdad que todas las cosas que decidimos hacer en nuestra vida son importantes y hay que dedicarles tiempo. Lo único que te digo es que te propongas este año regalarte un hueco para no hacer nada. Para soñar despierto. Para tener una mejor salud mental. Por ti y por todos los que te rodean.

Quien es feliz, hará felices a los demás

Estamos a finales de año ya, ¡qué rápido pasa el tiempo! Hace un par de días, recordé algo que me sucedió hace justo un año y pensé: ¿un año ya?, creo que es la vez que más rápido he sentido que pasa el tiempo. A todas las personas que se lo comentaba, me decían: es la edad. Hmmm.

Pues yo no creo que sea sólo la edad. Con los años he aprendido muchísimas cosas, aquí, por ejemplo, hemos trabajado mucho para hacer este espacio cada vez mejor para nuestras familias. Los que nos conocéis, sabéis que nos encanta comenzar nuevos proyectos y, aunque eso implique el doble de trabajo, ¡nos encanta! Un día hablando con María en el parque, mientras comíamos, llegamos a la conclusión de que somos muy felices, que nos encanta lo que hacemos y lo afortunadas que somos de sentirnos así. Sin embargo, esto no quita que algunas veces nos volvamos locas.

Así que he decidido escribir sobre: ¿qué hacer para combatir los días de estrés? Hábitos y consejos que a mí me funcionan y que intento seguir para ser feliz y no dejar que este estrés me afecte más de la cuenta. Para mí, lo más importante es que mis niños sean felices y tengo clarísimo que, si yo lo soy, ellos también. Por eso considero de vital importancia seguir estos consejos todos los días y no olvidar que quien es feliz, hará feliz a los demás.

Una de las grandes enseñanzas de mi padre es que nuestras vidas son, sin duda alguna, nuestras decisiones. Así que decide ser feliz. Tengo una lista de choices que una vez saqué de un artículo que me gustó mucho y, que cuando estoy así así, la leo. Aquí, algunas de estas decisiones:

Decide desconectar. Aunque sea 10 minutos. Ayer me dejé el móvil aquí y por un momento pensé en volver a buscarlo, pero por pereza, no lo hice. Hoy me dan ganas de olvidármelo otra vez. ¡Estuve tan tranquila sin estar pendiente de notificaciones! Y, aunque es mi decisión estarlo mirando cada media hora, el hecho de saber que no lo tenía me dio una sensación de libertad extraña, cené tranquila, seguí con mi libro que tenía un poco abandonado y volví a reafirmar que las nuevas tecnologías nos quitan mucho tiempo que podemos dedicar a nosotros mismos.

Decide dormir. Ayer, también, dormí mejor. Con los años me doy cuenta de lo importante que es dormir. Te despiertas de mejor humor y con buena energía. Dormirse temprano a algunos cuesta, y mucho. Finalmente es nuestra decisión acostarnos a según qué hora…¿no?

Decide salir fuera y moverte. No hay nada que me haga más feliz que el clima estos días en Barcelona. Si pudiese firmar para tener este clima todo el año, lo haría. Estudios demuestran que tu estado de ánimo cambia positivamente después de estar 5 minutos haciendo ejercicio y…¡si es al aire libre, mejor! El otro día, una mamá me contaba que salió muy agobiada del trabajo, llegó a casa de mal humor y entonces decidió irse al parque con su marido y su hijo. Se subió a los columpios, disfrutó como una enana y su estado de ánimo, al poco tiempo, era otro. Normal.

Decide ser agradecido. Últimamente me encuentro mucho con esta palabra. Ya os comenté que en mi clase de yoga me repiten todos los días que seamos agradecidos con lo que tenemos. Realmente funciona darte cuenta y ser consciente de todas las cosas maravillosas que tienes a tu alrededor. La sonrisa de mis enanos, por ejemplo.

Decide tus batallas. Otra vez, pienso en mi padre. Él me enseñó que querer tener la razón siempre es una gran pérdida de tiempo y energía. «Si ella lo ve rojo y tú azul, qué más da» Esto no quiere decir que no defiendas tus ideales y tus valores, pero hay muchos disgustos que se pueden evitar no entrando en discusiones. Gran aprendizaje, me cuesta mucho pero lo intento.

Decide organizarte. A nosotras esto de organizarnos, ¡nos va muy bien! Pues en tu vida personal, es igual. Si te organizas y decides tus prioridades, te das cuenta de que tienes tiempo de hacer muchas más cosas que generalmente no haces y que son importantes para ti: hobbies, deporte, ocio, etc.

Decide terminar bien lo que empezaste. Básico. ¡Yo sé que este año lo terminaré muy bien!

Estoy muy contenta de haber aprendido tantas cosas y, a pesar de que a veces hay días malos y agobiantes, siempre recuerdo que es mi decisión hacer cosas buenas que me hagan sentir bien. Es una cadena que si empieza bien, seguro que terminará igual. No hay que olvidar que los hábitos comienzan con una simple decisión que se va repitiendo cada día.

Así que aquí termino mi post, espero que lo hayáis disfrutado mucho y que os sirva para combatir esos momentos de agobio que se presentan en esta vida, que a veces va muy de prisa.

Más vitamina N, por favor

Hace aproximadamente un mes una amiga me envío un podcast de Charuca y Borja Vilaseca que me gustó mucho. A Charuca ya la conocía desde hace tiempo. María es fan absoluta de todo lo que hace y la verdad es que yo un poquito también. A Borja Vilaseca lo leí alguna vez en el periódico, me encantó  y gracias a eso comencé a seguirlo por las redes sociales. Me gusta muchísimo lo que escribe y la percepción que tiene sobre la educación infantil. Bueno, después de esta pequeña introducción, te cuento qué fue exactamente lo que me inspiró de estos dos.

El podcast trataba de reinvención profesional. Muy interesantes opiniones y perspectivas sobre cómo convertirte en jefa de tu vida y amar lo que haces. A mí ya me gusta mucho lo que hago así que de esto no va el post de hoy. En un momento en el que los dos están hablando, Borja comenta algo que me hace clic en la cabeza. Él dice que hoy en día, los seres humanos se van de fin de semana para «desconectar» cuando en realidad es al revés. Vivimos continuamente tan desconectados de la tierra que, cuando salimos fuera a ver un paisaje que no tenga edificios, a oler árboles y a sentir la tierra mojada, ya nos parece que estamos desconectando. Sí, estamos desconectando de la tecnología, los móviles, las rutinas diarias pero en realidad estamos conectando con lo que es realmente importante. Estamos conectando con algo de lo que no tendríamos que desconectar nunca: nuestra tierra. Me quedé un rato pensando y es verdad. Estamos toda la semana trabajando, cumpliendo nuestras rutinas y, en nuestros ratos de aburrimiento, en lugar de conectar con nuestros sentidos y con lo que pasa alrededor, nos conectamos al teléfono.

Lo que más me preocupa de todo este escenario son los niños que nos ven y nos toman como ejemplo. Niños que la mayor parte del día están sentados en la escuela, que tienen muy pocas horas de patio y/o contacto con la naturaleza y que, al recogerlos del cole o extraescolares se van directos a cumplir la «rutina vespertina» de cada día. Niños que ven cada vez a más adultos conectados a los móviles que leyendo un libro en el metro.

Potenciar la relación con la naturaleza entre los jóvenes y niños no es hippie, ni místico ni «happy flower», potenciar esta relación es necesario y, lo más importante, es salud.

Estar en contacto con la naturaleza cura el cuerpo. Un estudio de Scientific American demostró que los pacientes que estaban en habitaciones con tres ventanas con vistas, estaban hospitalizados menos tiempo y necesitaban menos medicamento para el dolor que aquellos que estaban entre cuatro paredes y una pequeña ventana.

Los niños que crecen en la naturaleza se desarrollan mejor a nivel sensorial, emocional, afectivo, motor, intelectual, etc. Y tiene todo el sentido del mundo. Desde hace miles de años, los seres humanos nos hemos desarrollado en un entorno natural. Nuestro cuerpo está diseñado perfectamente para este entorno y no para estar en una clase y en un patio de cuatro paredes.

Es posible que el sistema educativo se esté concienciando más sobre la necesidad que tienen los niños no sólo de aprender jugando, sino de hacerlo en un entorno green friendly. Pero hasta que todas las escuelas no sean como la Bosquescuela de Cerceda en Madrid (que por cierto, es una pasada) es nuestra responsabilidad como educadores y padres proporcionar a nuestros niños y niñas la oportunidad de tener un contacto con la naturaleza para potenciar sus sentidos.

Es nuestra responsabilidad criar niños saludables, conscientes y amables con el medio ambiente. Niños que no vivan estresados y marcados sólo por las rutinas de la escuela y de la casa. Niños cuyos padres y educadores también sean conscientes de la falta de Vitamina N (N, de naturaleza) que comienza a haber entre nosotros y decidan hacer algo al respecto. Esto no significa que dejes tus rutinas de lado. No. Significa que, dentro de ellas, decidas darle la importancia que tiene al contacto con la naturaleza.

Los niños que tienen más contacto con la naturaleza generan autonomía y curiosidad por explorar, ayudando así también a su autoestima. Son más empáticos y saben trabajar en equipo. Sus relaciones son menos agresivas y más cooperativas. Los niños que crecen alrededor de la naturaleza son, sin duda alguna, más felices.

Y ya para terminar, te cuento que, el término de Vitamina N no me lo inventé yo. Lo encontré en un artículo y me puse a leer e investigar y hay muchísima información al respecto. Te dejo aquí un artículo que encontré que me gustó mucho. Te puede ayudar  a practicar un poco tu inglés y también a generar consciencia de lo importante que es estar conectado a algo que realmente despierte tus sentidos. Que lo disfrutes.

Antes de quitar el móvil a los niños, quítaselo a los padres

Toma ya. Vaya título más potente. Uno parecido me encontré hace unos días cuando me puse a investigar sobre el tema de los móviles y los niños. Digo “potente” porque a mí me afectó, cuando leí el artículo me di por aludida. Qué rabia me dio, pero es cierto.

Leí este párrafo: Son las cinco de la tarde y los colegios cierran sus puertas. Ha llegado la hora de ir al parque. O a merendar a una cafetería. La escena se repite cada día: padres, madres y otros cuidadores pegados al móvil mientras los críos miran al cielo, se columpian, llenan cubos de tierra o juegan a la pelota. Si el pequeño intenta hablar con el adulto, este comparte su tiempo entre la pantalla y su hijo. ¿Es un gesto inocente y sin consecuencias? No. Los expertos advierten: cuando los niños se conviertan en adolescentes, ¿con qué autoridad les vamos a decir que no se pasen todo el día mirando una pantalla?

La pura realidad. Todos sabemos que somos el ejemplo de nuestros hijos para todo, para lo bueno y para lo malo. Si nos ven casi siempre con el móvil en la mano y mirando la pantalla, ellos querrán hacer lo mismo. ¿Tan difícil es dejar el móvil en el bolso o en un cajón mientras estamos con nuestros hijos? Yo ya lo he empezado a hacer, porque realmente me di mucho por aludida cuando leí el artículo. No porque Bruno esté mucho con el móvil, que por suerte no es el caso, sino porque yo sí que lo estoy. Siempre pendiente de si recibo un email, un whatsapp, o cotilleando por Instagram. ¡Pues se acabó! Ayer ya empecé mi “desintoxicación” del móvil y, cuando fui al parque con Bruno y Martina, lo dejé todo el rato en el bolso, en vez de en el bolsillo. ¡Y disfruté muchísimo más de ellos, sin estar pendiente de la dichosa pantallita!

Pero bueno, este artículo no irá de cómo “desintoxicar” a los padres, sino de cómo tratar el tema de los móviles y los niños. Ahí va. Empezaremos por la típica pregunta: ¿A partir de qué edad le podemos dejar mirar el móvil (o la tele, o la tablet, o el ordenador) al niño? Los expertos recomiendan retrasar la edad el mayor tiempo posible. Se desaconseja cualquier tipo de pantalla antes de los 2 años. A los 3 años se puede empezar a introducir contenido (siempre que sea educativo). Y de 3 a 6 años, una hora al día, como máximo. Para comprarles su primer móvil, tendríamos que esperar a los 16 años, que se considera que ya son lo suficientemente maduros como para navegar solos por Internet, etc.

Esto es lo que aconsejan los expertos. Después, cuando ves las estadísticas, se ponen los pelos de punta. Uno de cada cuatro niños (un 25%) de 10 años tiene smartphone. A los 11 años ya es uno de dada dos (el 50%) y, a los 12, tres de cada cuatro (el 75%).

Que quede claro que no quiero demonizar el uso del móvil u otros dispositivos electrónicos, porque forman parte de nuestra vida cotidiana. Simplemente tenemos que aprender a convivir con ellos sin que dirijan totalmente nuestras vidas. Eso es lo que, en mi opinión, no puede ser.

Hoy en día, usamos los móviles para distraer al niño y que se termine la papilla. Para entretener al niño cuando tiene que esperar en el pediatra. Para despistar al niño cuando tiene que esforzarse en ponerse el pijama antes de irse a dormir. No abusemos. Aunque nuestros hijos sean nativos digitales, los móviles y las tablets no son un juguete. Esto hay que tenerlo muy claro. ¡Cuánto se pierden los niños por estar delante de una pantalla! Jugar al aire libre, correr, saltar, pintar, leer un cuento… o, simplemente, conversar con sus padres, hermanos o amigos.

Dicho esto, vamos a reconocer una cosa. Es cierto que este tema se ve muy diferente cuando no tienes hijos, que dices yo nunca le dejaré el móvil, a cuando los tienes. Pero es importante hacerlo sin pasarse. Yo, por ejemplo, había visto a hijos de amigas mías que no había manera de que comieran si no tenían el móvil de su madre delante con dibujos animados. Eso sí que me negué a que me pasara. Y, por suerte, no me ha pasado. Bueno, por suerte o porque he puesto todo de mi parte para que así sea. Bruno hasta los casi dos años no había visto nunca la tele, ni el móvil. A partir de los dos años, más o menos, tenemos la rutina de ver tres capítulos de Peppa Pig cada día, antes de acostarse. Son quince minutos y los vemos en inglés (siempre, por supuesto) y juntos. Por lo menos, el ratito que está viendo la tele, estamos con él  ayudándole a entender lo que está viendo y aplicándolo al mundo que le rodea. Y esos quince minutos son el único rato diario que pasa mirando una pantalla.

Con Martina seguramente me costará más, porque al ver que su hermano mayor lo hace, ella supongo que también querrá ver ese ratito de tele cada día. Y será antes de los dos años, casi seguro. Pero bueno, no les voy a acostumbrar al móvil para que se callen. Yo siempre digo que el móvil es un canguro gratis, porque los niños se quedan embobados mirando la pantalla y podrían estar horas y horas. En algunos momentos, es realmente muy tentador. Pero después,  ¿qué ocurre cuando les quitamos el móvil? ¿Rabieta? ¿Frustración?

He observado que los niños a los que sus padres les dejan bastante el móvil, son niños con menos paciencia, menos atentos y con menor capacidad de esfuerzo. ¿Por qué? Pues porque en las pantallas todo es muy rápido, no hace falta concentrarse demasiado. ¡A los diez segundos de empezar a ver un vídeo en Youtube ya se han aburrido y están buscando otro! Y aquí viene otra pregunta: ¿están preparados los niños tan pequeños para navegar solos por Internet? ¿Y para autocontrolarse el tiempo de juego con el móvil? Si a mí ya me cuesta racionarme mi tiempo de juego al Candy Crush y tengo treinta y dos años… ¡imaginemos un niño!

Terminaré diciendo que, por supuesto, hay aplicaciones muy interesantes, educativamente hablando. Sólo tenemos que aprender a usarlas bien y con medida. Un día quizás escribiré un post con una lista de aplicaciones o juegos que me gustan para niños, que las hay. De momento, me gustaría que te quedaras con esta reflexión final: nuestros hijos son nativos digitales pero que un ratito jugando con el móvil nunca supla una conversación o unas risas con mamá y papá. Ya saben vivir con la tecnología. Lo que tienen que aprender es a vivir, también, sin ella.

¿Cuándo fue la última vez que no hiciste nada?

Se ha vuelto a estropear mi móvil. El miércoles pasado entré con él al baño porque justo estaba contestando un mensaje y no salió de ahí con vida. Me da risa y no. ¿En serio era tan importante contestar ese mensaje? ¿No podía esperar un momento? Pues al parecer, no. Estaba tan liada con mil cosas que no había visto el móvil en dos horas (wow, dos horas) y en mi ajetreada cabecita pensé que la mejor idea era optimizar el tiempo y contestar el mensaje que había visto de camino al baño. Me siento un poco molesta por la situación. En el último año he tenido que cambiar de pantalla cuatro veces. No soy tan descuidada, simplemente ha sido un conjunto de malas suertes.

Llevo una semana sin móvil y he de decir que siempre me pasa lo mismo: después de unos días, no quiero recuperarlo. Aparte de que he encontrado alternativas a comunicarme con mi familia y amigos, que es lo más importante, me he aburrido bastante. Y me ha encantado. Me hizo pensar cuándo había sido la última vez que me había aburrido de verdad. No lo pude ni recordar. Y entonces, en medio de mi aburrimiento, supe de qué iría el post de esta semana.

Aburrirse, hoy en día, es una habilidad, un talento y un lujo. Sí. Hoy en día, no podemos estar sin hacer nada. No nos damos la oportunidad de aburrirnos. Y no me digas que no tienes tiempo de aburrirte cuando no pasa ni un solo día en que no te mires las historias y publicaciones de la red social que más utilices, o veas uno o dos capítulos de tu serie favorita en alguna plataforma de series y pelis, o te leas medio libro en una sentada, o te mires todos los telediarios y noticias deportivas, o estés jugando al Tetris, o lo que sea que utilices para «despejar la mente». Este post no va (sólo) de cómo las nuevas tecnologías hacen más difícil para nosotros aburrirnos, va de que hemos adoptado, socialmente, un formato de comportamiento en el que siempre tenemos que estar haciendo algo. Y esto cansa, muchísimo. Y no sólo cansa sino que también enferma, saca canas, propicia caídas de cabello, dolores de espalda y mil manifestaciones más de nuestro cuerpo que intenta decir BASTA.

No tenemos tiempo de pararnos a pensar y sentir cómo estamos, de escuchar nuestro cuerpo. Es muy difícil darnos un momentito y disfrutar. Si logramos escapar de la rutina e irnos a cenar, es probable que a la cena asistan: tu pareja, tus equis número de seguidores, el chat de tu familia y el chat de los amigos que vas a ver después de la cena. Todos ya tienen la foto de lo que has cenado y de la exquisita botella de vino que te has pedido. He ido a cenar este fin de semana y claro, al no tener móvil, me di cuenta de estas cosas. Y sí que es maravilloso compartir momentos, ¡claro que sí! Yo soy la primera que lo hace y me gusta mucho que mi familia vea lo que hago. Lo único que intento decir es que creo que hay momentos más apropiados para compartir fotografías que a media cena y que no pasa nada por aburrirse en un restaurante mientras esperas a que te traigan la comida.

Y el problema no sólo es con el móvil, también con nuestras rutinas en casa. Creo que es muy importante desarrollar la habilidad de aburrirse en casa, estoy segura que puedes hacerlo. No llegues y enseguida te pongas a hacer cosas. No todo es de vida o muerte y no todo se tiene que hacer al momento. No pasa nada si comienzas a hacer la cena diez o quince minutos después de lo que lo tenías planeado. Yo sé que se lee mucho más fácil de lo que realmente es pero, te invito a que hagas un trabajo muy personal, realista y honesto, y hagas el experimento de encontrar minutos al día para aburrirte. Yo lo hice este fin de semana y fue una gozada. Fueron momentos muy cortos pero me dieron la oportunidad de pensar en muchas cosas. Y esto no fue sólo porque no tuviese móvil, sino porque me di cuenta que nunca estoy sin hacer nada y que posiblemente esta era la razón por la cual me encontraba tan cansada últimamente. Todos tenemos la típica abuela que vivió hasta los 96 años y que hacía mil cosas al día. Estoy segura de que sí, pero también estoy segura de que a ella no le estresaba estar sin hacer nada. Estoy segura de que tenía sus momentos en los que sacaba la silla a la calle y veía a la gente pasar, hablaba con sus amigas y no estaba todo el tiempo con la cabeza metida en una revista o un crucigrama.

Alguna vez leí que el arte de no hacer nada es disfrutar «dejar pasar el tiempo» y que es algo que no se logra en una sola tarde. Necesitamos invertir tiempo en un plan de acción para aburrirnos y llevarlo adelante. No sé en dónde leí también que una madre, cada tarde, durante un ratito, salía con sus dos hijos al portal de casa y se sentaba en un banco a mirar a la gente pasar. Aburrirte con tus hijos es esencial. Ellos tienen que aprender que estar tranquilos y sin hacer nada es algo bueno. En miles de sitios encontrarás información de cómo el aburrimiento ayuda al desarrollo de la creatividad y  lo esencial que es encontrar el equilibrio en sus actividades. Tan importantes son las rutinas como descansar de ellas. Y qué mejor que empezar con uno mismo. Si ellos ven tu ejemplo, te seguirán, de eso estoy segura.

Esfuer… ¿qué? Sí, esfuerzo.

¿Sientes que tu hijo no se esfuerza por nada? ¿Que cuando algo le cuesta un poco, enseguida se rinde? Como padres, o como profesores, una de las mayores satisfacciones que podemos tener es ver que nuestros hijos, o alumnos, se esfuercen para conseguir sus objetivos, para aprender, para superarse, para crecer.

Una de las cualidades que más valoro de Bruno es su perseverancia. Creo que es una cualidad genial que tiene para conseguir lo que se proponga. Ahora, con tres años, su perseverancia le ayuda a darme muchos argumentos hasta conseguir convencerme para ir al parque después del cole o le ayuda a aprender a “dibujar” la letra B porque tiene muchísimas ganas de saber escribir su nombre. ¡Cuántas veces lo ha intentado! Ha llenado hojas y hojas de su cuaderno. Estoy segura de que, cuando sea más mayor, la perseverancia le permitirá luchar por lo que más le interese y alcanzar las metas que se marque, tanto a nivel profesional como personal.

El alfarero es un cortometraje que me pareció excelente para transmitir a nuestros hijos e hijas lo importante que es esforzarse por conseguir lo que queremos. Antes de seguir escribiendo, me gustaría que lo vieras. Aquí lo tienes:

Después de ver este cortometraje, hay varios puntos que considero interesantes para tratar con los niños:

  • Aprender algo nuevo no es fácil, implica mucho esfuerzo y supone cometer muchos errores antes de llegar al resultado que esperamos.
  • No tenemos que frustarnos por no conseguir hacer bien las cosas a la primera. Con paciencia, todo se consigue.
  • La emoción es fundamental en el aprendizaje. Sin emociones, no podemos aprender. Por eso es tan importante que motivemos a nuestros hijos o alumnos por aprender cosas nuevas, que sientan que les serán útiles en un futuro.
  • Los errores son necesarios y nos ayudan a aprender. Aunque a todos nos gustaría acertar o hacer las cosas bien a la primera, no siempre es así.
  • La frustración no tiene que ser una barrera, sino un trampolín para superar los retos que nos marquemos. Para desarrollar más este aspecto, me gustaría copiar una reflexión de Noelia López-Cheda, que decía que no tenemos que enseñar a los niños a tolerar la frustración, a aguantar la frustración estoicamente, sino que tenemos que enseñarles a gestionar sus opciones. Ante un obstáculo, tolerar la frustración nos llevaría a aguantar la insatisfacción que nos produce este obstáculo, pero gestionar las opciones nos pone en marcha para superarlo.

También me gustaría darte algunas claves para fomentar el esfuerzo en casa. Las he resumido en tres puntos:

  • Ser ejemplo de esfuerzo: contarles a nuestros hijos lo que nos han costado algunos de nuestros logros, mostrar que no nos rendimos, aunque las cosas nos cuesten.
  • No sobreprotegerlos: es mucho mejor fomentar que nuestros hijos consigan las cosas por sí mismos. Aunque les cueste más, su satisfacción personal será mucho mayor y, de esta forma, aumentará su autoestima y seguridad.
  • Alabar y valorar el esfuerzo y no tanto lo listos o lo buenos que son en algo: muchas veces caemos en decirles a nuestros hijos que son los más guapos, o los más listos, o los mejores en esto o lo otro. Si valoramos su esfuerzo, su interés por las cosas, si les hacemos ver lo bien que se sienten cuando se esfuerzan por algo, hayan o no logrado el resultado, estaremos fomentando que aprendan a esforzarse.

Hasta aquí mi artículo de esta semana. Espero que te sirva para transmitirles a tus hijos que Quien la sigue, la consigue. Y, aunque no la consiga, lo habrá intentado y seguro que habrá aprendido mucho durante ese proceso.

La primavera… ¡la sangre altera!

¿Estamos todos seguros de que es primavera? Mi cuerpo no entiende estos cambios de temperatura que tenemos durante el día. He tenido que sacar de nuevo la chaqueta de invierno porque por la mañana y por la noche me hielo de frío. A mediodía tengo que dejarla aquí para ir a comer porque me muero del calor. Me pica la garganta. Me cuesta dormir. Tengo ligeros (o no tan ligeros) cambios de humor y entonces es cuando reafirmo que sí, que ya estamos en primavera.  He recordado este post que publiqué hace dos años y me ha parecido muy buena idea volverlo a compartir. No cabe duda que somos lo que comemos. ¡Allá vamos!

El cuerpo, como todo, necesita un proceso de adaptación al cambio y la sabia naturaleza nos proporciona las herramientas para hacer de este proceso algo más llevadero. Leyendo sobre cómo llevar mejor la astenia primaveral encontré consejos como: esperar a ponerte ese modelito primaveral ansioso y salir bien abrigado, hacer ejercicio, aprovechar que los días son más largos pero no olvidarte de tu descanso y el que es para mí el consejo más sabio de todos: la alimentación.La naturaleza nos ofrece una serie de frutas y verduras que ayudan al cuerpo a adaptarse y a vivir la primavera como se debe: feliz, con energías y sin resfriados. Perdón, pongo mucho énfasis en el resfriado pero es que llevo todo el invierno sin ponerme enferma y hoy no paro de toser, tengo los ojos llorosos y me siento un poco cansada.

En fin, una de las lessons que más disfruté fue cuando les enseñé a mis niños y niñas lo importante que es consumir productos de temporada y lo mucho que ayudamos al planeta no comprando un melón en enero o cerezas en octubre. Estamos muy acostumbrados a ver de todo en las fruterías durante todos los meses del año, por lo que es muy fácil olvidarnos de que existen alimentos de temporada. Me preocupa que nuestros niños en un futuro no reconozcan ni el término. Pero este es un post de salud y bienestar así que ya os compartiré la lesson en otro momento, es sólo para recordaros que si las frutas y verduras son de temporada es por algo.

Una de las razones por las cuales me gusta tanto la primavera es por sus…fresas, ¡sí, me encantan!  A mordidas, en pasteles, con zumo de naranja, en smoothies, ñam. Las fresas son una fuente de vitamina C, antioxidantes, depurativas, buenísimas para el hígado, antiinflamatorias, diuréticas…vamos, ¡una maravilla! Pero claro, hay que saber elegirlas. Hay que evitar esas cajas que tienen la primera capa maravillosa de fruta sin saber lo que hay debajo, observar su color y textura, olerlas (aunque esto no asegura nada) y, sobre todo, comprarlas en una frutería de barrio que te asegura que sus productos son de proximidad. Mi consejo: comprarlas camino a casa muy maduras, lavarlas y congelarlas. El batido de plátano que me hago cada día durante esta temporada es de color rosa, es más dulce y más fresquito.

Se puede hacer lo mismo con las cerezas sólo que hay que quitarles el hueso antes de congelarlas y esto representa tiempo y trabajo. Las cerezas, otra fruta de temporada, son la mejor opción para depurar el organismo y liberar tu cuerpo de toxinas. Sus propiedades antioxidantes son increíbles ayudando a combatir enfermedades degenerativas, cardiovasculares y a conservar nuestra vista.  Las cerezas son excelentes cuidadoras de nuestra piel y de nuestros huesos. Importante comprarlas muy maduras en la frutería ya que los expertos dicen que es una fruta que no madura bien en casa.

La primavera es la estación en la que se disfruta mejor de los espárragos blancos o trigueros. Importante que, cuando vayamos a comprar, nos fijemos bien de dónde vienen los productos. No queremos alimentos que hayan viajado desde Perú o China para estar en nuestra mesa. Mi abuela siempre decía que el espárrago es el alimento para mantenerse joven, esto debe ser por su alta cantidad de ácido fólico que ayuda a la creación de células nuevas. Yo es que recuerdo a mi abuela siempre joven así que haré caso y comeré espárragos, ¡con lo ricos que están!

Los guisantes, no esos que vienen en bolsas de plástico congeladas, sino los ricos naturales que sólo hay que pelar y saltear con cebolla y jamón, también encuentran su mejor época del año en la primavera. Estas bolitas verdes tan ricas ayudan mucho al sistema circulatorio y cuidan nuestro corazón.

Yo no sabía qué eran los nísperos hasta que llegué a vivir a Barcelona. Vivía en un piso con un jardín y un árbol en medio muy grande y muy bonito que daba nísperos, muchos. En cuestión de semanas aparecían, maduraban y luego había que comérselos enseguida, regalarlos o hacer mermelada. El níspero es una fruta expectorante , sus hojas ayudan mucho cuando estás enfermo de la gripe y cuando tienes tos. Por cierto, hoy no me vendría nada mal un té de níspero.

Los albaricoques marcan el final de la primavera y a mí me recuerdan mucho a cuando iba a Mallorca de pequeña. Tengo familia ahí y recuerdo que, cuando iba de vacaciones, mi abuela me preparaba una tarta de ¿albari…qué? Me costó mucho aprenderme el nombre pero me encantaba y con tan sólo montarme en el avión ya estaba pensando en ella. Buscando información sobre las propiedades de los alimentos que acabo de compartir con vosotros encontré que el albaricoque es la base de la alimentación de la comunidad de Hunza. Me sonaba de algo este nombre y me puse a investigar. Es un pueblo que está al norte de Paquistán y que su dieta es exclusivamente vegetariana y se centra en el consumo del albaricoque. Una de las teorías es que viven más de 100 años gracias a su alimentación y otra, que tienen un sistema de calendarización diferente. Yo os invito a que investiguéis por vuestra cuenta, pero lo que está claro es que el albaricoque está muy bueno (en tarta, mejor) y es rico en minerales, vitaminas y sobre todo en potasio.

Quiero recomendar y agradecer a Botanical Online, una página que me ayudó mucho para escribir este post, me enseñó las propiedades de algunas frutas y verduras y  me sugirió recetas de comida, mascarillas, zumos, etc., que me parecen muy interesantes y que seguro pondré en práctica, ya os contaré.

Así que nada, familia, espero que disfrutéis de la primavera, del sol y el buen tiempo. Vamos a aprovechar que estas frutas y verduras tan buenas para el cuerpo son de esta temporada y a cuidarnos, ¡que nos lo merecemos!

Happy Spring you all!

¡Todos a dormir!

Si nos lees con regularidad, sabrás que la mayoría de mis posts en el WonderBlog están basados en experiencias personales. En comentarios que escucho, en situaciones que vivo, en cosas que me gustaría cambiar, etc.

Pues, hace un par de semanas, una amiga me mencionó algo sobre la «higiene del sueño». Nunca había escuchado este término así que decidí ponerme a investigar. Y me siento muy agradecida. Después de tanto leer e investigar, me merezco un buen estirón de orejas porque, a causa de lo rápido que me pasa la vida, he olvidado lo importante que es este ritual para mi cuerpo, mente  y, sobre todo, para mis emociones.

La higiene del sueño es una serie de prácticas y hábitos necesarios para dormir bien. Es muy importante cuidar  la cantidad y la calidad del sueño. Algunos de los principios básicos de una buena higiene del sueño son: irse a dormir siempre a la misma hora, no tomar estimulantes después de la media tarde, tener un ritual relajante antes de irte a dormir, no ver pantallas ni móviles en la cama,  no cenar en exceso, no abusar de la siesta y despejar la cabeza antes de dormir con alguna meditación o dinámica de relajación.

Estos consejos son muy importantes y se pueden aplicar tanto a adultos como a niños pero, a mí, lo que realmente me interesó mientras investigaba del tema, es lo que pasa en nuestro cerebro cuando dormimos y también cuando no lo hacemos.Dormir es la mejor terapia detox que puede llevar a cabo nuestro cuerpo, tanto física como mental. Numerosos estudios demuestran que, mientras dormimos, el cerebro trabaja constantemente para regenerar las células del cuerpo. La melatonina, también conocida como la «hormona del sueño», tiene un papel clave en nuestra salud física y mental.

Dormir bien nos protege de problemas cardiovasculares, previene la diabetes, protege nuestros genes, cuida nuestros huesos, tiene función antiinflamatoria y apoya a nuestro sistema inmune. Dormir también combate la obesidad y el envejecimiento. Todo es positivo.

Dormir nos ayuda a pensar claramente y aumenta nuestra concentración. Nos proporciona una capacidad de reacción más alta y asienta nuestra memoria. Dormir nos hace tomar mejores decisiones. Y, aunque no es novedad que, si no dormimos estamos más irritables y menos lúcidos, hay una explicación científica detrás de todo esto.

Cuando estamos despiertos, nuestras neuronas están constantemente estableciendo conexiones y recuerdos basados en nuestras experiencias. Si nos hemos hecho daño con el borde de la cama, en nuestro cerebro asociaremos el concepto de cama con dolor, creando un recuerdo y una conexión para que no vuelva a suceder. Nos pasan miles de ejemplos como éste. De mayor y menor importancia, por supuesto. Lo interesante está en que, cuando dormimos, el cerebro se encarga de enjuagar y lavar las conexiones que no son importantes para dar espacio a nuevos recuerdos.

Numerosos estudios demuestran que, en la fase REM, que es cuando soñamos y mejor descansamos, el cerebro elimina esas conexiones neurológicas tóxicas que se pueden acumular durante el día. Si no dormimos, el cerebro no limpia. Mientras leía e investigaba, esto me llamó muchísimo la atención, porque, aunque es bien sabido que quien no duerme está de peor humor, menos concentrado, etc., no tenía ni idea de este proceso neurológico que hace nuestro cerebro mientras dormimos.

La falta de sueño afecta directamente a nuestra amígdala, estructura cerebral que se encarga de controlar muchas de nuestras emociones inmediatas. Cuando no dormimos bien, la amígdala se intensifica causando reacciones más intensas ante cualquier situación.

La falta de sueño también dificulta la comunicación entre la amígdala y la corteza prefrontal, un área del cerebro que regula la impulsividad en nuestras reacciones. En uno de los estudios que leí decía que, esta parte del cerebro, es como un agente de tráfico emocional. Es la parte del cerebro que nos ayuda a frenar la impulsividad de nuestras emociones. Está claro que cada persona tiene una inteligencia emocional diferente, por lo que la falta de sueño afectará a unas personas más que a otras. Yo, por ejemplo, que ya soy impulsiva por naturaleza, creo que necesito vigilar mis hábitos de sueño y trabajar para que la amígdala y la corteza prefrontal se comuniquen bien.

No voy seguir escribiendo sobre lo importante que es dormir porque hay muchísima información y no terminaría nunca. Lo único que puedo decirte es que, una vez más, estoy maravillada con lo impresionante e importante que es el funcionamiento de nuestro cerebro. Me encanta aprender y descubrir cómo funciona. Creo que, cuanto más nos conozcamos, mejor nos cuidaremos.

Cuidemos nuestros hábitos de sueño y, sobre todo, enseñemos a los más pequeños lo importante que es descansar y dormir. No me voy a meter en consejos de rutinas de sueño, a qué hora hay que irse a dormir, si hay que dejarlos llorar hasta que se duerman solos, a qué edad pasarlos de la cuna a la habitación, etc. Creo que es una decisión muy personal y que cada familia es un mundo. Lo que sí te invito es a enseñarle a tus hijos que dormir es un ritual esencial. Diseña tu rutina personal antes de irte a dormir. Deja los móviles, tablets y pantallas a la misma hora siempre y dedica un momento para desconectar. Un baño de agua caliente, un masajito en los pies, una dinámica de relajación, un ritual para ponerse el pijama, lee siempre un libro, una meditación guiada como la de «El globo volador» que a mí me encanta.  Sea cual sea tu rutina, disfrútala y repítela cada día. Estoy segura de que, si cuidamos nuestra higiene del sueño, y enseñamos a los más pequeños a cuidarla, tendremos una familia emocionalmente más fuerte. Y también física y mental.¡A por ello!

La ciencia de leer

Este fin de semana vi la película de El Principito, ¿la has visto? Creo que se ha convertido en una (más) de mis pelis favoritas. Si no la has visto, te recomiendo ampliamente que, un fin de semana de estos, hagas palomitas y disfrutes con tu familia de una súper peli basada en un gran libro, quizá uno de los mejores.

Cuando terminé de ver la película, me dieron muchísimas ganas de leer el libro otra vez. Pensé que, para los más pequeños, podría ser una manera divertida de introducirles el libro y generarles curiosidad por leerlo. Me hace pensar un poco en lo que a mí me pasó de pequeña con la película de La historia interminable (que también es un libro). Yo quería ser como Bastián, el protagonista, y leer muchos libros que me llevaran a mundos mágicos llenos de personajes raros y divertidos.

Pero este post no va de pelis, sino de esos objetos cuadrados que tienen páginas llenas de letras y que son capaces de meterte a mundos maravillosos y dar rienda suelta a la imaginación. Esos objetos llamados libros.

Hace poco, mientras cotilleaba las redes sociales, leí un estudio desarrollado por la Universidad de Yale que demuestra que leer mejora la calidad y esperanza de vida con una ventaja de supervivencia de dos años. Entonces me puse a investigar. Leer proporciona muchísimos beneficios, es divertido, fácil y, si quieres, gratis. Leer nos transporta a lugares vistos y descritos por otras personas. Leer nos permite acceder a sentimientos y formas de pensar del autor y sus personajes. Leer nos abre la mente para ver el mundo más allá de lo que vemos todos los días. Leer aumenta la empatía.

¿Por qué? A ver, he estado leyendo muchos estudios científicos sobre los beneficios de la lectura. Quería darte información más allá de lo importante que es para los niños leer, imaginar y despertar la curiosidad ¡y estoy aprendiendo muchísimo! Voy a intentar explicar lo que más me ha gustado de lo que aprendí escribiendo este post. Y digo intentar porque lo mío no es la ciencia. Aunque tengo que reconocer que cada vez me gusta más.

Te explico. Las redes y conexiones del cerebro que utilizamos para comprender cualquier historia se solapan con las redes que utilizamos para interactuar con los seres humanos. Esto nos da la oportunidad de entender las intenciones de las otras personas. Esta capacidad cerebral que tenemos se llama «teoría de la mente». Si no lo sabes, la teoría de la mente es aquella facultad que tenemos de entender al otro. Nos ayuda a tener conciencia de que existen otros puntos de vista aparte del nuestro. Es el camino para el desarrollo de un valor tan importante como la empatía. La verdad es que tengo que decir que me quedé fascinada con toda la información y los ejemplos que encontré.

No quiero alargarme mucho explicándote esta teoría porque creo que es contenido de un post entero, simplemente quiero contarte la relación que hay con la teoría de la mente y la importancia de inculcar la lectura desde pequeños. Esta capacidad cerebral se desarrolla a partir de los cuatro años mas o menos. Antes, el niño no ha desarrollado la habilidad de entender que hay otros puntos de vista aparte del suyo. Por ejemplo, si tú vas a una tienda de juguetes con un niño de dos ó tres años a comprar un regalo para un amiguito o amiguita suya, elegirá un regalo que le guste a él. Sin embargo, si vas con uno de seis, seguramente el niño tenga la capacidad de pensar qué es lo que le gustaría a su amigo para elegir el regalo. Interesante, ¿no?

Los estudios demuestran que los libros nos brindan esta única y maravillosa oportunidad de aumentar esta capacidad cerebral a través del entendimiento de los personajes, sus situaciones y emociones. Tiene todo el sentido del mundo.

Por eso, te invito a ser la tía o tío que siempre regala libros o la madre que  lleva un libro en el bolso por si su hijo necesita distraerse. Posiblemente, si lo hacemos desde que son bebés, funcione igual o mejor que un móvil, ¿no? No lo sé.

Hoy, de camino al trabajo, venía pensando en esto de la teoría de la mente, los libros, los niños y lo mucho que aprendí escribiendo este post. Entonces pensé en mi libro favorito: Elmer. Es la historia perfecta para enseñarle a nuestros pequeños que existe la diversidad. Que el camino que siempre gana es el de ser tú mismo, quererte y respetarte. Te enseña que cada uno es diferente. Lo leí taaaantas veces que hoy me pregunto qué tanto habré aprendido mientras lo leía.

Leer un libro es «escuchar» cómo ven y sienten las cosas otros ojos. Leer un libro te abre la mente a que existen situaciones diferentes a la tuya. Leer un libro te ayuda a viajar y descubrir países, culturas, costumbres e historia. Leer te ayuda a entender que no todo es como tú piensas. Leer es lo más. Hay muchísimas razones por las cuales hay que leer y hoy he descubierto una que me parece muy importante: la empatía. Ese valor que, tanto niños como adultos, buscamos todos los días. Vamos a fomentarlo.