El timo del «tiempo de calidad»

Te matas trabajando todo el día para que a tus hijos no les falte de nada. Y, al final, les faltas tú. Toma ya. Vaya reflexión. La leí en el perfil de Instagram de Barcelonette hace unos días y me marcó mucho. Tanto que me inspiró para escribir el post de esta semana.

¿Cuánto tiempo pasamos con nuestros hijos? ¿Mucho o poco? Obviamente, todo es relativo, depende de cómo se mire. Para alguna mamá, quizás, dedicarle una tarde a la semana a su hijo es mucho y, para otra, quizás dedicarle tres horas cada tarde es poco. Como decía, es algo muy relativo. Y, ¿sabes qué? Todo depende de nuestras necesidades, las de nuestros hijos y de la calidad del ratito. El “tiempo de calidad” es un concepto que quizás está un poco sobrevalorado porque se ha puesto de moda. Recuerdo que he hablado del tiempo de calidad en otros artículos y, si vuelvo a tratar este tema, es porque realmente lo considero importante.

Si tuviera que definir el “tiempo de calidad”, diría que es un tiempo que dedicamos exclusivamente a nuestros hijos: jugando con ellos, contándoles un cuento, bañándoles, dándoles la cena, hablando de cómo nos ha ido el día… sin distracciones. Sin móviles, sin estar pendientes de que no se nos queme la carne y sin estar mirando de reojo el reloj.

Lo que ocurre es que, cada vez más, se nos inculca que no importa tanto el tiempo que pasemos con nuestros hijos, sino la calidad de ese tiempo. En cierta parte estoy de acuerdo, pero no del todo. El “tiempo de calidad” es un poco una invención de la sociedad de nuestros días, que dedica muchas horas al trabajo. Es como un consuelo para los padres y madres que, por obligaciones laborales, casi no pueden dedicar tiempo a sus hijos. Según una encuesta de ARHOE (Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios en España), los padres y madres españoles dedicamos poco más de dos horas al día (incluidos los fines de semana) a cuidar y atender a nuestros hijos. El 68% de los encuestados considera que este tiempo es menos de lo necesario.

Pues sí, yo también creo que este tiempo es menos de lo necesario. De hecho, mucho menos. Antes de continuar, quiero aclarar que con este artículo no quiero atacar ni criticar a ninguna mamá ni a ningún papá, porque entiendo que todos lo hacemos lo mejor que podemos. Eso está claro. Sólo quiero abrirnos un poco los ojos y ayudar a darnos cuenta de que nuestros hijos nos necesitan. El “tiempo de calidad” es un poco un timo, porque los niños necesitan pasar tiempo con sus padres. Cuanto más, mejor. Sea «de calidad» o no. Es decir, puede haber tiempos de los que estamos con nuestros hijos que sean de calidad (cuando dejamos el móvil y les leemos un cuento, cuando jugamos juntos o cuando hablamos con ellos de cómo nos ha ido el día) y otros que no sean «de calidad», pero sí sean tiempo (cuando estamos preparando la cena y ellos juegan cerca de nosotros, cuando estamos doblando ropa y ellos nos ayudan, cuando vamos al supermercado y ellos nos acompañan, cuando simplemente vivimos el día a día con ellos a nuestro lado).

Muchos padres y madres reconocen que sólo ven a sus hijos en pijama y que llegan, con suerte, para contarles el cuento de antes de ir a dormir. Permíteme que diga que no basta con que los padres les lean un cuento antes de dormir y les den el beso de buenas noches porque, muchas veces, a esas horas los niños hijos ya están cansados o  nerviosos y ya no están dispuestos a recibir ese tiempo de calidad. Un poco triste, ¿verdad?

Aquí entra el tema de la conciliación. Gran tema. Es muy difícil conciliar. Dependes de un jefe, si éste considera que estar presente en el día a día de tus hijos es importante o no. Es cierto que, en este aspecto, yo he tenido (y sigo teniendo) mucha suerte, porque no dependo de nadie que me autorice a poder pasar más tiempo con mis hijos. Tener una empresa propia tiene muchos aspectos negativos (aunque no lo parezca) y otros muchos positivos. Para mí, de los más positivos es éste, el poder pasar todo el tiempo que quiera con mis hijos. Poder ir a buscarles al cole varios días a la semana, poder ir a su festival de Navidad, a su desfile de Carnaval, poderles acompañar cada mañana… Es un lujazo, es verdad. Sin embargo, lo que creo que es muy triste es que, en el año 2020, todavía no sea posible conciliar. Sí, “conciliar” es otra palabra que parece que está muy de moda, pero nos queda muchísimo por aprender. No nos engañemos, muchas personas (sobre todo mujeres) se han visto obligadas a tener que elegir entre el cuidado de su familia o seguir proyectando su carrera profesional. Incluso muchas mamás que deciden pedir una reducción de jornada para poder dedicarles las tardes a sus hijos se sienten culpables cada vez que tienen que recordarle a su jefe o a sus compañeros de trabajo que no pueden asistir a la reunión de la tarde porque su jornada termina a las 15h. Estamos a años luz de otros países europeos, espero que poco a poco vayamos mejorando. Suerte que hay grupos muy influyentes como Malasmadres, que han lanzado iniciativas tan potentes como la de YoNoRenuncio. Si no la conoces, te invito a que hagas clic en este enlace para saber un poco más, vale la pena.

Para concluir este post tan reivindicativo y personal que he escrito hoy, me gustaría presentarte una reflexión. No es mía, es de Charuca. ¿Sabes quién es? Es una diseñadora de artículos de papelería que me encanta, que diseña agendas, planificadores y muchas cosas más con frases motivadoras. Una de sus frases estrella es: “Tener éxito es estar enamorada de tu vida”. Nada más que añadir, ahí está la clave. Para algunos, el éxito puede ser formar una familia y tener un trabajo que les motive y que les permita pasar tiempo con su familia. Para otros, el éxito puede ser dedicarse a tope a su vocación laboral y viajar en su tiempo libre. Esto son dos casos entre otras mil opciones más de éxito que hay, según los valores y las prioridades de cada persona. Sólo me gustaría que pienses cuál sería tu éxito.

 

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