Este verano, déjalos que se ensucien

Última semana de coles para muchos. Las vacaciones están a la vuelta de la esquina, los planes de verano, las escapadas y los días largos en los que algunas veces no sabes qué hacer con los niños. Los padres también se quieren relajar. Las madres también necesitan descansar. Todos quieren un poquito de silencio pero, seamos sinceros, con niños es prácticamente imposible. Así que, una vez aceptado esto, te voy a dar un consejo: este verano, déjalos que se ensucien, que exploren, que la líen, que mezclen agua con tierra y piedras, que ensucien sus muñecos, que se bañen en barro, que coman con las manos, que sean libres. Recuerda que, con muy poco, puedes hacer que estén entretenidos durante mucho tiempo.

Creo que no me equivoco cuando digo que cada vez estamos más estresados por tenerlo todo planificado. Y es muy importante tener planes. Y ser organizado. Pero es tan importante esto como dejarse ir un poquito. Y tus hijos tienen que verlo para aprenderlo. Al final, como dice mi padre: los hijos no hacen lo que tú les dices, simplemente te imitan. Si esto es cierto, si te ven relajado, se relajarán; si te ven aburrido, se aburrirán; si te ven descansar, descansarán. Y qué difícil es, ¿eh? A mí, con mis alumnos, me cuesta muchísimo. Algunas veces me dan ganas de tirar la toalla, pero es siempre cuestión de paciencia. Otra cualidad importantísima de enseñar.

¿Y a qué viene todo esto? Pues viene de que, hace algunas semanas, en mi clase con los más pequeñitos, organicé un circuito de equilibrio y texturas para que jugaran. Invertí mucho tiempo preparando los materiales, pensando en la mejor manera de poner las bandejas, qué materiales irían en cada una, etc. Quedó increíble y me moría de ganas de que llegase el viernes y ponernos a jugar. Y así fue.

Jugaron menos de 5 minutos. Ya está. Mi plan de que hicieran el circuito muchísimas veces y sintieran la tierra, y el algodón y los pompones y la pasta…finalizó en un abrir y cerrar de ojos. Me acuerdo que le comenté a una de las mamás lo fuerte que me parecía cómo a veces invertimos tanto tiempo preparando algo para los niños para que ellos en menos de lo que canta un gallo se aburran y decidan no seguir “tu plan”.

Me quedé con la espinita clavada y el viernes pasado decidí volver a montar el circuito. Les enseñé de nuevo cuál era el objetivo del juego (mi objetivo) y los dejé tranquilos. Me senté en una esquina a observarlos y dejé que hicieran lo que quisieran.

Fue increíble. Estuvieron 15 minutos (que ya es bastante) jugando en el circuito, mezclando las piedras con el agua, la tierra y el arroz, vaciando las jarras de agua, pasándoselo pipa y jugando a los equilibrios cuando ellos querían, cuando ellos lo decidían.

Aprendí que los niños necesitan tiempo para entender lo que nosotras damos por sentado. Aprendí que es muy importante ser paciente con ellos y dejar que exploren, toquen, sientan, revuelvan y descubran causas y consecuencias por ellos mismos. Me di cuenta, una vez más, de que el juego es el idioma universal de cualquier niño y que cada uno lo desarrolla a su manera.

Te invito a que este verano te ensucies con tus hijos. Tengas paciencia y no lo planees exactamente todo. Créeme que te servirá tanto a ellos como a ti. Si tienes niños pequeños, te invito a que hagas este circuito con ellos. Los materiales los eliges tú, yo utilicé:

  • 3 bandejas grandes
  • 2 pequeñas
  • Piedras
  • Tierra
  • Agua
  • Juguetes que se puedan mojar
  • Arroz y garbanzos pintados (ojo con los más pequeñitos)
  • Pan rallado
  • Esponjas
  • Pasta cruda

Pones cada cosa en las bandejas, ¡y a jugar!. Y no esperes que hagan el circuito con un equilibrio perfecto y sin ensuciar nada. Al contrario. Déjalos que exploren y jueguen. Enséñales cómo divertirse y hacer equilibrios en las bandejas grandes y luego siéntate, observa, descansa y disfruta de ver a tus hijos cómo exploran, cómo aprenden y, sobre todo, cómo crecen.

Hoy nos despedimos del WonderBLOG. A partir de la próxima semana estaremos súper centradas en nuestro Summer Camp y después…¡vacaciones! Nos vemos en septiembre familias, muchísimas gracias a todos los que han hecho de este curso ¡un gran curso!

Feliz verano a todos.

¡6 mil millones de gracias!

¡Hoy cumplimos 6 años! Parece mentira. 6 años desde aquel miércoles 12 de junio en el que abrimos las puertas de WonderFUN. Familia y amigos celebrando el inicio de este proyecto tan deseado y tan auténtico. Y empezaron a informarse las primeras familias del barrio. Esas fueron muy valientes, porque confiaron en nosotras desde el principio. ¡Fue una confianza ciega! Me viene a la cabeza Eli con Gabriel e Irene, Betty con Alicia y Carlos, Teresa con Berta, Ethel con Nil y Hugo, Yolanda con Alexandra, Georgina con Georgina, Elena con Alex y Victor, Elisa con Guillem, Inma con Jaume y Carmen, Virginia con Inés y Nacho, Eva con Ada, Elsa con Martina y Guillem… Familias valientes que confiaron en nosotras para algo tan importante como transmitirles a sus hijos nuestra pasión por el inglés y por aprenderlo jugando. ¿Y sabes qué es lo mejor? Que, de esas familias, muchas siguen siendo Familias WonderFUN, siguen trayendo a sus hijos cada semana para que sigan hablando en inglés cada día mejor.

Tras esta pequeña introducción, en mi artículo de esta semana de nuestro 6º aniversario me gustaría compartir 6 frases muy inspiradoras sobre aprender idiomas y hacerlo jugando. Son frases que intento tener siempre en mente para seguir creando y mejorando. Ahí van:

  • Toda auténtica educación se efectúa mediante la experiencia. (John Dewey)

 

  • La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón. (Howard G. Hendricks)

 

  • Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo. (Benjamin Franklin)

 

  • Un idioma te coloca en un pasillo de por vida. Dos idiomas te abren todas las puertas a lo largo del camino. (Frank Smith)

 

  • Los niños y niñas no juegan para aprender, sino que aprenden porque juegan. (Jean Piaget)

 

  • Se habla a menudo del juego como si se tratar de un descanso del aprendizaje serio. Pero para los niños el juego es parte fundamental del aprendizaje serio. El juego es realmente el trabajo de la infancia. (Fred Rogers).

Justamente en estas 6 frases tan geniales se basa el Método WonderFUN. Creemos firmemente que el aprendizaje se tiene que vivir, se tiene que disfrutar y se tiene que jugar.

Muchísimas gracias a todo el equipo de cracks que forman parte de este equipo: Nathalie, Marta, Bel, Jodie y a las que han formado parte de él: Marta, Laura, Sylvia, Antoinette, Amy, Lucy, Marta, Annalisa, Waad…

Muchísimas gracias a todos y a todas por confiar en nosotras: mamás, papás, abuelos, abuelas, canguros… Pero, sobre todo, gracias a nuestros niños, los más de novecientos que han dejado su huella en WonderFUN en estos 6 años. Sin vosotros, este sueño que nació hace 6 años no hubiera sido posible. ¡6 MIL MILLONES DE GRACIAS!

 

Donde fueres, haz lo que vieres

Ahora que ya tenemos el verano a la vuelta de la esquina, me imagino que muchos de vosotros ya estaréis pensando en las tan ansiadas vacaciones. Me imagino que algunos ya las tendréis organizadas desde hace ya algunos meses, otros quizás sois más del last minute. Si viajas con niños, mi consejo es que las organices con tiempo y, sobre todo, con cabeza. Aquí puedes leer un post que escribí el año pasado sobre este tema.

Pensando en qué podría escribir esta semana sobre Educación en idiomas, se me ocurrió que podría hablar de otras culturas. Para mí, lo más interesante de aprender un idioma extranjero es aprender una nueva cultura, una nueva forma de vivir, con otras costumbres y otras tradiciones diferentes a las nuestras.

¿Sobre qué culturas podría hablar? Pues pensé que era una buena idea buscar los destinos de vacaciones a los que más viajamos los españoles en verano. Eso sí, los destinos a los que viajamos en familia, con niños. Porque Tailandia es uno de los destinos más visitados por los españoles en verano, pero con hijos, ¡pocos se atreven a ir tan lejos! Debo decir que, según las estadísticas que he estado viendo, la mayoría de familias decidimos pasar las vacaciones por España: Baleares, Canarias, Andalucía, Galicia… pero como queremos descubrir culturas diferentes a la nuestra, vamos a viajar al extranjero.

Así pues, el top 4 de destinos son cuatro países de Europa, en este orden: Inglaterra, Francia, Italia y Portugal.

Voy a daros cuatro costumbres de cada uno de estos países que he encontrado curiosas y útiles de saber si viajas a uno de ellos.

Inglaterra:

  • Los ingleses son muy polite y, en general, bastante serios con los desconocidos. Así que, para saludar, ¡ni se te ocurra dar dos besos! Cuando te presenten a alguien, dale exclusivamente la mano.
  • Respeta las colas. Los ingleses hacen cola para casi todo y, si intentas colarte, te empezarán a chillar y te obligarán a volver a colocarte al final de la cola.
  • Hay una costumbre muy extendida en los supermercados ingleses: el cashback. Consiste en pagar con tarjeta de crédito un importe superior al de la compra que hemos hecho para recibir en efectivo la diferencia. Es una forma rápida de obtener algo de libras en efectivo sin tener que ir al cajero.
  • A los ingleses les encanta la moqueta. Si alquiláis un apartamento, seguramente será todo de moqueta, cosa que a nosotros no suele gustarnos demasiado, porque es un nido de polvo. A veces, ¡incluso ponen moqueta en el baño!

Francia:

  • Los franceses siempre saludan a la persona acompañando el saludo con su nombre de pila. El trato habitual hacia personas que no conocen es siempre el Monsieur (Señor), Madame (Señora) y Mademoiselle (Señorita).
  • Una costumbre en Francia que no resulta muy cómoda para los turistas es que los franceses casi nunca responderán en un idioma que no sea el suyo, aunque lo conozcan. Aprecian que los visitantes intenten hablar su idioma, aunque no lo hagan correctamente.
  • En los lugares públicos, los franceses hablan en voz muy baja, para no molestar al resto de las personas que estén en el lugar. Recuerda: ¡intenta no levantar la voz para que no te miren raro!
  • ¿Quieres un buen postre? No lo dudes, elige el queso. ¡En Francia tienen más de 500 variedades y están todos riquísimos!

Italia:

  • Los italianos llevan el café en la sangre, esta bebida ocupa un puesto de honor en la cultura italiana. Si pides “un café” te mirarán raro, porque los italianos especifican mucho más. Puede ser un ristretto (café corto e intenso), un espresso (café muy corto), un lungo (café largo), un machiatto (leche con un poquito de café), un cappuccino, etc.
  • En Italia, el saludo típico consiste en saludarse con las manos y, después, dar un beso en la mejilla de la otra persona sin rozarla con los labios. Aunque este movimiento recuerde a la costumbre española de darse dos besos, a diferencia de los españoles, los italianos ofrecen primero la mejilla izquierda en lugar de la derecha. ¡Es súper raro para nosotros!
  • La pasta es el centro absoluto de la gastronomía italiana. Algo que un italiano no tolerará bajo ningún concepto es que cortes los espaguetis. Los espaguetis no se cortan. Nunca. Jamás de los jamases. Y menos aún se te ocurra comerlos con cuchara.
  • Ciao quiere decir tanto hola como adiós. Curioso, ¿no? Así que, con esta palabra, podrás saludar y despedirte.

Portugal:

  • En muchos países, un plato limpio al final de la comida es una señal de que ha disfrutado de la comida, pero en Portugal, se considera de buena educación dejar un poco de comida en el plato una vez hayamos terminado.
  • Además de la multa por viajar en transporte público sin pagar que se aplica en muchos países del mundo, en Portugal existe otra sanción bastante curiosa. Se multa a aquellas personas que ocupan lugares prioritarios en el transporte público y no lo ceden a personas con discapacidad, ancianos, mujeres embarazadas y también a personas con niños pequeños. El importe de la multa varía entre 50 y 1000€.
  • No te asustes si en las cartas de los restaurantes lees vino verde. No es que el vino sea de este color, sino que es un tipo de vino al que se le llama verde por la poca maduración de las uvas con que se fabrica, es decir que son uvas jóvenes. El vino verde puede ser blanco o tinto.
  • En Portugal es de mala educación pedir sal o pimienta en un restaurante. Se considera una ofensa al cocinero. Si no quieres parecer maleducado y que piensen que la comida está insípida, no pidas estos condimentos al camarero.

Qué costumbres más curiosas, ¿verdad? Como decía al principio del artículo, lo que más me gusta de aprender idiomas es descubrir nuevas culturas y formas diferentes de ver la vida. Allá donde sea que viajes este verano, ¡disfruta de su cultura y de sus tradiciones!

No tener nada no es excusa para no hacer nada

Me hace mucha ilusión hoy escribir sobre ecología y experimentos. Hacía mucho tiempo que no tocaba este tema y, si me conoces, sabrás que me gusta mucho escribir sobre esto y lo importante que es para mí la educación medioambiental  en los más pequeños.

Creo firmemente que la base de esta educación está en los adultos. Aún sigo viendo adultos que no saben ni cómo reciclar o que todavía  no se dan cuenta del grave problema al que se está enfrentando nuestro mundo. Creo que, si no hacemos algo pronto, estaremos a tres veranos de no poder bañarnos en el mar.

Pero hoy no voy a escribir de lo mucho que me preocupan estos adultos, sino de aquellos otros que están sembrando semillas de conciencia en niñas, niños y también en adultos. El otro día, por ejemplo, mi profesora de baile nos pidió que por favor trajéramos una botella de agua de casa o que compartiéramos vaso de agua con alguien más de la clase. Estaba muy preocupada después de haber visto un documental del plástico y el mar.

Si en mi estudio de baile cada día hay cuatro clases con un promedio de 8-10 bailarines, cada semana pasan por ahí aproximadamente 150 personas. Si sólo la mitad bebe agua, al mes se usan y tiran 300 vasitos de agua que tuvieron un período de vida de 5 minutos o menos. Más de 3000 vasos de plástico al año por un estudio de baile. Imagínate si nos ponemos a contar. Hoy todas somos más conscientes del uso de los vasos, compartimos, llevamos botellas de casa o, simplemente, nos esperamos a beber algo fuera. Me hizo pensar que pequeñas acciones hacen grandes diferencias y que, si nos propusiéramos hacer esto en todos los estudios de baile, en todas las academias, en todos los centros en los que hay niños y niñas bebiendo agua de los dispensadores de agua, sería genial.

Buscando ideas y maneras de hacer pequeñas cosas que enseñen a nuestros niños a cuidar el mundo, me encontré con un proyecto que me encantó. Un proyecto que me hizo darme cuenta de que las cosas que se hacen desde el corazón tienen un impacto mucho mayor.

El proyecto nació en Asunción (Paraguay) en 2011. En Cateura, un barrio muy pobre en el que hay un gran vertedero de basura. Fávio Chávez, director de orquesta, comenzó a dar clases gratuitas de música. La falta de instrumentos musicales llevó a un recolector de basura a fabricar un violín con materiales del vertedero. Es a partir de ahí que nace la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura. Si no la conoces, te la presento.

Me parece impresionante. Las palabras del Director de la orquesta son las que dieron vida al título de este blog. Palabras que me parecieron muy sabias: No tener nada no es excusa para no hacer nada. Este proyecto no sólo ayuda al medio ambiente. Este proyecto le ha dado a muchísimos niños y niñas la oportunidad de hacer algo muy importante con sus vidas. Les ha dado la oportunidad de viajar y conocer el mundo. Les ha dado herramientas para crecer y desarrollar su autoestima y su seguridad. Me parece uno de los proyectos más integrales que he visto nunca. “El mundo nos da basura, nosotros le devolvemos música”, dicen.

Creo que este es un ejemplo de pequeñas cosas que pueden hacer una gran diferencia. Yo soy de las que piensa que es así y hoy te invito a que tú también lo seas y lo compartas con los pequeños habitantes de nuestro mundo.

Te dejo una lista de ideas de “pequeñas cosas” que puedes hacer con tus hijos que encontré en un blog que me gustó mucho.

  1. Fabrica tu bolsa de la compra – Utiliza una camiseta vieja para crear tu propia bolsa de la compra. Cada uno puede elegir una camiseta que ya no utilice y hacer su propia bolsa. De esta manera, involucras a tus hijos en el proceso y los motivas a reutilizar ropa, a no utilizar bolsas de plástico en el súper y a que te ayuden con la compra. Aquí te dejo un enlace de cómo hacer una bolsa que no requiere coser pero, si quieres hacerla más elaborada, tienes muchísimos enlaces en Internet con ideas y tutoriales.
  2. Haz tus propios productos de limpieza en casa. Te dejo el enlace del post que escribí hace un tiempo en el que te cuento cómo hacerlos y te recuerdo que, además de ser mejore para tu salud y medio ambiente, si lo hacéis todos juntos, la probabilidad de que tus hijos te ayuden en casa, es mucho mayor.
  3. No uses el coche los findes, si no es necesario – Sobre todo ahora que comienza el buen tiempo, sal a dar paseos, ve en la bici, monopatín o cualquier cosa que tenga ruedas y requiera de las piernas para moverse.
  4. Conoce los proyectos de tu barrio – Investiga dónde se plantan árboles o si hay algún proyecto de limpieza de playas en tu pueblo de veraneo. Si no lo hay y tienes hijos mayores, podrías motivarlos a que lo hicieran ellos mismos con sus amigos del verano.  Me hace pensar en el “Trashtag challenge” que se volvió viral hace unos días.
  5. Produce tus alimentos – A ver, esto obviamente está limitado al espacio en tu casa. Si no tienes mucho espacio, siempre puedes tener una maceta de albahaca que crece muy fácil y que puedes poner en la pasta o pizza. Créeme, a tus hijos les encantará comerse algo que ellos mismos han cuidado.

Y aquí terminan mis consejos. Bueno, me queda uno: no olvides poner el corazón y un motivo a cada una de las cosas que haces con tus hijos. Creo que es la única manera de que realmente aprendan algo y lo apliquen en el futuro.

Antes de quitar el móvil a los niños, quítaselo a los padres

Toma ya. Vaya título más potente. Uno parecido me encontré hace unos días cuando me puse a investigar sobre el tema de los móviles y los niños. Digo “potente” porque a mí me afectó, cuando leí el artículo me di por aludida. Qué rabia me dio, pero es cierto.

Leí este párrafo: Son las cinco de la tarde y los colegios cierran sus puertas. Ha llegado la hora de ir al parque. O a merendar a una cafetería. La escena se repite cada día: padres, madres y otros cuidadores pegados al móvil mientras los críos miran al cielo, se columpian, llenan cubos de tierra o juegan a la pelota. Si el pequeño intenta hablar con el adulto, este comparte su tiempo entre la pantalla y su hijo. ¿Es un gesto inocente y sin consecuencias? No. Los expertos advierten: cuando los niños se conviertan en adolescentes, ¿con qué autoridad les vamos a decir que no se pasen todo el día mirando una pantalla?

La pura realidad. Todos sabemos que somos el ejemplo de nuestros hijos para todo, para lo bueno y para lo malo. Si nos ven casi siempre con el móvil en la mano y mirando la pantalla, ellos querrán hacer lo mismo. ¿Tan difícil es dejar el móvil en el bolso o en un cajón mientras estamos con nuestros hijos? Yo ya lo he empezado a hacer, porque realmente me di mucho por aludida cuando leí el artículo. No porque Bruno esté mucho con el móvil, que por suerte no es el caso, sino porque yo sí que lo estoy. Siempre pendiente de si recibo un email, un whatsapp, o cotilleando por Instagram. ¡Pues se acabó! Ayer ya empecé mi “desintoxicación” del móvil y, cuando fui al parque con Bruno y Martina, lo dejé todo el rato en el bolso, en vez de en el bolsillo. ¡Y disfruté muchísimo más de ellos, sin estar pendiente de la dichosa pantallita!

Pero bueno, este artículo no irá de cómo “desintoxicar” a los padres, sino de cómo tratar el tema de los móviles y los niños. Ahí va. Empezaremos por la típica pregunta: ¿A partir de qué edad le podemos dejar mirar el móvil (o la tele, o la tablet, o el ordenador) al niño? Los expertos recomiendan retrasar la edad el mayor tiempo posible. Se desaconseja cualquier tipo de pantalla antes de los 2 años. A los 3 años se puede empezar a introducir contenido (siempre que sea educativo). Y de 3 a 6 años, una hora al día, como máximo. Para comprarles su primer móvil, tendríamos que esperar a los 16 años, que se considera que ya son lo suficientemente maduros como para navegar solos por Internet, etc.

Esto es lo que aconsejan los expertos. Después, cuando ves las estadísticas, se ponen los pelos de punta. Uno de cada cuatro niños (un 25%) de 10 años tiene smartphone. A los 11 años ya es uno de dada dos (el 50%) y, a los 12, tres de cada cuatro (el 75%).

Que quede claro que no quiero demonizar el uso del móvil u otros dispositivos electrónicos, porque forman parte de nuestra vida cotidiana. Simplemente tenemos que aprender a convivir con ellos sin que dirijan totalmente nuestras vidas. Eso es lo que, en mi opinión, no puede ser.

Hoy en día, usamos los móviles para distraer al niño y que se termine la papilla. Para entretener al niño cuando tiene que esperar en el pediatra. Para despistar al niño cuando tiene que esforzarse en ponerse el pijama antes de irse a dormir. No abusemos. Aunque nuestros hijos sean nativos digitales, los móviles y las tablets no son un juguete. Esto hay que tenerlo muy claro. ¡Cuánto se pierden los niños por estar delante de una pantalla! Jugar al aire libre, correr, saltar, pintar, leer un cuento… o, simplemente, conversar con sus padres, hermanos o amigos.

Dicho esto, vamos a reconocer una cosa. Es cierto que este tema se ve muy diferente cuando no tienes hijos, que dices yo nunca le dejaré el móvil, a cuando los tienes. Pero es importante hacerlo sin pasarse. Yo, por ejemplo, había visto a hijos de amigas mías que no había manera de que comieran si no tenían el móvil de su madre delante con dibujos animados. Eso sí que me negué a que me pasara. Y, por suerte, no me ha pasado. Bueno, por suerte o porque he puesto todo de mi parte para que así sea. Bruno hasta los casi dos años no había visto nunca la tele, ni el móvil. A partir de los dos años, más o menos, tenemos la rutina de ver tres capítulos de Peppa Pig cada día, antes de acostarse. Son quince minutos y los vemos en inglés (siempre, por supuesto) y juntos. Por lo menos, el ratito que está viendo la tele, estamos con él  ayudándole a entender lo que está viendo y aplicándolo al mundo que le rodea. Y esos quince minutos son el único rato diario que pasa mirando una pantalla.

Con Martina seguramente me costará más, porque al ver que su hermano mayor lo hace, ella supongo que también querrá ver ese ratito de tele cada día. Y será antes de los dos años, casi seguro. Pero bueno, no les voy a acostumbrar al móvil para que se callen. Yo siempre digo que el móvil es un canguro gratis, porque los niños se quedan embobados mirando la pantalla y podrían estar horas y horas. En algunos momentos, es realmente muy tentador. Pero después,  ¿qué ocurre cuando les quitamos el móvil? ¿Rabieta? ¿Frustración?

He observado que los niños a los que sus padres les dejan bastante el móvil, son niños con menos paciencia, menos atentos y con menor capacidad de esfuerzo. ¿Por qué? Pues porque en las pantallas todo es muy rápido, no hace falta concentrarse demasiado. ¡A los diez segundos de empezar a ver un vídeo en Youtube ya se han aburrido y están buscando otro! Y aquí viene otra pregunta: ¿están preparados los niños tan pequeños para navegar solos por Internet? ¿Y para autocontrolarse el tiempo de juego con el móvil? Si a mí ya me cuesta racionarme mi tiempo de juego al Candy Crush y tengo treinta y dos años… ¡imaginemos un niño!

Terminaré diciendo que, por supuesto, hay aplicaciones muy interesantes, educativamente hablando. Sólo tenemos que aprender a usarlas bien y con medida. Un día quizás escribiré un post con una lista de aplicaciones o juegos que me gustan para niños, que las hay. De momento, me gustaría que te quedaras con esta reflexión final: nuestros hijos son nativos digitales pero que un ratito jugando con el móvil nunca supla una conversación o unas risas con mamá y papá. Ya saben vivir con la tecnología. Lo que tienen que aprender es a vivir, también, sin ella.

Babies and toddlers play English!

Hoy te contaré una historia muy personal. Bueno, de hecho, siempre lo hago, pero hoy quiero contarte cómo nació una idea que me ha cambiado la manera de ver las cosas como profe.

Tengo la enorme suerte de trabajar en un sitio en el que soy feliz y no paro de aprender. El blog es una de las herramientas que más conocimientos me ha dado durante estos años. Me encanta investigar actividades para proponerte que hagas con tus hijos que tengan que ver con la naturaleza y el medio ambiente. Me gusta muchísimo compartir contigo cosas que hago en clase y todos los aprendizajes que me proporcionan los niños. Gracias a ellos soy lo que soy. Sin embargo, una de las cosas que más me ha gustado en este camino es estudiar, leer e investigar acerca de la educación y el comportamiento de nuestro cerebro a la hora de aprender un idioma (o cualquier otra cosa). Sé que algún día, cuando pueda y tenga tiempo, estudiaré algo relacionado con la neurociencia y el aprendizaje de los idiomas. Me fascina.

Hace poco más de un año, mientras escribía uno de mis artículos, leí que el 85% del desarrollo neuronal de los seres humanos se produce en los primeros tres años de vida. Los bebés hacen la mayor parte de sus conexiones cerebrales referentes a la comunicación y a la comprensión durante este tiempo. Me quedé pensando que, si esto es así, aprender idiomas en edades muy tempranas era la clave para el éxito del aprendizaje en edades avanzadas. Ese día, el blog no iba de educación en idiomas así que continué con mi artículo, pero la idea se me quedó clavada en la cabeza. Me puse a investigar sobre el tema y decidí comenzar un nuevo proyecto que involucrara la enseñanza del inglés a bebés y niños menores de tres años y que siguiera nuestro método y filosofía de enseñanza: el juego y la inmersión.

Y es así como, en septiembre del año pasado, comenzamos un proyecto con cinco increíbles alumnos que me han demostrado lo fácil que es aprender un idioma cuando tienes menos de tres años.

¿Y cómo aprendemos? Pues de manera natural y espontánea. Cantando, pintando, experimentando y jugando mientras desarrollamos nuestra psicomotricidad.  Es muy importante que, para que los niños y niñas aprendan, razonen, asimilen y comprendan un concepto, vivan y disfruten la experiencia del aprendizaje. Y no sólo esto. Durante este año, mis niños han desarrollado la habilidad de “aprender a aprender”. Esto quiere decir que las conexiones neuronales que están desarrollando en su cerebro le servirán para que, en un futuro, cuando quieran aprender cualquier otro idioma, sea muchísimo más fácil que para una persona que no ha tenido ningún contacto con otro idioma.

Nuestra metodología de enseñanza concentra diferentes tipos de corrientes educativas y está basada en crear experiencias siempre en inglés y que permanezcan en el cerebro del niño para toda la vida. John Dewey, pedagógo, filósofo y psicólogo que me gusta mucho, decía que toda auténtica educación se efectúa mediante la experiencia. Completamente de acuerdo.

Una de mis partes favoritas de las clases ha sido ver como, poco a poco, los niños y niñas se van aprendiendo las canciones y los movimientos que las acompañan. La música, aparte de ayudarnos a establecer rutinas en la clase, favorece la concentración auditiva y el desarrollo del lenguaje. Les ayuda a desarrollar una correcta pronunciación y a asociar palabras con movimientos. Todos sabemos que a los niños  les encanta escuchar la misma canción una y otra vez. ¿Sabes por qué? Porque, poco a poco, se la van aprendiendo y se van sintiendo más seguros al momento de cantarla. Si aumenta su seguridad, aumenta su autoestima y, por ende, su felicidad.

Gracias a mis increíbles alumnos, he aprendido y visto con mis propios ojos que, cuanto más pequeños son, más fácil es para ellos. Creo que la clave está en que ellos aprenden sin hacer un esfuerzo voluntario por hacerlo. Les encanta ver, oler, tocar y sentir lo que están aprendiendo. Es increíble ver cómo experimentan, observan y reflexionan. Luego, un día, de la nada, te dicen algo en inglés y te quedas alucinando. Los niños, al no tener vergüenza y no sentir que están siendo examinados, tienen la facilidad de expresarse sin miedo. Me encanta.

Me acuerdo un día que llegó una de las madres a contarme que, una noche cenando en casa, le preguntó a su hijo si quería más leche y el niño contestó “No, thank you” y siguió cenando. Se me llenó de orgullo el corazón.

Hoy estoy segura de que la mejor manera de empezar a aprender un idioma es desde bebés. Hoy quiero agradecer a mis niños y a sus padres por confiar en nosotras y por demostrarme que los niños, cuanto más pequeñitos, más esponjas son. Cuanto más pequeñitos, más lo disfrutan. Cuanto más pequeñitos, más aprenden. No tengo la menor duda.
Te invito a que, si estás interesado en que tus hijos aprendan inglés, te comprometas con ellos desde bebés y los acompañes en el proceso. Cantes con ellos, les leas cuentos en inglés y aproveches una de las rutinas de tu día para hacerla en inglés. De esta manera, el niño o niña irá asimilando el idioma de manera natural y divertida.

Hoy quiero dar las gracias públicamente a Ari, Giulia, Jan, Núria y Olivia por enseñarme mil veces más de lo que pude imaginar. He crecido como profe y como persona gracias a vosotros y, lo más bonito de todo, es que ahora tengo muchas más ganas de aprender para seguir enseñando. ¡Qué suerte que tengo, many thanks!

Menos quejas y más sonrisas

Hace un mes, mientras leía el periódico, tuve la suerte de toparme con una entrevista muy buena. El titular de la entrevista era el siguiente: La felicidad es innata, fluye como la sangre por nuestras venas. Me llamó la atención. Mucho. Porque estamos muy acostumbrados a leer titulares del tipo: 10 consejos para ser más feliz o Qué puedes hacer para alcanzar la felicidad. Siempre como si la tan ansiada felicidad estuviera fuera. ¿Y si resulta que la tenemos dentro?Seguí leyendo la entrevista. El entrevistado era Alberto Simone, psicólogo, director de cine, guionista y escritor. Además, realiza talleres de felicidad. ¿Talleres de felicidad? ¡Wow, me encanta! La entrevista era bastante larga, pero te he copiado cinco puntos que creo que son muy interesantes y en los que vale la pena ahondar:

  • La felicidad es la base para construir un mundo mejor.
  • Las personas confiadas y optimistas resuelven los problemas de manera más acertada y en menos tiempo que las personas pesimistas, cínicas o desilusionadas.
  • Poner en valor y saborear durante el máximo tiempo posible, de manera intencionada y diría que exagerada, los acontecimientos positivos de nuestra vida, los momentos de alegría. Y hacer el ejercicio de buscar la parte buena a los acontecimientos negativos.
  • La queja no cambia las cosas. Cuando se dé cuenta de que empieza a quejarse de algo, deténgase y piense si le apetece estar peor, porque eso es lo que sucederá después de quejarse.
  • Una sonrisa despierta otra sonrisa.

Son cinco puntos copiados literalmente de la entrevista, porque prefiero no escribir mi versión de cada uno de ellos, sino dejarlos tal cual. ¡Son tan potentes! Estoy convencida de que, si todos los tuviéramos en cuenta y los intentáramos aplicar en nuestras vidas, éstas cambiarían radicalmente. ¿Te imaginas cómo sería si todo el mundo saboreara los buenos momentos y buscara la parte positiva de los no tan buenos? ¡Todo sería maravilloso!

Que conste que no es mi intención escribir un artículo en plan happy flower o en plan “te voy a ayudar a mejorar tu vida para que seas más feliz”. Simplemente quiero compartir contigo estos pequeños grandes cambios que pueden aportarte muchísimo.

Aprovecho para informarte de que esta semana he vuelto a trabajar después de mi baja maternal. Durante estos siete meses no he dejado de escribir mis artículos del WonderBlog, lo hacía desde casa. Hoy, ya desde mi despacho, me tocaba escribir sobre Embarazo y crianza. He pensado que el concepto de la “felicidad innata” tiene mucho que aportar a una buena crianza. ¿Por qué? Porque creo que, si aprendemos a tomar conciencia de que no tenemos que buscar la felicidad, sino que la felicidad ya la tenemos fluyendo por nuestras venas, lo transmitiremos a nuestros hijos. Y, quizás, su generación ya crecerá de otra manera, con más optimismo, menos quejas y más sonrisas.

Llevo unos días dándole vueltas a este tema, practicando lo del no quejarme (¡qué difícil es algunas veces, por cierto!) y he llegado a mi propia conclusión: no hay “momentos felices”, sino “personas felices”. Me explico: ante una misma situación, buena o mala, cada persona reacciona diferente, ahí está el quid de la cuestión. Seguro que todos tenéis el típico amigo o conocido cascarrabias, que siempre se siente el más desgraciado y con la peor suerte del mundo, y el amigo “feliz de la vida”, que siempre tiene algo que agradecer. ¡Contagiémonos de este segundo y no del primero! No hace falta que ocurran cosas extraordinariamente positivas o extraordinariamente negativas, las situaciones cotidianas ya sirven. Te voy a poner un ejemplo que me pasó hace poco: tenía hora para la revisión con el pediatra de Martina. Nuestra cita era a las 15:30h y acabé entrando casi a las 17h. ¡Más de una hora esperando en la sala de espera! Había varias urgencias de niños que no tenían hora y que pasaron delante de nosotras. Tenía dos opciones: o entrar enfadada, hacerle mala cara al médico y a la enfermera y salir de morros, porque claro, tenía mi hora reservada y había esperado un montón. O bien entrar de buen humor, salir sonriendo a la enfermera, dándole las gracias y deseándole que pasara un buen día. ¿Por qué? Pues porque gracias a haber tenido que esperar tanto rato, pude pasar más de una hora disfrutando de mi hija tranquilamente, sin tener que dividir mi atención entre ella y Bruno, sin tener que hacer cosas en casa, sin tener que hacer nada más que estar con ella y disfrutar de ella. Sí, ya había leído la entrevista a Simone de la que te hablaba y me esforcé por girar la tortilla y ver la parte positiva de la situación, que era mucha. ¡Y no me costó tanto! Es verdad, es una situación cotidiana que tampoco es que sea para tanto, pero me sirve para ponerte un ejemplo que nos puede pasar a todos. Habrá situaciones más difíciles de llevar o complicadas de asumir, pero estoy segura de que la sonrisa siempre puede ganarle la batalla a la queja.

Y tú, ¿te unes al barco de los que sonreímos y de los que tenemos felicidad fluyendo por nuestras venas?

Pequeños superhéroes del agua II

Hoy quiero retomar una idea que comencé hace un par de años y que hoy, mientras hacía la programación de nuestro casal de verano, recordé. El cuidado del agua.

Una de las semanas de nuestro casal irá de superhéroes y superheroínas. Nuestro objetivo siempre es que aprendan inglés pero que lo hagan a través de actividades con un valor añadido. En esta ocasión, he pensando que sería increíble diseñar superhéreos y superheroínas que tengan superpoderes que ayuden a cuidar el mundo en el que vivimos, entre otras cosas. ¿Qué os parece? ¡A mí me encanta la idea!

No me cansaré de recordaros que somos responsables de que nuestros niños y niñas desarrollen una conciencia por cuidar el mundo en el que vivimos. Esta conciencia comienza en casa y, lo más importante, con nuestro ejemplo. Me encuentro muchas veces con adultos que no se dan cuenta de que, si no comenzamos hoy realmente a sensibilizar a los niños, mañana los que sufrirán son ellos. No importa lo pequeñitos que sean.

Hoy esto va de agua. Buscando maneras divertidas de enseñar a nuestros pequeños a cuidar el agua me encontré con esta animación que me pareció increíble. No tiene texto y puede dar mucho juego para explicarles lo importante que es cuidar este recurso natural sin importar su edad. Otra vez, cuanto más pequeñitos, mejor.

No creo que haya un solo niño o niña que no crea en los superhéroes. Para ellos, un superhéroe (o una superheroína) es capaz de ilusionar y conseguir lo inimaginable. De hecho, recuerdo una campaña de la ONG Save the Children que me tocó mucho el corazón puesto que hablaba de los superhéroes de los niños en países en los que el agua y el alimento son un bien preciado. Podéis ver la campaña en este enlace, pero no quiero hablar más de este tema porque aparte de que me pone muy triste, no es el objetivo de este post. Lo que sí, ayuda a sensibilizarnos.

Volvamos a los superhéroes que nos ayudarán a cuidar el agua en casa. Después de ver el vídeo, te recomiendo que te sientes con tus hijos (en mi caso, lo haré con mis alumnos) y hacer una lista de cosas que hacemos en casa que involucran el uso del agua. El vídeo ayuda mucho, tendríamos que llegar a una lista mas o menos así:

  • Lavarnos las manos
  • Lavarnos los dientes
  • Ducharnos
  • Tirar de la cadena del WC
  • Juegos de agua en verano
  • Beber agua del grifo
  • Regar las plantas
  • Regar el jardín
  • Limpiar cosas (pinceles y botes con pintura, por ejemplo)
  • Fregar los platos

Nuestro superhéroe será capaz de vigilar que, durante estos procesos, se consuma sólo el agua necesaria y se gaste lo menos posible. Hablar con nuestros hijos de qué podemos hacer para reducir el consumo de agua es importante. Ayudarlos a que ellos propongan cerrar el grifo cuando nos estemos lavando las manos, utilizar un vaso para lavarnos los dientes, cerrar el agua cuando estemos poniéndonos el champú y jabón en la ducha, llenar una jarra de agua para beber en lugar de abrir el grifo cada vez, regar las plantas muy tempranito por la mañana o por la noche, utilizar un cubo para limpiar nuestras cosas, platos, etc.

Entonces…¿cómo hacer para que se cuide el agua todos los días en casa? Yo propongo asignar un superhéroe cada semana, él se encargará de vigilar que todos los integrantes de la familia sigan con las reglas que propusieron entre todos.  Podéis diseñar una tabla semanal en la que el superhéroe vigile y ponga una gotita feliz cuando cuidemos el agua y una triste, cuando no.

Y así termina un post relacionado con cuidar uno de los recursos más importantes de este mundo. No debemos olvidar que pequeñas acciones marcan la gran diferencia, es muy importante creérselo.

Y tú, ¿cómo aprendes? Nosotros, jugando.

Quería que el post de hoy resolviera un tipo de dudas que algunas mamás nos preguntan de vez en cuando. ¿Cómo puede ser que mi hijo mayor se aprendiera las tablas de multiplicar de memoria y con el pequeño no hay manera? O ¿Por qué a ella no se le da bien hacer trabajos en grupo?

Para resolver estas dudas con un poco de fundamento me he tenido que documentar bastante. He estado varios días leyendo artículos de psicología, pedagogía y didáctica sobre cómo aprendemos, qué aspectos influyen en el aprendizaje, etc.

Así que, primero, te voy a hacer una introducción un poco teórica de los diferentes tipos de aprendizaje que existen y después pasaremos a la parte más práctica.

Pues bien, hay trece tipos de aprendizaje: aprendizaje implícito, aprendizaje explícito, aprendizaje asociativo, aprendizaje no asociativo, aprendizaje significativo, aprendizaje cooperativo, aprendizaje colaborativo, aprendizaje emocional, aprendizaje observacional, aprendizaje experiencial, aprendizaje por descubrimiento, aprendizaje memorístico, y aprendizaje receptivo.

No los voy a explicar todos, porque entonces el post sería larguísimo y demasiado técnico, pero sí que me gustaría dejarte la fuente que he utilizado para informarme (lo explica de forma bastante sencilla y clara). Es la web de psicología https://psicologiaymente.net/desarrollo/tipos-de-aprendizaje.

Voy a destacar tres tipos de aprendizaje que considero importantísimos y que me gustaría que los profesores tuvieran muy en cuenta a la hora de enseñar un idioma (o, en realidad, cualquier otra cosa): el aprendizaje implícito (el que no es intencionado, porque la persona que aprende no es consciente sobre qué aprende, lo hace sin darse cuenta); el aprendizaje emocional (la persona aprende porque está motivada, porque le hace ilusión, porque le interesa lo que le están explicando); aprendizaje observacional (la persona que aprende lo hace observando e imitando al que le enseña, que generalmente es el profesor). Para mí, un buen aprendizaje debería combinar estos tres.

Ahora, pasemos a la parte más práctica. Si un niño o una niña aprende inglés sin darse cuenta, porque le encanta e imitando el acento y entonación de su profesora, es un éxito. Es un éxito porque, para el resto de su vida, el inglés será siempre algo divertido, motivante e interesante. Sabemos que, si lo aprende así, en seguida lo hablará fluidamente o no le costará demasiado recordar las palabras nuevas que vaya aprendiendo. Para nosotras es un orgullo ver a los alumnos cómo se motivan por aprender inglés. Recuerdo que, cuando este proyecto comenzó, nos encontramos con niños mayores (7-8 años) que, a causa de haber tenido una experiencia negativa con el inglés de pequeños, le tenían manía, era muy complicado motivarlos y, por tanto, muy difícil que aprendiesen. Fue un reto para nosotras darle la vuelta a la situación, pero quedó comprobadísimo que, si les ayudábamos a aprender a través de sus propios intereses, era más fácil cambiar su visión acerca del inglés.

Ay, que me voy por las ramas… Si intento responder a las dudas con las que empezaba este post, diría a las mamás que, efectivamente, cada niño tiene una manera de aprender. El niño al que le cuesta aprenderse las tablas de multiplicar, quizás no tiene tanta facilidad para el aprendizaje memorístico y la niña que tiene dificultades para hacer trabajos en grupo, seguramente no ha desarrollado el aprendizaje cooperativo. No pasa nada, tendrán otras formas de aprender exactamente igual de aceptables. Siempre se ha dicho que Cada maestrillo tiene su librillo, pero es que cada alumno también tiene su propio estilo de aprendizaje.

Un niño (y un adulto) puede combinar diferentes estilos de aprendizaje. Lo importante es que, como madre, padre o como profesor, te des cuenta de cuál es el estilo de aprendizaje de cada niño para, de esta manera, ser capaz de ayudarle a aprender y que no pierda la motivación.

Motivación. Gran palabra clave. En mi opinión, es el fundamento de cualquier aprendizaje, también del aprendizaje del inglés.

Para terminar, me gustaría compartir contigo una reflexión. Seguro que recordarás al típico profesor que “pegaba el rollo” sin tener en cuenta si a los alumnos nos interesaba lo que estaba explicando o cómo lo estaba explicando. Y también recordarás al profesor ese tan genial y adorado que nos hacía enamorarnos de algún tema o de alguna asignatura. Qué maneras tan diferentes de enseñar, ¿verdad?

Y quizás ahora te estarás preguntando: ¿y esto qué tiene que ver con aprender un idioma? Pues tiene mucho que ver, porque, por suerte, en las clases de inglés (francés o alemán) cada vez estamos más lejos de las clases magistrales, los alumnos escuchando durante una hora o más al profesor, repitiendo su entonación y apuntando en la agenda los deberes que tienen que hacer en casa para la semana siguiente. Cada vez más, las clases son participativas, activas, divertidas… motivadoras para los niños (y para los no tan niños).

¡Qué pasada que un niño aprenda las formas y los colores jugando con una caja de cartón y una hoja de colores!  Es un juego que hicimos en Play English ¡y les encantó! ¿No te parece genial? Pues éste es un simple ejemplo de muchos otros que podríamos citar para referirnos a diferentes formas de aprender.

¿Cuándo fue la última vez que no hiciste nada?

Se ha vuelto a estropear mi móvil. El miércoles pasado entré con él al baño porque justo estaba contestando un mensaje y no salió de ahí con vida. Me da risa y no. ¿En serio era tan importante contestar ese mensaje? ¿No podía esperar un momento? Pues al parecer, no. Estaba tan liada con mil cosas que no había visto el móvil en dos horas (wow, dos horas) y en mi ajetreada cabecita pensé que la mejor idea era optimizar el tiempo y contestar el mensaje que había visto de camino al baño. Me siento un poco molesta por la situación. En el último año he tenido que cambiar de pantalla cuatro veces. No soy tan descuidada, simplemente ha sido un conjunto de malas suertes.

Llevo una semana sin móvil y he de decir que siempre me pasa lo mismo: después de unos días, no quiero recuperarlo. Aparte de que he encontrado alternativas a comunicarme con mi familia y amigos, que es lo más importante, me he aburrido bastante. Y me ha encantado. Me hizo pensar cuándo había sido la última vez que me había aburrido de verdad. No lo pude ni recordar. Y entonces, en medio de mi aburrimiento, supe de qué iría el post de esta semana.

Aburrirse, hoy en día, es una habilidad, un talento y un lujo. Sí. Hoy en día, no podemos estar sin hacer nada. No nos damos la oportunidad de aburrirnos. Y no me digas que no tienes tiempo de aburrirte cuando no pasa ni un solo día en que no te mires las historias y publicaciones de la red social que más utilices, o veas uno o dos capítulos de tu serie favorita en alguna plataforma de series y pelis, o te leas medio libro en una sentada, o te mires todos los telediarios y noticias deportivas, o estés jugando al Tetris, o lo que sea que utilices para “despejar la mente”. Este post no va (sólo) de cómo las nuevas tecnologías hacen más difícil para nosotros aburrirnos, va de que hemos adoptado, socialmente, un formato de comportamiento en el que siempre tenemos que estar haciendo algo. Y esto cansa, muchísimo. Y no sólo cansa sino que también enferma, saca canas, propicia caídas de cabello, dolores de espalda y mil manifestaciones más de nuestro cuerpo que intenta decir BASTA.

No tenemos tiempo de pararnos a pensar y sentir cómo estamos, de escuchar nuestro cuerpo. Es muy difícil darnos un momentito y disfrutar. Si logramos escapar de la rutina e irnos a cenar, es probable que a la cena asistan: tu pareja, tus equis número de seguidores, el chat de tu familia y el chat de los amigos que vas a ver después de la cena. Todos ya tienen la foto de lo que has cenado y de la exquisita botella de vino que te has pedido. He ido a cenar este fin de semana y claro, al no tener móvil, me di cuenta de estas cosas. Y sí que es maravilloso compartir momentos, ¡claro que sí! Yo soy la primera que lo hace y me gusta mucho que mi familia vea lo que hago. Lo único que intento decir es que creo que hay momentos más apropiados para compartir fotografías que a media cena y que no pasa nada por aburrirse en un restaurante mientras esperas a que te traigan la comida.

Y el problema no sólo es con el móvil, también con nuestras rutinas en casa. Creo que es muy importante desarrollar la habilidad de aburrirse en casa, estoy segura que puedes hacerlo. No llegues y enseguida te pongas a hacer cosas. No todo es de vida o muerte y no todo se tiene que hacer al momento. No pasa nada si comienzas a hacer la cena diez o quince minutos después de lo que lo tenías planeado. Yo sé que se lee mucho más fácil de lo que realmente es pero, te invito a que hagas un trabajo muy personal, realista y honesto, y hagas el experimento de encontrar minutos al día para aburrirte. Yo lo hice este fin de semana y fue una gozada. Fueron momentos muy cortos pero me dieron la oportunidad de pensar en muchas cosas. Y esto no fue sólo porque no tuviese móvil, sino porque me di cuenta que nunca estoy sin hacer nada y que posiblemente esta era la razón por la cual me encontraba tan cansada últimamente. Todos tenemos la típica abuela que vivió hasta los 96 años y que hacía mil cosas al día. Estoy segura de que sí, pero también estoy segura de que a ella no le estresaba estar sin hacer nada. Estoy segura de que tenía sus momentos en los que sacaba la silla a la calle y veía a la gente pasar, hablaba con sus amigas y no estaba todo el tiempo con la cabeza metida en una revista o un crucigrama.

Alguna vez leí que el arte de no hacer nada es disfrutar “dejar pasar el tiempo” y que es algo que no se logra en una sola tarde. Necesitamos invertir tiempo en un plan de acción para aburrirnos y llevarlo adelante. No sé en dónde leí también que una madre, cada tarde, durante un ratito, salía con sus dos hijos al portal de casa y se sentaba en un banco a mirar a la gente pasar. Aburrirte con tus hijos es esencial. Ellos tienen que aprender que estar tranquilos y sin hacer nada es algo bueno. En miles de sitios encontrarás información de cómo el aburrimiento ayuda al desarrollo de la creatividad y  lo esencial que es encontrar el equilibrio en sus actividades. Tan importantes son las rutinas como descansar de ellas. Y qué mejor que empezar con uno mismo. Si ellos ven tu ejemplo, te seguirán, de eso estoy segura.