Bienvenida, ¿primavera?

El 21 de marzo del 2018, justo cuando comenzaba la primavera, el Tibidabo amaneció nevado, ¿lo recordáis? Ese día os propuse una serie de ideas y actividades para poder hacer con vuestros hijos en casa ya que no podíamos salir de casa por el frío que hacía en la calle. Hoy, aparte de que también llueve, no podemos salir por otras cosas y sólo puedo pensar en lo mucho que puede cambiar la vida. En fin, espero que disfrutéis de las actividades y os encontréis bien.

Cuando descubrí esta actividad para hacer con los niños, me encantó. Aparte de que el resultado es muy bonito, los peques aprenden sobre la cromatografía. ¿Y esto, qué es? La cromatografía es el proceso de separación de sustancias que componen una mezcla y, en este caso, separaremos colores. Así como les enseñamos que, si mezclamos el azul con el amarillo obtenemos verde, hoy les enseñaremos el proceso contrario.

Sólo necesitas filtros de café, rotuladores de colores, pinzas de la ropa y un frasco pequeño con agua.

Os dejo aquí unas fotos con los pasos a seguir que explican bastante bien la actividad. Sólo que, en lugar de utilizar pipe cleaners para el cuerpo de la mariposa, yo recomiendo las pinzas de ropa. Utilizando los rotuladores puedes pintarlas de diferentes colores, decorarlas, dibujar los ojos, etc. ¡Da mucho más juego! Si quieres, también tienes el vídeo aquí.

Y ahora, uno de mis experimentos favoritos. Estoy segura de que tenéis todo lo que se necesita en casa: una bandeja de cristal, leche entera, colorante alimentario, jabón para los platos y un palito de algodón.

En la bandeja de cristal ponemos un poco de leche entera y A simple science experiment for kids.dejamos que los peques pongan gotitas de colorante alimentario de diferentes colores. A simple science experiment for preschool and kindergarten.Después, mojamos el palito de algodón en el jabón y lo metemos en la bandeja con la leche. Presionamos el palito durante unos segundos y …¡veréis qué pasa! Hemos hecho varias veces este experimento con nuestros alumnos y nunca falla. Las caritas de alucinados que ponen son lo más.

Como todos sabemos, durante la primavera la naturaleza se despierta. Las orugas se convierten en mariposas, hay más flores y por lo tanto, más abejas, nos encontramos con más bichitos, más plantas, etc. Encontré esta imagen que podéis utilizar para ir repasando el vocabulario de primavera.

Esta imagen la encontré en la página Teachers Pay Teachers, que por cierto os recomiendo mucho. Tiene miles de recursos educativos en inglés para todas las edades y lo mejor de todo es que podéis practicar el inglés con vuestros hijos de forma divertida.

Y ahora, una actividad con esa fruta maravillosa que está ahora mismo en todas las fruterías y está tan rica: la fresa. Encontré estas “recetas” de cocina en Pinterest que parecen muy divertidas de preparar. Son ideas para todos los gustos y son bastante sencillas. Me encantan estas ideas súper sanas de merienda. ¡Ñami!

Por último, sabéis que soy muuuuy pero muy fan de la página de The Dad Lab. Este experimento puede parecer un poco arriesgado por el desastre que podría ocasionar en tu cocina. Igualmente, creo que vale la pena intentarlo. Sólo necesitas huevos, un tubo de papel, un vaso de agua y un par de ojos bien observadores. Por favor, si lo hacéis, decidme si funciona.

Me he divertido mucho escribiendo este post y estoy segura de que si hacéis alguna de estas actividades vosotros también lo disfrutaréis. Recordad que es muy importante dejar que los niños hagan la mayor parte de los pasos y que se den cuenta de que, para cualquier actividad, existe un proceso que hay que seguir. Hay que explotar la curiosidad de los peques, podéis parar un momento a mitad del proceso y preguntarles qué creéis que pasará, podéis discutir diferentes hipótesis y luego comparar con los resultados. También muy importante que ayuden a recoger. Aquí os dejo el enlace de la canción que nosotras utilizamos en clase, muchos papás seguro que habrán escuchado a sus pequeños cantarla en casa.

Así que eso familias, vamos a intentar disfrutar de la primavera y a esperar a que mejores momentos lleguen pronto. Os envío un abrazo fuerte.

 

 

Aprender de los buenos libros

Hoy volvemos a publicar un post que escribí hace algún tiempo en el que te recomiendo algunos libros que he leído durante estos cuatro años desde que soy mamá y que me han parecido indispensables como lectura para todos los padres y madres. A lo mejor estos días puedes aprovechar para leerlos. Son libros sencillos, amenos de leer, para disfrutarlos.

Es una selección personal así que, por supuesto, es subjetiva.

1) Educar en el asombro, de Catherine l’Ecuyer: el bestseller de educación.

Catherine l’Ecuyer es canadiense y mamá de cuatro hijos, eso se nota. Partimos de la base de que, para la autora, el asombro es el motor que todos los niños llevan incorporado. Afirma que los niños aprenden a través de experiencias sensoriales concretas, que así comprenden el mundo y se comprenden a ellos mismos. Nos muestra con ejemplos que nuestros hijos han nacido en una época tan exigente, frenética y consumista, que no pueden jugar libremente, disfrutar de la naturaleza o del silencio.

En la opinión de l’Ecuyer, y en la mía también, muchas veces intentamos que nuestros hijos aprendan más rápido, cuando lo más importante es disfrutar del proceso del aprendizaje. Los niños no necesitan estar todo el día delante de una tablet o un móvil, no necesitan estar sobreestimulados, sino que lo mejor que les podemos regalar los padrees es tiempo para correr, saltar, disfrutar libremente. Por ejemplo, hay muchísimosjuguetes llenos de lucecitas, ruidos, etc. ¿Realmente los niños se lo pasan mejor con estos juguetes? En mi opinión, sigue siendo mucho mejor darles un rollo de papel higiénico o unos bloques de madera para que jueguen e imaginen.

Me encantó cómo explica que para los niños somos sus guías, los ojos a través de los que miran el mundo, así que debemos comportarnos como queremos que se comporten ellos.

Quizás en algunos fragmentos es un poco extremista, un poco exagerado, pero es un libro que hace reflexionar y pensar si realmente queremos cambiar nuestra forma de educar y disfrutar con nuestros hijos, a su ritmo.

También ha escrito Educar en la realidad, que lo tengo pendiente de leer. Habla de que la preparación de nuestros hijos, incluso en un mundo cada vez más digital, es la que tiene lugar en el mundo real. Seguro que será genial, como el otro.

2) Niños exploradores, niños creativos, de Guzmán López Bayarri. López Bayarri es un psicólogo especializado en fomentar la creatividad en los niños. El libro tiene poco más de 150 páginas y una letra muy grande acomapañada de dibujos. Se divide en ocho puntos, algunos son: ¿Por qué necesitamos fomentar la creatividad en nuestros hijos?, ¿De qué hablamos cuando hablamos de creatividad?, Los hijos imitan a los padres,etc. No es nada teórico, sino todo lo contrario, muy directo y dirigido a padres, madres y educadores que quieren educar de manera diferente, huyendo de los estereotipos. Es súper entretenido de leer y es el típico libro en el que subrayas frases e ideas muy clave para que no se te olviden. Yo lo hice cuando lo leí, ahora al volverlo a ojear para hacer esta reseña, me han venido ganas de volvérmelo a leer.

3) Me gusta la familia que me ha tocado, de Carme Thió de Pol. Thió de Pol es psicóloga especializada en educación infantil. El libro es fruto del trabajo de asesoramiento de la autora a familias durante más de treinta años. Trata las dificultades más comunes en el crecimiento y evolución de nuestros hijos: las rabietas, los celos, los miedos, los castigos, etc. Mediante pequeñas historias de casos reales, nos da opciones para expresarnos y actuar de forma que nuestros hijos sean más felices. A mí me pareció un libro muy ameno, que da muchas herramientas prácticas. Eso sí, luego, cuando te encuentras en la situación, tienes que acordarte de lo que te había propuesto el libro, ¡y no es tan fácil! Lo mejor del libro, en mi opinión, es que no nos dice que intentemos terminar con los conflictos en nuestra familia, sino que sepamos cómo tratarlos, porque conflictos va a haber.

4) Lo mejor de nuestras vidas / Eres una madre maravillosa / El viaje de tu vida, de Lucía Galán. La famosa pediatra Lucía, mi pediatra, bloguera y mamá de dos hijos, escribió estos tres libros en sólo tres años. Son como una trilogía. El primero me lo leí en dos tardes cuando estaba embarazada de Bruno. Es un recorrido por las emociones de nuestros hijos que empieza en la sala de partos, cuando todas estamos radiantes de felicidad pero también llenas de miedos e inseguridades. En todos los capítulos hay fragmentos que hacen reír y otros que hacen llorar. Cada capítulo trata un tema de la maternidad, tanto de los primeros años como de hijos más mayores. Es un libro escrito de forma súper personal y lleno de sentimiento que me emocionó en muchos momentos.

Como dice Lucía, los momentos malos desaparecerán y los olvidarás, y los buenos permanecerán en tu memoria para siempre, así que disfrútalos con intensidad, vívelos con los cinco sentidos.

Tengo pendiente de leer el último libro, El viaje de tu vida. Todavía me está esperando en la estantería de libros pendientes, pero quiero buscar un buen momento para empezarlo y disfrutarlo, como hice con los otros dos. Por cierto, si no sigues a Lucía, te recomiendo que lo hagas en sus redes sociales, ¡es tan optimista y buena comunicadora que siempre me arranca una sonrisa cuando leo sus textos!

5) mo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen, de Adele Faber y Elaine Mazlish. Este libro ya te engancha desde la primera frase, que dice así: Yo fui una maravillosa madre antes de tener hijos. Era una experta en el porqué todos los padres tenían problemas con sus hijos. Después tuve tres hijos. Me encanta. Tan natural y tan cierto, muchas veces. Es un libro muy práctico, ilustrado con dibujos que muestran las habilidades que quieren trabajar en cada caso. Este libro ha sido todo un éxito porque sus técnicas dan resultado. Realmente lo dan, porque las he aplicado a mi vida familiar y son súper eficaces. Se trata de soluciones innovadoras y diferentes para solucionar problemas cotidianos y para ayudar a nuestros hijos a que crezcan con una buena autoestima y con seguridad en sí mismos.

Hasta aquí mis recomendaciones. ¿Alguna otra obra que creas que todas las mamás y papás deberíamos tener en nuestra mesita de noche como libro de cabecera? Me encantará saber tu opinión.

Siempre hay colores intermedios

Hoy es el quinto día que llevamos encerrados en casa, el quinto día de confinamiento. Confinamiento, una palabra que no usábamos muy a menudo y que, en estos días, está en boca de todos, significa recluir algo o a alguien dentro de límites. Eso es lo que estamos haciendo estos días, pasar las 24h del día dentro de los límites de nuestra casa, sólo pudiendo salir a comprar. Cómo cuesta, madre mía. ¡Y todavía nos quedan diez días más, por lo menos!

Te voy a contar, de forma muy sincera y natural, cómo están siendo para mí este confinamiento. Durante estos días, he experimentado diferentes formas de envidia: envidia de aquellos que no tienen hijos y que pueden confinarse tranquilamente en su casa solos o en pareja. Seguramente tendrán que trabajar desde casa un ratito, pero también podrán leer, descansar, ver series, charlar tranquilamente con su pareja, hacer videollamadas con sus amigos, etc. ¡Qué diferente a lo que puedo hacer yo! Jornada completa non stop con mis hijos (suerte que también está mi marido), jugando con ellos, pensando mil y una actividades para que no se aburran, para que podamos ir ocupando las horas y se cansen, para poder dormir por la noche.

También he sentido envidia de aquellos que trabajan para otros. Algunos de ellos tendrán que trabajar desde casa (la mayoría), si su trabajo se lo permite. Pero bueno, una vez hayan cumplido con su obligación, dormirán tranquilos porque sabrán que cobrarán igualmente a final de mes. No es ese mi caso, ni el de muchos otros pequeños empresarios, que estamos acojonados (hablando en plata) por cómo va a ir evolucionando todo esto, rogando que el confinamiento no se alargue más de las dos semanas que nos han dicho, porque eso podría tener consecuencias muy muy negativas para nuestras empresas. Para algunos, incluso irreversibles.

También he sentido envidia de los que tienen una casa con jardín o con terraza grande, porque ellos podrán salir un ratito a tomar el sol cada día. Por lo menos un ratito al exterior, se necesita como el agua. En estos días, la gran ilusión del día es bajar la basura o ir a comprar el pan, leche o lo que haga falta. Seguro que a muchos de vosotros os pasa igual, ¿a que sí?

También he sentido envidia de los que tienen tiempo para ponerse a hacer las clases de yoga, de zumba o de aerobic online. ¡Cuántas opciones nos están llegando estos días! Quizás parecerá un poco contradictorio, porque estamos todo el día en casa, pero todavía no he conseguido sacar tiempo para hacer estas cosas. Estoy todo el día con los niños, jugando con ellos para que se lo pasen lo mejor posible, preparando comidas y cenas, ordenando lo que puedo la casa para que no esté hecha un desmadre… ¡No he tenido ni tiempo para unirme a una de estas clases en un directo de Instagram!

Dicho esto, te diré que hace un rato, cuando he tenido unos minutos para tumbarme en el sofá mientras mi hijo veía un ratito la tele, he pensado que tenía que hacer un clic, un cambio de mentalidad. Porque, si no, es para volverse loco.

Está claro que cualquier ser humano se vuelve loco y se rebela cuando le coartan la libertad. Eso es el primer problema que está ocasionándonos el maldito coronavirus. Que te prohiban salir de casa si no es por un motivo de extrema necesidad, es realmente difícil de asumir. Creo que para cualquier persona, pero sobre todo si eres alguien tan activo y callejero como yo, que no soy de estar mucho por casa. Es como si me faltara el aire, necesito salir e ir caminando donde me apetezca. Miro por la ventana, veo la calle tan vacía, y me dan escalofríos.

El segundo problema es el de no ver claramente dónde está el final. Hasta cuándo. Eso es algo muy incierto, porque cada día va saliendo información nueva. Algunos que dicen que no habrá cole hasta mayo (esperemos que no), otros que dicen que la incorporación a la vida normal será progresiva, para que no se vuelva a disparar el número de contagios… Y muchas más predicciones que no sabemos si acertarán o no. En cualquier caso, sólo nos aportan incertidumbre y miedo, porque no sabemos lo que va a ocurrir.

El tercer problema es la impotencia que causa el no poder hacer nada por evitar que sigan multiplicándose los casos de infectados. Lo único que podemos hacer es quedarnos en casa, pero mientras haya gente que tenga que ir a trabajar, coger el metro y moverse por la calle, los contagios no pararán. Y mientras haya personas mayores paseando tranquilamente por la calle, el número de fallecidos no disminuirá. Esta mañana he salido un ratito al super y, por la calle, ¡sólo veía personas mayores! Sí, con mascarilla y todo lo que quieras, ¡pero mayores! ¿Por qué no se quedan en casa? Siento impotencia al ver lo estrictos que han sido en China y lo poco estrictos que estamos siendo aquí. Claro que el tipo de país y el tipo de sociedad no se parecen en nada, no se puede comparar, pero si no lo hacemos estrictamente bien… en dos meses no habremos evolucionado y estaremos exactamente igual que ahora.

El cuarto problema es la crisis económica en la que va a quedar sumida España (y muchos otros países) después del coronavirus. Los pobres dueños y trabajadores de restaurantes se quedan sin ingresos, igual que los dueños y dependientes de las tiendas, igual que los pequeños empresarios, que tendremos que ingeniárnoslas muy mucho y trabajar muy duro para salir de ésta. Porque no es ninguna tontería. A ver si es verdad que el gobierno permite que durante algunos meses no se paguen cuotas de autónomos, no se paguen alquileres o no se pague la Seguridad Social de los trabajadores. Nos lo han prometido, pero no sé si me lo creo. Ojalá que así sea.

Uf, me estoy quedando a gusto escribiendo este artículo, necesitaba verbalizar todo lo que estoy sintiendo. Como decía antes, veo claramente que tengo que hacer un cambio de chip e intentar verle la parte positiva a todo esto, porque seguro que la tiene. La reina de ver la parte positiva a cualquier cosa es mi madre, una gran maestra en esto. Ella siempre dice que lo que tenga que ser, será. Vivamos siempre con una sonrisa. Pienso mucho en esta reflexión estos días. Por otro lado, la frase estrella de mi padre, que nos ha repetido muchas veces a mi hermana y a mí desde que éramos pequeñas, es En esta vida, ni todo es blanco, ni todo es negro, siempre hay colores intermedios. También muy cierta y adecuada a la situación que estamos viviendo. Tendría que tatuarme estas dos frases para no olvidarlas estos días, porque me harán mucha falta.

¿Qué voy a hacer entonces?

Voy a intentar no preocuparme tanto por lo que vendrá, sino trabajar las máximas horas que pueda, sin autoexigirme lo imposible tampoco, e intentar potenciar mi creatividad. Seguro que se me ocurra alguna idea brillante para que, cuando todo vuelva a la normalidad, mi empresa pueda superar este bache tan fuerte.

Voy a intentar tener más paciencia con mis hijos y no saltar a la mínima, porque para ellos esta situación también es muy difícil. No entienden nada, quieren salir al parque, a casa de sus abuelos y a jugar con sus amigos, y no puede ser. Está en mis manos y en las de mi marido que estos días sean lo más divertidos posible para ellos. Hay un montón de recursos e ideas súper entretenidas que muchas gente está compartiendo estos días de forma totalmente desinteresada. Así que voy a aprovechar que estos días tenemos todo el tiempo del mundo para estar juntos y voy a disfrutar de ellos, de su evolución y de todos sus aprendizajes.

Voy a intentar no comparar mi situación con la de otros, sintiendo que yo estoy peor, más preocupada, más nerviosa o más condicionada. Cada uno tiene el escenario que tiene y no sirve de nada compararse. Tenemos que  conformarnos y agradecer todo lo que tenemos. Ser agradecido es gratis y se puede hacer sin salir de casa, así que no hay excusa.

Voy a intentar ser agradecida, valorar todo lo que tengo, sobre todo mi familia y mis amigos incondicionales. Y mi salud, eso también, que muchos no la tienen. Para darme un “chute de agradecimiento” creo que retomaré una rutina que hice durante un tiempo que era apuntar, cada noche antes de acostarme, tres cosas positivas que me hubieran pasado durante ese día. ¡Qué bien que va! Si no lo has probado, te lo recomiendo. Ayuda muchísimo a ser conscientes de la suerte que tenemos.

Y, por último, voy a intentar sacar algunos minutos al día para mí, para darme un bañito relajante, para asistir a alguna clase de yoga online, para leer esos libros que hace tanto tiempo que tengo pendientes o, simplemente, para llamar a mi hermana y estarme media hora hablando con ella tranquilamente. Porque estos días, por suerte, tenemos tiempo de sobras.

Sé que si focalizo mi atención en esta última parte de mi escrito en vez de en la primera, el confinamiento será muy diferente. Tanto el mío, como el de mi marido, como el de mis hijos. Porque, recordando la frase de mi padre, estaré viéndolo de colores intermedios, no tan negro como antes. Cada día será una fiesta el ratito que nos hacemos una videollamada con mi familia para vernos todos y compartir lo que hemos hecho ese día, aunque sea poquita cosa. Y lo que sí que será un fiestón de los grandes será el día en que podamos reunirnos todos para comer juntos en una terracita y abrazarnos todo lo que queramos. Estoy segura de que la mayor enseñanza que nos regalará toda esta pesadilla será la de valorar los pequeños placeres de la vida que antes dábamos por sentados.

Experimentos para hacer arte

La semana pasada pasó por aquí una mamá que se sintió atraída por las lunas que están expuestas en la recepción de WonderFUN. ¿Las has visto? Forman parte de un proyecto/experimento que hicieron los alumnos de Nature para representar las fases de la luna. La madre me dijo: “esto es arte de verdad” y yo pensé “pues sí que lo es y es muy fácil de hacer”

Como ya nos han preguntado varias veces cómo lo hicimos, hoy te vamos a compartir “la receta” de este y otros experimentos fáciles con los que puedes hacer arte. Comencemos con el de la luna.

Moon phases puffy paint

Materiales:

  • 1 taza de espuma de afeitar
  • 1 taza de cola blanca
  • 1 bol
  • 1 cuchara
  • 1 pincel
  • 1 cartulina negra
  • 1 tiza blanca
  • Pegatinas de estrellas

Procedimiento:

Mezcla la espuma de afeitar con la cola blanca en un bol.
En la cartulina negra, dibuja un círculo utilizando la tiza blanca.
Utiliza la mezcla como pintura y, con la ayuda de un pincel, pinta la fase de la luna que más te guste.
Decora con estrellas.
Deja secar durante 24 horas.

Salt ART

Me acuerdo de que este experimento lo hicimos en un Funny Friday. Es una manera muy divertida de ver cómo el agua recorre la sal al mismo tiempo que creas arte muy original.

Materiales:

  • Cartulina blanca
  • Cola blanca
  • Sal
  • Bandeja
  • Acuarelas
  • Agua
  • Pincel

Procedimiento:

Utiliza la cola blanca para hacer los dibujos sobre la cartulina. Es más fácil si dejas caer del bote la cola blanca sobre el papel.
Espolvorea con sal todo el dibujo y sacude la sal restante en una bandeja.
Pinta con acuarelas poco a poco sobre la sal. Es muy importante que no utilices mucha agua y que lo hagas despacio para que los colores vayan mezclándose.

Coffee filter chromatography

Este experimento tiene como objetivo aprender a separar los colores que forman un color. Por ejemplo, si pintamos un dibujo en verde, ¿qué crees que tenemos que hacer para separar el amarillo del azul? Pues aquí va una idea.

Materiales:

  • Filtro de café
  • Rotuladores
  • Vaso con medio centímetro de agua

Procedimiento:

Pinta con rotuladores los filtros de café. Para que entendamos bien el experimento, te recomiendo primero utilizar un color por filtro. Cuando ya tengas los filtros de café pintados, dóblalos en forma de cucurucho y pon la punta dentro del vaso con agua. Observa cómo viaja el agua por el filtro de café y a su vez separa los colores. ¿Sabes por qué? Porque, a medida que el agua atraviesa un material poroso, los pigmentos que forman el color viajan a diferente velocidad, con lo cual después de un tiempo vemos claramente la separación del color.

Melted wax crayon art

Por último, te voy a compartir el que creo que es mi experimento favorito de todos los que he hecho aquí (y mira que son muchísimos). Me gusta tanto, que seguramente lo repetiré pronto. Hace muchísimo que no lo hacemos.

Materiales:

  • Ceras
  • Caja de cereales para reciclar
  • Pintura
  • Pincel
  • Rallador de queso
  • Papel de horno
  • Horno o microondas

Procedimiento:

La caja de cereales será tu lienzo. Corta las partes que no quieras y forra el cartón con el papel de horno. Sobre el lienzo, pinta un dibujo utilizando las pinturas que tú quieras. Si por ejemplo, utilizaste pintura verde, azul y rojo, utiliza el rallador de queso para rallar las ceras de esos mismos colores. Con la mano, cubre tu pintura de trocitos de cera del mismo color. Mete tu obra de arte durante 5 minutos al horno bien caliente o al micro durante 2 minutos vigilando que no se derrita demasiado. Si quieres ser eco-friendly, pon el dibujo al sol durante una hora, obtendrás el mismo resultado. Cuando saques la pintura del horno, ten mucho cuidado porque las ceras estarán muy calientes y pueden quemar. Deja que se enfríe para ver el increíble resultado.

Hasta aquí mis “recetas” de hoy. Me encanta compartir contigo mis experimentos artísticos favoritos. ¡Feliz miércoles!

Once upon a time…

Por todos es sabido que la mejor manera de aprender un idioma (ya sea el inglés o cualquier otro) es jugando, divirtiéndose. Se habla mucho de aprender mediante juegos de vocabulario, juegos de movimiento, pero… ¿y los cuentos? Creo que no se habla tanto de ellos como se debería, porque con las nuevas tecnologías, cada vez nos alejamos más del formato papel.

Los cuentos son una herramienta muy interesante para aprender otra lengua. A través de ellos fomentamos el interés por la lectura desde pequeños y, si es en otro idioma, ¡aún mejor!

La mayoría de mamás con las que he hablado sobre este tema me han comentado que les ponen a sus hijos los dibujos de la tele en inglés, pero que todavía no lo han probado con los cuentos. ¡Pues adelante!

Mi recomendación es empezar por los cuentos que ya conocen en su lengua materna, por sus cuentos favoritos. Así, como ya conocen la historia y los personajes, podrán entender mejor el vocabulario nuevo. Para facilitárselo más, incluso podemos irles señalando las palabras que vamos diciendo en las ilustraciones del cuento. Por tanto, es muy importante el componente visual, sobre todo cuando son más pequeños, para que les sea más fácil entender las palabras nuevas.

Si tu nivel de inglés (o del idioma extranjero que quieras que tu hijo aprenda) es correcto, es ideal que tú mismo le leas los cuentos. Si no, puedes recurrir a los audiolibros o a las aplicaciones que explican cuentos. Las dos opciones tienen su parte positiva: si le explicas el cuento tú, disfrutaréis de un ratito juntos compartiendo una actividad tan preciosa como es la lectura. Si decides poner un audiolibro o recurres a una aplicación, tu hijo podrá escuchar un acento nativo, que siempre es súper recomendable. Así que no te preocupes, las dos opciones son buenas.

Cuando Bruno tenía un añito y pico, una amiga me contó lo que hacía con sus hijos y lo copié igual. Te lo cuento por si te apetece copiar la idea: cuando le vayas a explicar un cuento en inglés a tu(s) hijo(s), di: Story timeeeee! Así vendrá corriendo a escuchar el cuento. Entonces, empieza siempre igual, diciendo Once upon a time… Así, tu hijo ya relacionará que le vas a explicar un cuento en inglés. Es una buena idea, ¿verdad?

foto: Madres Hoy

Como siempre, cuanto más pequeños sean, mejor. Si empezamos a explicarles cuentos en inglés cuando tengan seis o siete años, quizás ya no quieren, porque les apetece más entenderlo todo y, lógicamente, se sienten más cómodos escuchándolo en su lengua materna. En cambio, si empezamos a hacerlo cuando tienen uno o dos años, será mucho más fácil. Y no te extrañes si tu hijo siempre quiere que le expliques los mismos cuentos o si siempre quiere ver las mismas películas. A los niños les gusta repetir las historias, porque así ya conocen el argumento, pueden predecir lo que pasará, entienden lo que dicen o piensan los personajes, etc. Si el cuento no es en su lengua materna, todavía repetirán más, porque tendrán la necesidad de conocer bien la historia.

Así pues, aquí van mis consejos para empezar con la dinámica de Story timeeee! en tu casa:

  • Piensa en cuentos que le gusten y cómpralos en inglés, para leérselos tú mismo (o, si lo prefieres, busca la versión en audiolibro).
  • El día que quieras empezar, explícale que, a partir de ahora, cuando digas Story timeeee! le explicarás un cuento en inglés.
  • Empieza a explicarle el cuento que hayas escogido con Once upon a time…
  • ¡Disfruta este ratito con tu hijo, lo recordará siempre!

Aquí tienes una lista de cuentos tradicionales que me gustan mucho por su argumento y moraleja y que son fáciles de entender para explicarlos en inglés:

  • Los tres cerditos (The three little pigs)
  • La Caperucita roja (Little red Riding hood)
  • El patito feo (The ugly duckling)
  • Hansel y Gretel (Hansel and Gretel)
  • Ricitos de oro y los tres osos (Goldilocks and the three bears).

Aunque quizás algún día te dé pereza (a todos nos pasa), piensa que es una actividad muy bonita para compartir en familia. Todos recordamos a nuestra abuela, abuelo, madre o padre cuando nos explicaba cuentos, y es un recuerdo maravilloso. Si no puede ser siempre en inglés, no te preocupes, dos o tres veces por semana ya está bien. No olvides que los beneficios de contar cuentos a tus hijos son muchos: les ayudarás a ejercitar su memoria desde pequeños, a vencer sus miedos, a ser más reflexivos y, sobre todo, les encantará que pases ese ratito con ellos.

¿Estrés infantil?…Act crazy!

Estrés, estrés, estrés. Estoy estresada / me duele la cabeza porque estoy estresado / ¡uf! qué estrés / he tenido un día muy estresante, etc. No sé tú, pero yo cada vez me encuentro con más personas estresadas por la vida. Así que te reto a que leas este artículo sin estresarte. ¿Lo conseguirás? La pobre María no lo logró.

Los adultos somos capaces de reconocer que nos encontramos bajo mucho estrés e intentamos entender por qué nos sentimos de una u otra manera. También creo que cada vez somos más conscientes y trabajamos en ello. Vamos a yoga, regulamos nuestra alimentación, practicamos meditación, corremos por la mañana, planeamos escapadas, etc.

Sin embargo, ¿qué pasa con nuestros niños? El estrés ha dejado de ser un problema sólo de los adultos. Me parece tristemente lógico. La histeria adulta también se contagia. Este post nace a raíz de un estudio que leí hace poco que demostraba que el estrés es uno de los principales problemas de salud infantil hoy en día. Lo preocupante del asunto es que, a diferencia de los adultos, los niños no tienen experiencia en comunicar y expresar cómo se sienten. Tampoco son capaces por ellos mismos de organizar una excursión por la montaña para escapar de los días estresantes.

El hecho de que no lo puedan comunicar, no quiere decir que no lo sientan y que no sufran las mismas consecuencias que nosotros: cambios de humor, dolores de cabeza, irritabilidad, enfermedades, etc. Por eso, como responsables de nuestros pequeños, hemos de observar muy bien sus actitudes para identificar si se encuentran bajo una situación estresante y actuar para cuidar su salud.

¿Y por qué se estresan? Por las mismas razones que nosotros. Básicamente, el estrés infantil se manifiesta de tres maneras diferentes: estrés en la escuela, en la familia y por exceso de información. Varias fuentes coinciden en que el estrés es inevitable y, hasta cierto punto, necesario para que los niños aprendan a gestionar situaciones difíciles. Y aquí es donde entramos nosotros, los adultos. Ellos tienen que saber que aquí estamos para ayudarles a entender lo que les pasa y lograr que desarrollen habilidades que les serán útiles cuando se hagan mayores.

El estrés en la escuela es uno de los más inevitables, porque los niños están llenos de deberes, obligaciones y actividades. Yo recuerdo que, desde pequeña, siempre tenía muchas cosas que hacer de la escuela, tenía que comer y hacer deberes porque luego estaba toda la tarde entrenando. En el instituto, el nivel de exigencia era altísimo. La nota mínima para aprobar era un 7. Y, la universidad, ni te cuento. Pero no recuerdo tener un trauma a causa de esto. Al contrario. Creo que mis padres me ayudaron bastante a entender que éstas eran mis responsabilidades y que era muy importante saber gestionarlas bien. Y realmente creo que, si hoy en día sé trabajar bajo presión y hacer bien las cosas, es gracias a eso.

Hay muchos factores familiares que pueden ocasionar estrés a los pequeños. Básicamente los mismos nervios de los padres ocasionados por: problemas con la pareja, problemas en el trabajo, problemas financieros y un largo etcétera. Yo sólo puedo hablar desde mi punto de vista como profesora y lo que recuerdo como hija, que no es mucho. Así que como teacher os digo que cuando estoy estresada por algo, mis niños lo notan enseguida. Se irritan, tienen cambios de humor y la clase se convierte en algo muy difícil de llevar. Hemos de tener mucho cuidado con lo que transmitimos. Tengan la edad que tengan, los niños lo perciben todo.

Por último, es el estrés ocasionado por el exceso de información y la tecnología. Los niños están expuestos a una cantidad de estímulos impresionantes. Hoy en día no tienen tiempo para aburrirse. Tienen que estar siempre haciendo cosas y me da mucho miedo pensar que, en su mayoría, están relacionadas con la tecnología. Por otro lado, si vemos las noticias en casa, nuestros niños que son un pelín más mayores, ya se enteran de lo que está pasando a su alrededor. Y, seamos realistas, la mayoría de las noticias con las que nos encontramos hoy en día son terribles. Imagínate el estrés que puede provocar una noticia a un niño que ya entiende mas ó menos cómo funcionan las cosas (sin toda la información y aguante que podemos tener los adultos). Bueno, yo no. Yo, cada vez que se me ocurre ver la tele, acabo llorando.

Todo esto me llevó a investigar qué hacer para combatir de la mejor manera posible este malestar infantil. Aquí os dejo mis consejos.

  1. Aprende a reconocer los síntomas del estrés en niños. Como pasa con los adultos, éstos pueden ser físicos y/o de comportamiento.
  2. Alienta a los niños a expresar sus sentimientos. No importa la edad que tengan, lo más importante es que sepan identificar las emociones (miedo, tristeza, ansiedad, aprensión). Los niños tienen que sentirse seguros de expresar cómo se sienten. Tienen que saber que están en un ambiente en el que se sientan aceptados y valorados.
  3. Concéntrate en las causas del estrés y no en las consecuencias. Es más importante pensar en las razones y en la raíz del problema que corregir sus nuevas actitudes.
  4. Ten las reglas y límites claramente definidos y sobre todo síguelos. Los niños funcionan muy bien con rutinas bien establecidas.
  5. Básico. Si a nosotros nos ayuda, imagínate a ellos. Crea rutinas de ejercicio para ellos y también en familia. Predica con el ejemplo. Recuerda que si desconectas tú, te desestresas tú, te relajas tú, para ellos será todo más fácil.
  6. Utiliza libros e historias infantiles para tratar con ellos temas difíciles (una separación o una pérdida, por ejemplo). Hay muchos libros infantiles que te pueden ayudar a tratar temas delicados con tu hijo de una manera más cercana a ellos.
  7. Lo más importante de todo: dedica tiempo a divertirte con ellos. Expresad vuestros sentimientos de maneras divertidas, reíros sin sentido, haced caras frente al espejo, haceros cosquillas, chillad y gritad en el parque, simplemente…act crazy! Yo lo hago con mis alumnos y es lo más divertido y anti-estrés que hay.

Me encantaría poder pensar que vivimos en un mundo en el que palabras como ESTRÉS no existen, pero no es así. Lo único que sé es que sólo nosotros somos capaces de decidir cómo queremos vivir nuestra vida y cuánta importancia le damos a según qué cosas. Y, lo más importante de todo, sólo nosotros somos responsables de lo que vamos a transmitir a las futuras generaciones.

El timo del “tiempo de calidad”

Te matas trabajando todo el día para que a tus hijos no les falte de nada. Y, al final, les faltas tú. Toma ya. Vaya reflexión. La leí en el perfil de Instagram de Barcelonette hace unos días y me marcó mucho. Tanto que me inspiró para escribir el post de esta semana.

¿Cuánto tiempo pasamos con nuestros hijos? ¿Mucho o poco? Obviamente, todo es relativo, depende de cómo se mire. Para alguna mamá, quizás, dedicarle una tarde a la semana a su hijo es mucho y, para otra, quizás dedicarle tres horas cada tarde es poco. Como decía, es algo muy relativo. Y, ¿sabes qué? Todo depende de nuestras necesidades, las de nuestros hijos y de la calidad del ratito. El “tiempo de calidad” es un concepto que quizás está un poco sobrevalorado porque se ha puesto de moda. Recuerdo que he hablado del tiempo de calidad en otros artículos y, si vuelvo a tratar este tema, es porque realmente lo considero importante.

Si tuviera que definir el “tiempo de calidad”, diría que es un tiempo que dedicamos exclusivamente a nuestros hijos: jugando con ellos, contándoles un cuento, bañándoles, dándoles la cena, hablando de cómo nos ha ido el día… sin distracciones. Sin móviles, sin estar pendientes de que no se nos queme la carne y sin estar mirando de reojo el reloj.

Lo que ocurre es que, cada vez más, se nos inculca que no importa tanto el tiempo que pasemos con nuestros hijos, sino la calidad de ese tiempo. En cierta parte estoy de acuerdo, pero no del todo. El “tiempo de calidad” es un poco una invención de la sociedad de nuestros días, que dedica muchas horas al trabajo. Es como un consuelo para los padres y madres que, por obligaciones laborales, casi no pueden dedicar tiempo a sus hijos. Según una encuesta de ARHOE (Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios en España), los padres y madres españoles dedicamos poco más de dos horas al día (incluidos los fines de semana) a cuidar y atender a nuestros hijos. El 68% de los encuestados considera que este tiempo es menos de lo necesario.

Pues sí, yo también creo que este tiempo es menos de lo necesario. De hecho, mucho menos. Antes de continuar, quiero aclarar que con este artículo no quiero atacar ni criticar a ninguna mamá ni a ningún papá, porque entiendo que todos lo hacemos lo mejor que podemos. Eso está claro. Sólo quiero abrirnos un poco los ojos y ayudar a darnos cuenta de que nuestros hijos nos necesitan. El “tiempo de calidad” es un poco un timo, porque los niños necesitan pasar tiempo con sus padres. Cuanto más, mejor. Sea “de calidad” o no. Es decir, puede haber tiempos de los que estamos con nuestros hijos que sean de calidad (cuando dejamos el móvil y les leemos un cuento, cuando jugamos juntos o cuando hablamos con ellos de cómo nos ha ido el día) y otros que no sean “de calidad”, pero sí sean tiempo (cuando estamos preparando la cena y ellos juegan cerca de nosotros, cuando estamos doblando ropa y ellos nos ayudan, cuando vamos al supermercado y ellos nos acompañan, cuando simplemente vivimos el día a día con ellos a nuestro lado).

Muchos padres y madres reconocen que sólo ven a sus hijos en pijama y que llegan, con suerte, para contarles el cuento de antes de ir a dormir. Permíteme que diga que no basta con que los padres les lean un cuento antes de dormir y les den el beso de buenas noches porque, muchas veces, a esas horas los niños hijos ya están cansados o  nerviosos y ya no están dispuestos a recibir ese tiempo de calidad. Un poco triste, ¿verdad?

Aquí entra el tema de la conciliación. Gran tema. Es muy difícil conciliar. Dependes de un jefe, si éste considera que estar presente en el día a día de tus hijos es importante o no. Es cierto que, en este aspecto, yo he tenido (y sigo teniendo) mucha suerte, porque no dependo de nadie que me autorice a poder pasar más tiempo con mis hijos. Tener una empresa propia tiene muchos aspectos negativos (aunque no lo parezca) y otros muchos positivos. Para mí, de los más positivos es éste, el poder pasar todo el tiempo que quiera con mis hijos. Poder ir a buscarles al cole varios días a la semana, poder ir a su festival de Navidad, a su desfile de Carnaval, poderles acompañar cada mañana… Es un lujazo, es verdad. Sin embargo, lo que creo que es muy triste es que, en el año 2020, todavía no sea posible conciliar. Sí, “conciliar” es otra palabra que parece que está muy de moda, pero nos queda muchísimo por aprender. No nos engañemos, muchas personas (sobre todo mujeres) se han visto obligadas a tener que elegir entre el cuidado de su familia o seguir proyectando su carrera profesional. Incluso muchas mamás que deciden pedir una reducción de jornada para poder dedicarles las tardes a sus hijos se sienten culpables cada vez que tienen que recordarle a su jefe o a sus compañeros de trabajo que no pueden asistir a la reunión de la tarde porque su jornada termina a las 15h. Estamos a años luz de otros países europeos, espero que poco a poco vayamos mejorando. Suerte que hay grupos muy influyentes como Malasmadres, que han lanzado iniciativas tan potentes como la de YoNoRenuncio. Si no la conoces, te invito a que hagas clic en este enlace para saber un poco más, vale la pena.

Para concluir este post tan reivindicativo y personal que he escrito hoy, me gustaría presentarte una reflexión. No es mía, es de Charuca. ¿Sabes quién es? Es una diseñadora de artículos de papelería que me encanta, que diseña agendas, planificadores y muchas cosas más con frases motivadoras. Una de sus frases estrella es: “Tener éxito es estar enamorada de tu vida”. Nada más que añadir, ahí está la clave. Para algunos, el éxito puede ser formar una familia y tener un trabajo que les motive y que les permita pasar tiempo con su familia. Para otros, el éxito puede ser dedicarse a tope a su vocación laboral y viajar en su tiempo libre. Esto son dos casos entre otras mil opciones más de éxito que hay, según los valores y las prioridades de cada persona. Sólo me gustaría que pienses cuál sería tu éxito.

 

¿Sabes cuáles son las cinco necesidades básicas de los niños?

Hace unos días empecé a escuchar un podcast de una amiga mía. Tengo que confesar que empecé a escucharlo simplemente por escuchar a mi amiga, pero el tema que trata es de interés general para todas y todos. Creo yo.

En el podcast participan ella y una de sus pacientes que, después de haber pasado por un episodio de violencia en su vida, decide unir fuerzas con su psicóloga (mi amiga) para llevar un mensaje a todas las mujeres que pasan por una situación parecida y ayudarlas a encontrar respuestas para vivir mejor. Si te interesa, aquí te dejo el enlace.

Todos los que nos leen saben lo importante que es para mí criar guerreros. Criar guerreros que el día de mañana cuiden el mundo, defiendan sus ideales y luchen por sus valores. Todos los que nos leen  también estarán de acuerdo en que el mundo está patas para arriba. La violencia (ya sea de género o la que sea) está cada vez peor. La corrupción y los engaños en los que esta sociedad está envuelta son horribles. Entonces, ¿qué les espera a nuestros niños y niñas el día de mañana? No lo sé, pero está claro que todos los que somos responsables de su educación tenemos que hacer algo.

Una mañana, mientras me arreglaba, estaba escuchando uno de los capítulos del podcast. Fue en ese momento que decidí de qué quería escribir el post de este miércoles. Fabiola (vamos a ponerle nombre a mi amiga) empezó a hablar de por qué los adultos tenemos algunas carencias emocionales y cómo éstas están directamente relacionadas por acontecimientos de nuestra infancia. Creo que todos podemos estar de acuerdo en que mucho de lo que somos como adultos está relacionado con cómo crecimos y cómo vivimos nuestros primeros años de vida.

Ella citó a un reconocido psicólogo estadounidense (Jeffrey Young) que ha desarrollado una teoría centrada en esquemas. Esta teoría propone que todo niño en edades tempranas debe satisfacer cinco necesidades básicas. Mientras escuchaba el podcast, iba pensando lo importante que es conocer la psicología de nuestros hijos y el impacto de nuestras palabras y acciones en ellos. Lo que iba diciendo sobre las necesidades básicas tenía muchísimo sentido y fue en ese momento que decidí compartir contigo mis reflexiones e invitarte a que leas, estudies y conozcas mejor cómo funciona la mente de tus hijos. De tus futuros guerreros.

He estado leyendo muchísimo sobre el tema. No soy psicóloga y esto ha hecho que escribir este post sea muy difícil. Para mí es muy importante darte información que te sirva, que sea real y que esté correctamente respaldada. Por eso te hablaré de las cinco necesidades básicas y te daré mi más humilde y documentado consejo para cubrirlas con tus hijos. Aquí tienes uno de los ensayos que utilicé como guía para escribir esto. Te invito a que, si te interesa, investigues más sobre el tema. A mí me pareció interesantísimo.

Las cinco necesidades básicas son:

1. La seguridad básica y afecto seguro que permita que el niño se sienta querido y protegido por sus padres, ya sea de forma física y/o emocional.

Todos coincidiremos en que las niñas y niños tienen una necesidad real de sentirse queridos y protegidos. Este cariño y afecto tiene que ser incondicional. El afecto que le damos a nuestros hijos no tiene que estar condicionado a si se porta bien, tiene buenas notas en el colegio, ayuda a recoger la casa o no se pelea con su hermanito. Los niños tienen que sentirse seguros de que los queremos tal y como son y a pesar de lo que hagan. No olvidemos que ellos están aprendiendo a relacionarse, a comunicarse y nuestro cariño y amor no tiene que ir a cambio de nada.

2. La autonomía que permita que el niño sea responsable de sus actos, tome decisiones sin que los padres se impongan a ello.

Es muy importante que los niños aprendan a tomar sus propias decisiones, que se equivoquen y se responsabilicen de sus actos. Desde lo más pequeños que puedan. Ésta para mí es una de las grandes enseñanzas que tengo por parte de mi padre. Él siempre me dice: “tus actos, tus responsabilidades”. A los 10 años no lo entendía tan bien como ahora. Los niños, desde pequeños, tienen que desarrollar su autonomía. Tienen que aprender a hacer las cosas por ellos mismos. En este mundo, que va tan deprisa, es muy fácil terminar poniéndole el abrigo o los zapatos porque tenemos prisa. Si hacemos esto con cada cosa, si no dejamos que tomen decisiones y asuman responsabilidades, no estaremos enseñándoles las habilidades para salir adelante en la vida, para ser útiles.

3. Relación con los demás y expresión de sus emociones hacia los demás y también consigo mismo.

Es importantísimo que un niño se sienta libre de expresar cómo se siente. Soy muy feliz porque hoy en día cada vez hay más recursos en el aula y en casa para ayudar a los niños a expresar sus emociones. Por ejemplo, en muchas sociedades, los niños que lloran no “son fuertes” y las niñas “siempre lloran”. Estos estereotipos lo único que hacen es crear adultos que no saben expresar sus emociones. Adultos que, cuando sienten algo, lo reprimen. No hace falta ser psicólogo para saber que guardarse las emociones hace mucho daño.

4. La espontaneidad y el juego, que sepa cuáles son sus derechos como niño(a) sin represiones.

Cuando escuché este principio en el podcast, sonreí mucho y me puse muy contenta. ¡Claro que sí! El juego es la necesidad básica de cualquier niña o niño. El hecho de que aprendan a través del juego, los hará muy felices. Disfrutar al aire libre y no sentirse reprimido por cuatro paredes es lo mejor que les puede pasar. Obviamente un niño va a tener la necesidad de hacer y decir tonterías. De moverse de un lado para el otro. De liarla. Porque es un niño.

5. Límites, que el niño lleve un control de sus conductas con los demás y con él mismo.

Obviamente la pueden liar, pero con sus límites. “Niños exigidos, niños felices”, decía María en uno de sus posts de hace algunas semanas. Hay que determinar los límites y seguirlos siempre con respeto. Los niños nos piden límites a gritos y es muy importante ponerlos y no imponerlos.

Hasta aquí llega mi post de hoy. Me ha gustado mucho escribirlo y creo que hoy me conozco un poquito más. Espero haber tenido la habilidad de transmitirte todo lo que he aprendido. No cabe duda de que, si soy madre algún día, me imprimiré estos cinco principios y los leeré cada día. Gracias, Faby.

Sentir con los cinco sentidos

Cuando trabajo los cinco sentidos con mis alumnos, les explico que, para llegar a ser grandes científicos y descubrir cosas nuevas, es muy importante concentrarse en cada uno de sus sentidos. Si ya me miran con cara de what?, imaginaos sus caritas cuando la profe happy flower hace dinámicas con las siguientes preguntas e indicaciones:

  • Close your eyes
  • Concentrate on your eyes
  • Imagine the colour of your eyes
  • What is the shape of your eyes?
  • What can you do with your eyes?
  • Open your eyes
  • What can you see with your eyes?

Y así, con todos los sentidos.

He de confesar que cada vez me resulta más difícil lograr mi objetivo de que los pequeños se concentren en una sola cosa, en un solo sentido. Cuando tengo algo escondido en una bolsa y les pido que escuchen con sus orejas bien abiertas y que intenten adivinar qué hay dentro sólo utilizando el sentido del oído, les resulta casi imposible no acercarse a tocar la bolsa. Algunos lo intentan pero, si no adivinan, rápidamente se desesperan.

También tengo que decir que tengo seis años de experiencia como profesora de niños y cada vez veo cómo les cuesta más y más concentrarse y…relajarse. Lo quieren todo y lo quieren ya.

En otras ocasiones ya os he comentado lo importante que me parece que practiquemos el tan famoso mindfulness con nuestros hijos y lo intentemos aplicar a las actividades del día a día. Pues hoy os comparto los ejercicios que hago en clase con mis niños para practicar la atención plena en algo que es básico para nuestra supervivencia: nuestros sentidos. Creo que son dinámicas súper divertidas que puedes hacer en familia un sábado o domingo que no sepas qué hacer y todo lo que necesitas seguro que lo tienes por casa.

Te recomiendo que hagas una serie de preguntas sobre los cinco sentidos (como las que escribí arriba). Habla con tus hijos sobre para qué sirve cada una de las partes de nuestro cuerpo. A mí me pasan los días en los que miro sin observar, oigo sin escuchar, como sin realmente saborear, etc… Estamos expuestos a tantos estímulos que algo tan básico como nuestros sentidos, pasa cada vez más desapercibido. En fin, aquí van las dinámicas que te propongo para trabajar en esto: 

I touch with my hands

Escoge varios objetos que tengas en casa y que tengan diferentes texturas. Puede ser un zapato, una chaqueta peluda, un peine, un trozo de algodón, una cuchara, etc., la lista es infinita. Habla con tus hijos de las diferentes texturas que tienen las cosas. Ahora, con los ojos vendados, hay que adivinar qué están tocando. Enséñales a ser pacientes. Por experiencia te digo que, cuando no adivinan a la primera, se agobian y se quieren quitar la venda. Ayúdales a confiar en que, si son persistentes, lo lograrán. ¡El subidón que tienen cuando lo adivinan es muy gratificante!

I smell with my nose

A mí los olores me transportan a momentos, lugares y recuerdos. Por ejemplo, recuerdo cuando hice este ejercicio  y me dieron a oler canela. Pensé en el arroz con leche muuuucho antes de adivinar lo que estaba oliendo así que, partiendo de esta base, puede ser muy divertido elegir de la cocina ingredientes de platos que sepas le gusten a tus hijos.

También, puedes coger un poco de tierra húmeda, pasta de dientes, alcohol, crema del cuerpo, el champú que utilizan, etc.

I taste with my tongue

Igual que con el olfato, con los ojos vendados, hay que adivinar qué es lo que estamos probando. Repasa los sabores con ellos. ¿Qué te gusta más, lo dulce o lo salado? ¿A qué sabe? ¿A qué te recuerda? Ésta es la parte que más les gustó a mis alumnos, ese día comimos chocolate, palomitas y mandarina. ¡Les encantó!

I see with my eyes

Y…¿para qué sirven nuestros ojos? Gracias a ellos podemos identificar si un objeto es rojo o amarillo, grande o pequeño… Gracias a nuestros ojos podemos saber si mamá o papá están contentos, tristes o enfadados. Así que, la dinámica que puedes hacer es jugar a adivinar con señas. Puedes adivinar estados de ánimo, acciones, lo que quieras. Lo más importante es decirles a tus hijos que tienen que observar muy bien con sus ojos bien abiertos lo que está sucediendo.

Otro juego al que también juego mucho con mis niños es “I spy” que es la versión en inglés del “Veo, veo”. I spy… with my little eye… something (blue, red, yellow, green, etc.) Gracias al poder de nuestros ojos podremos completar la adivinanza.

I hear with my ears 

Tumba a los peques boca arriba con los ojos vendados. Te diría que les digas que cierren los ojos pero, seamos realistas, es imposible que lo hagan. Diles que abran sus orejas, que imaginen cómo éstas se van haciendo cada vez más y más grandes y que escuchen atentamente los sonidos a su alrededor. ¿Qué escuchan? En mi caso, se escuchaba a la profe de la clase de a lado, el teléfono sonar, a Marta hablar con alguna mamá, los niños cantando, etc. Después, ponles sonidos de animales y diles que se concentren para que adivinen qué animal es. Te recomiendo mucho este enlace para los más pequeñitos, es de animales y es muy sencillo. Éste otro enlace, tiene sonidos también de cosas y objetos que hay en nuestra casa, instrumentos musicales y acciones. De hecho, puedes hacer un concurso a ver quién adivina más sonidos. Es muy divertido y a los niños les encanta. En Internet encontrarás muchísimos enlaces para adivinar sonidos.

Hasta aquí el post de hoy, familias. Espero que disfrutéis tanto como yo de jugar con vuestros peques a conocer y explorar los cinco sentidos. ¡Ya me contaréis!

 

 

 

 

Experimentos para el frío

¡Hola, familias! ¿Qué tal lleváis el invierno? Yo, sinceramente, no me puedo creer que ya hemos pasado el primer mes del año. No sé si será el clima, pero esta temporada siempre me llena la cabeza y el corazón de sentimientos encontrados. Por una parte, estoy muy agradecida por todo lo que tengo a mi alrededor y, por otra, echo de menos muchísimo a mi familia y me dan muchísimas ganas de estar ahí compartiendo momentos con ellos.

Por eso, el post de hoy está dedicado 100% a tu familia y a darte ideas para que esta temporada pases tiempo con tus hijos de calidad y lleno de sonrisas y alegría.  Para que aproveches al máximo este tiempo que tienes con ellos.

Estas ideas son perfectas para esos momentos en los que hace frío y no sabes qué hacer con tus hijos. Esos momentos en los que has de sacar ingenio de la manga y ponerte a jugar, experimentar y aprender con ellos. Así que, aquí van tres ideas de experimentos que puedes hacer con tus pequeños (y no tan pequeños).

1. Experimento con piñas.

Antes que nada, recuerda lo importante que es observar, oler, tocar, hacer preguntas, generar hipótesis, etc. Un experimento puede durar cinco minutos o media hora. Este experimento me encanta. ¿Por qué? porque sólo necesitas unas cuantas piñas, agua caliente y fría y tres contenedores de plástico o cristal. Todo lo demás es observar y descubrir.

Sal a recoger piñas. Esto ya es un paseo asegurado. Recoge piñas de todos los tamaños y formas. De esta manera cuando vuelvas a casa podrás seleccionar las que más te gusten y clasificarlas por tamaño, color, si están abiertas, cerradas, etc. Después de observar todos los tipos de piñas que hay, elige tres que tengan un tamaño similar.

Pon una piña en cada uno de los contenedores y prepara el agua caliente y fría. ¿Cambiará la forma de la piña según la temperatura del agua? ¿Qué pasará? Por experiencia ya te digo yo que ésta es la parte que más le gusta a los niños. Generar hipótesis y estar a punto de descubrir qué es lo que va a pasar les encanta. Vierte agua caliente en uno de los contenedores y agua fría en otro. El tercer contenedor tendrá “aire”. Diviértete observando qué es lo que pasa. Las piñas que tienen agua se cerrarán mientras que, la que está en el contenedor del “aire”, se abrirá.

¿Sabes por qué pasa esto? La naturaleza es muy sabia. Las piñas contienen las semillas que darán lugar a nuevos árboles. Cuando el clima es muy húmedo, la piña se cierra para proteger esas semillas ya que éste no es el apropiado para que crezcan. Por otro lado, cuando el clima es seco, la piña se abre y las semillas salen para cumplir su función correctamente.  Así que ahora ya sabes por qué dicen que las piñas son elementos de la naturaleza que predicen si lloverá o no. Si están cerradas, ¡pilla el paraguas! Tus hijos se lo pasaran bomba descubriendo detalles como éste y, cada vez que salgan al bosque y miren una piña, lo recordarán.

2. ¿La nieve flota o se hunde?

Si estás en un sitio nevado, ya tienes el experimento perfecto y, si no hay nieve, no te preocupes, el hielo triturado también funciona.

Para este experimento sólo necesitas agua caliente, agua fría, colorante (opcional) y nieve o hielo triturado.

Pregúntale a los niños si creen que la nieve flota o no. Prepara tus dos contenedores con agua caliente y fría y dos tazas de nieve. Si quieres, agrega colorante rojo a la nieve que irá al contenedor caliente y azul al contenedor de agua fría. Observa qué es lo que pasa. La nieve en el contenedor caliente deberá deshacerse prácticamente enseguida y la nieve en el contenedor de agua fría deberá flotar. ¡Como pasa en los lagos helados!

Puedes jugar con diferentes temperaturas de agua y descubrir qué es lo que pasa.

3. Haz tu propia nieve

Y, como no podía faltar, aquí va un experimento para liarla un poquito. La nieve artificial es súper fácil de hacer y a los niños les encanta.

Necesitas 3 tazas de fécula de maíz (alias maicena), 3 tazas de harina y 1/4 taza de aceite vegetal. Mezcla la maicena y la harina. Una vez mezclado añade el aceite ¡y a jugar! Eso sí, prepárate para tener niños llenos de harina de la cabeza a los pies.

Y hasta aquí llega mi post. Espero que lo paséis muuuy, pero muy bien, en compañía de vuestros seres queridos y que disfrutéis mucho de todos los momentos maravillosos que este 2020 os tiene preparados.