Más vitamina N, por favor

Hace aproximadamente un mes una amiga me envío un podcast de Charuca y Borja Vilaseca que me gustó mucho. A Charuca ya la conocía desde hace tiempo. María es fan absoluta de todo lo que hace y la verdad es que yo un poquito también. A Borja Vilaseca lo leí alguna vez en el periódico, me encantó  y gracias a eso comencé a seguirlo por las redes sociales. Me gusta muchísimo lo que escribe y la percepción que tiene sobre la educación infantil. Bueno, después de esta pequeña introducción, te cuento qué fue exactamente lo que me inspiró de estos dos.

El podcast trataba de reinvención profesional. Muy interesantes opiniones y perspectivas sobre cómo convertirte en jefa de tu vida y amar lo que haces. A mí ya me gusta mucho lo que hago así que de esto no va el post de hoy. En un momento en el que los dos están hablando, Borja comenta algo que me hace clic en la cabeza. Él dice que hoy en día, los seres humanos se van de fin de semana para «desconectar» cuando en realidad es al revés. Vivimos continuamente tan desconectados de la tierra que, cuando salimos fuera a ver un paisaje que no tenga edificios, a oler árboles y a sentir la tierra mojada, ya nos parece que estamos desconectando. Sí, estamos desconectando de la tecnología, los móviles, las rutinas diarias pero en realidad estamos conectando con lo que es realmente importante. Estamos conectando con algo de lo que no tendríamos que desconectar nunca: nuestra tierra. Me quedé un rato pensando y es verdad. Estamos toda la semana trabajando, cumpliendo nuestras rutinas y, en nuestros ratos de aburrimiento, en lugar de conectar con nuestros sentidos y con lo que pasa alrededor, nos conectamos al teléfono.

Lo que más me preocupa de todo este escenario son los niños que nos ven y nos toman como ejemplo. Niños que la mayor parte del día están sentados en la escuela, que tienen muy pocas horas de patio y/o contacto con la naturaleza y que, al recogerlos del cole o extraescolares se van directos a cumplir la «rutina vespertina» de cada día. Niños que ven cada vez a más adultos conectados a los móviles que leyendo un libro en el metro.

Potenciar la relación con la naturaleza entre los jóvenes y niños no es hippie, ni místico ni «happy flower», potenciar esta relación es necesario y, lo más importante, es salud.

Estar en contacto con la naturaleza cura el cuerpo. Un estudio de Scientific American demostró que los pacientes que estaban en habitaciones con tres ventanas con vistas, estaban hospitalizados menos tiempo y necesitaban menos medicamento para el dolor que aquellos que estaban entre cuatro paredes y una pequeña ventana.

Los niños que crecen en la naturaleza se desarrollan mejor a nivel sensorial, emocional, afectivo, motor, intelectual, etc. Y tiene todo el sentido del mundo. Desde hace miles de años, los seres humanos nos hemos desarrollado en un entorno natural. Nuestro cuerpo está diseñado perfectamente para este entorno y no para estar en una clase y en un patio de cuatro paredes.

Es posible que el sistema educativo se esté concienciando más sobre la necesidad que tienen los niños no sólo de aprender jugando, sino de hacerlo en un entorno green friendly. Pero hasta que todas las escuelas no sean como la Bosquescuela de Cerceda en Madrid (que por cierto, es una pasada) es nuestra responsabilidad como educadores y padres proporcionar a nuestros niños y niñas la oportunidad de tener un contacto con la naturaleza para potenciar sus sentidos.

Es nuestra responsabilidad criar niños saludables, conscientes y amables con el medio ambiente. Niños que no vivan estresados y marcados sólo por las rutinas de la escuela y de la casa. Niños cuyos padres y educadores también sean conscientes de la falta de Vitamina N (N, de naturaleza) que comienza a haber entre nosotros y decidan hacer algo al respecto. Esto no significa que dejes tus rutinas de lado. No. Significa que, dentro de ellas, decidas darle la importancia que tiene al contacto con la naturaleza.

Los niños que tienen más contacto con la naturaleza generan autonomía y curiosidad por explorar, ayudando así también a su autoestima. Son más empáticos y saben trabajar en equipo. Sus relaciones son menos agresivas y más cooperativas. Los niños que crecen alrededor de la naturaleza son, sin duda alguna, más felices.

Y ya para terminar, te cuento que, el término de Vitamina N no me lo inventé yo. Lo encontré en un artículo y me puse a leer e investigar y hay muchísima información al respecto. Te dejo aquí un artículo que encontré que me gustó mucho. Te puede ayudar  a practicar un poco tu inglés y también a generar consciencia de lo importante que es estar conectado a algo que realmente despierte tus sentidos. Que lo disfrutes.

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