Menos quejas y más sonrisas

Hace un mes, mientras leía el periódico, tuve la suerte de toparme con una entrevista muy buena. El titular de la entrevista era el siguiente: La felicidad es innata, fluye como la sangre por nuestras venas. Me llamó la atención. Mucho. Porque estamos muy acostumbrados a leer titulares del tipo: 10 consejos para ser más feliz o Qué puedes hacer para alcanzar la felicidad. Siempre como si la tan ansiada felicidad estuviera fuera. ¿Y si resulta que la tenemos dentro?Seguí leyendo la entrevista. El entrevistado era Alberto Simone, psicólogo, director de cine, guionista y escritor. Además, realiza talleres de felicidad. ¿Talleres de felicidad? ¡Wow, me encanta! La entrevista era bastante larga, pero te he copiado cinco puntos que creo que son muy interesantes y en los que vale la pena ahondar:

  • La felicidad es la base para construir un mundo mejor.
  • Las personas confiadas y optimistas resuelven los problemas de manera más acertada y en menos tiempo que las personas pesimistas, cínicas o desilusionadas.
  • Poner en valor y saborear durante el máximo tiempo posible, de manera intencionada y diría que exagerada, los acontecimientos positivos de nuestra vida, los momentos de alegría. Y hacer el ejercicio de buscar la parte buena a los acontecimientos negativos.
  • La queja no cambia las cosas. Cuando se dé cuenta de que empieza a quejarse de algo, deténgase y piense si le apetece estar peor, porque eso es lo que sucederá después de quejarse.
  • Una sonrisa despierta otra sonrisa.

Son cinco puntos copiados literalmente de la entrevista, porque prefiero no escribir mi versión de cada uno de ellos, sino dejarlos tal cual. ¡Son tan potentes! Estoy convencida de que, si todos los tuviéramos en cuenta y los intentáramos aplicar en nuestras vidas, éstas cambiarían radicalmente. ¿Te imaginas cómo sería si todo el mundo saboreara los buenos momentos y buscara la parte positiva de los no tan buenos? ¡Todo sería maravilloso!

Que conste que no es mi intención escribir un artículo en plan happy flower o en plan “te voy a ayudar a mejorar tu vida para que seas más feliz”. Simplemente quiero compartir contigo estos pequeños grandes cambios que pueden aportarte muchísimo.

Aprovecho para informarte de que esta semana he vuelto a trabajar después de mi baja maternal. Durante estos siete meses no he dejado de escribir mis artículos del WonderBlog, lo hacía desde casa. Hoy, ya desde mi despacho, me tocaba escribir sobre Embarazo y crianza. He pensado que el concepto de la “felicidad innata” tiene mucho que aportar a una buena crianza. ¿Por qué? Porque creo que, si aprendemos a tomar conciencia de que no tenemos que buscar la felicidad, sino que la felicidad ya la tenemos fluyendo por nuestras venas, lo transmitiremos a nuestros hijos. Y, quizás, su generación ya crecerá de otra manera, con más optimismo, menos quejas y más sonrisas.

Llevo unos días dándole vueltas a este tema, practicando lo del no quejarme (¡qué difícil es algunas veces, por cierto!) y he llegado a mi propia conclusión: no hay “momentos felices”, sino “personas felices”. Me explico: ante una misma situación, buena o mala, cada persona reacciona diferente, ahí está el quid de la cuestión. Seguro que todos tenéis el típico amigo o conocido cascarrabias, que siempre se siente el más desgraciado y con la peor suerte del mundo, y el amigo “feliz de la vida”, que siempre tiene algo que agradecer. ¡Contagiémonos de este segundo y no del primero! No hace falta que ocurran cosas extraordinariamente positivas o extraordinariamente negativas, las situaciones cotidianas ya sirven. Te voy a poner un ejemplo que me pasó hace poco: tenía hora para la revisión con el pediatra de Martina. Nuestra cita era a las 15:30h y acabé entrando casi a las 17h. ¡Más de una hora esperando en la sala de espera! Había varias urgencias de niños que no tenían hora y que pasaron delante de nosotras. Tenía dos opciones: o entrar enfadada, hacerle mala cara al médico y a la enfermera y salir de morros, porque claro, tenía mi hora reservada y había esperado un montón. O bien entrar de buen humor, salir sonriendo a la enfermera, dándole las gracias y deseándole que pasara un buen día. ¿Por qué? Pues porque gracias a haber tenido que esperar tanto rato, pude pasar más de una hora disfrutando de mi hija tranquilamente, sin tener que dividir mi atención entre ella y Bruno, sin tener que hacer cosas en casa, sin tener que hacer nada más que estar con ella y disfrutar de ella. Sí, ya había leído la entrevista a Simone de la que te hablaba y me esforcé por girar la tortilla y ver la parte positiva de la situación, que era mucha. ¡Y no me costó tanto! Es verdad, es una situación cotidiana que tampoco es que sea para tanto, pero me sirve para ponerte un ejemplo que nos puede pasar a todos. Habrá situaciones más difíciles de llevar o complicadas de asumir, pero estoy segura de que la sonrisa siempre puede ganarle la batalla a la queja.

Y tú, ¿te unes al barco de los que sonreímos y de los que tenemos felicidad fluyendo por nuestras venas?

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