Nací en el Mediterráneo

Durante los diez años que he vivido aquí, me he dado cuenta de la adoración que tienen los barceloneses por su costa y sus playas. No me sorprende. Cada verano escucho historias de amigos y conocidos que se van a disfrutar sus días de vacaciones a la maravillosa Costa Brava. Si ya me gustaba la playa, vivir en Barcelona ha hecho que me guste aún más. He tenido la suerte de conocer gente que es igual (o más) amante del mar que yo y me ha llevado a conocer calas increíbles escondidas entre Port de la Selva y Cadaqués y vivir experiencias tan divertidas como las Habaneras de Calella. Casi todos mis recuerdos de verano son alrededor del mar y, durante el año, siempre que puedo, voy.

¿De verdad es hora de decirle adiós a la playa y darle la bienvenida a la montaña? Me considero una fan absoluta de la playa en octubre. Me encanta porque casi no hay gente, no hace ese calor infernal, puedes hacer la siesta con sudadera, el atardecer es más bonito y el agua está más limpia. Bueno…esto último, ya no es verdad.

Este verano, en una de nuestras escapadas, fuimos a desayunar a un chiringuito a pie de playa. Mientras desayunaba sólo pensaba en el bañito y en la siesta. Pues al llegar a la playa nos dimos cuenta que había bandera roja. ¿Medusas? No. Estaba prohibido bañarse por altos índices de toxicidad en el agua. Era la primera vez que me pasaba.

Y no sólo son lo trece millones de pajitas diarias que tiramos al mar. El aumento de la contaminación ocasionada por los microplásticos es impresionante y es lo que más está dañando la naturaleza y la salud humana. Me puse a investigar más sobre los microplásticos y la situación es muy preocupante. No sólo porque son imposibles de limpiar, sino porque son partículas tóxicas ingeridas por la fauna marina. Esto provoca un desajuste muy grave en los ecosistemas y mucha de esta fauna marina termina en nuestra mesa. Es como si el mar quisiera devolvernos todo lo que estamos haciendo por él.

Quiero proponerte algunas ideas de cómo reducir el consumo de plástico en familias con niños. Vamos a ser más conscientes de la situación por la que estamos pasando.

  1. Fuera pajitas – Podemos buscar alternativas al brik de zumo con pajita. Sé que es más fácil pero, si lo piensas, es más sano que los niños beban agua. Podrías buscar una botella chula de acero inoxidable y renunciar a las botellas de plástico. Los niños pueden elegir la suya y responsabilizarse de ella.
  2. El helado, en cucurucho – ¿Cuántos helados os coméis durante el verano? Yo, es que como helado todo el año. En algún sitio leí que, por muy pequeñita que parezca la acción, algo siempre vale. Si lo comemos en cucurucho estaremos ahorrando el vaso y la cucharilla de plástico.
  3. Compra de manera consciente – Infórmate de las tiendas a granel en tu barrio. Ve con tus bolsas de tela y tuppers a comprar. Compra la fruta y la verdura que no está empaquetada, será de mejor calidad. Si eres cliente habitual del «café para llevar», cómprate un termo y llévalo cada mañana a la cafetería.
  4. Cuida los envoltorios de la merienda – Si usamos un envoltorio de tela, estaremos haciendo un gran favor al medio ambiente. Si ya quieres ponerle una pieza de fruta en lugar de un producto industrial, no sólo será más ecológico sino que también más sano.
  5. Recicla en casa – Ya sé que siempre te lo digo pero bueno, nunca está de más volverlo a repetir. Enseña a tus hijos a separar desde pequeños.

La información y estadísticas que he estado leyendo son horribles. No sé exactamente dónde leí que nosotros los adultos tenemos el arma perfecta para combatir esto que está pasando: nuestros hijos (en mi caso, mis alumnos). Ellos son los habitantes del futuro. No les quitemos la oportunidad de tener sus propias escapadas. Yo, sin duda alguna, no me quiero quedar sin las mías.

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