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Science is FUN!

Recuerdo lo mal que lo pasaba de pequeña en cualquier clase que tuviese que ver con ciencias. No encontraba la manera de entender los procesos que me llevaban a x o y resultado. Será esta la razón por la que, cuando decidí qué carrera universitaria estudiar, lo primero que hice fue asegurarme de que esas asignaturas no estarían en mi plan de estudios.

Durante estos últimos años he aprendido mucho sobre lo importante que es la educación a través de actividades divertidas. Como profe de Nature, me doy cuenta de los conocimientos que obtienen y las habilidades que desarrollan los niños a través de los experimentos y proyectos de ciencia. Veo que la manera de enseñar está cambiando y eso me gusta. Finalmente, he entendido la frase que alguna vez escuché de Albert Einstein que dice que el aprendizaje son experiencias y que todo lo demás es información.

Os voy a poner un ejemplo. Esta foto es del verano pasado. Nuestros alumnos ese día hacían el «moco» éste que está tan de moda: slime. Nosotras probamos todos los experimentos antes de hacerlos para comprobar que funcionan. También es útil para conocer qué es lo que los niños aprenderán con la actividad. Pues bien, un día reuní todos los ingredientes que marcaba la receta y me puse manos a la obra. Por favor, ¡qué desesperación! La pasta se me pegaba en toda la mano, me parecía imposible lograr la consistencia no pegajosa y divertida que aparecía en el tutorial. Tenía pegamento hasta en el pelo. Poco a poco, con paciencia y persistencia, fui logrando que la slime fuera pillando la forma que yo quería. Al final, me lo pasé pipa jugando con esa cosa que los niños conocen como moco de baba. Me di cuenta de que era muy importante ser cuidadoso en el proceso, poner las medidas correctas de ingredientes, no saltarse ningún paso y, sobre todo, ser muuuuy paciente.

Paciencia. Según la RAE: Facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho. Siendo muy honesta, cada vez veo menos desarrollada esta cualidad entre los más pequeñitos. Es por esta razón que me pareció una súper idea hacer experimentos como el slime ya que, a través de una actividad muy divertida, podrían practicar y jugar a ser pacientes. Tengo que decir que a algunos les costó más que a otros pero, cuando llegaban al resultado final, se sentían súper realizados y orgullosos de ellos mismos. Fue una pasada.

Aparte de paciencia, los experimentos y proyectos de ciencia promueven el trabajo en equipo. Ayudan a que los niños desarrollen el pensamiento escéptico es decir, a que se cuestionen las cosas, les enseña cómo funciona el mundo en el que vivimos y les despierta la mente. También aumentan su autoestima y seguridad al darse cuenta que ellos también pueden resolver problemas.

Para explotar al máximo los conocimientos que un experimento o proyecto nos puede dar, considero básico seguir los pasos del método científico. Sí, ese método que memoricé para pasar un examen sin realmente darme cuenta de lo que estaba aprendiendo. Recuerdo la primera vez que hice un experimento con mis niños me acordé de estos pasos y pensé: «bueno, quizá tanto memorizar me sirvió de algo».

Vamos a recordar estos pasos utilizando como ejemplo este experimento que es muy sencillo y a los peques les encanta.

Lo primero que tenemos que hacer es formular una pregunta, que en este caso sería: ¿Cómo inflar un globo sin soplar el aire nosotros mismos? Hay que dar espacio a todo tipo de respuestas, debemos recordar que lo más importante en un experimento es despertar la máxima curiosidad posible.

Ahora es momento de presentar lo que vamos a utilizar para nuestro experimento: bicarbonato de sodio, vinagre, botella de plástico, embudo y el globo. Es momento de observar. En este paso podemos oler nuestros ingredientes, tocarlos y, en este caso, probarlos un poco. El vinagre es ácido y el bicarbonato no. Si son un pelín mayores se les puede explicar que hay una reacción cuando combinamos dos ingredientes (uno ácido y uno base). De esta manera, cuando formulemos una hipótesis, ¿cómo vamos a inflar este globo con estos productos, qué pasos debemos seguir para lograrlo, será posible?, las respuestas serán más interesantes.

Ahora es momento de realizar el experimento. Es muy importante que, antes de experimentar, los niños y niñas tengan muy claro cuál es el orden de los pasos a seguir. También considero que es muy enriquecedor si el experimento se practica en parejas ya que es muy importante la colaboración y el trabajo en equipo.

Tengo que decir que una vez concluido el experimento, cuando se infla el globo, la cara de sorpresa de los peques es impresionante. ¡Les encanta! Y ahora…las conclusiones. ¿Por qué es posible inflar un globo con bicarbonato y vinagre? Es evidente que las conclusiones son muy diferentes dependiendo de la edad de los niños. Lo importante es que descubran que, mezclando dos ingredientes, es posible generar un gas que ayuda a inflar el globo.

Te recomiendo que veas el vídeo, te darás cuenta de que el experimento se puede extender tanto como quieras. Siempre teniendo en cuenta la edad de los niños que lo practican.

Los beneficios de aprender a través de la ciencia son infinitos: ayuda a los niños a desarrollar un pensamiento crítico, a preguntarse qué puede pasar. También les enseña que las cosas a veces no salen bien a la primera, que a veces nos equivocamos y que lo más importante es no rendirse y seguir probando. Y tengo que deciros que la cara de sorpresa que ponen cada vez que aprenden algo a través de un experimento no tiene precio.

 

 

Queda inaugurado el verano, ¡prohibido no disfrutarlo!

Hace una semana que comenzó el verano aunque, si hablásemos por temperaturas podríamos decir que se nos adelantó un poco, ¿no? Hemos pasado unas semanas de mucho calor y yo no puedo evitar pensar, como siempre, en los cambios climáticos tan evidentes que estamos viviendo.  En fin, hoy no toca escribir sobre ecología sino sobre hábitos saludables y en esta ocasión son consejos para disfrutar esta época tan divertida y calurosa de la mejor manera posible.

Comencemos, como no, por la alimentación. Las fruterías se llenan de colorines y yo no puedo ser más feliz. La naturaleza, con lo sabía que es, nos proporciona una cantidad de frutas y verduras jugosas que llenan de agua nuestro cuerpo. Yo, personalmente me olvido de beber agua durante el día pero de comer sandía y melón, no. ¡Me encantan! Escucho a gente decir: uf, qué pereza cortar y pelar. A ver, dedicar veinte minutos de tu tiempo en pelar y cortar una sandía o un melón (si es más grande mejor, el tiempo será prácticamente el mismo) no es mucho pedir. Creo que si sumamos los minutos que pasamos en las redes sociales, cortaríamos cinco sandías y cinco melones. No hay nada mejor que levantarse un día de mucho calor, abrir la nevera y ¡ñam! O meter el tupper veinte minutos al congelador antes de irte a la playa. Créeme, después de un baño, es lo mejor que te puede pasar. Eso, o tener una bañera así:

¡Me encanta! Bueno, volvamos al tema. También hay frutas exquisitas que no requieren de ningún tipo de esfuerzo para comérselas. Los melocotones, nectarinas y paraguayas son también protagonistas de las fruterías esta temporada. De donde yo vengo, la fruta no se pela. Cuando llegué a vivir aquí realmente me asombré de ver como aquí, pelan todo. Pues yo no, así que para mí son las frutas fáciles y deliciosas del verano.

Pasemos a mi hortaliza favorita y más consumida de todo el verano: el tomate. Claro, he de decir que aquí hay muchos tomates que: huelen a tomate y parecen tomate, pero no saben…a nada. Un buen tomate, ese que sólo necesita sal y un poquito de aceite, es muy difícil de encontrar. En verano, suelo irme al pueblo de un gran amigo a descansar unos días. Ahí, como en muchos pueblos, son todos muy amables y conocen mi debilidad por el tomate. Las ensaladas que me preparan son increíbles y ahora mismo, sólo de pensarlo, se me hace la boca agua. Por cierto, dato cultural, en el país de mi madre lo llaman jitomate. El tomate es parecido al de aquí pero es verde, pequeñito, ácido y se usa para hacer salsas.

Formando un trío perfecto con el tomate, encontramos también en verano el pimiento y el pepino. Estos tres ingredientes nos derivan a una de las bebidas más ricas del verano: el gazpacho. Si no los quieres triturar, en ensalada con un poco de cebolla también están buenísimos.

Pero me voy a concentrar en el pepino, que también me gusta mucho. Esta fruta es 96% agua y sus nutrientes son ideales para el verano. El agua de pepino con limón, por ejemplo, es muy fácil de hacer y aporta numerosos beneficios a nuestro cuerpo: es alcalina, rica en vitaminas, antioxidante, combate la horrorosa retención de líquidos que sufrimos durante esta temporada y nos ayuda a depurar los excesos veraniegos. Total, es perfecta y muy fácil. Otro dato importante, éste es por parte de mi madre, las semillas de pepino son las que nos provocan esa indigestión rara que nos hace recordar que comimos pepino durante horas. Yo se las quito y siempre funciona.

Otra cosa buenísima del pepino es su capacidad de relajar los ojos cansados. Tener siempre rodajas de pepino en el congelador, es una muy buena idea. Sobre todo para esos días en los que te levantas con la cara un pelín hinchada por el calor. La cosmética natural utiliza el pepino en infinidad de mascarillas. Incluso leí, mientras investigaba para este post, que la bella Cleopatra utilizaba una mascarilla de pepino para combatir las arrugas.

Podría seguir hablando de comida y recetas con pepino, tomate, sandía y melón. Me encanta comer y me encanta disfrutar de estos regalos de la naturaleza pero quiero tocar otro punto que me parece muy importante durante esta época del año: el sol.

Me parece, por lo que he escuchado, que subestimamos el poder del sol en nuestro planeta y lo mucho que nos puede llegar a afectar a largo plazo en la piel. Familias, hay que ponerse crema solar todos los días del año y hay que cuidar a los más pequeños de la exposición directa. Las mujeres que me leen, estarán de acuerdo conmigo en que las manchas en la cara ocasionadas por el sol y las arrugas prematuras (y no prematuras) son horrorosas. Una vez, un dermatólogo me dijo: si te pones crema solar y te cuidas la piel desde los dieciséis años, a los cuarenta lo notarás.

Una cosa que no sabía y que hoy aprendí escribiendo sobre esto es cómo decidir el factor FPS de la crema solar que utilizamos. Pues ahora toca compartir mi nuevo conocimiento: hemos de observar cuánto tiempo tarda nuestra piel en quemarse al sol sin protección. Las pieles muy claras tardan entre tres y cinco minutos y, las menos sensibles, diez.

Si multiplicamos ese tiempo por el FPS del producto tendremos la cantidad de minutos que estaremos protegidos. Por ejemplo, si tardas cinco minutos y la crema es factor treinta, estarás dos horas y media protegido. Información interesante y necesaria, yo no tenía ni idea.

Es muy importante que, si es algo que nos ponemos todos los días en la piel, sea bueno y lo más natural posible. En las herboristerías y tiendas naturales podemos encontrar protectores solares para mayores y pequeños muy buenos, sin parabenos ni ingredientes innecesarios y tóxicos para nuestra piel. Aquí os propongo una herboristería que a mí personalmente me gusta mucho, es de esas que tienen encanto.

Pensando en maneras naturales de proteger nuestro cuerpo del sol he encontrado una lista de alimentos que ayudan a aumentar la melanina, un pigmento que se encuentra en nuestra piel y que es la responsable de absorber los rayos del sol y protegernos de sus efectos. Aquí va la lista: kiwi, naranja, pomelo, limones, fresas, frambuesas, zanahoria, tomate, sandía, melón, espinaca, acelga, brócoli,  yema de huevo, lácteos y pescados.

Pues nada queridas familias, aquí terminan mis consejos de verano. Espero que disfrutéis muchísimo estos días, compartáis experiencias que os hagan reír y lo hagáis de manera responsable, siempre cuidándoos.

¡Hasta pronto!