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Propósito 2020: Muchos más momentos de «no hacer nada»

¿Cuándo fue la última vez que no hiciste nada? Y, lo más importante, ¿cuánto tiempo le dedicaste a ello?

Muchos me dicen que, entre el trabajo, escuela, gimnasio, familia y amigos, es imposible dedicar momentos a no hacer nada. Otros me dicen que está mal y es una pérdida de tiempo, que hay que estar constantemente activo. ¿Tú qué piensas?

Yo pienso que, hoy en día, no hacer nada es una habilidad muy difícil de lograr. También pienso que es imprescindible para el desarrollo de nuestro cerebro (hay muchos estudios que lo demuestran). Y también pienso que, si nuestras niñas y niños no aprenden a no hacer nada, vivirán como adultos estresados entre adultos estresados.

Hace tiempo me encontré con un artículo que me inspiró para escribir este post. El título: «Cinco beneficios de soñar despierto». Puedes leer el artículo en inglés aquí.  Tengo que decir que el término daydreaming me gusta más que el de «soñar despierto».

Ahora te diré cuáles son los cinco beneficios, pero antes quiero contarte, qué fue lo que más me llamó la atención de este artículo. Resulta que, desde el 2014, los surcoreanos compiten por no hacer nada. Sí, tal cual lo lees. La competencia se llama Space out competition y podéis encontrar toda la info en su web.

Woops Yang, artista visual, creó el evento en 2014 y, desde entonces, se celebra cada año en diferentes localidades de Corea del Sur. El evento nació a raíz de la necesidad de someter al cerebro a un descanso obligado en una sociedad llena de trabajo y estrés excesivo. Corea del Sur es una de las poblaciones más estresadas del mundo desde hace muchos años.  La artista explica que, antes de comenzar con esta iniciativa, sufría de fatiga crónica pero que descansar y no hacer nada le provocaba muchísima ansiedad. Se dio cuenta de que este estado de malestar era común entre otras personas y fue entonces cuando se le ocurrió la idea de no hacer nada en grupo.

El concurso tiene reglas muy estrictas. No se puede utilizar el teléfono móvil, ni hablar, ni mirar el reloj y tampoco quedarse dormido. Durante 90 minutos, los participantes sólo pueden estar sentados mirando a la nada. Sólo pueden ir al baño o beber agua, si lo necesitan, levantando una tarjeta para que les vean los jueces. Si se rompe alguna de estas reglas, el concursante queda descalificado. Los jueces revisan el ritmo cardíaco de los participantes para comprobar el estado de calma. La persona con un ritmo cardíaco más estable gana. Hay que decir que estos concursos se llevan a cabo en ciudades muy ajetreadas en horas punta. Uno de los propósitos es precisamente yuxtaponer visualmente dos grupos que están haciendo dos cosas completamente diferentes.

Tengo que decir que he estado pensando muchísimo en este concurso. El otro día llegué muy pronto a mi clase de yoga y entonces me propuse practicar y no hacer nada en un ambiente bastante propenso para ello. Me senté en la esterilla con los ojos abiertos y empecé. 10 minutos y ya me sentía rara. La gente iba entrando a la sala y me distraía. Miraba el reloj. Creo que hubiese sido más fácil cerrar los ojos. Entonces hubiera perdido el concurso.

Vamos a retomar el por qué comencé a escribir este post. Vamos a conocer cuáles son los beneficios de soñar despierto. A ver si te convenzo de incluirlo en tu rutina diaria.

  1. Soñar despierto aumenta tu capacidad para realizar tareas mentales complejas. Hay varios estudios, como éste, que demuestra que, si utilizamos la parte de nuestro cerebro destinada a distraernos, nos será más fácil realizar tareas mentales complicadas.
  2. Soñar despierto boosts tu inteligencia.  No hay una traducción literal al castellano para este concepto. Es una combinación de activar, impulsar, empujar, elevar, incrementar, estimular… Me encanta el término, por cierto.
  3. Soñar despierto te hace ser más creativo. Es verdad. En mis últimas vacaciones, fui a un camping a la montaña y tuve mucho tiempo de no hacer nada. Grandes ideas me vinieron a la cabeza.
  4. Ayuda a la relajación y elimina el estrés.
  5. Fortalece tu memoria funcional. Puedes llegar a pensar que por estar «en la luna» puedes no recordar cosas. Pues no. Un estudio realizado por el Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas y Cerebrales demostró que aquellos que sueñan despiertos son más propensos a recordar información que otros que no.

Si todos sabemos que el cerebro necesita descansar para poder procesar la información, crear recuerdos y combatir el estrés, entonces… ¿por qué no lo ayudamos a descansar? La sociedad en la que vivimos nos motiva cada vez más a estar ocupados siempre. Hay que trabajar, estudiar, ir al gimnasio, escuchar música, ver series para desconectar, ir a nuestras extraescolares, cumplir nuestras rutinas, hacer la cena, recoger la casa, ir a pasear a la montaña, visitar a los abuelos, jugar con la hermanita, hablar con nuestra madre.  Me estreso sólo de escribirlo. Es verdad que todas las cosas que decidimos hacer en nuestra vida son importantes y hay que dedicarles tiempo. Lo único que te digo es que te propongas este año regalarte un hueco para no hacer nada. Para soñar despierto. Para tener una mejor salud mental. Por ti y por todos los que te rodean.

Un experimento navideño que mola, ¡y mucho!

Estamos a puntito de comenzar diciembre y hoy te traigo un experimento que sí o sí tienes que hacer con tus hijos.

¿Sabes por qué a las niñas y niños les gusta tanto la famosa slime? Por su textura mocosa y la relajación instantánea que produce jugar con ella. Pues, si a esto le sumamos que ellos mismos pueden ser los creadores de esta increíble mezcla, ya es lo más de lo más.

Y ¿por qué sé yo todo esto? Porque justo lo acabo de experimentar hace media hora que probé la receta que hoy te traigo. ¡Es tan fácil! Llevo 10 minutos jugando con la slime y créeme que es mejor que una pelota anti-estrés. Aparte de que, el subidón que me dio cuando por fin tuvo forma de slime, dejó de engancharse en mis manos y pude comenzar a jugar, fue increíble.

Ingredientes:

Para hacer la cantidad de slime que iría bien para un niño, utilicé:

4 cucharadas de cola blanca (también, puede ser cola transparente con purpurina, eso ya es una pasada)

1/2 cucharada de bicarbonato de sodio

1 cucharada de solución salina para las lentillas

Esto es todo lo que necesitas. ¿Fácil, eh? Lo único de lo que tienes que asegurarte es de que la solución salina para las lentillas tenga ácido bórico o borato de sodio para que haga el efecto químico que queremos.

Procedimiento: 

En un bol, mezclas la cola con el bicarbonato de sodio. Después, añades la solución salina y mezclas hasta obtener una textura no pegajosa. Si te cuesta que no se pegue, siempre puedes ir añadiendo un poquito más de bicarbonato y un poquito más de solución salina. Después, atrévete a coger la slime con las manos y juega con ella. La textura es una pasada, de verdad.

Aparte de que es un experimento súper fácil, no ensucias prácticamente nada.

No te olvides de que un experimento con niños puede durar 5 minutos o puede durar media hora. Todo depende de cómo lo enfoques.

Puedes crear la lista de ingredientes que necesitas e ir a comprarlos junto con ellos. Puedes ir por la calle hablando de la nieve, el invierno, el clima, los árboles y cómo cambia todo. Puedes preguntarles si en realidad creen que con estos ingredientes pueden hacer slime navideña.

Después, puedes describir para qué utilizamos cada ingrediente. Puedes probar el bicarbonato, oler la solución salina y tocar la cola. Utiliza todos tus sentidos.

Si tus hijos son mayores, puedes primero hacer algún concurso para ver quién adivina las cantidades que debemos utilizar. Puedes dejarlos probar sin decirles nada para ver qué pasa y ver si ellos mismos logran obtener la textura que quieran.

Y después… que jueguen y creen cosas. Pueden hacer letras (como lo hice yo), figuras o simplemente jugar con ella.

Espero que mi propuesta te haya gustado, que la pruebes y que la compartas con nosotras. ¡Feliz miércoles!

Rutinas ¿y anti-rutinas?

Se habla mucho de lo importantes que son los hábitos en los niños, de la seguridad que les aporta saber sus rutinas, lo que toca hacer, qué va a pasar después. Estoy totalmente de acuerdo, las rutinas son súper necesarias para nuestros hijos, para pequeños y no tan pequeños, pero… ¿qué tipo de rutinas?

Me inspiré para escribir este post en un cortometraje que me llegó hace unos días a través de Facebook, titulado Cómo la rutina nos roba la vida. Antes de seguir leyendo, te aconsejo que lo veas haciendo clic aquí.

Una rutina es una serie de hábitos que nos ayuda a no tener que tomar decisiones cotidianas. Todos tenemos rutinas en nuestras vidas: salir de casa e ir siempre por las mismas calles para coger el autobús, ir preparando las tostadas del desayuno mientras se va haciendo el café, recoger a los niños en el cole e ir siempre al mismo parque, y un larguísimo etcétera. Las rutinas no tienen por qué ser algo negativo. Sin embargo, como vemos en el cortometraje, pueden serlo. Una vida demasiado rutinaria es aburrida, elimina por completo la creatividad y el “factor sorpresa”, que tan necesarios son, a mi parecer. Lo podríamos comparar con una relación de pareja: la monotonía y la rutina aburre y no ayuda a “mantener la llama”, ¿verdad? Pues creo que lo mismo pasa con nuestra vida diaria.

Este corto de Valeria Dakhovich nos muestra cómo un chico se encuentra atrapado en su rutina cotidiana. Cada día hace exactamente lo mismo, no varía absolutamente nada. Y así pasan los días, meses y años. Hasta que un día, esa rutina se convierte en un monstruo, que va creciendo, hasta que ya es demasiado tarde para cambiar y eliminar al monstruo. ¿Te imaginas cómo sería ver pasar tu vida así?

Quizás ahora te estarás preguntando: ¿y todo esto qué tiene que ver con Embarazo y crianza, que es el tema del post de hoy? Pues tiene mucho que ver, porque lo que quiero transmitirte es la importancia de criar acompañando a nuestros hijos en sus rutinas desde pequeños (eso sí, rutinas positivas), pero también de enseñarles a saber salir de esas rutinas. ¿Cómo? Ahora te cuento…

Te voy a dar tres consejos que considero fundamentales para saber salir de la rutina (y saber enseñar a tus hijos a salir de ella):

  • Sé más flexible: ¡cómo me cuesta a mí ésta, con lo cuadriculada que soy! Tenemos que intentar no tener unos patrones de pensamiento demasiado rígidos, porque todo puede cambiar. Aunque entre semana siempre les demos la cena a Bruno y Martina a las 20:30h y les acostemos a las 21h, si un día mi marido o yo hemos llegado más tarde de trabajar y tenemos ganas de jugar más rato con ellos o bien tenemos una cena en familia porque es el cumple de mi hermana, ¡no pasa nada! Por un día, se pueden ir a dormir a las 23h. Lo que no se aconseja, porque es negativo para ellos, es que un día se acuesten a las 20:30 justo después de cenar, otro día a las 22h después de cenar y estar una hora jugando, otro día a las 23h porque nos vayamos a cenar fuera, etc. Si hacemos esto, no ayudamos a nuestro hijo a que pueda anticiparse y saber lo que pasará. En cambio, si casi siempre es igual, de vez en cuando podemos romper la rutina. ¡Por qué no! Por ejemplo, esta mañana ya le he explicado que, como hoy es el cumple de papi, esta noche iremos a cenar a un restaurante con los abuelos y los tíos, ¡y estaba contentísimo! En resumen: yo te aconsejaría darle una vida ordenada y, en general, bastante rutinaria, pero con flexibilidad para que se acostumbre a que no todo siempre tiene que ser exactamente igual.
  • Sigue tu estado anímico: parece evidente, pero no lo es tanto. Aunque los martes y jueves vayas al gimnasio sí o sí al salir de trabajar para no perder el hábito (cosa que me parece súper bien), si un martes sales de trabajar agotada, con dolor de cabeza y con ganas de irte a casa, no te empeñes en ir igualmente al gimnasio ni te estés toda la tarde arrepintiendo y maldiciendo por no haber ido. Y no te confundas, para nada voy en contra de tener voluntad, ¿eh? Para nada, que si me conoces sabrás que soy una persona súper constante y con una voluntad de hierro. Pero oye, si tu cuerpo dice que no, es que no. Escúchalo. Ahora, trasladando a nuestros hijos lo de seguir el estado anímico, te daré un ejemplo: al llegar del cole toca merendar y hacer los deberes. Cada día es así. Pero si un día notas a tu hijo irritable y ves que está tristón, ¿no es mejor estar más rato merendando juntos y preguntarle cómo le ha ido el cole? Seguramente te acabará explicando que se ha peleado con un amiguito suyo de la clase y que por eso está triste. Y seguro que se concentrará mejor para hacer los deberes habiéndotelo explicado que con ese disgusto. ¿Pasa algo por empezar más tarde a hacer los deberes? No, y habrás permitido que tu hijo exprese sus sentimientos, te tenga confianza y siga su estado anímico.
  • Date permiso para soñar: la vida no son solo los hechos, lo que va pasando, sino también lo que está por venir, el camino que tienes por delante. ¡Qué importante es saber soñar despierto! Como dice mi hermana, si no te lo imaginas, nunca sucederá. ¡Es tan cierto! No dejes que pasen los días, las semanas, e incluso los meses (o años), sin pensar cómo te gustaría que fuera tu vida, qué quieres conseguir, cómo te sientes. Es un soñador no debería ser una frase con connotaciones negativas, sino positivas. Me gustan las personas soñadoras y con ilusiones, mucho más que las personas grises y conformistas. Si lo trasladas a tus hijos, en este caso es muy fácil. No les cortes las alas que llevan ya “de serie” por ser niños. De pequeños, todos somos soñadores, fantasiosos y llenos de ilusión. Potenciemos estas cualidades en nuestros hijos y ayudémosles a saberlas mantener aunque vayan creciendo y madurando, porque las necesitarán cuando sean adultos. Me encantaría que las fantasías personales de Bruno y Martina sean el motor de su motivación personal cuando sean adolescentes y adultos. Y me esforzaré por transmitírselo.

Y tú, ¿te animas a salir de tus rutinas de vez en cuando? Yo poco a poco lo voy consiguiendo…

 

 

Science is FUN!

Recuerdo lo mal que lo pasaba de pequeña en cualquier clase que tuviese que ver con ciencias. No encontraba la manera de entender los procesos que me llevaban a x o y resultado. Será esta la razón por la que, cuando decidí qué carrera universitaria estudiar, lo primero que hice fue asegurarme de que esas asignaturas no estarían en mi plan de estudios.

Durante estos últimos años he aprendido mucho sobre lo importante que es la educación a través de actividades divertidas. Como profe de Nature, me doy cuenta de los conocimientos que obtienen y las habilidades que desarrollan los niños a través de los experimentos y proyectos de ciencia. Veo que la manera de enseñar está cambiando y eso me gusta. Finalmente, he entendido la frase que alguna vez escuché de Albert Einstein que dice que el aprendizaje son experiencias y que todo lo demás es información.

Os voy a poner un ejemplo. Esta foto es del verano pasado. Nuestros alumnos ese día hacían el «moco» éste que está tan de moda: slime. Nosotras probamos todos los experimentos antes de hacerlos para comprobar que funcionan. También es útil para conocer qué es lo que los niños aprenderán con la actividad. Pues bien, un día reuní todos los ingredientes que marcaba la receta y me puse manos a la obra. Por favor, ¡qué desesperación! La pasta se me pegaba en toda la mano, me parecía imposible lograr la consistencia no pegajosa y divertida que aparecía en el tutorial. Tenía pegamento hasta en el pelo. Poco a poco, con paciencia y persistencia, fui logrando que la slime fuera pillando la forma que yo quería. Al final, me lo pasé pipa jugando con esa cosa que los niños conocen como moco de baba. Me di cuenta de que era muy importante ser cuidadoso en el proceso, poner las medidas correctas de ingredientes, no saltarse ningún paso y, sobre todo, ser muuuuy paciente.

Paciencia. Según la RAE: Facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho. Siendo muy honesta, cada vez veo menos desarrollada esta cualidad entre los más pequeñitos. Es por esta razón que me pareció una súper idea hacer experimentos como el slime ya que, a través de una actividad muy divertida, podrían practicar y jugar a ser pacientes. Tengo que decir que a algunos les costó más que a otros pero, cuando llegaban al resultado final, se sentían súper realizados y orgullosos de ellos mismos. Fue una pasada.

Aparte de paciencia, los experimentos y proyectos de ciencia promueven el trabajo en equipo. Ayudan a que los niños desarrollen el pensamiento escéptico es decir, a que se cuestionen las cosas, les enseña cómo funciona el mundo en el que vivimos y les despierta la mente. También aumentan su autoestima y seguridad al darse cuenta que ellos también pueden resolver problemas.

Para explotar al máximo los conocimientos que un experimento o proyecto nos puede dar, considero básico seguir los pasos del método científico. Sí, ese método que memoricé para pasar un examen sin realmente darme cuenta de lo que estaba aprendiendo. Recuerdo la primera vez que hice un experimento con mis niños me acordé de estos pasos y pensé: «bueno, quizá tanto memorizar me sirvió de algo».

Vamos a recordar estos pasos utilizando como ejemplo este experimento que es muy sencillo y a los peques les encanta.

Lo primero que tenemos que hacer es formular una pregunta, que en este caso sería: ¿Cómo inflar un globo sin soplar el aire nosotros mismos? Hay que dar espacio a todo tipo de respuestas, debemos recordar que lo más importante en un experimento es despertar la máxima curiosidad posible.

Ahora es momento de presentar lo que vamos a utilizar para nuestro experimento: bicarbonato de sodio, vinagre, botella de plástico, embudo y el globo. Es momento de observar. En este paso podemos oler nuestros ingredientes, tocarlos y, en este caso, probarlos un poco. El vinagre es ácido y el bicarbonato no. Si son un pelín mayores se les puede explicar que hay una reacción cuando combinamos dos ingredientes (uno ácido y uno base). De esta manera, cuando formulemos una hipótesis, ¿cómo vamos a inflar este globo con estos productos, qué pasos debemos seguir para lograrlo, será posible?, las respuestas serán más interesantes.

Ahora es momento de realizar el experimento. Es muy importante que, antes de experimentar, los niños y niñas tengan muy claro cuál es el orden de los pasos a seguir. También considero que es muy enriquecedor si el experimento se practica en parejas ya que es muy importante la colaboración y el trabajo en equipo.

Tengo que decir que una vez concluido el experimento, cuando se infla el globo, la cara de sorpresa de los peques es impresionante. ¡Les encanta! Y ahora…las conclusiones. ¿Por qué es posible inflar un globo con bicarbonato y vinagre? Es evidente que las conclusiones son muy diferentes dependiendo de la edad de los niños. Lo importante es que descubran que, mezclando dos ingredientes, es posible generar un gas que ayuda a inflar el globo.

Te recomiendo que veas el vídeo, te darás cuenta de que el experimento se puede extender tanto como quieras. Siempre teniendo en cuenta la edad de los niños que lo practican.

Los beneficios de aprender a través de la ciencia son infinitos: ayuda a los niños a desarrollar un pensamiento crítico, a preguntarse qué puede pasar. También les enseña que las cosas a veces no salen bien a la primera, que a veces nos equivocamos y que lo más importante es no rendirse y seguir probando. Y tengo que deciros que la cara de sorpresa que ponen cada vez que aprenden algo a través de un experimento no tiene precio.