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La primavera… ¡la sangre altera!

¿Estamos todos seguros de que es primavera? Mi cuerpo no entiende estos cambios de temperatura que tenemos durante el día. He tenido que sacar de nuevo la chaqueta de invierno porque por la mañana y por la noche me hielo de frío. A mediodía tengo que dejarla aquí para ir a comer porque me muero del calor. Me pica la garganta. Me cuesta dormir. Tengo ligeros (o no tan ligeros) cambios de humor y entonces es cuando reafirmo que sí, que ya estamos en primavera.  He recordado este post que publiqué hace dos años y me ha parecido muy buena idea volverlo a compartir. No cabe duda que somos lo que comemos. ¡Allá vamos!

El cuerpo, como todo, necesita un proceso de adaptación al cambio y la sabia naturaleza nos proporciona las herramientas para hacer de este proceso algo más llevadero. Leyendo sobre cómo llevar mejor la astenia primaveral encontré consejos como: esperar a ponerte ese modelito primaveral ansioso y salir bien abrigado, hacer ejercicio, aprovechar que los días son más largos pero no olvidarte de tu descanso y el que es para mí el consejo más sabio de todos: la alimentación.La naturaleza nos ofrece una serie de frutas y verduras que ayudan al cuerpo a adaptarse y a vivir la primavera como se debe: feliz, con energías y sin resfriados. Perdón, pongo mucho énfasis en el resfriado pero es que llevo todo el invierno sin ponerme enferma y hoy no paro de toser, tengo los ojos llorosos y me siento un poco cansada.

En fin, una de las lessons que más disfruté fue cuando les enseñé a mis niños y niñas lo importante que es consumir productos de temporada y lo mucho que ayudamos al planeta no comprando un melón en enero o cerezas en octubre. Estamos muy acostumbrados a ver de todo en las fruterías durante todos los meses del año, por lo que es muy fácil olvidarnos de que existen alimentos de temporada. Me preocupa que nuestros niños en un futuro no reconozcan ni el término. Pero este es un post de salud y bienestar así que ya os compartiré la lesson en otro momento, es sólo para recordaros que si las frutas y verduras son de temporada es por algo.

Una de las razones por las cuales me gusta tanto la primavera es por sus…fresas, ¡sí, me encantan!  A mordidas, en pasteles, con zumo de naranja, en smoothies, ñam. Las fresas son una fuente de vitamina C, antioxidantes, depurativas, buenísimas para el hígado, antiinflamatorias, diuréticas…vamos, ¡una maravilla! Pero claro, hay que saber elegirlas. Hay que evitar esas cajas que tienen la primera capa maravillosa de fruta sin saber lo que hay debajo, observar su color y textura, olerlas (aunque esto no asegura nada) y, sobre todo, comprarlas en una frutería de barrio que te asegura que sus productos son de proximidad. Mi consejo: comprarlas camino a casa muy maduras, lavarlas y congelarlas. El batido de plátano que me hago cada día durante esta temporada es de color rosa, es más dulce y más fresquito.

Se puede hacer lo mismo con las cerezas sólo que hay que quitarles el hueso antes de congelarlas y esto representa tiempo y trabajo. Las cerezas, otra fruta de temporada, son la mejor opción para depurar el organismo y liberar tu cuerpo de toxinas. Sus propiedades antioxidantes son increíbles ayudando a combatir enfermedades degenerativas, cardiovasculares y a conservar nuestra vista.  Las cerezas son excelentes cuidadoras de nuestra piel y de nuestros huesos. Importante comprarlas muy maduras en la frutería ya que los expertos dicen que es una fruta que no madura bien en casa.

La primavera es la estación en la que se disfruta mejor de los espárragos blancos o trigueros. Importante que, cuando vayamos a comprar, nos fijemos bien de dónde vienen los productos. No queremos alimentos que hayan viajado desde Perú o China para estar en nuestra mesa. Mi abuela siempre decía que el espárrago es el alimento para mantenerse joven, esto debe ser por su alta cantidad de ácido fólico que ayuda a la creación de células nuevas. Yo es que recuerdo a mi abuela siempre joven así que haré caso y comeré espárragos, ¡con lo ricos que están!

Los guisantes, no esos que vienen en bolsas de plástico congeladas, sino los ricos naturales que sólo hay que pelar y saltear con cebolla y jamón, también encuentran su mejor época del año en la primavera. Estas bolitas verdes tan ricas ayudan mucho al sistema circulatorio y cuidan nuestro corazón.

Yo no sabía qué eran los nísperos hasta que llegué a vivir a Barcelona. Vivía en un piso con un jardín y un árbol en medio muy grande y muy bonito que daba nísperos, muchos. En cuestión de semanas aparecían, maduraban y luego había que comérselos enseguida, regalarlos o hacer mermelada. El níspero es una fruta expectorante , sus hojas ayudan mucho cuando estás enfermo de la gripe y cuando tienes tos. Por cierto, hoy no me vendría nada mal un té de níspero.

Los albaricoques marcan el final de la primavera y a mí me recuerdan mucho a cuando iba a Mallorca de pequeña. Tengo familia ahí y recuerdo que, cuando iba de vacaciones, mi abuela me preparaba una tarta de ¿albari…qué? Me costó mucho aprenderme el nombre pero me encantaba y con tan sólo montarme en el avión ya estaba pensando en ella. Buscando información sobre las propiedades de los alimentos que acabo de compartir con vosotros encontré que el albaricoque es la base de la alimentación de la comunidad de Hunza. Me sonaba de algo este nombre y me puse a investigar. Es un pueblo que está al norte de Paquistán y que su dieta es exclusivamente vegetariana y se centra en el consumo del albaricoque. Una de las teorías es que viven más de 100 años gracias a su alimentación y otra, que tienen un sistema de calendarización diferente. Yo os invito a que investiguéis por vuestra cuenta, pero lo que está claro es que el albaricoque está muy bueno (en tarta, mejor) y es rico en minerales, vitaminas y sobre todo en potasio.

Quiero recomendar y agradecer a Botanical Online, una página que me ayudó mucho para escribir este post, me enseñó las propiedades de algunas frutas y verduras y  me sugirió recetas de comida, mascarillas, zumos, etc., que me parecen muy interesantes y que seguro pondré en práctica, ya os contaré.

Así que nada, familia, espero que disfrutéis de la primavera, del sol y el buen tiempo. Vamos a aprovechar que estas frutas y verduras tan buenas para el cuerpo son de esta temporada y a cuidarnos, ¡que nos lo merecemos!

Happy Spring you all!

¿Nuevos hábitos? Sí, gracias

Hace casi un año que decidí comenzar un estilo de vida diferente. ¿Por qué? Pues porque me dolía el pie. Sí, el pie. A mis escasos 30 años tenía un problema que me impedía caminar normalmente, tuve que ir al médico y él, con una sonrisa muy amable en la cara, me dijo: has de ir más tranquila por la vida, camina despacio y relájate. ¿Caminar despacio? ¿Qué es eso? En ese momento con el dolor que tenía era mi única opción. A veces pienso que la vida te da señales y que es tu decisión hacerles caso o no. En mi caso comencé a toparme, sin querer, con información relacionada a la slow life. Un amigo me envió este artículo (a modo de burla porque me conoce y sabe lo difícil que soy por las mañanas) y, aparte de gustarme mucho cómo está escrito, me hizo pensar en un nuevo reto: levantarme una o dos horas más temprano cada día. ¿Para qué? Pues para hacer justo lo que me dijo el médico: ir más tranquila por la vida. Al principio no fue ni cada día, ni dos horas antes. Me costó muchísimo trabajo. Hasta ese momento tenía todo perfectamente programado para destinar el menor tiempo posible en: café, desayunar, ducharme y arreglarme y el mayor en…dormir. No soy (era) una morning person, me cuesta mucho despertarme, generalmente no lo hago de buen humor y siempre quiero dormir más.

El siguiente paso fue hacer ejercicio, glup. Fue lo que más me costó. Levantarme a las 6 de la mañana para ir al gimnasio nunca fue una opción para mí. Pues ahora lo es. Aprendí a proponerme objetivos que fueran cumplibles porque si no me frustraba. Comencé por ir 2 días a la semana lloviese o tronase. Me lo impuse de manera muy estricta y madre mía, ¡qué complicado fue!  Claro, había que dormirse muy temprano la noche anterior y eso era muy difícil ya que era la típica persona que decía: yo por la noche funciono mejor y tengo más energía. Pues, queridos,  todo cuestión de acostumbrarse y generar hábitos que te hagan sentir bien. En el 2014, El País publicó un artículo en su sección Buena Vida sobre cómo transformar y crear nuevos hábitos que me ayudó mucho en mi proceso y me enseñó a entender que puedes modificar y reconfigurar tu mapa cerebral con nuevos hábitos. Comencé a sentirme y verme mejor,  me aficioné a dormirme temprano y caminar despacio me hizo descubrir cosas nuevas por la calle y, en efecto, a estar más tranquila.

Pero a ver, todo esto cuesta muchísimo y aquí una confesión: hasta ayer llevaba dos semanas sin levantarme temprano ni pisar el gimnasio. Tenía mil excusas completamente válidas a las 6 de la mañana: estoy exhausta, me estoy poniendo enferma, mi compi de gym no se despierta pues yo tampoco, dormí mal, tengo sueño, ya iré mañana, etc. Ayer por la noche me fui a dormir pensando que como siguiera así iba a perder el hábito y todo lo que había logrado hasta ahora. Para mí, y creo que para muchos, es muy fácil perder los hábitos (buenos) porque generalmente son los que más cuestan, los que requieren disciplina.  Me fui a dormir convencida a las 10 de la noche y, la última vez que vi el reloj, era la 1 de la mañana.  Hoy, cuando sonó el despertador, me quería morir, pero fui. En la clase me quedaba dormida en los descansos (de 5 segundos) y hoy me espera un día difícil lleno de bostezos y mañana, agujetas. ¡Qué bien!

Meri Viñas, psicóloga y coach, menciona en el artículo algo que para mí es la clave de seguir adelante con esto: “debemos cultivar la paciencia y saber con certeza que estás conectado con algo bueno para ti, que estás conectado con tus objetivos y valores. Gracias a los valores tomamos decisiones, son la raíz por la que nos movemos y actuamos. Cuando vas a tomar una decisión, la pregunta que deberías hacerte es: ¿esta acción honra alguno de mis valores o los traiciona? Si el nuevo hábito está ligado a un valor importante para ti, no va a costarte realizarlo”.

Esta sección del blog está destinada a lo que para mí son hábitos saludables y por eso pensé que la mejor manera de empezar era a través de una historia personal que ha funcionado.  Sé que la mayoría de las personas que nos leen son papás y mamás que quizá estarán pensando: “Sí claro, con hijos y locura de vida yo me voy a levantar 2 horas antes”. Buscando una imagen para esta entrada me encontré con una frase de Aristóteles que me encantó.

Adquirir desde jóvenes tales o cuales hábitos no tiene poca importancia: tiene una importancia absoluta.

Si  comenzamos inculcando  buenos hábitos en familia estoy segura de que la recompensa será aún mejor. Los pequeños aprenderán valores como la constancia y la disciplina y se darán cuenta, a su manera, de que determinadas acciones les harán sentir mejor.

El objetivo de todo este rollo, que espero que os hayáis leído, es motivaros a elegir un habit to be (acción que queramos que se convierta en hábito) y hacerlo durante un tiempo de manera constante. Algo que no sea muy difícil pero que cueste un poquito, que no altere mucho la rutina y, lo más importante de todo, que mientras lo hagas te sientas bien, ¡muy bien! Es la única manera de lograrlo.