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La ciencia de leer

Este fin de semana vi la película de El Principito, ¿la has visto? Creo que se ha convertido en una (más) de mis pelis favoritas. Si no la has visto, te recomiendo ampliamente que, un fin de semana de estos, hagas palomitas y disfrutes con tu familia de una súper peli basada en un gran libro, quizá uno de los mejores.

Cuando terminé de ver la película, me dieron muchísimas ganas de leer el libro otra vez. Pensé que, para los más pequeños, podría ser una manera divertida de introducirles el libro y generarles curiosidad por leerlo. Me hace pensar un poco en lo que a mí me pasó de pequeña con la película de La historia interminable (que también es un libro). Yo quería ser como Bastián, el protagonista, y leer muchos libros que me llevaran a mundos mágicos llenos de personajes raros y divertidos.

Pero este post no va de pelis, sino de esos objetos cuadrados que tienen páginas llenas de letras y que son capaces de meterte a mundos maravillosos y dar rienda suelta a la imaginación. Esos objetos llamados libros.

Hace poco, mientras cotilleaba las redes sociales, leí un estudio desarrollado por la Universidad de Yale que demuestra que leer mejora la calidad y esperanza de vida con una ventaja de supervivencia de dos años. Entonces me puse a investigar. Leer proporciona muchísimos beneficios, es divertido, fácil y, si quieres, gratis. Leer nos transporta a lugares vistos y descritos por otras personas. Leer nos permite acceder a sentimientos y formas de pensar del autor y sus personajes. Leer nos abre la mente para ver el mundo más allá de lo que vemos todos los días. Leer aumenta la empatía.

¿Por qué? A ver, he estado leyendo muchos estudios científicos sobre los beneficios de la lectura. Quería darte información más allá de lo importante que es para los niños leer, imaginar y despertar la curiosidad ¡y estoy aprendiendo muchísimo! Voy a intentar explicar lo que más me ha gustado de lo que aprendí escribiendo este post. Y digo intentar porque lo mío no es la ciencia. Aunque tengo que reconocer que cada vez me gusta más.

Te explico. Las redes y conexiones del cerebro que utilizamos para comprender cualquier historia se solapan con las redes que utilizamos para interactuar con los seres humanos. Esto nos da la oportunidad de entender las intenciones de las otras personas. Esta capacidad cerebral que tenemos se llama “teoría de la mente”. Si no lo sabes, la teoría de la mente es aquella facultad que tenemos de entender al otro. Nos ayuda a tener conciencia de que existen otros puntos de vista aparte del nuestro. Es el camino para el desarrollo de un valor tan importante como la empatía. La verdad es que tengo que decir que me quedé fascinada con toda la información y los ejemplos que encontré.

No quiero alargarme mucho explicándote esta teoría porque creo que es contenido de un post entero, simplemente quiero contarte la relación que hay con la teoría de la mente y la importancia de inculcar la lectura desde pequeños. Esta capacidad cerebral se desarrolla a partir de los cuatro años mas o menos. Antes, el niño no ha desarrollado la habilidad de entender que hay otros puntos de vista aparte del suyo. Por ejemplo, si tú vas a una tienda de juguetes con un niño de dos ó tres años a comprar un regalo para un amiguito o amiguita suya, elegirá un regalo que le guste a él. Sin embargo, si vas con uno de seis, seguramente el niño tenga la capacidad de pensar qué es lo que le gustaría a su amigo para elegir el regalo. Interesante, ¿no?

Los estudios demuestran que los libros nos brindan esta única y maravillosa oportunidad de aumentar esta capacidad cerebral a través del entendimiento de los personajes, sus situaciones y emociones. Tiene todo el sentido del mundo.

Por eso, te invito a ser la tía o tío que siempre regala libros o la madre que  lleva un libro en el bolso por si su hijo necesita distraerse. Posiblemente, si lo hacemos desde que son bebés, funcione igual o mejor que un móvil, ¿no? No lo sé.

Hoy, de camino al trabajo, venía pensando en esto de la teoría de la mente, los libros, los niños y lo mucho que aprendí escribiendo este post. Entonces pensé en mi libro favorito: Elmer. Es la historia perfecta para enseñarle a nuestros pequeños que existe la diversidad. Que el camino que siempre gana es el de ser tú mismo, quererte y respetarte. Te enseña que cada uno es diferente. Lo leí taaaantas veces que hoy me pregunto qué tanto habré aprendido mientras lo leía.

Leer un libro es “escuchar” cómo ven y sienten las cosas otros ojos. Leer un libro te abre la mente a que existen situaciones diferentes a la tuya. Leer un libro te ayuda a viajar y descubrir países, culturas, costumbres e historia. Leer te ayuda a entender que no todo es como tú piensas. Leer es lo más. Hay muchísimas razones por las cuales hay que leer y hoy he descubierto una que me parece muy importante: la empatía. Ese valor que, tanto niños como adultos, buscamos todos los días. Vamos a fomentarlo.

We are family!

Hoy dedico este post a la familia. Sobre todo a las cabezas de familia que comparten tiempo e historias con sus hijos, que se preocupan por ayudarles a crecer de la mejor manera posible siempre recordando sus valores familiares.

Estuve pensando qué lesson plan compartir hoy con vosotros y me di cuenta de que el próximo martes 15 de mayo es el Día Internacional de la Familia. Se me ocurrió que una actividad tipo un árbol genealógico era una buena idea. Debo advertiros que estoy un poco sensible con el tema. Quizá sea porque me puse a investigar lo importante que es para todos conocer y conectar con nuestra familia y con nuestros antepasados. A veces, ser residente en un país diferente al que naciste y que tu familia esté lejos, es muy difícil. Con lo que me gustaría coger un avión e ir a verles.

Mientras investigaba sobre el tema recordé la película de Coco, ¿la habéis visto? Si no la habéis visto os la recomiendo mucho. No sólo porque conoceréis más sobre la cultura mexicana, algo que personalmente me hace mucha ilusión, sino también porque la temática me parece increíble. Es una película que te hace consciente de lo importante que es recordar a los familiares que ya no se encuentran con nosotros. Te hace darte cuenta de que, aunque ya no estén, no sólo serán parte de tu genética, si no de tu vida y tus decisiones. Un poco místico pero, a mi manera de pensar muy personal, real.

Hacer un family tree con tus hijos puede llegar a ser tan enriquecedor como tú quieras. Aparte de poner los nombres, edad y ubicación en la familia puedes agregar detalles: dónde viven, cuál es su comida favorita, canciones, anécdotas, costumbres, etc. Y no sólo eso, una vez montado, puedes dedicar un día al mes a tu family tree para hacer algo diferente: cocinar un plato típico de alguno de tus familiares o aprenderte una canción. Yo, si tuviese hijos, en noviembre haría un altar de muertos. Me parece una de las tradiciones más bonitas de México.

Hace tiempo leí un estudio que demuestra que conocer la historia de nuestra familia nos ayuda entender mejor por qué somos cómo somos y nos ayuda a ser más felices. Es importante reconocer que hoy en día hay cada vez más tipos de familia. ¿Qué quiero decir con esto? Que en la época de nuestros abuelos teníamos: abuelos, mamá, papá y hermanos. Hoy tenemos mamá, papá, hermanos, medios hermanos, medias hermanas, pareja de mamá, etc. Me parece muy importante que nuestros hijos conozcan y, muy importante, acepten a su familia sin tabúes ni secretos. Creo que es la manera más fácil en la que se aceptarán a ellos mismos.

¿Y cómo empezar con nuestro family tree? ¿Os acordáis de cuando vuestros padres o abuelos contaban historias y vosotros escuchabais atentos a cada detalle? Pues es el momento de buscar en el archivo de las fotos y aprovechar las nuevas tecnologías para pedirles a nuestros hermanos, tíos y demás familia que estén fuera una foto suya o de su familia. Imprimirlas y… ¡comenzar a contar historias!

Estuve buscando imágenes para daros alguna idea de árboles chulos y encontré ésta que me gustó mucho.

Crédito: Imagui

Los colores y los detalles me encantan y creo que podría quedar muy bien en alguna pared de casa. Podéis comprar un lienzo chulo o una cartulina y después enmarcarla. Es muy importante que las fotos tengan el mismo tamaño. Los colores y tipo de pinturas os lo dejo a vuestra elección. Eso sí, os recomiendo que primero lo hagáis en una hoja de papel y después, antes de pintarlo, lo tracéis con lápiz.

Si tenéis hijos muy pequeñitos es muy probable que no se enteren de mucho. Mi recomendación es que hagáis el family tree igualmente, os lo curréis para que pueda estar en un sitio visible en casa y habléis de él continuamente. Nuestros pequeñitos irán creciendo, se irán enterando de más cosas y, seguramente, se les despertará la curiosidad por saber más. A ellos les ayudará a conocer a nuestra familia y, a nosotros, a no olvidarla.

Science is FUN!

Recuerdo lo mal que lo pasaba de pequeña en cualquier clase que tuviese que ver con ciencias. No encontraba la manera de entender los procesos que me llevaban a x o y resultado. Será esta la razón por la que, cuando decidí qué carrera universitaria estudiar, lo primero que hice fue asegurarme de que esas asignaturas no estarían en mi plan de estudios.

Durante estos últimos años he aprendido mucho sobre lo importante que es la educación a través de actividades divertidas. Como profe de Nature, me doy cuenta de los conocimientos que obtienen y las habilidades que desarrollan los niños a través de los experimentos y proyectos de ciencia. Veo que la manera de enseñar está cambiando y eso me gusta. Finalmente, he entendido la frase que alguna vez escuché de Albert Einstein que dice que el aprendizaje son experiencias y que todo lo demás es información.

Os voy a poner un ejemplo. Esta foto es del verano pasado. Nuestros alumnos ese día hacían el “moco” éste que está tan de moda: slime. Nosotras probamos todos los experimentos antes de hacerlos para comprobar que funcionan. También es útil para conocer qué es lo que los niños aprenderán con la actividad. Pues bien, un día reuní todos los ingredientes que marcaba la receta y me puse manos a la obra. Por favor, ¡qué desesperación! La pasta se me pegaba en toda la mano, me parecía imposible lograr la consistencia no pegajosa y divertida que aparecía en el tutorial. Tenía pegamento hasta en el pelo. Poco a poco, con paciencia y persistencia, fui logrando que la slime fuera pillando la forma que yo quería. Al final, me lo pasé pipa jugando con esa cosa que los niños conocen como moco de baba. Me di cuenta de que era muy importante ser cuidadoso en el proceso, poner las medidas correctas de ingredientes, no saltarse ningún paso y, sobre todo, ser muuuuy paciente.

Paciencia. Según la RAE: Facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho. Siendo muy honesta, cada vez veo menos desarrollada esta cualidad entre los más pequeñitos. Es por esta razón que me pareció una súper idea hacer experimentos como el slime ya que, a través de una actividad muy divertida, podrían practicar y jugar a ser pacientes. Tengo que decir que a algunos les costó más que a otros pero, cuando llegaban al resultado final, se sentían súper realizados y orgullosos de ellos mismos. Fue una pasada.

Aparte de paciencia, los experimentos y proyectos de ciencia promueven el trabajo en equipo. Ayudan a que los niños desarrollen el pensamiento escéptico es decir, a que se cuestionen las cosas, les enseña cómo funciona el mundo en el que vivimos y les despierta la mente. También aumentan su autoestima y seguridad al darse cuenta que ellos también pueden resolver problemas.

Para explotar al máximo los conocimientos que un experimento o proyecto nos puede dar, considero básico seguir los pasos del método científico. Sí, ese método que memoricé para pasar un examen sin realmente darme cuenta de lo que estaba aprendiendo. Recuerdo la primera vez que hice un experimento con mis niños me acordé de estos pasos y pensé: “bueno, quizá tanto memorizar me sirvió de algo”.

Vamos a recordar estos pasos utilizando como ejemplo este experimento que es muy sencillo y a los peques les encanta.

Lo primero que tenemos que hacer es formular una pregunta, que en este caso sería: ¿Cómo inflar un globo sin soplar el aire nosotros mismos? Hay que dar espacio a todo tipo de respuestas, debemos recordar que lo más importante en un experimento es despertar la máxima curiosidad posible.

Ahora es momento de presentar lo que vamos a utilizar para nuestro experimento: bicarbonato de sodio, vinagre, botella de plástico, embudo y el globo. Es momento de observar. En este paso podemos oler nuestros ingredientes, tocarlos y, en este caso, probarlos un poco. El vinagre es ácido y el bicarbonato no. Si son un pelín mayores se les puede explicar que hay una reacción cuando combinamos dos ingredientes (uno ácido y uno base). De esta manera, cuando formulemos una hipótesis, ¿cómo vamos a inflar este globo con estos productos, qué pasos debemos seguir para lograrlo, será posible?, las respuestas serán más interesantes.

Ahora es momento de realizar el experimento. Es muy importante que, antes de experimentar, los niños y niñas tengan muy claro cuál es el orden de los pasos a seguir. También considero que es muy enriquecedor si el experimento se practica en parejas ya que es muy importante la colaboración y el trabajo en equipo.

Tengo que decir que una vez concluido el experimento, cuando se infla el globo, la cara de sorpresa de los peques es impresionante. ¡Les encanta! Y ahora…las conclusiones. ¿Por qué es posible inflar un globo con bicarbonato y vinagre? Es evidente que las conclusiones son muy diferentes dependiendo de la edad de los niños. Lo importante es que descubran que, mezclando dos ingredientes, es posible generar un gas que ayuda a inflar el globo.

Te recomiendo que veas el vídeo, te darás cuenta de que el experimento se puede extender tanto como quieras. Siempre teniendo en cuenta la edad de los niños que lo practican.

Los beneficios de aprender a través de la ciencia son infinitos: ayuda a los niños a desarrollar un pensamiento crítico, a preguntarse qué puede pasar. También les enseña que las cosas a veces no salen bien a la primera, que a veces nos equivocamos y que lo más importante es no rendirse y seguir probando. Y tengo que deciros que la cara de sorpresa que ponen cada vez que aprenden algo a través de un experimento no tiene precio.