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Esfuer… ¿qué? Sí, esfuerzo.

¿Sientes que tu hijo no se esfuerza por nada? ¿Que cuando algo le cuesta un poco, enseguida se rinde? Como padres, o como profesores, una de las mayores satisfacciones que podemos tener es ver que nuestros hijos, o alumnos, se esfuercen para conseguir sus objetivos, para aprender, para superarse, para crecer.

Una de las cualidades que más valoro de Bruno es su perseverancia. Creo que es una cualidad genial que tiene para conseguir lo que se proponga. Ahora, con tres años, su perseverancia le ayuda a darme muchos argumentos hasta conseguir convencerme para ir al parque después del cole o le ayuda a aprender a “dibujar” la letra B porque tiene muchísimas ganas de saber escribir su nombre. ¡Cuántas veces lo ha intentado! Ha llenado hojas y hojas de su cuaderno. Estoy segura de que, cuando sea más mayor, la perseverancia le permitirá luchar por lo que más le interese y alcanzar las metas que se marque, tanto a nivel profesional como personal.

El alfarero es un cortometraje que me pareció excelente para transmitir a nuestros hijos e hijas lo importante que es esforzarse por conseguir lo que queremos. Antes de seguir escribiendo, me gustaría que lo vieras. Aquí lo tienes:

Después de ver este cortometraje, hay varios puntos que considero interesantes para tratar con los niños:

  • Aprender algo nuevo no es fácil, implica mucho esfuerzo y supone cometer muchos errores antes de llegar al resultado que esperamos.
  • No tenemos que frustarnos por no conseguir hacer bien las cosas a la primera. Con paciencia, todo se consigue.
  • La emoción es fundamental en el aprendizaje. Sin emociones, no podemos aprender. Por eso es tan importante que motivemos a nuestros hijos o alumnos por aprender cosas nuevas, que sientan que les serán útiles en un futuro.
  • Los errores son necesarios y nos ayudan a aprender. Aunque a todos nos gustaría acertar o hacer las cosas bien a la primera, no siempre es así.
  • La frustración no tiene que ser una barrera, sino un trampolín para superar los retos que nos marquemos. Para desarrollar más este aspecto, me gustaría copiar una reflexión de Noelia López-Cheda, que decía que no tenemos que enseñar a los niños a tolerar la frustración, a aguantar la frustración estoicamente, sino que tenemos que enseñarles a gestionar sus opciones. Ante un obstáculo, tolerar la frustración nos llevaría a aguantar la insatisfacción que nos produce este obstáculo, pero gestionar las opciones nos pone en marcha para superarlo.

También me gustaría darte algunas claves para fomentar el esfuerzo en casa. Las he resumido en tres puntos:

  • Ser ejemplo de esfuerzo: contarles a nuestros hijos lo que nos han costado algunos de nuestros logros, mostrar que no nos rendimos, aunque las cosas nos cuesten.
  • No sobreprotegerlos: es mucho mejor fomentar que nuestros hijos consigan las cosas por sí mismos. Aunque les cueste más, su satisfacción personal será mucho mayor y, de esta forma, aumentará su autoestima y seguridad.
  • Alabar y valorar el esfuerzo y no tanto lo listos o lo buenos que son en algo: muchas veces caemos en decirles a nuestros hijos que son los más guapos, o los más listos, o los mejores en esto o lo otro. Si valoramos su esfuerzo, su interés por las cosas, si les hacemos ver lo bien que se sienten cuando se esfuerzan por algo, hayan o no logrado el resultado, estaremos fomentando que aprendan a esforzarse.

Hasta aquí mi artículo de esta semana. Espero que te sirva para transmitirles a tus hijos que Quien la sigue, la consigue. Y, aunque no la consiga, lo habrá intentado y seguro que habrá aprendido mucho durante ese proceso.

Esfuérzate, no te arrepentirás

Hace poco fue la final del Open de Australia. Djokovic ganó a Nadal. Tras un año de lesiones y muchos partidos de esfuerzo y lucha, Rafa Nadal perdió la final. Su declaración después del partido fue: Voy a trabajar mucho más para mejorar cada día y conseguir muchas más cosas. Eso fue lo que dijo el mallorquín de 32 años. Unas declaraciones que, en mi opinión, valdría la pena que analizaran en los colegios los profesores con sus alumnos. Sin embargo, lo más curioso es que, unos minutos más tarde, el rival de Nadal, Djokovic, le dijo: Nadal, eres la definición de espíritu de lucha y sacrificio. Qué bonito que un eterno rival te defina así, ¿no?

Cuando oí estas declaraciones, pensé que valdría la pena escribir un post sobre esto. Sobre la cultura del esfuerzo. Sobre cómo ayudar a nuestros hijos (o a nuestros alumnos) a ser personas perseverantes y con afán de superación.

Llevo varios días investigando sobre el tema y me gustaría destacar cuatro puntos que me parecen interesantes:

  • No hay esfuerzo si no hay un motivo, una meta. Por tanto, es fundamental que conozcamos cuáles son las motivaciones que impulsan a nuestros hijos o alumnos y que les animemos a esforzarse para conseguir lo que quieren.
  • El trabajo bien hecho requiere esfuerzo. Por eso es importante acostumbrar a los niños desde pequeños a terminar bien lo que empiecen. Enseñarles que es mucho más satisfactorio esto que no ir “picoteando” y saltando de una cosa a otra sin profundizar ni terminar ninguna.
  • El esfuerzo es algo positivo. Presentárselo así a nuestros hijos, pues lo natural es esforzarse. En la mayoría de los casos, las cosas no son fáciles, pero si perseveramos, conseguiremos lo que nos propongamos.
  • El esfuerzo es un valor que no viene de nacimiento, sino que tenemos que enseñárselo. Además, al enseñarlo, transmitimos otros valores como la paciencia, la tolerancia, la fortaleza o la generosidad.

Quizás muchos os estaréis preguntando: ¿y cómo lo puedo hacer para transmitirles a mis hijos la cultura del esfuerzo?

En primer lugar, planteándoles metas concretas y a corto plazo. Desde bien pequeñitos. Por ejemplo, yo con Bruno intento que se esfuerce por pequeñas cosas, como colgar su abrigo al llegar a casa o comer solo. Los primeros días, se frustraba porque no sabía hacerlo, pero poco a poco lo ha ido consiguiendo. ¡Y qué orgulloso está! Le explica a todo el mundo que ya come solo, ¡incluso los espaguetis!

En segundo lugar, transmitiéndoles que tienen que aspirar a hacer las cosas bien teniendo afán de superación. Se puede intentar hacer las actividades cotidianas cada día un poco mejor, siendo perseverantes. Porque, desde luego, Rafa Nadal seguro que no llegó a ser el número uno de la noche a la mañana. Su triunfo es el resultado de muchísimas horas de esfuerzo, perseverancia y pasión por su especialidad, el tenis.

En tercer lugar, no haciéndoselo todo. Aunque parezcan tonterías, si desde pequeños nuestros hijos se esfuerzan por pequeñas cosas, de mayores serán capaces de luchar por lo que quieren y se convertirán en adultos seguros de ellos mismos y con sus objetivos claros.

Como ya sabéis, me gustan mucho los cuentos y creo que son una herramienta súper útil para enseñar muchas cosas a los más pequeños. En este caso, el cuento de La liebre y la tortuga es perfecto. Os dejo aquí un enlace por si no lo conocíais o por si os interesa volverlo a leer para tenerlo fresco y poder explicárselo a vuestros hijos. A partir de la carrera de estos dos animales, podréis transmitir a vuestros hijos el valor del esfuerzo, la constancia y la autoconfianza.

Me gustaría terminar con una frase del humorista Josh Billings, que dice así: La vida no consiste en tener buenas cartas, sino en jugar bien las que uno tiene. Eso es, no podría estar más de acuerdo. Sólo añadiría que, para jugar bien las cartas que nos han tocado, tenemos que esforzarnos, mirar hacia adelante y ser conscientes de lo afortunados que somos por tener la vida que tenemos.