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¡6 mil millones de gracias!

¡Hoy cumplimos 6 años! Parece mentira. 6 años desde aquel miércoles 12 de junio en el que abrimos las puertas de WonderFUN. Familia y amigos celebrando el inicio de este proyecto tan deseado y tan auténtico. Y empezaron a informarse las primeras familias del barrio. Esas fueron muy valientes, porque confiaron en nosotras desde el principio. ¡Fue una confianza ciega! Me viene a la cabeza Eli con Gabriel e Irene, Betty con Alicia y Carlos, Teresa con Berta, Ethel con Nil y Hugo, Yolanda con Alexandra, Georgina con Georgina, Elena con Alex y Victor, Elisa con Guillem, Inma con Jaume y Carmen, Virginia con Inés y Nacho, Eva con Ada, Elsa con Martina y Guillem… Familias valientes que confiaron en nosotras para algo tan importante como transmitirles a sus hijos nuestra pasión por el inglés y por aprenderlo jugando. ¿Y sabes qué es lo mejor? Que, de esas familias, muchas siguen siendo Familias WonderFUN, siguen trayendo a sus hijos cada semana para que sigan hablando en inglés cada día mejor.

Tras esta pequeña introducción, en mi artículo de esta semana de nuestro 6º aniversario me gustaría compartir 6 frases muy inspiradoras sobre aprender idiomas y hacerlo jugando. Son frases que intento tener siempre en mente para seguir creando y mejorando. Ahí van:

  • Toda auténtica educación se efectúa mediante la experiencia. (John Dewey)

 

  • La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón. (Howard G. Hendricks)

 

  • Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo. (Benjamin Franklin)

 

  • Un idioma te coloca en un pasillo de por vida. Dos idiomas te abren todas las puertas a lo largo del camino. (Frank Smith)

 

  • Los niños y niñas no juegan para aprender, sino que aprenden porque juegan. (Jean Piaget)

 

  • Se habla a menudo del juego como si se tratar de un descanso del aprendizaje serio. Pero para los niños el juego es parte fundamental del aprendizaje serio. El juego es realmente el trabajo de la infancia. (Fred Rogers).

Justamente en estas 6 frases tan geniales se basa el Método WonderFUN. Creemos firmemente que el aprendizaje se tiene que vivir, se tiene que disfrutar y se tiene que jugar.

Muchísimas gracias a todo el equipo de cracks que forman parte de este equipo: Nathalie, Marta, Bel, Jodie y a las que han formado parte de él: Marta, Laura, Sylvia, Antoinette, Amy, Lucy, Marta, Annalisa, Waad…

Muchísimas gracias a todos y a todas por confiar en nosotras: mamás, papás, abuelos, abuelas, canguros… Pero, sobre todo, gracias a nuestros niños, los más de novecientos que han dejado su huella en WonderFUN en estos 6 años. Sin vosotros, este sueño que nació hace 6 años no hubiera sido posible. ¡6 MIL MILLONES DE GRACIAS!

 

¿Motivamos o limitamos?

Autonomía y seguridad en uno mismo. Qué conceptos tan importantes y tan difíciles de conseguir…

Si lees nuestro WonderBlog desde hace un tiempo, ya habrás visto que me encantan tres cosas: las listas, hacer referencia a mis gurús e inspirarme en vídeos. Pues este artículo nace de mi inspiración de este vídeo, que te invito a ver para que entiendas mi reflexión de después.

En primer lugar, quiero compartir contigo una de las frases que más me hizo pensar después de ver el vídeo por primera vez. En esta casa las cosas se hacen como yo diga. Cuidado. Estoy totalmente de acuerdo en que es fundamental marcarles unos límites para que nuestros hijos sepan por dónde tienen que ir o cómo deben actuar. Sin embargo, si siempre les obligamos a actuar como nosotros digamos, podemos crear un Enrique del Castillo como el del vídeo que, antes de tomar cualquier decisión, necesita la aprobación de su jefe.

¿No sería mejor dejar que nuestros hijos vayan viendo cómo tienen que actuar según cada situación? Que vayan experimentando qué es lo que les hace sentir mejor, qué les hace más felices, qué no les gusta o qué es lo que les pone tristes.

Lo que ocurre, generalmente, es que muchos padres solemos anticiparnos a las acciones de los niños y, muchas veces sin darnos cuenta, no les dejamos actuar o hacer algunas otras cosas que podrían hacer solos. Seguramente actuamos así porque creemos que nuestros hijos aún no tienen capacidad de realizar cosas solitos, por evitar que se hagan daño, por comodidad para conseguir resultados más rápidos, o porque no confiamos en su capacidad de reacción.

Es una tarea difícil pero, créeme, como ya sabemos, todo se aprende y, por tanto, todo se enseña.

Todos los expertos coinciden en que promover la autonomía en los niños consiste en inculcarles hábitos que les ayuden a ser más independientes. En concreto, estos hábitos se refieren a tareas que los pequeños pueden hacer por sí mismos, relacionadas con ámbitos cotidianos como la higiene, el vestido y la alimentación. Pero las acciones, para llegar a ser hábitos, tienen que mantenerse en el tiempo. ¡Seamos perseverantes! Sólo así conseguiremos que nuestros hijos sean cada vez más autónomos y, en consecuencia, tendrán más autoestima porque se darán cuenta de que son capaces de conseguir lo que se propongan.

En segundo lugar, la frase que más me impactó cuando vi el vídeo por primera vez es: En esta casa no queremos mediocridades. ¿Qué les queremos transmitir a nuestros hijos que es ser mediocre?

¿Ser mediocre es no ser el mejor de la clase? ¿Ser mediocre es no ser el más rápido en cálculo mental o es no tener la mejor pronunciación en inglés? Me atrevería a afirmar que NO. Un “no” rotundo.

Cada niño viene al mundo con unas cualidades, con un potencial, con unas inquietudes. Si no las aprovecha, si no las utiliza, si no hace crecer ese potencial, es muy probable que el niño se convierta en un adulto infeliz, o quizás en uno incompleto, poco contento con su vida, un adulto de los que dicen aquello de “si pudiera volver a vivir, lo haría de otra manera”.

Siempre que trato el tema de la mediocridad pienso en mi hermana. Al acabar el cole, con diecisiete años, con súper buenas notas de Bachillerato y habiendo acabado la Selectividad, nos sentó una noche a mis padres y a mí y nos dijo “quiero estudiar teatro”. Todavía me acuerdo de ese momento y eso que fue hace diez años.

Qué bien lo hicieron mis padres al respetar su decisión. Seguro que les costó porque, los más “normal” o lo más “aceptado por la sociedad” es que tu hija, buena estudiante e inteligente, vaya a la universidad. Pero ella no. Ella era (y es, y siempre lo será) diferente. Y ellos aceptaron que lo que le gustaba era desarrollar el maravilloso arte de meterse en el papel de un personaje y provocar sentimientos en el público. Y no sólo lo aceptaron, sino que la animaron a hacerlo y la apoyaron en todo momento.

Hoy en día mi hermana es una artistaza (a ella no le gusta esta palabra, pero yo la llamo así). Es actriz de teatro, de doblaje e incluso dramaturga, porque escribe sus propias obras (impresionantes). Estoy escribiendo esto y se me pone la piel de gallina, porque sé que, si la hubieran obligado a hacer una carrera, como tantos otros padres han hecho, nunca habría conseguido ser tan feliz como lo es ahora. Todos estamos muy orgullosos de ella porque, con sólo diecisiete años, fue capaz de elegir lo que quería, lo que sentía y lo que la motivaba. Podría haber sido una abogada mediocre, una profesora mediocre o una veterinaria mediocre. En cambio, es una fantástica actriz.

Muchas veces soy testigo de cómo algunos padres toman el control de la vida de sus hijos desde que nacen hasta que ya son casi adultos: “Esto sí, esto no, esto hazlo así, esto hazlo asá, hazme caso, es por tu bien, diles que no, diles que sí, no vayas con este amigo, no me gusta tu novia, si vas con ése esta noche no sales, etc.” ¿Cómo va a crecer un niño, cómo va a madurar, si vive la vida que nosotros queremos que viva? ¿Cómo va a aprender lo que está bien y lo que está mal si nunca puede equivocarse decidiendo?

¿Cómo va a llegar a la excelencia, cómo va a lograr su máximo potencial, si en vez de hacer lo que más le motiva hace lo que más nos motiva a los padres?

Ahí lo dejo.

V = (C+H) x A

Me encantaría enseñarles a mis hijos esto: “Lo más importante es que lo más importante de la vida sea lo más importante”. Esta frase tan genial no es mía, es de Victor Küppers. Supongo que ya lo conocerás. Si no lo conoces, te animo a que lo busques en Google y veas algunos de sus muchos vídeos. Lo recomiendo siempre, porque a mí me cambió la forma de ver la vida y de tomarme las cosas.

Pensando en lo que quería escribir esta semana sobre “Educar en las emociones”, creí que la psicología positiva era un tema muy interesante y, a mi parecer, necesario. En general, pensamos mucho en que nuestros hijos estudien, que el día de mañana vayan a la universidad, que estén bien formados… Por supuesto, estos aspectos son importantes pero, ¿y su actitud ante la vida? ¿Y su manera de afrontar las cosas buenas y las cosas malas? Siguiendo con mi ídolo Küppers, te voy a explicar la fórmula que él utiliza: V = (c+h) x a

V= valor (lo que vale una persona) / c= conocimientos / h= habilidades / a= actitud. Vemos que los conocimientos y habilidades suman valor a una persona. En cambio, la actitud multiplica. Totalmente cierto, ¿verdad? Esto es lo que quiero transmitirle a Bruno y a mis “niños de WonderFUN”, que la actitud, multiplica. Que si vivimos con pasión y entusiasmo, la vida es maravillosa. Y no quiero hacer ninguna demagogia, sino que defiendo firmemente la psicología positiva. Estoy convencida de que si aprendemos desde pequeñitos a ser agradecidos y a valorar lo que tenemos, es mucho más fácil. Cuanto antes interioricemos buenos hábitos como estos, muchísimo mejor. Porque no olvidemos que la alegría se trabaja, no tiene por qué venirnos de forma innata. ¡Enseñémosles! Cuando alguien te pregunte: “¿qué tal estás?” no respondas “Pfff, bueno… ¡tirando!”. ¿Qué transmitirás a tus hijos así? Que la vida es difícil, complicada, que tenemos que luchar… bla bla bla. Sí que habrá momentos no tan buenos, ¡pero disfrutemos a tope los que sí que lo son, que son muchos!

Otro aspecto que se trata muy a fondo en la psicología positiva es que hagamos lo que nos apasione. Es muy famosa la frase de Confucio que dice “Elige un trabajo que te apasione y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”. ¡Me da un subidón leerla! A mí me pasó. Yo soy traductora, intérprete de conferencias, estuve varios años trabajando en ese mundillo tan frenético, de timings súper ajustados, con prisas, tratando con empresarios, siempre con adultos… Hasta que un día decidí que los idiomas me encantaban, pero también (y todavía más) los niños. Cada día me emociona pensar lo afortunada que soy por trabajar en lo que me apasiona, porque estoy viviendo mi sueño y, trabajar así, es algo increíble. Por eso la pasión y la ilusión también son dos valores que quiero transmitirles a mis hijos.

Si ya lees nuestro blog desde hace un tiempo, te habrás dado cuenta de que me gustan bastante las listas, enumerar cosas que me parecen importantes. Esta semana no va a ser menos, por eso te voy a regalar una lista de cosas sencillas que puedes enseñar a tus hijos. Está inspirada en los consejos de Küppers:

  1. Sonríe.
  2. Utiliza las palabras “por favor” y “gracias”.
  3. Dile a los demás cuánto les quieres y dedícales tiempo.
  4. Acepta a los demás tal y como son. No intentes cambiarlos y valora todo lo bueno que tienen, que es mucho.
  5. Saluda con alegría a todas las personas. A todas, conocidas y desconocidas.
  6. Escucha a los demás. Preocúpate por ellos. Pregúntales por sus cosas.
  7. Ayuda a los demás siempre que puedas. Si lo piensas, puedes siempre.
  8. Anima y levanta el ánimo a las personas que lo necesitan.
  9. Ten detalles y sorpresas con los demás.
  10. No te quejes, haz algo para mejorarlo.
  11. Pasea por la naturaleza.
  12. Relativiza los problemas. Sólo cuatro son graves.
  13. Genera paz y armonía a tu alrededor. No quieras tener siempre razón o que se haga lo que tú quieres.
  14. Pide perdón cuando te equivoques.

Catorce puntos muy fáciles pero muy difíciles, ¿verdad? Ojalá todos pudiéramos cumplir la mitad. ¡Ya sería un éxito!

Para terminar, una reflexión de este grandísimo gurú de la psicología positiva que, una vez más, te animo a seguir. La he intentado adaptar y escribir a mi manera, pero me sigue gustando muchísimo más la suya, por eso la copio tal cual. Que la disfrutes:

Vivimos en la sociedad del escaparate, en la que cuenta mas parecer que ser; la sociedad del aparentar, del figurar, del exhibir. Es el reino de lo ficticio, del envoltorio, de Instagram, es una carrera sin tregua que nos intenta arrastrar a todos, nos desgasta, nos desequilibra. La sociedad actual ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muchas dificultades para generar felicidad y alegría interior, que es lo que, en el fondo, todos buscamos. Porque todos queremos encontrar sentido a nuestras vidas; en el fondo de cada uno de nosotros existe el anhelo de vivir una vida de grandeza, de dejar huella, de aportar algo, de tener una vida con sentido. Y eso hay que buscarlo en el silencio, apartándose un poco de la sociedad, que lo es del ruido. En un entorno como el actual, que no vamos a cambiar y que se caracteriza por la rapidez y el estrés, es responsabilidad de cada uno de nosotros reivindicar momentos para la pausa, buscar espacios para la reflexión. Sin silencio nuestras vidas se ven invadidas por lo urgente, por lo superficial, sin tiempo para lo importante. Sin silencio olvidamos lo que es prioritario en nuestras vidas y nos dispersamos en mil cosas intrascendentes. Sin parar a pensar, sin parar a reflexionar, pasamos por la vida pero no la vivimos en profundidad. El tiempo y el esfuerzo que muchas personas invierten en acumular y mantener riquezas externas o materiales, corriendo como pollos sin cabeza, deja muy pocas oportunidades para cultivar la riqueza interior con cualidades como la bondad, la compasión, la amabilidad, la paciencia, la tolerancia, la humildad y la generosidad, que son las cualidades más importantes que podemos tener como padres, parejas, amigos y profesionales.