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Para, respira, conecta… Mindfulness

Llegamos tarde al cole. Miles de coches para cruzar la ciudad. Muchos whatsapps. Una cola kilométrica en el super. Va, a la ducha, que tenemos que cenar y es tarde. ¿Te suena? Estas dinámicas son cada vez más habituales en muchas casas y no hacen nada más que generar estrés y malestar. Justamente lo contrario de lo que busca el mindfulness.

El mindfulness, también llamado atención plena, es la concentración en el momento presente para aumentar la atención y sin juzgar. No es lo mismo que meditación, es diferente. El mindfulness es un descubrimiento personal, un viaje interno que cada uno hace por su cuenta. Es mucho más que una serie de ejercicios, respiraciones o movimientos.

Tanto los adultos como los niños, vivimos tan ajetreados, sobreeestimulados y prácticamente siempre con prisas que, de vez en cuando, es necesario parar y, simplemente, escuchar nuestra respiración. No hacer nada. Estamos constantemente preocupados por el pasado o por el futuro que está por llegar. El mindfulness consiste en detenernos en el momento presente y pensar: ¿qué está ocurriendo?, ¿qué siento?, ¿qué pensamientos pasan por mi mente?, ¿qué veo?, ¿qué oigo?

En nuestro día a día frenético, hacemos muchas cosas a la vez y constantemente nos interrumpimos. Por eso es normal que cada vez nos cueste más concentrarnos en una única tarea. Aquí es donde el mindfulness puede ayudarnos. Tanto a adultos como a niños, porque ellos también viven a mil revoluciones y necesitan algo para relajarse y desconectar. He estado investigando bastante sobre el tema y he encontrado métodos y ejercicios súper interesantes y relajantes para hacer en casa con nuestros hijos o en el aula con nuestros alumnos. De todos ellos, el que más me ha gustado es el famoso Método de la rana, para ayudar a la relajación y mejorar la atención de los niños. Creado por la terapeuta holandesa Eline Snel, autora de Tranquilos y atentos como una rana, es un libro  con ejercicios de respiración y relajación para niños y niñas de cinco a dieciocho años divididos en sesiones cortas, de entre 3 y 10 minutos. Los niños aprenden a entrenar la atención de forma lúdica y tomando consciencia de su su mente está en calma o no. Si te interesa este tema, te recomiendo muchísimo que te compres este libro y que lo tengas como libro de consulta para ir descubriendo nuevos ejercicios y actividades para hacer con tus hijos. ¡Ya tengo ganas de que Bruno y Martina sean un poco más mayores para empezar a hacerlos con ellos!

Yo ya me lo he comprado y lo he ojeado un poco. Uno de los ejercicios que más me ha gustado es el del Parte meteorológico personal, que consiste en enseñar a nuestros hijos que la mente se parece mucho a un gran océano. A veces está en calma y liso como un espejo y podemos ver las profundidades y otras está lleno de remolinos violentos con olas gigantes. Cada día podemos jugar con ellos a ver cómo se sienten, meteorológicamente hablando.

Otros ejercicios muy sencillos que me han gustado y que te recomiendo si quieres incorporar el mindfulness al día a día de tu familia son:

  • Caminad juntos en silencio, escuchando los sonidos que os acompañan.
  • Saboread lo que coméis. Dedicad un ratito a saborear un plato en silencio, notando las sensaciones que os produce esa comida.
  • Haced un “escáner corporal”. Siéntate o túmbate con tus hijos y, empezando por los dedos de los pies, tomad consciencia de cada parte de vuestro cuerpo, hasta llegar a la cabeza. Este ejercico se puede hacer en silencio o nombrando cada parte en voz alta, para dirigir la meditación de los más pequeños.

Me gustaría terminar compartiendo una reflexión de Allende Villorejo de Landia, directora de la escuela Mente y Vida, que dice lo siguiente: El sentimiento de insatisfacción que sufren muchas personas pese a tener a su disposición un gran bienestar material, los conflictos interpersonales en el entorno laboral y en el familiar, o la frustración que experimentamos cuando no conseguimos sacarle todo el partido a nuestro potencial como seres humanos son algunos de los campos en los cuales la inteligencia emocional y el mindfulness nos pueden dar las soluciones que necesitamos. Si queremos ganar bienestar, conectar mejor con los demás y con el exterior, primero necesitamos conectar mejor con nosotros mismos. Así es. Y a esto nos puede ayudar mucho el mindfulness.

We are family!

Hoy dedico este post a la familia. Sobre todo a las cabezas de familia que comparten tiempo e historias con sus hijos, que se preocupan por ayudarles a crecer de la mejor manera posible siempre recordando sus valores familiares.

Estuve pensando qué lesson plan compartir hoy con vosotros y me di cuenta de que el próximo martes 15 de mayo es el Día Internacional de la Familia. Se me ocurrió que una actividad tipo un árbol genealógico era una buena idea. Debo advertiros que estoy un poco sensible con el tema. Quizá sea porque me puse a investigar lo importante que es para todos conocer y conectar con nuestra familia y con nuestros antepasados. A veces, ser residente en un país diferente al que naciste y que tu familia esté lejos, es muy difícil. Con lo que me gustaría coger un avión e ir a verles.

Mientras investigaba sobre el tema recordé la película de Coco, ¿la habéis visto? Si no la habéis visto os la recomiendo mucho. No sólo porque conoceréis más sobre la cultura mexicana, algo que personalmente me hace mucha ilusión, sino también porque la temática me parece increíble. Es una película que te hace consciente de lo importante que es recordar a los familiares que ya no se encuentran con nosotros. Te hace darte cuenta de que, aunque ya no estén, no sólo serán parte de tu genética, si no de tu vida y tus decisiones. Un poco místico pero, a mi manera de pensar muy personal, real.

Hacer un family tree con tus hijos puede llegar a ser tan enriquecedor como tú quieras. Aparte de poner los nombres, edad y ubicación en la familia puedes agregar detalles: dónde viven, cuál es su comida favorita, canciones, anécdotas, costumbres, etc. Y no sólo eso, una vez montado, puedes dedicar un día al mes a tu family tree para hacer algo diferente: cocinar un plato típico de alguno de tus familiares o aprenderte una canción. Yo, si tuviese hijos, en noviembre haría un altar de muertos. Me parece una de las tradiciones más bonitas de México.

Hace tiempo leí un estudio que demuestra que conocer la historia de nuestra familia nos ayuda entender mejor por qué somos cómo somos y nos ayuda a ser más felices. Es importante reconocer que hoy en día hay cada vez más tipos de familia. ¿Qué quiero decir con esto? Que en la época de nuestros abuelos teníamos: abuelos, mamá, papá y hermanos. Hoy tenemos mamá, papá, hermanos, medios hermanos, medias hermanas, pareja de mamá, etc. Me parece muy importante que nuestros hijos conozcan y, muy importante, acepten a su familia sin tabúes ni secretos. Creo que es la manera más fácil en la que se aceptarán a ellos mismos.

¿Y cómo empezar con nuestro family tree? ¿Os acordáis de cuando vuestros padres o abuelos contaban historias y vosotros escuchabais atentos a cada detalle? Pues es el momento de buscar en el archivo de las fotos y aprovechar las nuevas tecnologías para pedirles a nuestros hermanos, tíos y demás familia que estén fuera una foto suya o de su familia. Imprimirlas y… ¡comenzar a contar historias!

Estuve buscando imágenes para daros alguna idea de árboles chulos y encontré ésta que me gustó mucho.

Crédito: Imagui

Los colores y los detalles me encantan y creo que podría quedar muy bien en alguna pared de casa. Podéis comprar un lienzo chulo o una cartulina y después enmarcarla. Es muy importante que las fotos tengan el mismo tamaño. Los colores y tipo de pinturas os lo dejo a vuestra elección. Eso sí, os recomiendo que primero lo hagáis en una hoja de papel y después, antes de pintarlo, lo tracéis con lápiz.

Si tenéis hijos muy pequeñitos es muy probable que no se enteren de mucho. Mi recomendación es que hagáis el family tree igualmente, os lo curréis para que pueda estar en un sitio visible en casa y habléis de él continuamente. Nuestros pequeñitos irán creciendo, se irán enterando de más cosas y, seguramente, se les despertará la curiosidad por saber más. A ellos les ayudará a conocer a nuestra familia y, a nosotros, a no olvidarla.