Entradas

Siempre hay colores intermedios

Hoy es el quinto día que llevamos encerrados en casa, el quinto día de confinamiento. Confinamiento, una palabra que no usábamos muy a menudo y que, en estos días, está en boca de todos, significa recluir algo o a alguien dentro de límites. Eso es lo que estamos haciendo estos días, pasar las 24h del día dentro de los límites de nuestra casa, sólo pudiendo salir a comprar. Cómo cuesta, madre mía. ¡Y todavía nos quedan diez días más, por lo menos!

Te voy a contar, de forma muy sincera y natural, cómo están siendo para mí este confinamiento. Durante estos días, he experimentado diferentes formas de envidia: envidia de aquellos que no tienen hijos y que pueden confinarse tranquilamente en su casa solos o en pareja. Seguramente tendrán que trabajar desde casa un ratito, pero también podrán leer, descansar, ver series, charlar tranquilamente con su pareja, hacer videollamadas con sus amigos, etc. ¡Qué diferente a lo que puedo hacer yo! Jornada completa non stop con mis hijos (suerte que también está mi marido), jugando con ellos, pensando mil y una actividades para que no se aburran, para que podamos ir ocupando las horas y se cansen, para poder dormir por la noche.

También he sentido envidia de aquellos que trabajan para otros. Algunos de ellos tendrán que trabajar desde casa (la mayoría), si su trabajo se lo permite. Pero bueno, una vez hayan cumplido con su obligación, dormirán tranquilos porque sabrán que cobrarán igualmente a final de mes. No es ese mi caso, ni el de muchos otros pequeños empresarios, que estamos acojonados (hablando en plata) por cómo va a ir evolucionando todo esto, rogando que el confinamiento no se alargue más de las dos semanas que nos han dicho, porque eso podría tener consecuencias muy muy negativas para nuestras empresas. Para algunos, incluso irreversibles.

También he sentido envidia de los que tienen una casa con jardín o con terraza grande, porque ellos podrán salir un ratito a tomar el sol cada día. Por lo menos un ratito al exterior, se necesita como el agua. En estos días, la gran ilusión del día es bajar la basura o ir a comprar el pan, leche o lo que haga falta. Seguro que a muchos de vosotros os pasa igual, ¿a que sí?

También he sentido envidia de los que tienen tiempo para ponerse a hacer las clases de yoga, de zumba o de aerobic online. ¡Cuántas opciones nos están llegando estos días! Quizás parecerá un poco contradictorio, porque estamos todo el día en casa, pero todavía no he conseguido sacar tiempo para hacer estas cosas. Estoy todo el día con los niños, jugando con ellos para que se lo pasen lo mejor posible, preparando comidas y cenas, ordenando lo que puedo la casa para que no esté hecha un desmadre… ¡No he tenido ni tiempo para unirme a una de estas clases en un directo de Instagram!

Dicho esto, te diré que hace un rato, cuando he tenido unos minutos para tumbarme en el sofá mientras mi hijo veía un ratito la tele, he pensado que tenía que hacer un clic, un cambio de mentalidad. Porque, si no, es para volverse loco.

Está claro que cualquier ser humano se vuelve loco y se rebela cuando le coartan la libertad. Eso es el primer problema que está ocasionándonos el maldito coronavirus. Que te prohiban salir de casa si no es por un motivo de extrema necesidad, es realmente difícil de asumir. Creo que para cualquier persona, pero sobre todo si eres alguien tan activo y callejero como yo, que no soy de estar mucho por casa. Es como si me faltara el aire, necesito salir e ir caminando donde me apetezca. Miro por la ventana, veo la calle tan vacía, y me dan escalofríos.

El segundo problema es el de no ver claramente dónde está el final. Hasta cuándo. Eso es algo muy incierto, porque cada día va saliendo información nueva. Algunos que dicen que no habrá cole hasta mayo (esperemos que no), otros que dicen que la incorporación a la vida normal será progresiva, para que no se vuelva a disparar el número de contagios… Y muchas más predicciones que no sabemos si acertarán o no. En cualquier caso, sólo nos aportan incertidumbre y miedo, porque no sabemos lo que va a ocurrir.

El tercer problema es la impotencia que causa el no poder hacer nada por evitar que sigan multiplicándose los casos de infectados. Lo único que podemos hacer es quedarnos en casa, pero mientras haya gente que tenga que ir a trabajar, coger el metro y moverse por la calle, los contagios no pararán. Y mientras haya personas mayores paseando tranquilamente por la calle, el número de fallecidos no disminuirá. Esta mañana he salido un ratito al super y, por la calle, ¡sólo veía personas mayores! Sí, con mascarilla y todo lo que quieras, ¡pero mayores! ¿Por qué no se quedan en casa? Siento impotencia al ver lo estrictos que han sido en China y lo poco estrictos que estamos siendo aquí. Claro que el tipo de país y el tipo de sociedad no se parecen en nada, no se puede comparar, pero si no lo hacemos estrictamente bien… en dos meses no habremos evolucionado y estaremos exactamente igual que ahora.

El cuarto problema es la crisis económica en la que va a quedar sumida España (y muchos otros países) después del coronavirus. Los pobres dueños y trabajadores de restaurantes se quedan sin ingresos, igual que los dueños y dependientes de las tiendas, igual que los pequeños empresarios, que tendremos que ingeniárnoslas muy mucho y trabajar muy duro para salir de ésta. Porque no es ninguna tontería. A ver si es verdad que el gobierno permite que durante algunos meses no se paguen cuotas de autónomos, no se paguen alquileres o no se pague la Seguridad Social de los trabajadores. Nos lo han prometido, pero no sé si me lo creo. Ojalá que así sea.

Uf, me estoy quedando a gusto escribiendo este artículo, necesitaba verbalizar todo lo que estoy sintiendo. Como decía antes, veo claramente que tengo que hacer un cambio de chip e intentar verle la parte positiva a todo esto, porque seguro que la tiene. La reina de ver la parte positiva a cualquier cosa es mi madre, una gran maestra en esto. Ella siempre dice que lo que tenga que ser, será. Vivamos siempre con una sonrisa. Pienso mucho en esta reflexión estos días. Por otro lado, la frase estrella de mi padre, que nos ha repetido muchas veces a mi hermana y a mí desde que éramos pequeñas, es En esta vida, ni todo es blanco, ni todo es negro, siempre hay colores intermedios. También muy cierta y adecuada a la situación que estamos viviendo. Tendría que tatuarme estas dos frases para no olvidarlas estos días, porque me harán mucha falta.

¿Qué voy a hacer entonces?

Voy a intentar no preocuparme tanto por lo que vendrá, sino trabajar las máximas horas que pueda, sin autoexigirme lo imposible tampoco, e intentar potenciar mi creatividad. Seguro que se me ocurra alguna idea brillante para que, cuando todo vuelva a la normalidad, mi empresa pueda superar este bache tan fuerte.

Voy a intentar tener más paciencia con mis hijos y no saltar a la mínima, porque para ellos esta situación también es muy difícil. No entienden nada, quieren salir al parque, a casa de sus abuelos y a jugar con sus amigos, y no puede ser. Está en mis manos y en las de mi marido que estos días sean lo más divertidos posible para ellos. Hay un montón de recursos e ideas súper entretenidas que muchas gente está compartiendo estos días de forma totalmente desinteresada. Así que voy a aprovechar que estos días tenemos todo el tiempo del mundo para estar juntos y voy a disfrutar de ellos, de su evolución y de todos sus aprendizajes.

Voy a intentar no comparar mi situación con la de otros, sintiendo que yo estoy peor, más preocupada, más nerviosa o más condicionada. Cada uno tiene el escenario que tiene y no sirve de nada compararse. Tenemos que  conformarnos y agradecer todo lo que tenemos. Ser agradecido es gratis y se puede hacer sin salir de casa, así que no hay excusa.

Voy a intentar ser agradecida, valorar todo lo que tengo, sobre todo mi familia y mis amigos incondicionales. Y mi salud, eso también, que muchos no la tienen. Para darme un “chute de agradecimiento” creo que retomaré una rutina que hice durante un tiempo que era apuntar, cada noche antes de acostarme, tres cosas positivas que me hubieran pasado durante ese día. ¡Qué bien que va! Si no lo has probado, te lo recomiendo. Ayuda muchísimo a ser conscientes de la suerte que tenemos.

Y, por último, voy a intentar sacar algunos minutos al día para mí, para darme un bañito relajante, para asistir a alguna clase de yoga online, para leer esos libros que hace tanto tiempo que tengo pendientes o, simplemente, para llamar a mi hermana y estarme media hora hablando con ella tranquilamente. Porque estos días, por suerte, tenemos tiempo de sobras.

Sé que si focalizo mi atención en esta última parte de mi escrito en vez de en la primera, el confinamiento será muy diferente. Tanto el mío, como el de mi marido, como el de mis hijos. Porque, recordando la frase de mi padre, estaré viéndolo de colores intermedios, no tan negro como antes. Cada día será una fiesta el ratito que nos hacemos una videollamada con mi familia para vernos todos y compartir lo que hemos hecho ese día, aunque sea poquita cosa. Y lo que sí que será un fiestón de los grandes será el día en que podamos reunirnos todos para comer juntos en una terracita y abrazarnos todo lo que queramos. Estoy segura de que la mayor enseñanza que nos regalará toda esta pesadilla será la de valorar los pequeños placeres de la vida que antes dábamos por sentados.

No tener nada no es excusa para no hacer nada

Me hace mucha ilusión hoy escribir sobre ecología y experimentos. Hacía mucho tiempo que no tocaba este tema y, si me conoces, sabrás que me gusta mucho escribir sobre esto y lo importante que es para mí la educación medioambiental  en los más pequeños.

Creo firmemente que la base de esta educación está en los adultos. Aún sigo viendo adultos que no saben ni cómo reciclar o que todavía  no se dan cuenta del grave problema al que se está enfrentando nuestro mundo. Creo que, si no hacemos algo pronto, estaremos a tres veranos de no poder bañarnos en el mar.

Pero hoy no voy a escribir de lo mucho que me preocupan estos adultos, sino de aquellos otros que están sembrando semillas de conciencia en niñas, niños y también en adultos. El otro día, por ejemplo, mi profesora de baile nos pidió que por favor trajéramos una botella de agua de casa o que compartiéramos vaso de agua con alguien más de la clase. Estaba muy preocupada después de haber visto un documental del plástico y el mar.

Si en mi estudio de baile cada día hay cuatro clases con un promedio de 8-10 bailarines, cada semana pasan por ahí aproximadamente 150 personas. Si sólo la mitad bebe agua, al mes se usan y tiran 300 vasitos de agua que tuvieron un período de vida de 5 minutos o menos. Más de 3000 vasos de plástico al año por un estudio de baile. Imagínate si nos ponemos a contar. Hoy todas somos más conscientes del uso de los vasos, compartimos, llevamos botellas de casa o, simplemente, nos esperamos a beber algo fuera. Me hizo pensar que pequeñas acciones hacen grandes diferencias y que, si nos propusiéramos hacer esto en todos los estudios de baile, en todas las academias, en todos los centros en los que hay niños y niñas bebiendo agua de los dispensadores de agua, sería genial.

Buscando ideas y maneras de hacer pequeñas cosas que enseñen a nuestros niños a cuidar el mundo, me encontré con un proyecto que me encantó. Un proyecto que me hizo darme cuenta de que las cosas que se hacen desde el corazón tienen un impacto mucho mayor.

El proyecto nació en Asunción (Paraguay) en 2011. En Cateura, un barrio muy pobre en el que hay un gran vertedero de basura. Fávio Chávez, director de orquesta, comenzó a dar clases gratuitas de música. La falta de instrumentos musicales llevó a un recolector de basura a fabricar un violín con materiales del vertedero. Es a partir de ahí que nace la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura. Si no la conoces, te la presento.

Me parece impresionante. Las palabras del Director de la orquesta son las que dieron vida al título de este blog. Palabras que me parecieron muy sabias: No tener nada no es excusa para no hacer nada. Este proyecto no sólo ayuda al medio ambiente. Este proyecto le ha dado a muchísimos niños y niñas la oportunidad de hacer algo muy importante con sus vidas. Les ha dado la oportunidad de viajar y conocer el mundo. Les ha dado herramientas para crecer y desarrollar su autoestima y su seguridad. Me parece uno de los proyectos más integrales que he visto nunca. «El mundo nos da basura, nosotros le devolvemos música», dicen.

Creo que este es un ejemplo de pequeñas cosas que pueden hacer una gran diferencia. Yo soy de las que piensa que es así y hoy te invito a que tú también lo seas y lo compartas con los pequeños habitantes de nuestro mundo.

Te dejo una lista de ideas de «pequeñas cosas» que puedes hacer con tus hijos que encontré en un blog que me gustó mucho.

  1. Fabrica tu bolsa de la compra – Utiliza una camiseta vieja para crear tu propia bolsa de la compra. Cada uno puede elegir una camiseta que ya no utilice y hacer su propia bolsa. De esta manera, involucras a tus hijos en el proceso y los motivas a reutilizar ropa, a no utilizar bolsas de plástico en el súper y a que te ayuden con la compra. Aquí te dejo un enlace de cómo hacer una bolsa que no requiere coser pero, si quieres hacerla más elaborada, tienes muchísimos enlaces en Internet con ideas y tutoriales.
  2. Haz tus propios productos de limpieza en casa. Te dejo el enlace del post que escribí hace un tiempo en el que te cuento cómo hacerlos y te recuerdo que, además de ser mejore para tu salud y medio ambiente, si lo hacéis todos juntos, la probabilidad de que tus hijos te ayuden en casa, es mucho mayor.
  3. No uses el coche los findes, si no es necesario – Sobre todo ahora que comienza el buen tiempo, sal a dar paseos, ve en la bici, monopatín o cualquier cosa que tenga ruedas y requiera de las piernas para moverse.
  4. Conoce los proyectos de tu barrio – Investiga dónde se plantan árboles o si hay algún proyecto de limpieza de playas en tu pueblo de veraneo. Si no lo hay y tienes hijos mayores, podrías motivarlos a que lo hicieran ellos mismos con sus amigos del verano.  Me hace pensar en el «Trashtag challenge» que se volvió viral hace unos días.
  5. Produce tus alimentos – A ver, esto obviamente está limitado al espacio en tu casa. Si no tienes mucho espacio, siempre puedes tener una maceta de albahaca que crece muy fácil y que puedes poner en la pasta o pizza. Créeme, a tus hijos les encantará comerse algo que ellos mismos han cuidado.

Y aquí terminan mis consejos. Bueno, me queda uno: no olvides poner el corazón y un motivo a cada una de las cosas que haces con tus hijos. Creo que es la única manera de que realmente aprendan algo y lo apliquen en el futuro.

Ideas messy-free para tu bebé

Cuando leí que en los primeros tres años de vida se produce el 85% del desarrollo neuronal, de la comunicación y de la comprensión del bebé me di cuenta de lo importantes que son las actividades que estimulen los cinco sentidos de nuestros más pequeñitos.

Hoy te propongo una serie de ideas y actividades que puedes hacer en casa y que benefician el desarrollo emocional, social y cognitivo de tu bebé. Recuerda que todo lo que el bebé siente, ve, oye y huele, contribuye al desarrollo cerebral.

Estas ideas son 100% messy-free, lo que significa que no te quedará la casa hecha un desastre y no necesitas mucho para crearlas. De hecho, la mayor parte de lo que necesitas seguramente lo encontrarás por casa. ¡Allá vamos!

  1. Messy-free painting – Necesitas una hoja de papel (preferentemente cartulina), pinturas de colores y una bolsa de cierre hermético. Mete la hoja dentro de la bolsa y añade gotas de pintura por toda la hoja. Asegúrate de que haya suficiente pintura para que, cuando cierres la bolsa y se la des a tu bebé, pueda ver cómo al hacer presión sobre el color, se expande la pintura. Aquí tu bebé estará aprendiendo las leyes de causa y efecto. Se lo pasará pipa jugando y descubriendo cómo va cambiando su pequeña obra de arte.
  2. Papel celofán – O cualquier otro papel que no se rompa con facilidad y haga ruido. A mí me gusta el celofán porque, aparte de hacer ruido, a los bebés les encanta ver a través del papel. A los bebés les ENCANTA que las cosas hagan ruido. Si tienes un trozo de papel lo suficientemente grande para que lo arrugue, se siente en él, se mueva, gatee y escuche el ruido, estarás haciendo muy feliz a tu bebé. También estarás estimulando su sentido del oído y, una vez más, le estarás enseñando que cada causa tiene su efecto. Si arruga y mueve, escuchará un ruido. Si ve a través de él, verá diferente. Recuerda que la base de todo aprendizaje es el descubrimiento.
  3. Tengo 3 cosas y 2 manos – Lo único que necesitas son varios juguetes y/o cosas que tu bebé pueda coger con las manos. Comienza por darle dos cosas. Espera que las coja, juegue con ellas, se las meta a la boca, etc. Ahora ponle a la vista una tercera cosa. Es muy interesante ver qué dejará en el suelo para coger la tercera cosa. Aquí tu bebé estará aprendiendo a resolver problemas y a decidir qué es importante y qué es lo que quiere. Interesante, ¿no?
  4. Tambores caseros – Son perfectos para desarrollar el sistema auditivo de tu bebé y puedes hacerlo con cualquier cosa que tengas por casa. Desde latas de leche de fórmula, tuppers con pasta y arroz, cucharas de madera, etc. Deja que tu bebé descubra diferentes sonidos a través de diferentes cosas.
  5. El juguete de las formas – Éste es de creación propia. Necesitas tela, una tapa de plástico y un palillo chino. Pegamos el palillo a la tapa de plástico con la pistola de silicona. Hacemos las formas con fieltro, foam o incluso reciclando ropa vieja y hacemos un agujero en medio. Es así como creamos un juguete que ayuda a los más pequeños a identificar formas y colores al mismo tiempo que practican su psicomotricidad fina. 
  6. Sensory bags –  Necesitarás una bolsa que cierre muy bien, cinta para reforzar todos los lados de la bolsa, gel transparente o agua, colorante alimentario, purpurina y piedrecitas de colores.  Añades la purpurina y las piedras de colores (o cualquier otro elemento pequeñito que no sea filoso y corras el riesgo de agujerear la bolsa), añades el gel o agua y el colorante alimentario y mezclas bien. Cierras la bolsa y refuerzas todos los lados para que no se rompa ¡y a jugar! Esto es genial para desarrollar la atención y el seguimiento visual de las cosas. Puedes pegar con cinta adhesiva la bolsa al suelo para que no se mueva y tengas a tu bebé jugando en un mismo espacio.
  7. Cesta de la ropa y cintas de colores – Enreda cintas de colores en una cesta de la ropa que tenga agujeros y observa cómo tu bebé se entretiene estirándolas. Entenderá que, si tira lo suficiente, logrará sacar la cinta por completo.
  8. Peek a boo – Jugar a «peek a boo» va muy bien para que nuestros bebés entiendan que, aunque un objeto no está a la vista,  existe. Puedes jugar escondiendo un juguete bajo la manta. Empieza escondiendo sólo una parte del juguete. Una vez que lo encuentre, escóndelo por completo. Tu bebé desarrollará la vista y el tacto para encontrarlos. Puedes esconderte tú también detrás de la manta y aparecer. ¡Esto les encanta!

En realidad, hay mil ideas para hacer con tus bebés en casa que les ayuden a desarrollar sus capacidades cerebrales. Yo te recomiendo hacer uno de estos juegos a la vez y pasar el mayor tiempo posible antes de intentar hacer otro. Creo que, a través de estas dinámicas, podemos enseñar a nuestros bebés a desarrollar la atención plena desde pequeñitos y concentrarse en desarrollar sus habilidades. Ya me contarás qué tal.

 

Cómo volver a la rutina sin morir en el intento

Es hora de volver a la rutina. ¡Por fin! Es lo que muchos padres nos han comentado estas últimas dos semanas. Hoy nosotras volvemos a escribir pero lo cierto es que llevamos dos semanas de casal lleno de niños y de historias. Historias que a mí, personalmente, me llegan al corazón. Ya, ya sé que soy muy sensible pero es que, ver cómo algunos niños se quedan realmente devastados al despedirse de sus padres un lunes por la mañana después de estar todo el verano con ellos, me rompe el corazón. Somos, muchas veces sin darnos cuenta, partícipes de los primeros pequeños tropezones de un niño. Para ellos, el mundo se cae encima y nosotras somos responsables de apoyarles y guiarles en un camino hacia la “independencia”, entre otras cosas.

Luego, están los niños que no pueden esperar a bajarse de la bici y entrar sin siquiera decir bye bye. La cara de los padres, en este caso, también podría romperme el corazón.

Lo que es cierto es que la vuelta al cole y a la rutina es difícil. Si ya lo es para los que no tienen hijos, no me quiero imaginar lo que es para vosotros, nuestras familias.

Así que nuestro primer post de la temporada va de esto, cómo volver a la rutina sin morir en el intento y cómo hacer que este cambio sea lo menos drástico para nuestros peques.

Los primeros cambios que experimentan nuestros peques pueden llegar a ser difíciles. Creo que la manera en la que nosotros les guiemos es fundamental para su capacidad de reacción en un futuro.

Lo primero que muchos psicólogos y expertos en el tema recomiendan es: reconocer los sentimientos por los que estás pasando. Por ejemplo, una de nuestras peques, al principio del casal, lloraba sin parar y seguramente no entendía por qué de repente tenía que estar en un sitio desconocido, con gente desconocida y escuchando un idioma que no es el suyo… ¡vaya drama!

Una de las cosas que más amo de mi trabajo es que estoy en constante aprendizaje, los niños me enseñan mil y un cosas. Ese lunes, cogí a la pequeña y la llevé al jardín (generalmente esto siempre funciona, porque les encanta el regar el huerto y las plantas) pero no funcionó. La nena lloraba con un sentimiento que no era de berrinche, sino de tristeza.  Entonces me senté y hablé con ella, estuvimos de acuerdo en que estaba triste, que quería un abrazo, que era normal que llorase, que era todo diferente pero que aquí estábamos para ella. Le enseñé todo lo que íbamos a hacer, le presenté a su profesora, hablamos de las cosas que nos gustaban y poco a poco se fue soltando. Cuanta más información iba teniendo, mejor se iba adaptando.

Con esto quiero decir, mezclando un poco mi pequeña historia personal con los consejos de los profesionales es que es muy importante identificar, reconocer y aceptar lo que sentimos ante cualquier cambio (va para los adultos también) pero sobre todo con los niños. A veces es bueno cambiar el “cómo estás” a “cómo te sientes”.

El siguiente consejo se reduce a una sola palabra: prepárate. Si tu familia está preparada, estará tranquila y todo será más fácil.

Si eres una mamá o papá que está a punto de dejar a sus niños por primera vez en la escuela, te recomiendo que este fin de semana hagáis una excursión divertida al cole. Si vais caminando podéis investigar diferentes rutas, ver qué hay por el camino, pintar con tizas pistas secretas para llegar, crear historias y recuerdos divertidos.

Los hábitos de sueño y comida, se han de recuperar y ha de ser poco a poco. Recordad que los cambios, mejor si se hacen graduales. Unos días antes de que comenzáramos la escuela, mi padre nos hacía irnos a dormir muy temprano para poder despertarnos pronto, desayunar y… luego nada (porque no había cole). Yo no entendía nada. Cuando me vi a mí misma este verano haciendo lo mismo, súper orgullosa de que iba a dormirme pronto y levantarme temprano para pillar la rutina, cuando me di cuenta de que era lo que hacía de pequeña, me quedé a cuadros. Sin duda alguna, lo que hacemos de pequeños, nos influye de mayores.

Os explico una actividad que me pareció genial para prepararse. Me encanta la historia de la mamá que está detrás de la idea y las rutinas que propone son bastante claras. Siempre podéis añadir más rutinas y crear otras tarjetas, pero lo importante es que, antes de empezar a utilizar la tabla, lo habléis con los pequeños. Ellos necesitan entender y saber de qué va el cambio. Ella recomienda sentarte en familia, hablar de por qué es importante hacer cada cosa durante la mañana. También propone un test run (ensayo) para que sepan cómo hacer cada una de las rutinas: enseñarles dónde está el uniforme o la ropa para el cole, o cómo poner pasta de dientes en el cepillo, etc.

Aquí os dejo las tarjetas para que las podáis imprimir y plastificar. La idea que propone la autora es colgarlas en un marco grande con unos ganchos y girarlas cuando se completen las tareas. Están en inglés así que mejor aún, podéis practicar un poquito por la mañana.

Mi último consejo es: despídete de las vacaciones propiamente. Los que me conocéis, sabéis que soy muy anti móvil. Seguramente tenéis mil fotos, recuerdos y momentos en el móvil que molaría mucho imprimir. Podéis crear una especie de diario/álbum de fotos y recuerdos. Esto les ayudará también a recordar los momentos felices, a dejarlos en un sitio y, lo mejor de todo, les dará la oportunidad de volver a ellos siempre que quieran.

Espero que la vuelta al cole sea lo mejor posible, recordad que está en nosotros decidir cómo queremos pasar el día, estar contentos con nuestras decisiones y agradecer lo que tenemos alrededor.

Welcome back everyone!

¿Queréis ideas de actividades para este verano?

¡Hola! ¿Qué tal familias? Nosotras estamos muy bien, divirtiéndonos muchísimo en nuestro Summer Camp. A veces, no sé quién se lo pasa mejor, si los niños o nosotras. Entre toda esta aventura no podemos descuidar a los lectores del WonderBLOG (que hemos descubierto que tenemos más de uno habitual y eso nos pone muy contentas). Esta vez he pensado en proponeros actividades que podréis hacer con vuestros niños una vez que los casales cierren sus puertas, actividades sencillas de preparar y con materiales que podemos encontrar por casa.

Una de las cosas que más me gustaba de pequeña era cocinar o, bueno, ayudar. Casi todo lo que sé me lo enseñó mi abuela materna y recuerdo que desde muy niña disfrutaba mucho ayudándola. Creo que una de las cosas que más me gustaba era limpiar las lentejas, ir buscando una por una que no hubiese piedrecitas. Me podía estar horas.

En fin, el siguiente vídeo nos enseña a hacer pan en una bolsa hermética, una idea perfecta para evitar un desastre en la cocina y muy sencilla.

La idea la tomé del blog de Leigh Anne Wilkes, aquí podréis ver toda la receta entera con fotos. Igualmente, más adelante encontraréis la receta completa. Me encantó la idea de forrar la mesa con papel de horno, de esta manera podemos escribir la receta en él para que los niños la sigan fácilmente. Los mayores podrán leerla y a los pequeños podemos hacerles dibujitos. Si la hacéis, me encantará ver alguna foto.

Ingredientes:

  • 3 tazas de harina
  • 3 cucharaditas de azúcar
  • 2,5 cucharaditas de levadura
  • 1 taza de agua templada
  • 3 cucharaditas de aceite de oliva
  • 1 cucharadita de sal

 Instrucciones:

 1. Poner dentro de la bolsa de plástico una taza de harina, el azúcar, la levadura y el agua caliente.
2. Apretar hasta que no quede aire dentro de la bolsa y sellar.
3. Apretar y mezclar con las manos hasta que la masa esté uniforme.
4. Dejar reposar durante 10 minutos a temperatura ambiente. Se formarán burbujas.
5. Abrir la bolsa y verter una taza de harina, aceite y sal.
6. Cerrar la bolsa y remover hasta que esté bien mezclado.
7. Agregar la última taza de harina y continuar mezclando de la misma manera.
8. Retirar la masa de la bolsa y poner sobre una superficie ligeramente enharinada.
9. Amasar durante 5-10 minutos o hasta que esté suave.
10. Depende del recipiente, dividir la masa (si son pequeños) o hacer un pan grande.
11. Cubrir con una toalla y dejar reposar 30 minutos.
12. Hornear a 375 grados durante 25-30 minutos o hasta que el pan esté dorado

Pasemos a otra idea. El siguiente vídeo representa una de las dinámicas que más me gusta utilizar con los niños, les enseña a concentrarse y a trabajar en equipo. Esta actividad puede adaptarse a mayores y pequeños aumentando o disminuyendo la «dificultad» del circuito.  Sólo necesitas una cuerda, cinta y mucha imaginación. Los niños pueden ayudarte a diseñar el camino y se pueden pensar en diferentes variantes para cruzarlo, como: ir cogidos de las dos manos, ir en parejas, uno con los ojos cerrados y la pareja guiándole, saltando a la pata coja, etc.

تمرين رائع للاطفال لتدريبهم على التركيز و التعاون ....

Publié par ‎القدس - alquds‎ sur mardi 22 novembre 2016

Ya os había comentado que soy muuuuuy fan de una página que se llama The Dad Lab. Me parecen increíbles todas las ideas que este full-time dad practica con sus hijos, me encanta ver a los niños crecer y aprender tantas cosas mientras se divierten. Las actividades de esta página son la razón por la que se me ocurrió escribir este post. Cuando vi estos vídeos pensé en todos los papás que necesitan que sus niños estén entretenidos, y qué mejor que haciendo cosas divertidas. Son actividades súper sencillas en los que se necesitan materiales que generalmente tenemos en casa y que seguramente entretendrán a los pequeños un buen rato. Ya me contaréis.

Empecemos por una actividad en la que sólo se necesitan diferentes figuras, hojas de papel, lápices de colores y…¡sol!

A que mola, ¿eh? Realmente me gusta mucho esta idea, no necesitas muchas cosas y los niños, aparte de practicar sus habilidades psicomotrices, pueden jugar a adivinar qué figura representa la sombra, así como dejar volar su imaginación y decorar su dibujo.

El vídeo que a continuación os muestro me encanta. Puedes divertirte decorando el guante y, aparte de esto, sólo necesitas un vaso de cartón y una pajita.

Por último, que me podría estar aquí días escribiendo sobre todas mis actividades favoritas con los niños, os propongo una actividad exterior en la que los pequeños pueden divertirse y estar horas y horas jugando. Es una actividad en la que creo que, cuantos más niños haya, mejor. Así que si tenéis primos y vecinos este verano, podéis hacerla con ellos y dejarlos experimentar e idear sus propias cajas. Es verdad que se necesitan muchas cajas, pero se pueden utilizar de diferentes tamaños y seguro que será más divertido.

Con esto me despido familias, espero que las ideas os hayan gustado y, si hacéis alguna este verano, ¡enviadnos fotos!

Een blotevoetenpad in de tuin van de Tjalk. Wat een belevenis!

Publié par Columbus Junior Losser sur vendredi 23 juin 2017