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Este verano, déjalos que se ensucien

Última semana de coles para muchos. Las vacaciones están a la vuelta de la esquina, los planes de verano, las escapadas y los días largos en los que algunas veces no sabes qué hacer con los niños. Los padres también se quieren relajar. Las madres también necesitan descansar. Todos quieren un poquito de silencio pero, seamos sinceros, con niños es prácticamente imposible. Así que, una vez aceptado esto, te voy a dar un consejo: este verano, déjalos que se ensucien, que exploren, que la líen, que mezclen agua con tierra y piedras, que ensucien sus muñecos, que se bañen en barro, que coman con las manos, que sean libres. Recuerda que, con muy poco, puedes hacer que estén entretenidos durante mucho tiempo.

Creo que no me equivoco cuando digo que cada vez estamos más estresados por tenerlo todo planificado. Y es muy importante tener planes. Y ser organizado. Pero es tan importante esto como dejarse ir un poquito. Y tus hijos tienen que verlo para aprenderlo. Al final, como dice mi padre: los hijos no hacen lo que tú les dices, simplemente te imitan. Si esto es cierto, si te ven relajado, se relajarán; si te ven aburrido, se aburrirán; si te ven descansar, descansarán. Y qué difícil es, ¿eh? A mí, con mis alumnos, me cuesta muchísimo. Algunas veces me dan ganas de tirar la toalla, pero es siempre cuestión de paciencia. Otra cualidad importantísima de enseñar.

¿Y a qué viene todo esto? Pues viene de que, hace algunas semanas, en mi clase con los más pequeñitos, organicé un circuito de equilibrio y texturas para que jugaran. Invertí mucho tiempo preparando los materiales, pensando en la mejor manera de poner las bandejas, qué materiales irían en cada una, etc. Quedó increíble y me moría de ganas de que llegase el viernes y ponernos a jugar. Y así fue.

Jugaron menos de 5 minutos. Ya está. Mi plan de que hicieran el circuito muchísimas veces y sintieran la tierra, y el algodón y los pompones y la pasta…finalizó en un abrir y cerrar de ojos. Me acuerdo que le comenté a una de las mamás lo fuerte que me parecía cómo a veces invertimos tanto tiempo preparando algo para los niños para que ellos en menos de lo que canta un gallo se aburran y decidan no seguir «tu plan».

Me quedé con la espinita clavada y el viernes pasado decidí volver a montar el circuito. Les enseñé de nuevo cuál era el objetivo del juego (mi objetivo) y los dejé tranquilos. Me senté en una esquina a observarlos y dejé que hicieran lo que quisieran.

Fue increíble. Estuvieron 15 minutos (que ya es bastante) jugando en el circuito, mezclando las piedras con el agua, la tierra y el arroz, vaciando las jarras de agua, pasándoselo pipa y jugando a los equilibrios cuando ellos querían, cuando ellos lo decidían.

Aprendí que los niños necesitan tiempo para entender lo que nosotras damos por sentado. Aprendí que es muy importante ser paciente con ellos y dejar que exploren, toquen, sientan, revuelvan y descubran causas y consecuencias por ellos mismos. Me di cuenta, una vez más, de que el juego es el idioma universal de cualquier niño y que cada uno lo desarrolla a su manera.

Te invito a que este verano te ensucies con tus hijos. Tengas paciencia y no lo planees exactamente todo. Créeme que te servirá tanto a ellos como a ti. Si tienes niños pequeños, te invito a que hagas este circuito con ellos. Los materiales los eliges tú, yo utilicé:

  • 3 bandejas grandes
  • 2 pequeñas
  • Piedras
  • Tierra
  • Agua
  • Juguetes que se puedan mojar
  • Arroz y garbanzos pintados (ojo con los más pequeñitos)
  • Pan rallado
  • Esponjas
  • Pasta cruda

Pones cada cosa en las bandejas, ¡y a jugar!. Y no esperes que hagan el circuito con un equilibrio perfecto y sin ensuciar nada. Al contrario. Déjalos que exploren y jueguen. Enséñales cómo divertirse y hacer equilibrios en las bandejas grandes y luego siéntate, observa, descansa y disfruta de ver a tus hijos cómo exploran, cómo aprenden y, sobre todo, cómo crecen.

Hoy nos despedimos del WonderBLOG. A partir de la próxima semana estaremos súper centradas en nuestro Summer Camp y después…¡vacaciones! Nos vemos en septiembre familias, muchísimas gracias a todos los que han hecho de este curso ¡un gran curso!

Feliz verano a todos.

Hábitos saludables del siglo XX para niños del siglo XXI

Hoy el post va de aquellos hábitos que no debemos olvidar. Esos hábitos con los que, nosotros los adultos, crecimos. Hábitos que hoy nos ayudan a ser personas creativas, seguras, sin trastornos de atención y, sobre todo, felices y resilientes.

Vamos por partes, ¿sabéis qué es la resiliencia? Es un término que descubrí hace unos años y se define como la capacidad de las personas para superar o adaptarse a situaciones difíciles o traumáticas. Estoy segura que todos queremos que nuestros niños y niñas estén preparados para enfrentarse y superar situaciones difíciles que se presenten a lo largo de sus vidas, ¿o no?

Cosas tan sencillas como trepar un árbol, saltar a la cuerda, pasar horas y horas en el parque ideando juegos de piratas y tesoros sin que te estén diciendo cada cinco minutos: “no te subas, cuidado que te caerás, no saltes, etc…” fomenta las habilidades sociales y la creatividad en los niños. También crecen más felices. Aquí podéis leer el estudio que me inspiró a escribir hoy sobre esto. La investigación demuestra que el juego libre, arriesgado y sin tantos algodones crea adultos fuertes y felices.

Los niños que saltan, trepan y exploran sin supervisión, muestran una mejor salud física y mental. Un niño que es capaz de explorar su entorno y arriesgarse, aprenderá a reconocer sus propios límites. Jugar al aire libre alrededor de árboles y otros elementos naturales, es saludable y promueve un estilo de vida activo.  Necesitamos que los niños de hoy en día se muevan más. Se muevan de manera independiente. Esto no quiere decir que lo dejemos sobre un árbol y nos desentendamos. Los niños deben saber que ahí estaremos para cogerlos, pero ellos han de encontrar la manera de subir y de bajar. Han de concentrarse, conocer cómo funciona su cuerpo y sus límites. Han de probar, equivocarse y volverlo a intentar. Estas habilidades que están desarrollando, mientras juegan, serán un elemento clave para su formación y su vida como adultos. Serán personas que no se asustarán si se caen y tampoco tendrán ningún problema en levantarse y volverlo a intentar.

Estoy segura que no es la primera vez que escucháis esto.  Ya os digo yo que a  mí, que me encanta hablar con los abuelos, he escuchado mucho: los parques ya no son como antes, los niños no salen a jugar, nosotros de pequeños nos divertíamos con cualquier cosa y la imaginación que teníamos para inventarse juegos e historias era infinita… y ahora los niños se quedan en casa con la tele o el móvil. El móvil. Se me pone la piel de gallina sólo de pensar en lo que la tecnología está haciendo con nuestros más pequeños. Pero no olvidemos que los responsables de la cantidad de inputs tecnológicos que reciben nuestros pequeños, somos nosotros.

Está claro que hoy en día todo está cambiando.  Soy consciente de que la tecnología se apodera de nuestra manera de comunicarnos y es muy importante preparar a los más peques para todo esto. Pero… ¿cómo de peques? Yo, personalmente, no le daría un móvil ni una tablet a un niño antes de los seis años.

Cuando hago afirmaciones como ésta alrededor de amigas mías que ya tienen hijos, casi siempre escucho el mismo comentario: «cómo se nota que no eres mamá». No sé que pasará cuando lo sea, quizás me lo coma con patatas y termine dándole el móvil antes de tener un ataque de nervios, no sé. Sólo quiero que sepáis que todo lo que escribo lo hago siempre pensando en el bienestar de las futuras generaciones. Hay que trabajar en desarrollar nuestra paciencia como adultos para poder transmitirla a nuestros hijos.

Y, volviendo la tema, creo que darle el móvil o la tablet a los seis años aún me parece muy pronto. ¿Por qué? Primero porque soy fiel creyente de que jueguen, exploren, toquen, se ensucien, etc. y luego, porque encontré este artículo de Álvaro Bilbao, neuropsicólogo y autor del libro El cerebro del niño explicado a los padres que me dejó muy sorprendida y que comienza con la siguiente frase:

«La atención es la ventana a través de la cual el cerebro se asoma al mundo que le rodea.» 

Es verdad. Todas las mamás que conozco me comentan lo impresionante que es cuando su bebé comienza a fijar su atención en algo, a reconocer sonidos y pequeños objetos. El increíble sentimiento que tienen cuando las empieza a seguir con la mirada. Esos momentos en los que comienza la fascinación por descubrir el mundo poco a poco a través de pequeños estímulos.

Aquí es cuando el bebé tiene la oportunidad de desarrollar algo que es fundamental para su crecimiento: el dominio de la atención.

Y ahora, una pregunta: ¿cuántos de vosotros tuvisteis amigos en el cole con algún trastorno por déficit de atención? Yo, no tuve ninguno. Tengo una hermana disléxica que lo pasó fatal porque el sistema educativo no supo detectar su problema pero, hasta donde yo sé, fue una niña bastante feliz y normal.

Hoy en día, escucho cada vez a más gente hablar del TDAH entre los niños. Es muy alarmante y, el estudio que os mencioné antes, relaciona el uso de las tecnologías y estilo de vida acelerado de los adultos con este trastorno. Me he encontrado con vídeos y estudios que dicen que la cantidad de estímulos que recibe un niño a través del móvil es muy nociva para el desarrollo de habilidades como la atención, concentración y paciencia.

Utilizar el móvil para que el niño termine de comer o para que no llore en el bus o en el médico le quita la oportunidad de pasar por un momento de frustración, que puede ser ocasionado por el cansancio o el aburrimiento, y aprender a superarlo. Darle el móvil para que esté calmado y no moleste a los demás le indica que puede estar tranquilo sin esfuerzo ni paciencia. Os recomiendo mucho que leáis todo el estudio del este neuropsicólogo infantil. Me pareció súper interesante.

Vamos a ver si comienza la primavera de una vez para aprovechar el buen tiempo. Para dejar los móviles y trepar árboles. Estoy segura de que todos seremos más felices.