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Esfuérzate, no te arrepentirás

Hace poco fue la final del Open de Australia. Djokovic ganó a Nadal. Tras un año de lesiones y muchos partidos de esfuerzo y lucha, Rafa Nadal perdió la final. Su declaración después del partido fue: Voy a trabajar mucho más para mejorar cada día y conseguir muchas más cosas. Eso fue lo que dijo el mallorquín de 32 años. Unas declaraciones que, en mi opinión, valdría la pena que analizaran en los colegios los profesores con sus alumnos. Sin embargo, lo más curioso es que, unos minutos más tarde, el rival de Nadal, Djokovic, le dijo: Nadal, eres la definición de espíritu de lucha y sacrificio. Qué bonito que un eterno rival te defina así, ¿no?

Cuando oí estas declaraciones, pensé que valdría la pena escribir un post sobre esto. Sobre la cultura del esfuerzo. Sobre cómo ayudar a nuestros hijos (o a nuestros alumnos) a ser personas perseverantes y con afán de superación.

Llevo varios días investigando sobre el tema y me gustaría destacar cuatro puntos que me parecen interesantes:

  • No hay esfuerzo si no hay un motivo, una meta. Por tanto, es fundamental que conozcamos cuáles son las motivaciones que impulsan a nuestros hijos o alumnos y que les animemos a esforzarse para conseguir lo que quieren.
  • El trabajo bien hecho requiere esfuerzo. Por eso es importante acostumbrar a los niños desde pequeños a terminar bien lo que empiecen. Enseñarles que es mucho más satisfactorio esto que no ir “picoteando” y saltando de una cosa a otra sin profundizar ni terminar ninguna.
  • El esfuerzo es algo positivo. Presentárselo así a nuestros hijos, pues lo natural es esforzarse. En la mayoría de los casos, las cosas no son fáciles, pero si perseveramos, conseguiremos lo que nos propongamos.
  • El esfuerzo es un valor que no viene de nacimiento, sino que tenemos que enseñárselo. Además, al enseñarlo, transmitimos otros valores como la paciencia, la tolerancia, la fortaleza o la generosidad.

Quizás muchos os estaréis preguntando: ¿y cómo lo puedo hacer para transmitirles a mis hijos la cultura del esfuerzo?

En primer lugar, planteándoles metas concretas y a corto plazo. Desde bien pequeñitos. Por ejemplo, yo con Bruno intento que se esfuerce por pequeñas cosas, como colgar su abrigo al llegar a casa o comer solo. Los primeros días, se frustraba porque no sabía hacerlo, pero poco a poco lo ha ido consiguiendo. ¡Y qué orgulloso está! Le explica a todo el mundo que ya come solo, ¡incluso los espaguetis!

En segundo lugar, transmitiéndoles que tienen que aspirar a hacer las cosas bien teniendo afán de superación. Se puede intentar hacer las actividades cotidianas cada día un poco mejor, siendo perseverantes. Porque, desde luego, Rafa Nadal seguro que no llegó a ser el número uno de la noche a la mañana. Su triunfo es el resultado de muchísimas horas de esfuerzo, perseverancia y pasión por su especialidad, el tenis.

En tercer lugar, no haciéndoselo todo. Aunque parezcan tonterías, si desde pequeños nuestros hijos se esfuerzan por pequeñas cosas, de mayores serán capaces de luchar por lo que quieren y se convertirán en adultos seguros de ellos mismos y con sus objetivos claros.

Como ya sabéis, me gustan mucho los cuentos y creo que son una herramienta súper útil para enseñar muchas cosas a los más pequeños. En este caso, el cuento de La liebre y la tortuga es perfecto. Os dejo aquí un enlace por si no lo conocíais o por si os interesa volverlo a leer para tenerlo fresco y poder explicárselo a vuestros hijos. A partir de la carrera de estos dos animales, podréis transmitir a vuestros hijos el valor del esfuerzo, la constancia y la autoconfianza.

Me gustaría terminar con una frase del humorista Josh Billings, que dice así: La vida no consiste en tener buenas cartas, sino en jugar bien las que uno tiene. Eso es, no podría estar más de acuerdo. Sólo añadiría que, para jugar bien las cartas que nos han tocado, tenemos que esforzarnos, mirar hacia adelante y ser conscientes de lo afortunados que somos por tener la vida que tenemos.

 

V = (C+H) x A

Me encantaría enseñarles a mis hijos esto: “Lo más importante es que lo más importante de la vida sea lo más importante”. Esta frase tan genial no es mía, es de Victor Küppers. Supongo que ya lo conocerás. Si no lo conoces, te animo a que lo busques en Google y veas algunos de sus muchos vídeos. Lo recomiendo siempre, porque a mí me cambió la forma de ver la vida y de tomarme las cosas.

Pensando en lo que quería escribir esta semana sobre “Educar en las emociones”, creí que la psicología positiva era un tema muy interesante y, a mi parecer, necesario. En general, pensamos mucho en que nuestros hijos estudien, que el día de mañana vayan a la universidad, que estén bien formados… Por supuesto, estos aspectos son importantes pero, ¿y su actitud ante la vida? ¿Y su manera de afrontar las cosas buenas y las cosas malas? Siguiendo con mi ídolo Küppers, te voy a explicar la fórmula que él utiliza: V = (c+h) x a

V= valor (lo que vale una persona) / c= conocimientos / h= habilidades / a= actitud. Vemos que los conocimientos y habilidades suman valor a una persona. En cambio, la actitud multiplica. Totalmente cierto, ¿verdad? Esto es lo que quiero transmitirle a Bruno y a mis “niños de WonderFUN”, que la actitud, multiplica. Que si vivimos con pasión y entusiasmo, la vida es maravillosa. Y no quiero hacer ninguna demagogia, sino que defiendo firmemente la psicología positiva. Estoy convencida de que si aprendemos desde pequeñitos a ser agradecidos y a valorar lo que tenemos, es mucho más fácil. Cuanto antes interioricemos buenos hábitos como estos, muchísimo mejor. Porque no olvidemos que la alegría se trabaja, no tiene por qué venirnos de forma innata. ¡Enseñémosles! Cuando alguien te pregunte: “¿qué tal estás?” no respondas “Pfff, bueno… ¡tirando!”. ¿Qué transmitirás a tus hijos así? Que la vida es difícil, complicada, que tenemos que luchar… bla bla bla. Sí que habrá momentos no tan buenos, ¡pero disfrutemos a tope los que sí que lo son, que son muchos!

Otro aspecto que se trata muy a fondo en la psicología positiva es que hagamos lo que nos apasione. Es muy famosa la frase de Confucio que dice “Elige un trabajo que te apasione y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”. ¡Me da un subidón leerla! A mí me pasó. Yo soy traductora, intérprete de conferencias, estuve varios años trabajando en ese mundillo tan frenético, de timings súper ajustados, con prisas, tratando con empresarios, siempre con adultos… Hasta que un día decidí que los idiomas me encantaban, pero también (y todavía más) los niños. Cada día me emociona pensar lo afortunada que soy por trabajar en lo que me apasiona, porque estoy viviendo mi sueño y, trabajar así, es algo increíble. Por eso la pasión y la ilusión también son dos valores que quiero transmitirles a mis hijos.

Si ya lees nuestro blog desde hace un tiempo, te habrás dado cuenta de que me gustan bastante las listas, enumerar cosas que me parecen importantes. Esta semana no va a ser menos, por eso te voy a regalar una lista de cosas sencillas que puedes enseñar a tus hijos. Está inspirada en los consejos de Küppers:

  1. Sonríe.
  2. Utiliza las palabras “por favor” y “gracias”.
  3. Dile a los demás cuánto les quieres y dedícales tiempo.
  4. Acepta a los demás tal y como son. No intentes cambiarlos y valora todo lo bueno que tienen, que es mucho.
  5. Saluda con alegría a todas las personas. A todas, conocidas y desconocidas.
  6. Escucha a los demás. Preocúpate por ellos. Pregúntales por sus cosas.
  7. Ayuda a los demás siempre que puedas. Si lo piensas, puedes siempre.
  8. Anima y levanta el ánimo a las personas que lo necesitan.
  9. Ten detalles y sorpresas con los demás.
  10. No te quejes, haz algo para mejorarlo.
  11. Pasea por la naturaleza.
  12. Relativiza los problemas. Sólo cuatro son graves.
  13. Genera paz y armonía a tu alrededor. No quieras tener siempre razón o que se haga lo que tú quieres.
  14. Pide perdón cuando te equivoques.

Catorce puntos muy fáciles pero muy difíciles, ¿verdad? Ojalá todos pudiéramos cumplir la mitad. ¡Ya sería un éxito!

Para terminar, una reflexión de este grandísimo gurú de la psicología positiva que, una vez más, te animo a seguir. La he intentado adaptar y escribir a mi manera, pero me sigue gustando muchísimo más la suya, por eso la copio tal cual. Que la disfrutes:

Vivimos en la sociedad del escaparate, en la que cuenta mas parecer que ser; la sociedad del aparentar, del figurar, del exhibir. Es el reino de lo ficticio, del envoltorio, de Instagram, es una carrera sin tregua que nos intenta arrastrar a todos, nos desgasta, nos desequilibra. La sociedad actual ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muchas dificultades para generar felicidad y alegría interior, que es lo que, en el fondo, todos buscamos. Porque todos queremos encontrar sentido a nuestras vidas; en el fondo de cada uno de nosotros existe el anhelo de vivir una vida de grandeza, de dejar huella, de aportar algo, de tener una vida con sentido. Y eso hay que buscarlo en el silencio, apartándose un poco de la sociedad, que lo es del ruido. En un entorno como el actual, que no vamos a cambiar y que se caracteriza por la rapidez y el estrés, es responsabilidad de cada uno de nosotros reivindicar momentos para la pausa, buscar espacios para la reflexión. Sin silencio nuestras vidas se ven invadidas por lo urgente, por lo superficial, sin tiempo para lo importante. Sin silencio olvidamos lo que es prioritario en nuestras vidas y nos dispersamos en mil cosas intrascendentes. Sin parar a pensar, sin parar a reflexionar, pasamos por la vida pero no la vivimos en profundidad. El tiempo y el esfuerzo que muchas personas invierten en acumular y mantener riquezas externas o materiales, corriendo como pollos sin cabeza, deja muy pocas oportunidades para cultivar la riqueza interior con cualidades como la bondad, la compasión, la amabilidad, la paciencia, la tolerancia, la humildad y la generosidad, que son las cualidades más importantes que podemos tener como padres, parejas, amigos y profesionales.